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Genocidios. Una lectura forense (Julia Nueno Guitart ed.)

En el capítulo La fábrica de objetivos de Júlia Nueno se nos habla de las posibilidades de la inteligencia artificial, que son ilimitadas. Sin ir más lejos, por primera vez la inteligencia artificial es empleada para llevar a cabo un genocidio. Al frente de esta tecnología Yossi Sariel, precursor de la «fábrica de objetivos«. Sostiene Yossi que los ejércitos deberían aprovechar el aprendizaje sinérgico entre humanos y máquinas para crear supercognición. Se identifican posibles terroristas a través de sus amigos de Facebook o de su pertenencia a grupos de WhatsApp. A partir de estas interacciones es posible extrapolar una red social y generar objetivos utilizando un aprendizaje automático. De esta manera el análisis de las relaciones sociales se automatiza y acelera de forma significativa. Pero según Julia, de esta manera, los vínculos sociales se convierten en probabilidades, lo que permite que prácticamente cualquier persona pueda ser considerada un terrorista para justificar su muerte. Este cálculo aplicado a la vida colectiva y cotidiana convierte en posibles objetivos espacios comunes, como las panaderías o los mercados.

En el capítulo Los tres genocidios de Eyal Weizman nos cuenta que a comienzos del siglo XX Alemania llevó a cabo otro genocidio. Tuvo lugar en Namibia. En 1902 solo el 1% de África del Sudoeste estaba en manos de los europeos; después del genocidio, el porcentaje ascendía a más del 20%. En la actualidad, un 44% de las tierras de Namibia y un 70% de los campos de cultivo son propiedad de 4.500 granjeros europeos que suponen un 0,3% de la población. En 1908 se había dado ya muerte a 65.000 ovahereros, dos tercios de la población y a 10.000 nanas, la mitad de la población. En 2015 Alemania accedió a reconocer que se había cometido genocidio entre 1904 y 1908. Al mismo tiempo que reconoció el genocidio en un sentido histórico se rechazó por parte de Alemania cualquier obligación de pagar reparaciones o facilitar la restitución.

Otro de los capítulos del libro lleva por título Cartografía de un genocidio. A través de imágenes por satélite vemos la devastación en Gaza, como respuesta al asesinato de 1.219 civiles israelíes y la toma de 251 rehenes, por parte del grupo terrorista Hamás, llevado a cabo el 7 de octubre de 2023. El primer mes de la ofensiva en Gaza, Israel descargó más de 25.000 toneladas de explosivos en zonas urbanas, causando 10.328 muertes, el 67% de ellas niños y mujeres. El asesinato de civiles, incluso en una guerra, nos parece inexplicable e injustificable. A los israelitas no. Según corean a menudo las Fuerzas de defensa de Israel, las FDI: No hay civiles que no estén involucrados. Y esto vale para los adultos, las mujeres y los niños o bebés. Si acaban asesinados en una fosa con un tiro en la cabeza es porque están involucrados y pertenecen o amparan a Hamás. Además, si atendemos a las palabras del que fuera ministro de Defensa, Yoav Gallant: Estamos imponiendo un asedio total en Gaza, sin electricidad, sin comida, sin agua, sin gas. Todo queda paralizado. Luchamos contra animales. No hablan de personas, sino de animales. A menudo los soldados israelíes disparan a los palestinos llamándolos perros.
Las zona residenciales fueron atacadas de noche, en momentos de alta densidad civil. En junio de 2023 habían sido destruidas el 70% de las tierras agrícolas y el 63% de las infraestructuras. En noviembre de 2023 de los 25 hospitales 16 ya no estaban en servicio. En mayo de 2024, tres hospitales en Rafah atendían a 1,9 millones de palestinos desplazados. De este manera se viola los principios de protección de la infraestructura médica en conflictos armados.

Vemos cómo hoy Israel, secundado por los Estados Unidos, sigue colonizando territorios y ocupando territorios, en línea ascendente desde su creación. Y ahora dando un paso más con la guerra abierta contra Irán y respaldada por más del 90% de la población de Israel. Netanyahu lleva décadas con la idea de derribar el régimen iraní. Así que de momento la destrucción sigue y el derecho internacional es orillado cada día más. Incluso Von der Leyen, la Presidenta de la Comisión Europea, afirmó estos días que daba por caduco el viejo orden mundial, de un mundo que se ha ido y no volverá. Hoy el derecho del más fuerte (Trump) prevalece sobre el derecho a secas. Mal vamos. ¿Camino del abismo? Sí y cada vez más cerca del fin del mundo.

Remedio a la aceleración

Remedio a la aceleración (Hartmut Rosa)

Ya sea la ejemplaridad, la modernidad líquida, la lentitud o la resonancia, cada filósofo (también sociólogo) parece empeñado en dar con el concepto o idea en la que centrar todos sus esfuerzos y capacidades cognitivas.

Hartmut Rosa lanzó hace un tiempo su idea de la resonancia (como noción antinómica de la indiferencia), no en términos musicales sino filosóficos. Una resonancia que venía a ser una relación receptiva con las otras personas, pero también con la naturaleza, con nuestro trabajo y con un cosmos que tenga sentido, o quizás, que sea afirmativo. Según Rosa el más profundo miedo de la modernidad es que el mundo, sin importar ya cuán capaces seamos de instrumentalizar la naturaleza, se vuelva ajeno, silencioso, no receptivo, indiferente hacia nosotros. Su tarea, afirma Rosa, será la de escribir una exhaustiva sociología de la resonancia que especifique las condiciones sociales bajo las cuales el mundo se vuelve receptivo o indiferente hacia nosotros, los seres humanos.

Aquí Rosa no se centra tanto en la resonancia como en la aceleración y en cómo ponerle remedio. Algo que tiene mucho que ver con el tiempo, clave en las sociedades capitalistas, regidas por conceptos como la eficacia y la eficiencia. No se trata solo de hacer las cosas, sino de hacerlo siempre lo más rápido posible. De ahí la aceleración, y el burnout. Y también todo aquello que nos impide vivir una vida buena.

Rosa, poco dado a las cifras y más proclive a las intuiciones, afirma que las sociedades modernas no pueden estabilizarse si no es de manera dinámica y que están por tanto, sistemáticamente y estructuralmente concebidas con vistas al acrecimiento y, en consecuencia, tienen la necesidad de crecer permanentemente, de transformarse y de volverse más rápidas para poder preservar su estructura y su estabilidad.

Aborda Rosa los efectos de la estabilización dinámica mediante diez tesis, poco más que enunciados. En la tesis del consumo; el consumo siempre va cargado de una inmensa promesa de resonancia. La aceleración lleva también obligatoriamente a la competición con los otros, y a la alienación cuando en el trabajo ya no ya resonancias.

De un viaje de dos semanas por China Rosa saca unas cuantas conclusiones. En los chinos ve una impasividad estoica. Y los ve esperanzados. No están libres tampoco de los atascos monumentales, la aceleración, del consumismo voraz (por eso los miles de centros comerciales con marcas de lujo occidentales) de la competitividad, ahí el gaokao. Para ellos la aceleración es necesaria, la velocidad buena. Un dato curioso: cuando Rosa viaje hacia el Oeste, a Huang Pi, el país amarillo, constata cómo la nueva generación crece, casi sin excepciones, en brazos de los abuelos, porque los padres han emigrado a trabajar a la ciudad. Pienso que este hecho también le podría dar mucho juego a Rosa, que es sociólogo.

Finaliza Rosa reflexionando acerca del engarce de la idea de patria y modernidad. Antes la patria era algo inmóvil, ligado al espacio físico, al lugar de nacimiento. Según Rosa, en la modernidad tardía ya no vamos en busca de una nueva patria; la ausencia de patria es, de una manera radical, nuestro destino.

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Toda persona. Una defensa de la sanidad pública (Sergio Calleja Puerta)

Sergio Calleja Puerta apela en este breve ensayo a la solidaridad, la justicia social y los derechos humanos. Trabaja en la sanidad pública y sabe de lo que habla. Sabe qué vale la pena mantener y qué hay que defender.

Por eso el primer capítulo se titula El espíritu del 45. Aquel espíritu que se manifestó al acabar la segunda guerra mundial, en el Reino Unido. Los británicos decidieron que si habían conseguido doblegar a los nazis, deberían intentar derrotar también a la pobreza, al desempleo, a la ignorancia y a la enfermedad en su país. Y eso pasaba por crear un Sistema Nacional de Salud.

Y todo esto tiene que mucho que ver con la conquista de los derechos, a la que cierta oligarquía financiera se opone. Para ello Calleja recurre a las palabras de Enrique del Teso.

El derecho a la educación pública evita la manipulación de las clases populares. Los derechos no existen sin el servicio público que los garantiza. Para allá esa falta recursos había impuestos y eso va en contra de la tendencia de la acumulación del capital en manos de la oligarquía. Los derechos son un espacio de lucro perdido. Por eso el trabajo constante para su acabado servicios públicos.

En España, por culpa de la dictadura franquista, tardamos unas cuantas décadas mas en poder tener una sanidad pública. La cual hoy quieren muchos privatizar, bajo el argumento o mantra de que lo privado siempre es más eficaz y eficiente que lo público.

El autor advierte de los cuatro riegos principales que entraña la colaboración público privada, a saber: en la mayoría de los casos es el método más caro de financiación. Conlleva más riesgos por la parte pública. La colaboración público privada suelen adolecer de falta de transparencia de escrutinio, y en algunos casos pueden resultar en abusos contra los derechos humanos, sociales, ambientales y de género.

Lo que es evidente es que hay ciertos espacios que el mercado no cubre (dado que este solo atiende a los dictados del rendimiento, la eficacia, la eficiencia, la rentabilidad etc) y esos servicios, o la garantía de ciertos derechos, solo pueden ser prestados por el Estado. Y a veces incluso el Estado falla. Lo vemos en la Cañada Real, o lo sucedido en El Ejido, cuando fue noticia, en el 2000, por unos asentimientos chabolistas y otras viviendas que les iban a reemplazar y que nunca se hicieron.

Esos derechos que antes fueron privilegios pueden volver a serlo. Lleva razón Sergio.

En nuestros días el Estado, tomado el asalto por el pensamiento neoliberal, no reconoce en la práctica los derechos asociados al estatus de ciudadanía, pues contempla la ciudadanía desde una doble condición: como un «recurso humano», al servicio de la economía y, en el reverso, como una «carga social».

Las palabras de Gramsci, de 1917, con las que concluye el libro no pueden ser más acertadas.

Lo que sucede, no sucede tanto porque algunos quieren que suceda como porque la masa de hom-bres abdica de su voluntad, deja hacer, deja amarrar los nudos que luego sólo la espada podrá cortar, deja promulgar las leyes que luego sólo la revuelta podrá derogar, deja que asciendan al poder hombres que luego sólo un motín podrá derrocar. La fatalidad que parece dominar la historia no es otra cosa que la apariencia ilusoria de esta indiferencia, de este absentismo. Algunos maniobran, otros trafican material-mente con los sacrificios de muchos, otros todavía desangran al prójimo; pero pocos, en realidad, son los que actúan, los que luchan.

Sergio Calleja Puerta
Toda persona. Una defensa de la sanidad pública
KRK Ediciones
2025
106 paginas

lafinalidaddeluniverso

¿Por qué? La finalidad del universo (Philip Goff)

En este ensayo de algo de más de 200 páginas, y a lo largo y ancho de siete capítulos, el filósofo británico Philipp Goff reflexiona acerca de cuál es la finalidad del universo. No se trata por tanto de buscarle un fin o un sentido a la vida humana, sino de alzar la mirada de nuestros ombligos y buscar el encaje de nuestras existencias dentro del universo.

Uno de los capítulos lleva por título Porque es probable que Dios no exista. La palabra probable aquí toma todo el sentido, dado que en su ensayo Goff no maneja datos y sus hipótesis tienen mucho que ver con la probabilidad. De tal manera que él propone diferentes hipótesis y reflexiona acerca de cuál de ellas le parece más probable que ocurra.

Lo interesante y novedoso del ensayo es que Goff, dado que los científicos han llegado a la conclusión de que el universo no tiene conciencia, puesto que no hay ninguna evidencia científica que lo avale, es dejar la ciencia de lado (en cuanto que la finalidad cósmica no se toma en cuenta como supuesto científico) para abordar el asunto desde un punto de vista filosófico. Una de las teorías que explicarían nuestro universo, y que Goff desdeña, sería el multiverso, de tal modo que si existen infinitos universos, en alguno de ellos, como el nuestro, podrían darse los números necesarios, toda vez que las leyes físicas hiciesen su trabajo, que hubiese permitido la creación del universo y la vida en ella. Es lo que Goff denomina ajuste fino.

Goff cree que el cosmos atiende a un fin, que el universo, y también las partículas más elementales, tienen conciencia y plantea tres explicaciones de la finalidad cósmica:

La hipótesis de un diseñador heterodoxo; las leyes teleológicas (Goff no cree que haya un Creador, ni un Omnidios, en tanto que si para un ser todopoderoso es inmoral crear un universo como el nuestro, entonces, o bien nuestro universo carece de creador, o bien ese creador no es todopoderoso ni de bondad perfecta); y el cosmopsiquismo teleológico (teoría según la cual partimos del siguiente axioma: el universo cuenta con un conocimiento completo de las consecuencias posibles de todas las opciones que tiene a su alcance. Y avanzando un poco más Goff afirma que lo que mueve al universo es el intento de maximizar el bien). Goff se decanta por la tercera opción.

Para el autor el panangecialismo es un paso más hacia adelante viniendo del panpsiquismo, según la cual la conciencia permea el universo y es una propiedad fundamental del mismo. En el panangecialismo, las raíces de la agencia están presentes en el nivel fundamental de la realidad física. Para ello hay que definir qué es la Agencia, como suma de la protoagencia y la comprensión experiencial (se parte de la premisa que el pensamiento y la intelección tienen que ver con la conciencia), siendo la protoagencia la capacidad de una partícula para responder a su inclinación inmediata a realizar una acción específica en el aquí y el ahora. En resumen la Agencia sería la capacidad de un organismo para perseguir objetos de deseo desplegados en el espacio y el tiempo.

Un ensayo este de Goff muy recomendable para todo el lector curioso y aplicado (pues ha de llevarse una lectura concienzuda y a ratos muy exigente) que al levantar la mirada inquisitiva hacia el cielo se pregunte ¿qué pintamos por estos lares y cuál es la finalidad y el sentido de todo este sindiós? Un ensayo que nos permitirá tomar conciencia de un sinfín de cuestiones que nos llevan trayendo de cabeza desde nuestra llegada a la Tierra, en el ejercicio de nuestro intelecto.

¿Por qué? La finalidad del universo
Philip Goff
Traducción de Fernando Ballesteros
Bauplan
2025
230 páginas