Archivo de la categoría: Editorial Alfaguara

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que estoy seguro de que no dejará de crecer y que ya supera la centena.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Balduque
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta Sigue leyendo

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Los inmortales (Manuel Vilas)

Anoche tuve un sueño. Al despertar lo había olvidado, aunque no del todo. Soñé que leía una novela de un tal Vilas, un libro raro de cojones, con una calavera en la portada. Allí aparecían Hitler, Franco, Juan Carlos I, Robespierre, Tosar, Stalin, Annie Ernaux, Joyce, Lorca, Chávez, entre otros y me descojonaba y me merendaba al tiempo que leía una torrija y a poco la diñaba ante el nobelado Vilas en el espacio cómico y yo empecinado dispuesto al sacrificio dándole a un segunda torrija al vino, jugandómela por ende a la ruleta rusa golmajera y cogiendo el punto, mientras la procesión iba por dentro, esto es un decir, puro oportunismo, porque la prístina verdad era que me estaba partiendo el eje, gozando, con los pasos que iba dando en el vacío y en el vicio farandulero el de Barbastro y a falta de saetas yo clamaba !Jodido Vilas! !Jodido Vilas! !Jodido Vilas! clamor interno que era un flujo de inconsciencia, la de leer a Vilas y su luminoso regalo, y tuve que apartarlo de mí, el libro, pues andaba con vértigos de tanto vaivén y fijar entonces los ojos en la pantalla del televisor en donde otro inmortal formulaba preguntas a un tipo que no se le parecía en nada, pero que era clavado a Excelso Castro, y tras coger algo del aire nuestro que estaba en los cielos, grises como sudarios y cargados de nubes como ubres, necesitadas de ser ordeñadas, veía al punto llover a mares, los canalones haciendo horas extra y 214 páginas me parecían brumosa e insensatamente insuficientes, y ya estaba volviendo a la desquiciada y delirante novela cuando recibí la visita de mi vecina que se interesaba por sus torrijas. Ya en la sala de estar fijó su mirada, no sé si acariciando o arañando el tejado a dos aguas que simulaba el libro abierto sobre el sofá. Con qué andas, preguntó. Vilas, respondí. Qué tal. Bien, divertido, entretenido, valga la redundancia. No son lo mismo, replicó airada. !Joder, con la filología hemos topado! me revolví. Me dejó con un adverbio (al vino) en la boca y salió dando un portazo. Volví al libro, leí algo de Los lunes al sol. Yo leía un jueves, santo, para más señas y el sol brillaba por su ausencia. Leí algo del día de una bestia, eché de menos a Angulo, me vi en la Gran Vía, con los ojos bien abiertos, vacía. Sonaban canciones en mi cabeza, al leer pasaban fotogramas en aluvión, se mezclaban fechas, lugares, personajes, todo era ya vórtice, remolino, frenesí, el punto ciego de la imaginación convertido en luz cegadora, la historia de la humanidad un interruptor y sobre el mismo un dedo y. Anoche tuve un sueño. Cuando desperté, Los inmortales todavía estaba allí, en la mesilla, de noche, creo.

colomer

Los bosques de Upsala (Álvaro Colomer)

Estamos todos en el fondo de un infierno donde cada instante es un milagro

Ciorán

Se cumple una década de la publicación de Los bosques de Upsala de Álvaro Colomer. Creo que la leí entonces con agrado. Ayer tocó relectura.

La novela tiene como eje central el suicidio. En España el año pasado se suicidaron 3679 personas. El suicidio es hoy la principal causa de muerte entre los adolescentes españoles.

La novela no centra tanto su atención en aquel que intenta suicidarse, aquí Elena, sino en su marido, Julio, con el que acaba de cumplir cinco años de esposada.

La casa en la que ambos viven tiene forma de cruz. En ella no hay nadie dispuesto a construir sobre aquella piedra un iglesia, sino un tipo paranoico y asustadizo que convertirá la casa en un corredor de la muerte.

Elena lleva a cabo con barbitúricos un intento de suicidio, sin éxito, tras el cual un psicólogo advertirá a Julio que los próximos diez años van a ser un infierno, pues en cualquier momento ella podrá volver a intentarlo y ha de estar alerta. Ese será su horizonte vital, rothkiano: un lienzo de negros y grises.

Julio es entomólogo y de una manera bastante increíble se le presentará la ocasión de alcanzar el anhelado éxito, reconocimiento, cátedra… merced a un mosquito tigre. Momentos como ese, y otros en los que Julio mantendrá una conversación con el cuñado, el hermano de Elena, también víctima de impulsos suicidas, convierten la novela en un delirio, cuando Julio, un tipo pusilánime, acobardado, traumatizado desde que de niño viera cómo su vecina se arrojaba del balcón tras despedirse de él, sin ser éste capaz de hacer nada para evitarlo, se pone el traje de aquel protagonista de Un día de furia, para empezar a soltar por su boca todo aquello que piensa y siente, sin cortarse un pelo, sumando a su monólogo interior, desquiciado y belicoso, aquellos actos que lo consuman, partiendo por ejemplo el tabique nasal al vecino de la vecina suicida, quien metamorfoseado en ecce homo replicará y seguirá disculpándose con toda normalidad, a la vez que le permite a Julio hacerse una idea de lo que puede ser su vida de ahora en adelante, enfangado en una maraña de pensamientos donde menudean el amor y el odio, la entrega y el egoísmo, la razón y la locura, el pasado y el presente sin futuro.

Presenta la novela distintos momentos discursivos. Uno son las palabras que le dirige el psicólogo a Julio la noche que Elena ha de pasar en observación después de intentar suicidarse. Sería la postura oficial sobre el suicidio. El otro es la perorata del cuñado, quién habla en primera persona, aduciendo causas genéticas a sus impulsos suicidas, ante los que Julio, según él, no podrá opugnar nada. Sería la postura informal. Finalmente se vierten otras diatribas por boca de Julio, arremetiendo contra la naturaleza humana en general y la naturaleza urbana en particular, sobre el vecindario, aquella comunidad o colmena de personas que murmuran, cotillean, fisgan, hocican en pesebre ajeno, malmeten, calumnian, critican, juzgan, prejuzgan, sojuzgan, se entrometen en la vida de los demás, pero no para ayudar, auxiliar, socorrer, sino para hacer más grave el dolor, más profunda la pena, más abismal la soledad del otro.

La novela fluye, a pesar de una prosa que ralea en demasía, mantiene la tensión a pesar de su inverosimilitud y se precipita con un ritmo vertiginoso hacia un final abrupto y escarpado, hacia ese final del que se desconoce todo.

Aplicarse al cuento

cuento
Todos los cuentos (Evelio Rosero)

hemingway
En nuestro tiempo (Ernest Hemingway)

felisberto
Narrativa Reunida (Felisberto Hernández)

los-que-duermen
Los que duermen (Juan Gómez Bárcena)

cuentosalvajes

Cuentos salvajes (Ednodio Quintero)

escapa

Fábrica de prodigios (Pablo Andrés Escapa)

Próximas lecturas.

Lecturas 2018

Esta es la relación de los libros que he leído y reseñado en 2018. Una acertada selección de las lecturas me ha permitido sustraerme -y a su vez desafiar los preceptos délficos: ya saben, aquello de “Nada en exceso“- a uno de los grandes riesgos que corremos los lectores compulsivos: el empachamiento.

Feliz año y felices lecturas.

Ecce homo (Friedrich Nietzsche)
Un verano con Montaigne (Antoine Compagnon)
Algo va mal (Tony Judt)
Nuevas lecturas compulsivas (Félix de Azúa)
El silencio de los libros (George Steiner)
De una palabra a otra: Los pasos contados (Octavio Paz)
Fragmentos (George Steiner)
Nostalgia del absoluto (George Steiner)
Autobiografía sin vida (Félix de Azúa)
Hyperion (Friederich Hölderlin)
Parad la guerra o me pego un tiro (Jacques Vaché)
Los Muchos (Tomás Arranz)
Breve historia del circo (Pablo Cerezal) Sigue leyendo