Archivo de la categoría: WunderKammer

IMG_20201120_170057

Chet Baker piensa en su arte. Ficción crítica (Enrique Vila-Matas)

Chet Baker piensa en su arte, ficción crítica nos sitúa en Torino, en la vía Po, en un hotel próximo a otro famoso, aquel en el que Xavier de Maistre escribiera su Viaje alrededor de mi habitación. Un ejercicio de imaginación, pues Xavier estuvo allá confinado unas semanas y que mejor que lidiar con el aburrimiento de estar solo en una habitación que jugando como si fuera plastilina con su materia gris. Vila-Matas no oculta sus citas, al contrario, se enseñorea en ellas y le sirven para construir aquí su relato, si esto le fuera posible en un texto que postula y defiende la no narratividad. Su personaje, el que está en el hotel turinés es un crítico literario que a la hora de darse a la escritura trata de ir más allá de los convencionalismos de la escritura Hire, a lo Simenon y adentrarse en las aguas oscuras, inciertas, inexplicables, dificultosas a lo Fin-negans-wake: despertar-niega-fin. Nuestro crítico hace ficción crítica y maneja el texto como un ensayo, una tentativa ¿de fracaso? Es muy posible, porque parece que este esfuerzo por hacer real lo irreal y vida la escritura es una batalla perdida, un fracaso de antemano, y ahí radica la gracia, la potencia creadora, el empeño en intentarlo aunque se fracase, aunque la imposibilidad nos dé un rotundo No en las orejas gachas. Y nuestro crítico piensa en Gaddis, en su inaccesibilidad, su pretendida dificultad, porque si no qué gracia tiene escribir se revuelve Gaddis, cuando aquí se trata de ser un explorador del abismo, de ir metiendo codos y ensanchando las posibilidades de la escritura como hiciera Joyce en su Finnegans, libro que nuestro crítico lee y nos da a probar a buchitos, pues en altas dosis no mata pero no surte efecto alguno. Y esas palabras inextricables de Joyce le sirven al crítico para narrarse, porque cada acción y pensamiento casa y se corresponde con lo leído, porque el arte no imita (ni limita) a la vida sino al revés, convertida la realidad en una puerta giratoria, en un bucle o broma infinita, en una bruma que es una conciencia desperezándose. Cuando la no narración corre el riesgo de encallar en vía muerta, el lector-el escritor levanta la vista del papel, se asoma a la ventana y la vida de afuera entra en él para abrirse en su interior como una flor carnívora en la idea peregrina-de-la-belleza de conciliar la naturaleza de Hire y Finnegans en otra distinta, como un ente sinérgico de ambas que ¿cifraría la nueva novela, la que está por venir? ¿Un híbrido entre lo comercial bien hecho de la prosa realista de Simenon y la dificultad y aridez de Joyce? ¿Es posible pensar algo así? Mientras nos los preguntamos, de la chistera surge Stanley, una creación frankesteiniana, la emersión del yo autobiográfico quien mueve los miembros al compás de la música de una flauta, no la de Hamelin, sino de la trompeta de Chet Baker que piensa en el arte mientras Vila-Matas piensa-ensaya-lee-escribe un texto de fronteras lábiles que mezcla y despalimpsesta estos cuatro elementos.

WunderKammer recupera y edita ahora este libro publicado en 2011 y hace doblete con la publicación del libro de conversaciones entre Anna Maria Iglesia y Vila-Matas.

Ese famoso abismo

Ese famoso abismo. Conversaciones con Enrique Vila-Matas (Anna María Iglesia)

Ese famoso abismo
Conversaciones con Enrique Vila-Matas
Anna María Iglesias
WunderKammer
Año de publicación: 2020
177 páginas

No fueron las lecturas infantiles de Momo, La jungla del oro maldito, El paquete parlante, La madre, Las ratas, Walden Dos… aquellas que me pusieron en la pista de la literatura. Tampoco los veranos adolescentes consagrados a los libros de Tom Sharpe. Fueron más bien los primeros poemas de Bukowski y en concreto su libro Peleando a la contra. Más tarde, dispuesto ya a leer en serio y en serie, caí en la redes de los ensayos de Enrique Vila-Matas. Así descubrí, leí y disfruté mucho de autores como Robert Walser, Marguerite Duras, Sebald, Crusat, Tavares, Gombrowicz, Bolaño, Luiselli, Michon, Ednodio Quintero, Ribeyro, Roussel y un largo etcétera. Cada lectura confirmaba lo acertado de sus consejos. Si a la entrevistadora Anna María Iglesia, su profesora Paula Massot la encaminó hacia el mundo de la literatura, a mí me pasó otro tanto con las sugerencias de Vila-Matas, su web, la mejor de un escritor en la red, tiene la peculiaridad de que está abierta a la obra de los otros, a recomendaciones de libros ajenos, algunos de escritores jóvenes, algo que como apunta Anna no es muy habitual en escritores de la edad de Vila-Matas. Algo que creo cifra muy bien su espíritu curioso e intergeneracional.

Libro de la biblioteca personal de Enrique Vila-Matas, destrozado después de pasar por las manos del autor.

Libro de la biblioteca personal de Enrique Vila-Matas, destrozado después de pasar por las manos del autor.


Sigue leyendo

IMG_20200605_200754_2_opt

W. G. Sebald en el corazón de Europa (Christian Crusat)

Cuando Vila-Matas piensa en Sebald habla de su prosa brumosa y compacta, donde el autor (prosiguiendo con Pitol) disuelve las fronteras entre los géneros, haciendo que desaparezcan los índices y los textos consisten en fragmentos unidos por una estructura de unidad perfecta; una prosa a cuerpo descubierto, la prosa del nuevo siglo.

En su última novela, Europa Automatiek, Crusat reflexionaba sobre Europa con un texto mixtura de novela y ensayo. Para seguir abundando en la idea de Europa en estos ensayos Crusat recurre ahora a la figura de Sebald, el escritor que camina, observa y escribe, cuya poética deambulatoria, según Crusat, fundó una ética de la miniatura, la pequeñez y lo inadvertido, que representa también una ética literaria: al contemplar una imagen durante un buen tiempo, ciertas cosas emergen.

No sabemos si el corazón de Europa es un mineral como el de la portada del libro; mineral suma de otros minerales. Algo complejo, proteico (o polifacético), una amalgama de múltiples nacionalidades, religiones, creencias, y si existe para todos los que pisamos el suelo europeo un sueño, o siendo más prácticos, un proyecto en común. Se habla de Bosnia, y vimos atónitos cómo una limpieza étnica fue posible en el corazón de Europa hace menos de tres décadas. Viendo el documental de Anna Armengol, This is Bosnia: L’altra cara d’Europa, es evidente que las heridas siguen abiertas en Bosnia 25 años después, el odio latente y pensando en la siguiente guerra, que se sucede inexorablemente cada 50 años. Si Bosnia, que arrastra las cicatrices de las divisiones religiosas, históricas y políticas europeas, y que le recuerda a Europa sus más profundas heridas, no se presenta a su cita con la historia, la próxima guerra le obligará a hacerlo. (Petar Ramadanović)

Al hilo de lo expuesto por Crusat cabe preguntarse cómo lidia Europa con el fantasma de los Balcanes. Si el sentimiento europeo no es acaso resentimiento inter-nos, cuando ante situaciones de crisis como los rescates europeos de hace diez años, o ahora ante una crisis sanitaria y económica las sensibilidades están a flor de piel y tardamos poco en ver volar los cuchillos, las invectivas, donde el Sur parece ser el patio de recreo de los países del Norte.

Crusat va provisto en su viaje de una abundante bibliografía: excelente materia prima, ahí Judt, Ferlosio, Kiš, Sloterdik, Innerarity, Chatwin, Améry, Auden, Citati, y un largo etcétera. Todo este compendio de citas ajenas son la columna vertebral de un texto poliédrico, fundamentalmente literario que con Sebald como estandarte trata de explicarse qué es Europa, qué surge de toda esa masa humana heterogénea, de ese sumatorio de nudos ferroviarios, de los frutos de una vida colectiva, sin dejar de lado aspectos como el predominio de la imagen y la desmemoria, tal que hoy a los jóvenes les encandila más el relato de un superviviente de un reality que el de un superviviente real de un campo de concentración nazi, quizás porque carecen de una viva vivida (y cada día menos vívida) como anunció Benjamin, a medida que las experiencias humanas son cada vez más pobres.

No hay aquí mirada panóptica sino mirada a ras de ojo, La Europa retratada por Sebald es una abigarrada e inconclusa (o tal vez inacabable) maqueta; mirada dirigida a las ruinas, toda vez que el siglo XX es el siglo de la destrucción y de la muerte a nivel industrial. Un siglo XX en el que se pasa de viajar en carro a volar al espacio, siglo plagado de inventos, que por la parte del atesoramiento y posterior coleccionismo se cifra en el nacimiento de los museos, las enciclopedias, los parques zoológicos, los Wunderkammern, una acumulación ingente, a veces interesada, que sirve así para clausurar el pasado.

Habla Crusat de Tabucchi y nos dice que éste confiesa sentirse más europeo que italiano. No sé si esto es extensible a la ciudadanía, ahora que las banderas nacionales ante la crisis surgen a borbotones, como los caracoles después de la lluvia, con la idea de que a más nación menos Europa. Si la CEE surgió a mediados del siglo XX como un dique para futuras guerras, avanzando luego en la unión económica y monetaria, no sé en qué punto se encuentra hoy la integración de los pueblos, o si esta es deseable, y hasta qué punto el sentimiento europeo no se ha desnaturalizado, a pesar de una mayor movilidad (mayoritariamente aérea) entre países, dejándolo todo en manos del mercado, el comercio y el turismo (un turismo sin viajeros).

Leer a Crusat es un viaje, un zigzagueo, una odisea bien iluminada, un relato deambulatorio vigoroso, sugestivo, emocionante, un transitar por los pliegues, un asombrarse ante el palimpsesto que nos presenta y las preguntas que nos invita a hacernos, y todo ello con una prosa porosa, sí, la del nuevo siglo.

WunderKummer. 2020. 144 páginas

IMG_20190517_102029_3_opt

La revolución de las flâneuses (Anna Mª Iglesia)

Virginia Woolf anhelaba una habitación propia, muy lejos de las pretensiones de un torreón a lo Montaigne, algo mucho más diminuto y acorde a sus posibilidades. Una habitación propia en la cual pudiera ser ella misma, a solas con su creatividad, así de simple, así de inalcanzable para una mujer en los comienzos del siglo XX.

Ese espíritu hacia el interior, cuando aflora y se exterioriza, sale a la calle y pasa a ocupar el espacio público. Cuando lo hace el hombre no sucede nada especial, es lo habitual, el hombre camina, pasea, divaga, observa, escruta y todo esto le sirve para crear, ya sea para escribir, pintar, etcétera.

El hombre por antonomasia es el sujeto que mira. La mujer el objeto que es mirado, analizado, deseado (se habló en su día de la prostituta como la versión femenina del flâneur, al ocupar ésta el espacio público, al hacer la calle, si bien al no construirse un relato fruto de sus experiencias en la calle, no parece adecuado considerarlas como flâneuses). Cuando uno ha leído cosas acerca de los flâneur, vemos que las mujeres no existen, no se nombran.

Anna Mª Iglesia (1986), en este ameno, didáctico, crítico y reivindicativo ensayo (dividido en seis capítulos: Derecho a ocupar las calles; Espectadoras activas: Derecho a mirar sin ser vistas; La falsa Libertad del comercio: Derecho a no consumir ni ser consumidas; Viajeras y parias: Derecho a existir solas; Una identidad propia: Derecho a la autoría; Caminar como forma de insubordinación) editado por WunderKammer en su Colección Cahiers (nº3), da relieve y visibilidad a las flâneuses, a las mujeres que abandonan esas habitaciones y pasan a ocupar el espacio público, las calles, que caminan, no como un acto lúdico, sino transformador, transgresor, siendo ellas entonces el sujeto que mira, las que reivindican el yo en la esfera y en el debate público. Ellas son entonces las que narran y se narran, pasean y escriben, se ensayan y critican (y ponen en crisis) y desplazan sus límites, los que les vienen impuestos (el mantra de ser madre, esposa…), pensemos en un techo de cristal que siempre opera como una espada de Damocles.

Anna Mª Iglesia da voz -recurriendo a una generosa bibliografía, recogida al final del libro- a Luisa Carnés, Carmen de Burgos, Virginia Woolf, George Sand, Emilia Pardo Bazán, Flora Tristán, también a Zola, Baudelaire, a Benjamin, aunque estos últimos me interesan menos porque los tengo más leídos. A su manera, el texto de Ana Mª Iglesia también es transgresor, tiene ese aliento, el mismo espíritu feminista, porque hablar de los flâneur está de moda, hablar de las flâneuses no y como afirma la autora, nosotras tenemos la oportunidad (y quizás el deber) de seguir sus pasos, de seguir reforzando la sociedad civil a través de un caminar que no es más que la expresión del pensamiento crítico que, lejos de acomodarse a la prosa estatal, expresa insubordinación al discurso hegemónico y al poder que lo representa. Necesitamos ser, volver a ser, flâneuses. Debemos ser y seguir siendo paseantes incómodas.

WunderKammer. 2019. 160 páginas.

Lecturas periféricas | Lectura fácil (Cristina Morales)