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La red social

Hay quien vive para los medios y quien vive de espaldas a ellos. Así con 500 millones de usarios serían cuatro los que sabrían el nombre del fundador de Facebook de no haberse rodado una película donde se explica la génesis del proyecto. Algo similar podemos decir de Napster que puso patas arriba y luego reventó la industria musical, o de otros artefactos que hay en internet como Google, Flickr, etc. Quien está detrás son informáticos y por lo general no gustan de salir en los medios.

En el caso del creador de Facebook, Mark Zuckerberg, parece que el ánimo de lucro no era una de sus prioridades, sino hacer algo que los demás hacían pero mal, lograr nada menos que conectar a 500 milllones de personas, hacer del mundo el salón de tu casa, hacer que fluya la información, las fotos, las noticias de un lado al otro del globo de forma instantánea, sin que dé fallos, sin que el servidor se caiga.

Acabo de ver La red social, de David Fincher y me ha encantado. Había leído ya críticas muy favorables. El caso es que hace tres meses por nada del mundo me habría parado a verla pues saber más de Facebook era algo que no me atraía en absoluto. De hecho no tengo Facebook, ni tengo ningún interés en darme de alta. En alguna ocasión cuando he echado la vista atrás y me he preguntado qué habrá sido de algunos compañeros de escuela, miro en internet haber si tienen perfil en facebook, pero no he tenido suerte de momento.
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Mine vaganti (Tengo algo que deciros) (Ferzan Ozpetek 2010)

Recién estrenada Mine Vaganti, traducida aquí como Tengo algo que deciros, Ozpetek, tras el drama de Cuore Sacro, y el fiasco de Un giorno perfetto vuelve aquí con una drama con tintes de comedia. Ese algo que decir, consiste en la pretensión del protagonista, Tommaso que reside en Roma de anunciar que además de querer ser escritor, es gay. Antes de poder anunciar la buena nueva en la comida familiar, su hermano se le anticipa. Sí, también es gay, y al padre, chapado a la antigua le da un infarto al no poder asumir la nueva noticia. Al hijo su padre lo quiere lo más lejos posible, lo echa del hogar, y lo despide de la empresa familiar, de fabricación de pasta donde trabaja. Viven en un sitio pequeño donde todos hablan de los demás, donde se calumnia y se chismorrea de modo habitual, y donde las malas lenguas pueden destrozar cualquier reputación.

Ante esta situación Tommaso ve como debe demorar dar su noticia, visto lo que le ha sucedido a su hermano. Mientras conoce a una chica que trabaja en la empresa, la cual no tiene novia y con quien comienza a hacer buenas migas.
El tema de la homosexualidad no confesada da mucho juego y permite crear unas situaciones que buscan la carcajada del espectador. En la galería de personajes (Ozpetek siempre busca la coralidad) hay una tía con afición por la bebida, la madre del protagonista que es una sargentona, el padre que es un carca, la abuela que alienta a todo el mundo a luchar por lo que uno cree, a líarse el mundo por montera, y desoír las voces de la convencionalidad.
Rodada en el sur de Italia, en Salento en la Apulia, la fotografía es luminosa, radiante, priman los encuentros familiares, las charlas en torno a una mesa bien provista de viandas, los chascarrillos, escenas desenfadadas proclives al petardeo. Ozpetek banaliza la condición sexual de los homosexuales (él lo es y es capaz a sus años de tommárselo con humor), para pergeñar una historia que no se sale de lo trillado, muy poco original y lo hace combinando el drama, de no poder vivir como uno quiere, a escondidas con situaciones hilarantes como la visita de los amigos del protagonista, que deben comportarse como si no fueran gays, e incluso suicidios poéticos, dulces a más no poder.

No obstante la película se deja ver sin apenas esfuerzo, con actores solventes como Riccardo Scamarcio (Tommaso), Ennio Fantastichini (que en No basta una vida hacía de un “gay” orgulloso de serlo y ahora es un escandalizado y recalcitrante padre de familia) y permite pasar un buen rato entretenido sin muchas más pretensiones. Pocas son las películas italianas que logran estrenarse en España. Mine Vaganti, ha sido una de las afortunadas.

Bolero

El periódico El País ha sacado una colección de cine erótico. Ayer compré Bolero, con Bo Derek. El DVD viene en un cartón de lo más cutre, pero si que ocupa poco, la mínima expresión, lo mismo casi que un dvd puesto de canto.

Mirando la sinópsis, descubro que trabaja en la película la actriz-bióloga Ana Obregón (sí la misma que salió en el Equipo A). Me sorprende ver como el género en el que se enmarca la película es la “comedia”. Algo curioso tratándose presuntamente de cine erótico. Cuando la vea, podré opinar sobre si se trata de una película erótica, de una comedia, de una comedia erótica, o de un drama erótico, como he leído por ahí. Me temo que todo es marketing, puro y duro.

Las diez películas que se venden al precio de un euro la unidad, a sumar el coste del periódico, son estas.

1-Portero de noche
2-Historia de O
3-El imperio de los sentidos
4-Calígula
5-Vixen
6-Casanova
7-2046
8-Delicias turcas
9-Bolero
10-Tamaño natural

El cine: labor creativa y grupal

A menudo siento lastima por los cineastas. Al ver una película muchas veces la despachamos diciendo que es una mierda, una patata, un tubo, algo infumable, una tomadura de pelo y puede que sea cierto, pero no es menos cierto que hacer una película supone poner en cantar a infinidad de gente, conseguir a alguien que la financie, pasar un guión a imágenes, implicar a los actores y actrices, llevar a cabo una labor técnica en cuanto a fotografía, realización, iluminación, vestuario, peluquería. Es mucho el esfuerzo, la tarea y el trabajo que se pone en juego. El caso es que luego lo que cuesta muchísimo tiempo rodar, a menudo arroja una escena sosa que el espectador despacha de un plumazo.
Es cierto que si una película es mala, de nada sirve todo lo que hay detrás de ella, todo eso que ha hecho posible su puesta de largo y estreno en los cines, pero como decía antes me duele que a veces no se reconozca cuando menos el esfuerzo. En otras disciplinas como la literatura, entiendo que es el escritor quien se lo come y quien se lo bebe él solito frente al papel en blanco o frente a la pantalla de un ordenador. Luego coge el manuscrito lo pasa a su editor, se corrige, se pule y se publica.
En una película son cientos de personas las que están implicadas, el director debe dirigir, controlar, animar a sus actores y no siempre es tarea fácil. Es una labor de equipo, un compromiso artístico lo que está en juego, algo que si sale bien es maravilloso, porque es poner la inteligencia humana en pos de algo creativo. Por eso pocas veces critico una película porque a pesar de que lo que vea no me gusta, sé que detrás de esas imágenes están los sentimientos de mucha gente que ha dado lo mejor de sí misma. Al hilo de esto hay una entrevista maravillosa a Christopher Doyle, director de fotografía australiana, en la revista Cahiers del mes pasado que va en la dirección que apunto.