Archivo de la categoría: Poesía

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Otro cielo (Hasier Larretxea)

Llego a Otro cielo de Hasier Larretxea después de haberle haber leído otro poemario suyo, Meridianos de tierra y su ensayo El lenguaje de los bosques. El poemario se estructura en cinco bloques y el poema final, que da título al poemario: Otro cielo.
Otro cielo es un ejercicio de memoria. El primer bloque va dedicado a la infancia. Memoria concebida como un nudo que hay que desanudar, hasta que surge el cabo del que ir tirando. El segundo bloque es el abecedario sonoro y supone una reflexión acerca de cómo suena aquello que nos marca, esto es, el sexo, la ausencia, los recuerdos… El tercer bloque parece meter la cabeza en la pila bautismal del cristianismo, el aflorar de lo mistico, así el perdón, el arrepentimiento, la contemplación, los desaparecidos, todo en un tono que me resulta muy críptico.
En el cuarto bloque la memoria se plantea fluida como un río, el pensamiento como movimiento, lo nuestro es aquello que no va al reflejo. En el quinto bloque ondea el pendón del miedo, la amenaza, el silencio, la pérdida…
Otro cielo, es un aprendizaje, el desplazamiento de los límites, la capitalización del futuro.
Me ha gustado.

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El árbol de agua (Tonino Guerra)

Tonino Guerra
El árbol de agua
Pepitas de calabaza
2022
187 páginas
Traducción de Juan Vicente Piqueras
Linograbados obra de Carlos Baonza

El árbol de agua, publicado por Pepitas de Calabaza, recoge tres poemarios de Tonino Guerra (1923-2012; con traducción de Juan Vicente Piqueras y linograbados de Carlos Baonza: La miel, El viaje y El libro de las iglesias abandonadas.
Tonino Guerra fue un reconocido guionista de trabajos como Amarcord, Éboli o Y la nave va. Cuando abandona la ciudad y se va al campo se instala en Pennabilli. Allá escribe estos tres poemarios, en dialecto, en romañol.

La miel (1986), en sus treinta y seis cantos, es la descripción del paisaje y paisanaje, fruto de una mirada entrenada y aguda que fija su atención en un mundo que parece preterido. Homenaje a los agricultores que ofrecen un campo florido en primavera, y un pequeño tratado del alma humana, en el estudio de sus contradicciones y basta pensar en esos dos hermanos que abandonan este mundo sin mirarse a la cara, pero cogidos de las manos.

El viaje es el de Rico y Zaira un viaje hacia al mar, la particular luna de miel de dos octogenarios enamorados, para quienes en vez de ir en busca del mar, habida cuenta de la niebla, ya en su destino, habrán de quedar a su espera.

El libro de las iglesias abandonada
s (1988), supone el testimonio de aquellas iglesias ya abandonadas, desacralizadas por el progreso y pasto del olvido, desvencijadas, de las que apenas se mantiene en pie unos escasos sillares, pero que en su día fueron importantes para la comunidad, lugar de oración y romerías, pero luego hizo falta grava para las carreteras o la gente dejó los pueblos y vació las iglesias, vio secarse las pilas bautismales.

Tonino recibió los elogios de Italo Calvino y pienso que los textos de Tonino, que son poemas o relatos, en los que brilla la imaginación (vemos ermitas voladoras, ovejas que pasan a formar parte de cuadros, ermitas capaces de arrostrar indemnes las avalanchas, nubes estáticas (que me recuerdan a Nop) y también blanqueadoras, libros ocultos entre osarios, ermitas convertidas en almacén de inodoros, cerezos cumplidores de deseos…), espoleados por los recuerdos, son muy marcovaldianos.

Muy bueno.

Recaya (Adriana Bañares)

Recaya (Adriana Bañares)

Adriana Bañares (Logroño, 1988)
Editorial Páramo
108 páginas
2019

¿Qué es Recaya? Quizás suma de palabras y fotografías instantáneas: ramajes, raíces, alambradas, suelos, troncos, terrones, firmes, firmamentos. La poeta solo tiene un arma: la poesía, varias balas: los poemas intitulados y la necesidad de contarse y conocerse.
El poema es confesión y concisión, precisión y cadencia, la música triste, en apariencia, la queja de la niña, hija de un Papá bebé, con una ausencia demasiado presente entre las manos vacías, y como la vida avanza y se apura, la hija recibe el amor, abriendo la tierra, llamándola hogar y será madre, y ahora el miedo será doble, porque al miedo que sentimos a que nos hagan daño, cargaremos también con el miedo a exponer a nuestros hijos a la crueldad de los niños, el miedo a no poder enfrentar la sensibilidad y la curiosidad de nuestros hijos, el miedo a no poder enseñarles a ser buenos, el miedo… y los pies se afincan ¿dónde? ¿Hay espacio fuera del círculo que se ha cerrado, cuando se es extraña en su propia tierra?

A veces, una presencia silenciosa es acogida en el papel, a Ella, que escribiría todas las noches, papel convertido en pájaro en un vuelo cargado de palabras, dejando al lector sumido en el silencio gozoso, contemplándolo con el mismo arrobo que mostraría hacia una estrella fugaz.

Muy bueno.

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Libro de las negaciones (Javier del Prado Biezma)

Libro de las negaciones
Javier del Prado Biezma
Chamán Ediciones
2021
134 páginas

Hubiera deseado buscar el marco propicio, allá frente a las Islas Cíes, pero sea que me veía por las proximidades de Reinosa, caminando hacia Fontibre, ya frente a las palabras de Catón el Viejo:

«fluvium Hiberum; is oritur ex Cantabris, magnus atque pulcher, pisculentus/ el río Ebro nace donde los cántabros: grande y hermoso, abundante en peces».

El nacimiento del Ebro

Peces había, sí, y el fulgor de los rayos vestía el agua de un color verdeazulado. Las mesas de madera en la orilla del estanque estaban libres de excursionistas y fue que allí me entregué a la lectura de los bellos poemas de Javier del Prado Biezma (Toledo, 1940).

En ellos hay una presencia notoria del mar, de su correspondiente aéreo, en manos del testigo que observa y bien provisto de palabras –venero inagotable de metáforas– y sentimiento, desgrana para el lector aquello que ve. Con destreza y suma facilidad:

Cuando a mí la retórica me brota de la yema de los
dedos,
sangre pura,
con solo clavarme los furtivos alfileres de los poros de las cosas.

Cuesta poco ver (sentir) el mar y el cielo, sentir su armonía y ritmo, empaparse del olor fermentido del pescado descompuesto, experimentar el gozo al ver faros convertidos en luciérnagas, el cosquilleo de ese deseo patente que insemina la lectura en su capacidad de evocación y sublimación; todo es objeto de deseo: el mar, la playa, pueden ser vagina, nalgas, para nuestro disfrute porque las negaciones supone aquí dar un manotazo a lo indeseado para afirmar y dejarse vencer por la llamada de las cosas, arrimarlas a nuestras caricias e intenciones, a la proximidad y la emergencia por decir (aquí las palabras se tocan, huelen, ven y escuchan), en el lenguaje subyugante de la poesía, que siempre es la forma más bella de decir y expresar, y a veces, como aquí, la encuentra (la belleza), disuelta así la angustia del poeta en el poema y el lector complacido, disuelto también en el texto, pescando con el lapicero palabras, frases que quiere atesorar para coser a su yo, porque el único milagro de la vida/ era el poder que tiene/ la carne iluminada para acabar en verbo