Archivo de la categoría: Tres hermanas

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que no deja de crecer y que ya supera la centena de editoriales.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Altamarea ediciones
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Bala perdida
Balduque
Barataria
Base
Belvedere
Berenice
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carmot Press
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
e.d.a
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta>
Fórcola
Franz Ediciones
Fulgencio Pimentel
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gatopardo
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Hueders
Huerga & Fierro
Hurtado & Ortega
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
KRK
La Discreta
La Navaja Suiza
La uña rota
Las afueras
Lengua de trapo
Libros de Ítaca
Libros del Asteroide
Los libros del lince
Lumen
Lupercalia
Malpaso
Mármara ediciones
Minúscula
Muchnik
Nórdica
Olañeta editor
Paidos
Páginas de Espuma
Pálido fuego
Papeles mínimos
Paralelo Sur
Pasos perdidos
Pengüin
Península
Pepitas de calabaza
Periférica
Pez de Plata
Plaza Janes
Playa de Ákaba
Pregunta Ediciones
Pre-Textos
Random House
RBA
Reino de Cordelia
Sajalín
Salamandra
Seix Barral
Sexto Piso
Siruela
Sloper
Stirner
Talentura
Tandaia
Taurus
Témenos
Trama
Tránsito
Tresmolins
Trifoldi
Trifolium
Tropo
Tusquets
Turner
WunderKammer

Patrick White

El jardín colgante (Patrick White)

A Patrick White (1912-1990) le dieron el premio Nobel de Literatura en 1973 gracias a su narrativa infectada de una exótica plasticidad. No lo digo yo. Lo dijo el jurado.

Tenía curiosidad por leer al único australiano que ha recibido este galardón.

La novela me ha parecido horrorosa. No coge ritmo en ningún momento, la narración resulta deshilvanada, los personajes aparecen y desaparecen sin aportar nada, la prosa de White, quizás por su exótica plasticidad resulta plomiza y anodina a partes iguales.

Transcurre la historia al comenzar La Segunda Guerra Mundial. Los protagonistas son dos niños -niño y niña-, luego preadolescentes, que parece que van a mantener algo parecido a una amistad, pero ni eso llega a apreciarse, pues todo en la novela resulta a media cocción. Ambos quedarán varados en tierras australianas sin padres y bajo la protección de una familia, allá los dos como extranjeros, creciendo a la buena de Dios.

La traducción de Raquel Vicedo no me ha gustado mucho. Me ha resultado curioso leer por ahí términos como trola, pimplado, chumino… aunque me temo que lidiar con el original tiene lo suyo, porque White parece que hace todo lo posible para que su lectura resulte lo menos fácil y atractiva posible, tal que a muchas frases no les he encontrado ningún sentido por mucho que las lea. Y las que he entendido son naderías, sin el menor interés.

Todo esto tiene una explicación, creo. Esta novela se publicó contra la voluntad de White, el cual en vida ya había dado instrucciones de que sus manuscritos no publicados -como el presente- fueran destruidos. Pero ya sabéis como son los herederos o los albaceas, en este caso Barbara Mobbs (lo pongo en negrita para que los escritores de este país adviertan a sus herederos, si lo creen oportuno, de que no les hagan un Mobbspostmortem), que se pasó la voluntad de White por el Arco del Triunfo. Lo mejor del asunto es que esta novela formaba parte de una trilogía. A pesar de esto, Mobbs, decide publicar este manuscrito, porque según ella “es de una calidad muy alta y aunque solo se trata de la primera parte, es una obra completa en sí misma“.

Gracias a Mobbs no pienso leer nada más de White.