Archivo de la categoría: Literatura Francesa

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Pura pasión (Annie Ernaux)

Annie Ernaux en su escritura va espigando momentos, episodios, acontecimientos de su vida que decide verter sobre el papel, no como un acto exhibicionista, pues según ella el exhibicionista se exhibe en el momento preciso en que hace algo que quiere compartir, mientras que ella decide compartir sus vivencias varias décadas después del hecho acaecido. Así relató la pérdida de su virginidad en Memoria de chica; la vez en la que contando doce años su padre estuvo a un tris de asesinar a su madre en La vergüenza; cuando con 21 años decidió abortar en El acontecimiento; La relación con su madre enferma en No he salido de mi noche o los encuentros amorosos relatados a través de distintas fotografías sobre el escenario, no del crimen, sino amoroso, aunque el amor sabemos también mata, en El uso de la foto.

En Pura pasión (con traducción de Thomas Kauf), Ernaux recupera de su memoria aquellos meses en los que estuvo embebida en una relación sexual que no trascendía los confines de su cama en el inmueble de ella. Ante Ernaux también se abre un desierto, y un enemigo invisible que es el desespero, la zozobra, la tensa espera del que consume sus días y noches deseando reencontrar y perderse en la piel amada, la de un hombre casado con parecido a Alain Delon, no francés, que cuando puede y le viene bien va al encuentro y a la acometida de Ernaux, que desaloja de su vida todo lo demás, dando relieve, sentido y valor únicamente a esos encuentros absorbentes, aquel placer licuante que la colma para luego sumirla en el vacío y la ansiedad y que solo encuentran un episódico alivio en la siguiente coyunda y la sangre al galope por sus venas y una nube de arena dentro del corazón y aquella racha de amor con apetito… Y en esta dicotomía menudea la presencia-ausencia en la que Ernaux se ve atrapada, sin tratar de analizar su situación pero con la idea de que lo que ella experimentó entonces fue algo que se hurtaba a su razón, y cuando décadas después trata de analizar lo que le sucedió, echando mano de la memoria (la imaginación y la memoria son el patrimonio de todo escritor afirma Ernaux) llega a la conclusión de que fue víctima de un sentimiento que afecta a muchos humanos, y que a ella lo ligó a ellos -a través de unos actos, pensamientos, creencias, que ella también podría considerar antes de experimentar esta pura pasión como insensatos- algo que te aniquila, pero al mismo tiempo es sumamente hermoso, porque poder vivir un pasión por un hombre o una mujer es para Ernaux un lujo.

Editorial Tusquets. 2019. 80 páginas

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El acontecimiento (Annie Ernaux)

Annie Ernaux en esta novela autobiográfica, con traducción de Mercedes y Berta Corral, relata un episodio, un acontecimiento, como ella lo denomina, clave en su vida: el aborto que llevo a cabo en 1963 cuando contaba con 21 años y estaba acabando la carrera universitaria y preparando una tesina sobre la mujer en el surrealismo. Aborto que en Francia en aquel entonces estaba penalizado con la cárcel. Este libro me recuerda a otro, por su temática, el de Marta Sanz, Daniela Astor y la caja negra.

Una de las dos citas con las que se inicia el libro es de Yüko Tsushima y dice: quizá la memoria solo consiste en mirar las cosas hasta el final… Ernaux comparte este enunciado y su texto va en esta dirección, decidida a contar su acontecimiento abortivo hasta el final. El aborto ha de ejecutarlo a escondidas pues como decía anteriormente estaba penado en Francia y se veían expuestos a penas de cárcel tanto las mujeres que deseaban abortar como los médicos o facultativos dispuestos a ayudarlas. Al final las mujeres debían ponerse en manos de aborteras, corriendo un alto riesgo; algunas de ellas fallecían desangradas o enfermas de septicemia. Era habitual utilizar agujas de punto para de una manera casera poder acabar con el feto. Ernaux desvela su inquietud, su pesadumbre, sin poder compartir apenas con nadie el paso que estaba dispuesta a dar, ocultándoselo a sus padres.

Ernaux queda embarazada de un chico con el que luego mantiene una relación que ya no es tal, que se desentiende de su embarazo y del posible aborto si hubiera lugar. La religión católica que profesaba Ernaux hasta entonces (hasta que le confiesa a un cura lo que ha hecho y éste la pone de vuelta y media) le hace sentir culpable por lo que ha hecho, es a través de la escritura como consigue liberarse o arrostrar su acontecimiento. Parecido a lo que hiciera en La vergüenza descargándose de lo que le aconteció con 12 años, un día en el que su padre estuvo a un tris de asesinar a su madre. Ernaux cree que las cosas que le ocurren le suceden para que dé cuenta de ellas(Miramos el feto. Tiene un cuerpo minúsculo y una gran cabeza. Bajo los párpados transparentes, los ojos, parecen dos manchas azules. Parece una muñeca India. Le miramos el sexo. Nos parece ver el comienzo de un pene. Así que he sido capaz de fabricar esto. O. se sienta en el taburete. Llora. Lloramos en silencio. Es una escena que no tiene nombre en la que la vida y la muerte se dan la mano. Es una escena de sacrificio. No sabemos qué hacer con el feto. O. va a buscar a su dormitorio una bolsa de galletas vacía y lo mete dentro). Que quizás el verdadero objetivo de su vida sea este : que mi cuerpo, mis sensaciones y mis pensamientos se conviertan en escritura, es decir, en algo inteligible y general, y que mi existencia pase a disolverse completamente en la cabeza y en la vida de los otros.
Amen(a).
Emotiva como siempre, Ernaux.

Seguiré con Pura pasión y cuando lea toda la bibliografía de Annie Ernaux, o la que está publicada en castellano, podré ponerme entonces con el libro de Moisés Mori, Escenas de la vida de Annie Ernaux (diario de lecturas 2005-2008).

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Un pedigrí (Patrick Modiano)

Volver a Modiano una y otra vez. En esta ocasión con Un pedigrí, novela de 2007 publicada en Anagrama con traducción de María Teresa Gallego Urrutia.

Las novelas de Modiano son breves y ésta autobiografía también lo es, algo más de cien páginas. Modiano hace un recorrido por su árbol genealógico: padres y abuelos. Finaliza el relato cuando Modiano tiene 21 años, al cumplir la mayoría de edad.

Modiano hace una descripción analítica, objetiva, aportando en tropel y con urgencia (como si precisara descargar su memoria de todos estos acontecimientos para dar testimonio y poder pasar a otra cosa) un alud de nombres y lugares (que cifra bien la errabunda existencia de Modiano esos años); toda aquella miríada de personas que pululaban alrededor de los padres los años posteriores a la finalización de la segunda guerra mundial, quienes después de casarse tomaron caminos distintos, ella como actriz y él como empresario, sin que les sonriese la fortuna a ninguno de los dos. Lo único en lo que están de acuerdo sus progenitores era en que ninguno quería hacerse cargo de su hijo, así que Modiano pasará temporadas con los abuelos y desde sus once años permanecerá en distintos internados (en los cuales lidiará con las horas muertas leyendo: El príncipe de Zenda, El oficio de vivir, Las ilusiones perdidas, Madame Bovary, Viaje al fondo de la noche…) librando los meses de verano. De toda esta infausta situación Modiano hace hincapié en la pérdida de su hermano, que sí le marcó. También refiere que se sentía poco apoyado por sus padres, abandonado a su suerte, sin encontrar nunca el más mínimo cariño paternal ni maternal. Su padre primero lo quiere en el internado y luego al cumplir los 18 en el ejército, pues no ve la forma de quitárselo de encima. Modiano dice no guardarle rencor al padre, tampoco a su madre. La narración concluye en 1966, cuando Modiano cumple 21 años, genera sus propios recursos económicos como corredor de libros y le dan la noticia de que le publicarán su primera novela. Es en ese instante cuando Modiano se siente dueño de su vida, de su presente y futuro, pues hasta entonces tenía la sensación de haber vivido una vida fugitiva, de ser un mero espectador de la obra de su vida.

Patrick Modiano en Devaneos | Un circo pasa, El callejón de las tiendas oscuras, La hierba de las noches, Accidente nocturno, En el café de la juventud perdida, Más allá del olvido, Recuerdos durmientes

La vida verdadera

La vida verdadera (Adeline Dieudonné)

Leyendo La vida verdadera, debut de la novelista Adeline Dieudonné, con traducción de Pablo Martín Sánchez, (es curioso que aquí, en la ficha técnica del libro el apartado destinado al traductor venga en blanco) me rondaba por la mente el Gorgias de Platón y una de las preguntas allá formuladas, si es peor soportar una injusticia o cometerla. A esta pregunta parecen obligados a responder cada uno de los protagonistas de la novela, que son los miembros de una familia -allá en los años 90 y residentes en una urbanización- formada por el padre, la madre y dos hijos: una niña de 10 años y un niño de 6. Al final de la novela tendrán 15 y 11. La que narra es la niña, que asiste como una espectadora muda a las palizas que su padre le propina a su madre, reducida a ser una ameba; maltratada por el padre y despreciada por sus vástagos. El padre es un cazador experimentado. Su mundo se le presenta binario: cazador o presa. La niña hace todo lo posible para que su hermano Gilles mantenga su inocencia y preserve la sonrisa, lo cual no le es fácil cuando éste caiga bajo el embrujo cinegético del padre y mentor. ¡Ay, los amigos del rifle!.

La innominada niña mientras tanto irá pasando cursos en el colegio, atendiendo, con la llegada de la efervescente adolescencia al bramido de sus hormonas, ante la presencia de un vecino macizo para el que hace de canguro de sus hijos y que la enciende cuando la roza, y cediendo también a su otra pasión, ésta intelectual, la que experimenta hacia la física (la niña fantasea durante una temporada, ayudada por una amiga adulta, con hacer una máquina del tiempo (que le permitiría situarse por ejemplo antes de la muerte de un heladero que sucede frente a ella, muerte de la que en parte se siente culpable), pero más tarde verá que son cuentos y abandonará el proyecto), contando para ello con un profesor particular que le referiría su particular historia, trágica. Clases que recibe a escondidas de su padre para el cual que la hija sea un cerebrito es una especie de afrenta personal.

Como decía al comienzo, cada cual deberá establecer será víctima o verdugo, cazador o presa. El alinearse en un bando o en otro supondrá la supervivencia o no familiar, o al menos de su parte más estimable.

Adeline despliega una prosa tan facilona como efectiva y efectista para abordar los malos tratos en el entorno familiar y toda aquella violencia consustancial a la bestia paterna, permitiendo a su vez que todos los que orbitan alrededor del astro rey saquen de sí mismos lo peor de cada uno, lo que toca, cuando prima el instinto de supervivencia.

La vergüenza (Annie Ernaux)

La vergüenza (Annie Ernaux)

Annie Ernaux ya había escrito otros libros que abundaban en lo autobiográfico: Memoria de chica, No he salido de mi noche o El uso de la foto. En La vergüenza, con traducción de Mercedes Corral Corral y Berta Corral Corral, pone su atención la autora en un hecho acontecido en 1952, cuando ella tenía 12 años.

Como en ese cuadro en el que hay un motivo principal que centra nuestra atención y otros muchos elementos accesorios, periféricos, que orbitan alrededor del mismo y que iremos desvelando poco a poco bajo la atenta mirada, así opera Ernaux en esta novela. El motivo principal es el recuerdo que ella, entonces una niña, tiene de su padre intentando matar a su madre una día de junio, con un hacha, en el colmado-hogar donde viven. Tras aquel momento de locura las aguas volverán a su cauce y no se volverán a repetir más elementos violentos como aquel, pero no podrá quitárselo Ernaux de la cabeza, al instalar en ella ese hecho inaudito y atroz un sentimiento de vergüenza.

Echando mano de fotografías y recurriendo a la memoria la autora se retrotrae hasta 1952, tratando de conocer cómo era su identidad de entonces, empleando para ello los vestidos de la época, las canciones que escuchaba, los libros que leía, la fuerte presencia de la religión en las aulas del colegio privado al que acudía; la sensación de pertenecer a una clase social distinta al de sus compañeras, sintiéndose al margen; lo mismo le sucederá con la edad, ya que los 12 años marcaban la barrera entre la infancia y la adolescencia, entre el cuerpo de un niña y el de una mujer, aspecto que en aquel entonces le parecía tan deseable como inalcanzable.
Ernaux analiza la sociedad en la que vivía en 1952 en Normandía, muy preocupados todos ellos por el qué dirán, por guardar las formas, por no dar que hablar, por no apartarse del rebaño, en un colectivo muy dado a censurar y a reprobar todo aquello que se saliera del molde de lo “normal” (embarazos fuera del matrimonio, madres solteras, abortos…) cincelada la moral con el buril de la religión. Aunque por otra parte no estaba mal vista la violencia hacia los hijos, entendida como parte de una educación que había de ser estricta y severa.

Un viaje que realizará Ernaux junto a su padre, en autobús, durante un par de semanas, llegando hasta Lourdes, antes del hecho de marras le permitiría a la niña tomar conciencia del otro mundo que existe más allá de las cuatro paredes de su casa, el barrio, la ciudad, la moral, descubriendo en las habitaciones del hotel el uso del lavabo, los retretes, el yogur en los restaurantes…

Con La vergüenza Ernaux hace público aquello que le pasó, pesó y posó y le acompañó por tanto a lo largo de toda su vida, tal que en 1996 decidió extirpar ese recuerdo para poder analizarlo a través de la escritura, con la publicación del presente libro, muy en la línea de sus otros libros autobiográficos.