Archivo de la categoría: Devaneos

¿Redlibro o Timolibro?

No sé si hablar de Redlibro o de Timolibro. Compré un libro a través de esta web a finales del mes pasado. Después de una semana me dicen que no tienen el libro que compré y que puedo cancelar el pedido. Lo cancelo. Hace 10 días me dicen que me devuelven el dinero. A día de hoy el dinero no ha sido devuelto, no me han respondido a ninguno de los correos enviados a esta dirección los últimos días: info@redlibro.com, tampoco me contestan en ninguno de estos dos teléfonos, ni fijo ni móvil, pues salta continuamente el buzón de voz.
(+34) 91 306 36 21 – (+34) 659 13 04 91

Indago en la red y me encuentro con estas tres reseñas en google, hablando a cual peor de esta empresa y contando lo que me ha pasado a mí. Que te quitan el dinero de la cuenta y luego no lo vuelve a ver más.

Me temo que me han timado. Así que nada, antes de comprar en este sitio, pensároslo bien, porque el servicio de momento es nefasto y me temo -si finalmente no me devuelven los cincuenta euros que me soplaron- delictivo.

El libro que traté de comprar fue Guerra y Paz con edición de Muchnik Editores. A día de hoy en la web aparece disponible, como se ve en este enlace.
Guerra y paz

http://www.redlibro.com/es/libro5900040122.html

A mí la desesperación de no encontrarlo por ninguna parte me condujo a esta estafa virtual. Ahora me encuentro desesperado y estafado.

El secreto está en la masa

“Hay una frase popular que asegura que «la multitud no razona» ¿Y cómo es que no razona la multitud si cada uno de los que la integran razonan? ¿Cómo es que una multitud hace espontáneamente lo que ninguna de sus unidades haría? ¿Por qué tiene la multitud impulsos irresistibles, determinaciones feroces, arrebatos estúpidos que nada es capaz de contener, y por qué realiza, arrastrada por tales arrebatos, irreflexivas acciones que ninguno de los individuos que la componen sería capaz de realizar? Que un desconocido lance un grito, y súbitamente se apodera de todos una especie de frenesí, y todos, movidos de un mismo impulso, al que ninguno intenta resistir, arrebatados por un mismo pensamiento, que se hace de un modo instantáneo común a todos ellos, aunque sean de castas, opiniones, creencias y costumbres distintas, se abalanzarán sobre un individuo, lo degollarán, lo ahogarán sin motivo, casi sin pretexto, mientras que, tomados aisladamente, serían capaces de arriesgar sus vidas por salvar al que están matando”.

Sobre el agua. Guy de Maupassant.

Casualidades

Vi hace un par de días el interesante documental La Gran Ola. Me pongo hoy a leer un libro de Emmanuel Carrère que tengo por casa, titulado De vidas ajenas, sin tener ni idea de su contenido. Al poco descubro que la novela arranca con una gran ola, un tsunami que arrasa el sudeste asiático. El libro me resulta insufrible por su prosa terrible y lo abandono en la página 50. Lo que se conoce como ola y adiós. Tenemos claro cuáles son los efectos devastadores que sobre bienes y personas genera un tsunami. Lo que no tenemos tan claro, creo, es lo que nuestro gobierno (incluidos autonómicos y locales) y todos los anteriores han hecho hasta la fecha para minimizar los efectos de un riesgo que es real y que se puede resumir, después de ver el documental arriba citado, con dos palabras: absolutamente nada.

El pan nuestro de cada día

Leía el otro día Pensar y no caer de Ramón Andrés y uno de los ensayos iba dedicado al pan. Se lamentaba de que mucho de lo que se vende como pan no lo fuera o de cómo algunas tiendas vendían pan a doblón convirtiéndolo casi en un artículo de lujo. Sí, todos hemos visto la apertura y cierres de muchas de estas llamadas boutiques de pan.
No hay que perder la esperanza. En España creo que se sigue haciendo muy buen pan y uno se lleva sorpresas agradables al ver escaparates como este.Pan