Archivo de la categoría: Literatura Francesa

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Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro (Grégoire Bouillier)

Las tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro de Grégoire Bouillier (París, 1960) publicado por Hurtado & Ortega editores en 2017, con traducción de Albert Fuentes y Ona Rius Piqué, lo conforman tres libros autobiográficos de distinta extensión: Informe sobre mi persona (2002, 117 páginas), El invitado secreto (2004, 81 páginas) y Cabo cañaveral (2008, 16 páginas).

Con diferencia el mejor de los tres para mí es el primero. Si la verdad es bella, Informe sobre mi persona es de una belleza inmarcesible. Me recuerda a Ordesa por su alto grado de pureza, si tal término es aplicable a la literatura. Ganas hay de ver traducido al castellano Le Dossier M de Bouillier, publicado en Francia en 2017.

Traza Bouillier paralelismos entre su escritura y las tres circunvoluciones que la sonda Ulysses daría finalmente alrededor del sol, cuando solo estaba programada una de ellas. Algo así percibo también en el libro. El primero es sustancial, prístino, hermoso, vibrante, Bouillier ahí lo da todo, se vacía, nos va contando todo tipo de recuerdos, sugestivos, significativos, todo aquello que engorda el caldo de cultivo de su ser, como la vez en la que con la idea fija de ganar un canicón a un tris estará de matar a un amigo suyo, y poco despues a su hermano, lo cual le llevará a pensar que está maldito; recuerdos familiares espinosos, muchos de ellos, algunos de componente sexual como los accesos incestuosos con su madre y hermano. Otros de índole trágica, como los intentos de suicidio de su madre, aquella vez que salta de un quinto piso y no se mata, porque según ella “Ni la muerte me quiere“.

Bouillier tiene una memoria prodigiosa y logra situarse sin dificultad cuando tenía muy corta edad y ahí recuerda unos despelotes familiares y ducha incluida en el domicilio, con amigos de los padres; los años escolares y su falta de olfato, lo cual no le privará de ganar un concurso escolar sobre el zoco de Marrakech, describiendo toda clase de aromas embriagadores, lo cual le hará reflexionar sobre la literatura y la impostura. Momentos como ese en el que el padre se va de casa y los niños han de elegir entre quedarse con la madre o con el padre y Bouillier siente entonces el ruido de una sábana en su interior, algo que se desgarra, él mismo por dentro.

Bouillier encuentra consuelo en las canciones de Zappa, en un formato muy dado también a las circunvoluciones.

Libertad alegría, invención: todo aquello que echaba de menos en mi vida podía oírlo en su música. Quería vivir en un mundo que por fin diera brillo a la existencia, pero me desesperaba al comprobar que sólo podía encontrarlo en los microsurcos del vinilo.

Otro tanto le sucede con la literatura. Bouillier lee La Odisea de un tirón en una noche transfigurada.

Nunca antes había tenido una experiencia semejante con un libro y nunca la tendría después. Era como si ofreciera mi rostro al sol. Cada verso parecía escrito pensando en mí y calaba en mi interior, fluyendo por mis ojos y mis oídos. Me hice lectura […] A veces tenía que dejar el libro para recobrar el aliento.

La Odisea le permite descifrar la realidad y a sí mismo bajo otro prisma, trazando entonces paralelismos entre los personajes femeninos homéricos y las mujeres que habían pasado por su vida, como Fabienne, a la que Bouillier acude a rescatar para emprender luego una travesía a bordo de un Buick desde San Francisco hacia el Este, cruzando la frontera hacia el Golfo de México y acabar los dos salvando el pellejo de milagro.

El sexo no es como en las películas, las canciones, las novelas. Bouillier se inicia y toca hueso. Un día siente el deseo trastornándolo en la calle, actuando con nocturnidad y alevosía ante una Caperucita verde que le llevará a preguntarse después del calentón quién es él, al verse hacer cosas incapaz de domeñar.

En la vida de Bouillier hay una constante vital: las mujeres que desaparecen de su vida de forma abrupta. Esto da pie y sustancia el segundo libro El invitado secreto cuando la mujer con la que estuvo cuatro años y que un buen día desapareció de su vida sin razón aparente y sin rastro que seguir, lo llama por teléfono para invitarlo a una fiesta en la que no pasará nada (de lo que a él le gustara que pasara, aunque ya sabemos que la mente es fértil imaginando reencuentros que rara vez están a la altura de las expectativas) y en donde la clave está en la literatura, en una novela de Woolf, lo que nos invita a pensar que algunas personas bien pueden ser personajes librescos, o bien que ciertas conductas y actos están sacados de las novelas, como si los sinos humanos nacieran de las yemas de los dedos de un escritor. En ese texto Bouillier adopta un tono que me recuerda a Bernhard, y ese “como suele decirse” que aparece al menos tres decenas de veces aún sigue percutiéndome las sienes.

La tercera circunvolución, Cabo Cañaveral podría ser la sonda que se pierde irremediablemente en el espacio, el punto de no retorno cósmico. La escritura de Bouillier ya ha hecho en 2008 su efecto, ya ha publicado, ya es conocido. Una joven lo tendrá a su lado para que éste experimente una experiencia doméstica increíble, entre la arcada y el deseo, y ahí está Bouillier, precisamente por ser él quien es, por escribir lo que ha escrito, porque la literatura, a veces, salpica y mancha.

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14 de julio (Éric Vuillard)

Francia es una buena cantera de escritores que ofrecen novelas cortas de gran calidad. Pienso en Echenoz, Michon, Modiano, Quignard o Vuillard. Vuillard no defrauda. Al menos en las tres novelas que llevo leídas suyas. La primera, Tristeza de la tierra, la otra historia de Buffalo Bill. La segunda El orden del día. La tercera 14 de julio. 14 de julio (en la portada un rostro del cuadro La libertad guiando al pueblo de Delacroix) la escribió Vuillard antes que El orden del día. El que haya leído esta última verá que la estructura de 14 de julio es pareja.
El relato aquí es vibrante, subyugante, palpitante, fluido, vertiginoso, conmovedor. Resultado deudor de la gran traducción de Javier Albiñana.

El título, 14 de julio, ya nos sitúa en París, en 1789, en la toma de La Bastilla. Una de esas fechas que como el descubrimiento de América nos grabamos a fuego en nuestros cerebros durante nuestros tiernos años escolares.

No es este un relato épico al uso, a la manera de Zweig, biografiando alguna figura histórica, como por ejemplo María Antonieta, a la que aquí vemos gastar o más bien dilapidar su dinero (el del pueblo) a manos llenas. No, aquí no hay relumbrón, hay muchedumbre, un pueblo llano que pasa hambre y vive mal, convertido en escalones que todo el mundo pisa y pisotea, que como el toro en el chiquero se revuelve y sale ahí fuera a motxarlo todo. Y lo motxa, sí, y corre la sangre y las mujeres van luego a los depósitos de cadáveres a reconocer los fiambres

…se sintió tan sola como un cadáver de farolero en los calabozos de Châtelet, y fue como si todo lo que había amado se hallase presente allí, en el atestado, y fuera a dormir siempre allí, en unas líneas secas, escritas a toda prisa por un comisario de policía. La recorrió un escalofrío. Se le agarrotan los labios. Alzó la cabeza. Fijó, aterrada, la vista en el hombre que tenía enfrente. No la veía. Escribía.

Vuillard indaga en los relatos de aquellos que estuvieron presentes ese día culminante y en las semanas previas, comenzando en la folie Titon, mientras la revolución se gestaba y el pueblo aullaba.

Podemos imaginar la masa humana como una mancha gigante de mercurio que se irá desplazando sin remisión hacia La Bastilla y de ahí van separándose algunas gotas, personajes como las sombras de Brueghel dice Vuillard, para tener su momento de gloria, una gloria doméstica, de baja intensidad, pasto del olvido, pero necesaria, para que los acontecimientos afluyan, la calle era de todos, y luego subsumirse en esa gran gota Humana, en la nada anónima, escapando los hombres del patíbulo como escapan de los libros de Historia.

Tusquets Editores. 2019. Traducción de Javier Albiñana. 184 páginas

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Obras (Édouard Levé)

Levé entregó su obra Suicidio a su editor y poco después se suicidó. Antes de su final autoimpuesto escribió otros libros y pensó en 533 obras con distintos formatos: vídeo, fotografía, cuadro, escultura, performance…

Hay quien afirma que la mejor obra es la que nunca rebasa los confines de la mente del autor, aquella que es pura potencia.

A Levé le gustaba Perec y esto se nota mucho al leer este inclasificable artefacto narrativo, puro ju(e)go. Me acuerdo del Me acuerdo de Perec, porque Levé hace algo parecido, no trayendo migajas del pasado, sino proyectando el presente al futuro en 533 posibles obras, unas muy breves: 64. Un abrigo hecho de luciérnagas. 24. Se construye una casa pintada por un niño de tres años. 206. Se fabrica un queso humano con leche materna (ahí podemos imaginar otras recetas con sangre, semen, incluso carne humana (nota del opinador)) 104. El haz de una linterna dibuja el perfil de un hombre. 136. El personal de una embajada hace bufandas de plumas de alondra. 139. Se enciende un andamiaje hecho de fósforos. 525. En un planisferio subjetivo sólo aparecen los países a los que el autor ha ido. 493. Una habitación donde cada baldosa produce una nota cuando se la pisa.
489. En un bidón de jade una voz que sea frases sacrílegas. 298. Con un taladro de oro se hace un grabado en una morcilla. Vídeo. 466. El trazo de un dibujo es la sucesión de números. 471. El arte de tener razón, de Schopenhauer, es leído como el relato televisado de un partido de fútbol…

Otras obras más largas, donde Levé se explaya en largas listas, muy del gusto también de Perec.

Podemos, llegado el caso, tratar de poner en marcha algunas de estas obras. Dicho y hecho.

32. “El manual de instrucciones de un programa de traducción automática es traducido dos veces por ese mismo programa, primero a otro idioma y luego de vuelta al idioma de partida. La obra está formada por el ejemplar original del manual y del texto doblemente traducido, muy distinto”.

Hago la prueba, empleando el mismo texto que se enuncia, el traductor de google y el idioma alemán y sucede esto:

Die Bedienungsanleitung eines maschinellen Übersetzungsprogramms wird von demselben Programm zweimal in eine andere Sprache und dann wieder in die Ausgangssprache übersetzt. Die Arbeit besteht aus der Originalversion des Handbuchs und dem doppelt übersetzten Text, sehr unterschiedlich.

Regresamos ahora el texto al castellano empleando el mismo traductor, y sí podemos apreciar alguna diferencia con respecto al texto original:

El manual de instrucciones de un programa de traducción automática se traduce dos veces por el mismo programa y luego se devuelve al idioma de origen. El trabajo consiste en la versión original del manual y el texto traducido doble, muy diferente.

O llevar a cabo -como hace Levé en la entrada 83 con la relación de pintores que conoce- la relación ordenada alfabéticamente de escritores españoles que, a bote pronto, recuerdo haber leído estos últimos años:

Adón, Alcantarilla, Aldecoa, Argullol, Argüelles, Arranz, Atxaga, Avilés, Ayesta, Azúa, Badal, Baltasar, Barba, Bárcena, Baroja, Barrero, Bayal, Benet (Juan y Manuel), Bilbao, Belmonte, Bona, Caballero, Cabrera, Capsir, Castro, Cela, Cercas, Cerdà, Cerezal, Chirbes, Clemot, Colomer, Crespo (Mario y Mónica), Crusat, Delibes, Del Molino, Egido, Escapa, Esquirol, Esquivias, Esteva, Ferrero, Ferlosio, Fraile, García Gual, García Hortelano, García Llovet, García Ortega, Gavilanes, Gil de Biedma, Gomá, Góngora, González (Jose), Gopegui, Goytisolo, Gracián, Grande, Gutiérrez (Pablo), Hernández (Sònia), Huertas, Inclán, Jándula, Landero, Larretxea, Longares, Loriga, Loureiro, Llamazares, Lledó, Marías, Márquez, Martín Giráldez, Martín Sánchez, Masoliver, Mateo Díez, Matilla, Menéndez Salmón, Micó, Millares, Millás, Montesinos, Morales, Morellón, Moreno, Moyano, Navarro (Elvira), Nieto, Obeso, Olmos, Ordovás, Orejudo, Ortiz Albero, Pàmies, Pastor, Pellicer, Pérez Álvarez, Pérez Zuñiga, Puertas, Quero, Reig, Repila, Rodoreda, Rodríguez (Luis), Rodríguez Fischer, Rosa, Sachez, Santos, Sanz (Marta), Sastre, Sotomayor, Tallón, Tizón, Tomeo, Torrente, Torné, Ugarte, Umbral, Unamuno, Valcárcel, Valente, Valero, Valgañón, Valle-Inclán, Vallejo, Vico, Vila-Matas, Vilas, Vivero, Zabaleta, Zaldua, Zapata.

Al leer este texto saldrá a su encuentro nuestra sorpresa, hilaridad, incredulidad, estupor, fantasía y muchas cosas más que estas obras sean capaces de producir en nuestro interior.

Una propuesta de lectura sería leer estas 533 entradas a razón de una por día, dejando así operar nuestra desmemoria, de tal manera que una vez llegado a su final volviéramos a releerla en una suerte de bucle que sólo ultimaría nuestro éxitus.

Eterna Cadencia. 2018. 160 páginas. Traducción de Matías Battistón.

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Jules (Henri-Pierre Roché)

Hay una literatura proclive a la voluptuosidad. Una placentera sensación al leer, como la de sentir que te pasan un plumero por la cara y se entremezclan entonces el placer y el escalofrío. Así, los seis relatos (Jules, Los papeles de un loco, Un coleccionista, Soniasse, El señor Arisse, Un pastor) de Henri-Pierre Roché (1879-1959), publicados por Errata Naturae con traducción de Vanesa García Cazorla, ofrecen estas sensaciones de manera sutil y elegante.

Unos relatos se cierran de manera muy explícita como sucede en Jules, Los papeles de un loco o Un coleccionista. Otros, la mayoría, son finales abiertos a la interpretación como Un pastor, donde se suceden acontecimientos un tanto inexplicables, con ovejas dando vueltas como derviches, azuzadas por la sed y en manos de un pastor al que parecen faltarle varios tornillos y que las va ultimando entre brote y brote. Esa voluptuosidad que comentaba se manifiesta en esos hombres que anhelan, fantasean y sufren con la idea del cuerpo femenino (con su afán de poseerlo entrando en él) y los goces que no obtienen de ellos, aunque los tengan ahí mismo (detrás del tabique) como le sucede al protagonista de Soniasse. Voluptuosidad y deseo que llevado a la práctica y por exceso puede conducir a la locura al protagonista de Un coleccionista, para el que no existe más tragedia que no poder seguir disfrutando del goce carnal. Relato que ofrece esa dualidad entre el amor carnal y la voluptuosa amistad (Cuando digo amigo, no lo digo por decir […] Me había despertado una de esas profundas simpatías, tan raras en mí, que jamás me habían defraudado […] Yo me preguntaba por qué quería a este amigo, por qué las cosas sencillas que él me decía tenían para mí tanto valor, pero no encontré otra respuesta que la vieja contestación de Montaigne: Porque es él). En otra vuelta de tuerca, Roché integra los avances técnicos con el deseo sexual no satisfecho, para brindarnos El señor Arisse, ese tipo de relatos envueltos en un halo fantástico que por mucho que se relean resultan herméticos. Los papeles de un loco es una gozosa ida de olla, donde se alterna la transición de un zumbado que pasa de serlo TODO, y tras la cópula, a los puntos supresivos, a la NADA

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Recuerdos durmientes (Patrick Modiano)

Modiano de nuevo. Recuerdos durmientes es la última novela escrita por el escritor galo en 2017 y publicada en España en 2018 por Anagrama con traducción de María Teresa Gallego Urrutia. Miraba lo que había escrito cuando leí Accidente nocturno y Un circo pasa, y creo que se podría armar una reseña con jirones de todas las reseñas de los libros que he leído de Modiano en estos últimos años. Aquí, como en algunas de las novelas anteriores, aparecen los progenitores de Modiano, brillando por su ausencia. Modiano acude a internados y a sus 18 años, desamparado, el único consuelo que parece encontrar le viene de sus paseos por los bulevares parisinos, por su estancia en cafés de toda clase, registrando conversaciones ajenas que irá anotando en cuadernos, durmiendo en pensiones, hostales, con trabajos librescos precarios, siempre sin rumbo fijo (pero sin salirse de los distritos parisinos), aquejado de un nomadismo urbanita al que parece verse abocado irremisiblemente.

En 2017 Modiano echa la vista hacia atrás, nada menos que cinco décadas, para situarse en el año 1965, cuando el escritor contaba 20 años. De ese pasado, de los recuerdos durmientes del título de la novela, entresacará el rostro de varias mujeres, unas jóvenes, otras mayores, con las que compartió episódicamente un tiempo de su juventud y con las que casualmente volverá a reencontrarse pasado un tiempo, como si éste no hubiera pasado. Sabemos que en Modiano la intriga es demasiado leve, nada que ver con las novelas de misterio donde hay que poner siempre cara al asesino, desentrañar sus motivaciones, tener al lector infartado en su leer y cosas por el estilo. En el caso de Modiano el misterio, el suspense, la intriga, se cifran aquí en fichas policiales, en las que aparece el joven Modiano (sin llegar a ser identificado), cuando acompañó a una joven, a la que auxilia, la cual ve cómo muere accidentalmente un individuo en su casa.

Escribir es volver al pasado, también exorcizarlo, escritura como liberación, al referir hechos ocurridos hace más de cincuenta años, que siguen ahí remordiéndole al autor la conciencia, y también tratar de poner cara, a esos nombres y apellidos que aparecen en sus cuadernos y comprobar cómo muchas de las direcciones que ahí aparecen son edificios que han dejado de existir, negocios clausurados, hoteles reconvertidos en apartamentos. Aquel mundo que como se dice en la novela parecía estar conteniendo el aliento antes de su desaparición. Un mundo anterior a internet, donde los números de teléfonos, las direcciones postales, las conversaciones ajenas, se iban anotando en agendas, cuadernos, servilletas, donde las guías de teléfono eran el facebook de hoy.

La literatura en la obra de Modiano parece ser un edificio con dos salidas y tres plantas, con distintas habitaciones en la que cada una de sus puertas le conducirá al pasado, a distintos momentos de su trayectoria vital, puertas que al final vemos cómo van enmarañando los distintos hilos temporales, pues todas ellas parecen conducirnos a un mismo punto, al eterno retorno de lo mismo.

Patrick Modiano en Devaneos:
Un circo pasa
El callejón de las tiendas oscuras
La hierba de las noches
Accidente nocturno
En el café de la juventud perdida
Más allá del olvido.