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César Aira y la silla de Gaspard (Moisés Mori)

Nada había leído de Moisés Mori (Cangas de Onís, 1950) hasta que a finales del pasado año cayó en mis manos las Estampas rusas. Un álbum de Ivan de Turgueniev. Ahora voy en busca del tiempo perdido y lo hago con el presente libro, o mejor, libropresente, pues este ensayo no deja de ser una dádiva que se nos ofrece.

Si resumir o reseñar un libro es degradarlo, reseñar un ensayo que es una hiperreseña ¿qué será?.

Comenta Moisés antes de pergeñar este ensayo que apenas sabía nada de César Aira, más allá de haberse leído alguna de sus novelas. Moisés andaba dándole vueltas a Raymond Roussel (ya le había dedicado Mori otro ensayo, compartido con Nerval y Schwob, a lo Zweig (por lo de las ternas), titulado No te conozcas a ti mismo), tratando de reseñar su libro El doble (obra que creía el galo, muy consciente de su genio y de su capacidad para crear un arte nuevo- lo encumbraría en la gloria literaria y que obtuvo nulo reconocimiento pero sí le granjeó una depresión de por vida, hasta acabar suicidándose en Palermo en 1933), que la joven editorial Wunderkammer ha tenido a bien verter al castellano gracias a la traductora María Teresa Gallego Urrutia.

Un buen día Moisés descubrió que César Aira hacía mención a Roussel y a quien consideraba como uno de sus inspiradores, de sus maestros, un referente expreso El resto vino solo. Hete ahí el título, César Aira y la silla de Gaspard (Gaspard es uno de los personajes de El doble). Moisés elabora una doble reseña, tanto de El doble como de otras obras de Roussel y de Aira, en especial de El Mago, Varamo, Prins, Un episodio en la vida de un pintor viajero (de las cuales ya di cuenta por estos lares).

Como todo ensayo, aquí escribir es probar, tentar, incluso ir dando palos de ciego, pues Moisés de César Aira sabe lo justo que hay que saber. Lo que le mueve no es el conocimiento exhaustivo, académico, enciclópedico del artista (filias, fobias, bibliografía…) sino algo más intuitivo, como el apasionamiento, la devoción que le suscita Aira a Mori.

El título consta de dos capítulos, Doble o Nada y César o Nada. En cuanto a Roussel, Mori nos habla de su procédé, del método que puso en marcha el autor francés, algo parecido a una máquina automática capaz de generar literatura, yendo por derroteros distintos al del sentido, lo autobiográfico, las enseñanzas, los sentimientos, la psicología; una especie de despojamiento del yo. Una escritura que se erige en relacionar palabras homónimas, la polisemia, el juego de palabras… aunque como afirma César intentar explicar el procedimiento de Rousell es “tiempo perdido“.

Cuando Aira aborda a Roussel para desentrañarlo, este cree que su método de escritura consistía simplemente en ocupar el tiempo (mucho y bien ha escrito Baudelaire sobre el tedio), escribir para llenar un tiempo vital que de otro modo habría quedado vacío; que es esto y no otra cosa lo que le lleva a escribir. Da igual según César Aira escribir bien, lo importante es escribir, porque escribir es una decisión de vida, que se realiza con todos los actos de la vida.

Quien haya leído a César Aira sabe bien que lo suyo es la imaginación desbordante (hermanado en esto con Roussel, que decía que Chez moi l’imagination est tout), lo singular, la extrañeza, la improvisa, el delirio, bajo un principio rector que para Aira es “la verosimilitud”. Un estilo que Moisés resume así: las novelas de Aira carecen voluntariamente de suspense, de emociones, tampoco aspiran a un alto estilo, y sus personajes poseen la misma profundidad psicológica que un champú o un cepillo de dientes; de modo que la historia o resulta creíble o es solo efecto, un destello, se despeña por el abismo del arbitrario ¿Y qué discurso sustenta lo arbitrario?

No lleva bien Aira la autoficción, lo autobiográfico: la actual tendencia dominante entre los novelistas, ese dar vueltas sin cesar en torno al círculo autobiográfico […] Acogerse a algún procedimiento narrativo conlleva por una parte disponer de un sistema para generar historias, pero consiste asimismo en una manera de cerrar la puerta a lo autobiográfico.

Y ya aprovecho para introducir un párrafo que leí en el ensayo La huida de la imaginación de Vicente Luis Mora al hilo de esto, recurriendo éste al ensayo En la confidencia de Eloy Fernández Porta.

Eso es justo lo que sucede en la autoficción subjetivista egocéntrica, forma extrema de agresividad contra el lector, quién, incluso en la más morbosa de sus versiones, se encuentra frente impudicias, desnudeces y exhibicionismo no pedidos ni necesitados puesto que la persona que compró el libro lo que esperaba era una novela. Deseosa de salir de su propia intimidad para encontrar algo más importante que el uno mismo, se ve atrapada de súbito en el uno mismo inclemente del escritor autoficcional, que viene a gritarle al oído sus miserias, sus secretos familiares o sentimentales, sus coitos y, por supuesto, sus autoelogios.

Todos conocemos novelas que parecen autofelaciones. Nada raro, por otra parte, cuando el impudor es la divisa.

Se me han pasado las más de 300 páginas del ensayo en un suspiro muy fruitivo. No sé cuál es el método de Mori pero funciona, vaya que si funciona.

KRK Ediciones. 2019. 320 páginas

César Aira en Devaneos:

Los fantasmas
El mago
Prins
Varamo
Diario de la hepatitis
Un episodio en la vida del pintor viajero
La pastilla de la hormona
Cecil Taylor
Los dos payasos

MARINA

A favor de la distracción (Marina van Zuylen)

Proust mientras comía una magdalena comenzó a recordar y tirando del hilo de la memoria alumbró casi cuatro mil páginas. Un extravío considerable propio de un titán, de un Funes memorioso. Estos devaneos, desde su segunda acepción, nos hablan de una distracción, de un pasatiempo, es por ello que este gozoso ensayo de Marina van Zuylen –con traducción de Jordi Ainaud i Escudero-, case muy bien con el espíritu de este blog.

Me gusta todo el libro, ya desde el título, porque uno está un poco harto de ver siempre Elogio de…, Breviario de…, Marina va más allá y toma posición por la distracción y lo hace a favor. Leyéndolo creo que guarda ciertas similitudes con aquel ensayo de Ordine titulado La utilidad de lo inútil. Marina nos habla aquí del desinterés interesado. Se concibe el arte como un punto de fuga, de evasión, materia prima para la ensoñación, para fantasear, para dejar el pensamiento en suspenso y amorrarnos si nos place, al tedio, al aburrimiento a la inactividad, algo muy mal visto por una sociedad que relaciona siempre la actividad con el resultado y no ve con buenos ojos la distracción. Ni ahora ni antes. Marina nos habla de filósofos como Descartes, Russell, San Agustín que censuraban y reprobaban la distracción, la inactividad, todo aquello que en definitiva apartarse al ser humano del camino de la razón concienzuda, del esfuerzo, de la concentración en el estudio, el trabajo y el pensamiento.

Marina se posiciona a favor de escritores y filósofos que apuestan por el devaneo, la ensoñación, los meandros de un pensamiento no lineal. Ahí Montaigne y sus deliciosos ensayos o Hume y sus partidas de tablas que le resultaban más apasionantes y vivaces y lo distraían de sus reflexiones y pensamientos sobre el papel que luego le resultaban ridículos, forzados…

Hoy que en ciertos medios digitales los artículos llevan a modo de pórtico el tiempo de lectura que se precisa para leerlos Marina apuesta por otra forma de leer, más pausada y calmada, sin apremios ni urgencias, un leer que vendría a ser como un rumiar -bucólico y pastoril- si nos dejamos llevar. Y para ello recurre a las palabras de Nietzsche, quien envidiaba a las vacas y su estómago rumiante: para practicar de este modo la lectura como arte se necesita ante todo una cosa que es precisamente hoy en día la más olvidada -y por ello ha de pasar tiempo todavía hasta que mis escritos resulten “legibles”- una cosa para la cual se ha de ser casi vaca y, en todo caso, no hombre moderno: el rumiar. Marina considera y defiende la lectura como un arte lento, cree necesario convertir la lectura en un hábito poderoso y necesario. Algo que suscribo.

El ser humano tiene la capacidad de conectarse y desconectarse, de asociar (una mente asociativa que nos transmite sensación de perplejidad y asombro) y disociar al mismo tiempo, algo que otros animales no pueden hacer y pone el ejemplo del simio, que es capaz de morir de pena porque su cerebro lo ocupa un pensamiento de tristeza del que no es capaz de sustraerse. El humano sí, y logra evadirse de su realidad, sus problemas, trascender su yo, a través del arte, así desconecta de su realidad y habita otras realidades virtuales o analógicas (a través de la lectura, la música, el teatro…), el problema está cuando uno se distrae de su realidad para entrar en otra regida por una conectividad tan exigente que transforma la presunta distracción en un quehacer compulsivo. Hoy, comenta Marina la distracción se considera enfermedad y el TDAH se combate desde la farmacología, que busca encauzar el enfermo hacia la concentración, evitando la distracción y la dispersión en su conducta. Así están las cosas.

Lean a Marina y distráiganse, dispérsense, asómbrense, váyanse por los cerros de Úbeda siempre que les plazca y por supuesto, gocen. Todo esto en apenas 90 páginas.

La huida de la imaginación (Vicente Luis Mora)

La huida de la imaginación (Vicente Luis Mora)

La huida de la imaginación es el primer libro que leo de Vicente Luis Mora (VLM). No es novela, ni poesía, sino ensayos en los que nos da su parecer (el perecer no, porque según Vicente, no todo está perdido) sobre el estado actual de la literatura y el asedio del mercantilismo. VLM tiene un interesante blog, Diario de lecturas, que me ha permitido conocer a escritores como Luis Rodríguez.

En la página 212 leo:

En cambio, el fenómeno creado por unas pocas personas archiformadas, cultísimas, que se han dejado los ojos toda su vida acumulando un especial dominio sobre una faceta del arte, especialmente si se trata de escritura, se llama, para algunos, “elitismo”, en vez de denominarse, simplemente, “literatura”.

Después de leer el libro de cabo a rabo creo que este párrafo es la almendra del mismo, la herida abierta que supura en Vicente y en tantos otros que se dejan los ojos delante de los libros, no solo como lectores, sino también como escritores y críticos sin cosechar el debido reconocimiento. Este libro de ensayos incluso ha sido premiado, pero ¿cuántas personas lo van a leer?. ¿Qué papel, me pregunto, reserva hoy la sociedad al estudioso, al erudito, a la cultura, en general?.

Vicente Luis Mora constata cómo la literatura va a la baja, cómo se rehuye la imaginación en pos de la autoficción, cómo la crítica se deja en manos de suplementos culturales en los que la crítica es difícil de llevar a cabo, so pena de castigo, ahí el caso de Echevarría. No le falta razón a VLM y podemos hacer la prueba. Si cogemos Babelia este sábado, veremos que no hay libro malo, y que los suplementos se pueblan cada fin de semana de propaganda literaria vendiéndonos el libro del año, la obra maestra de turno, el autor que estábamos esperando, etc… Otra variante del “periodismo cultural” pasa por hablar de cinco buenas novelas como se recoge en el título de este artículo y luego decir el autor del mismo que dos de ellas no las ha leído, pero que el lector se supone ha de leer, quizás porque para decirlo cantando, Algunos tenemos, algunos tenemos fe. En fin. La alquimia de la propaganda: calificar de buenas dos novelas que no se han leído.

Por la parte de las blogs, creo que si estas buscan el éxito, el reconocimiento, la popularidad, seguidores a miles en las redes, contadores de visitas girando a lo loco, deben reseñar los libros que todo el mundo quiere leer, ya saben Zueco, Castillo, Follet, Asensi, Gabás, Pérez-Reverte, Gómez-Jurado, Grandes, pues en el caso de leer libros de autores ocultos que venden cien ejemplares estarían cavando su propia tumba y el blog pasaría a ser uno más de ese 99% de blogs que se abandonan a los pocos meses de su nacimiento.

Hoy nos basta recorrer la mayoría de las librerías para toparnos con libros dispuestos a modo de ladrillos, sobre los que se cimenta hoy la industria editorial. Los libros de alta intensidad, como los denomima VLM, creo que habría que buscarlos en estanterías más apartadas, fuera de los focos, en las editoriales minoritarias.

La literatura está en manos de los bestsellers. Lo hablaba una tarde en el Noche y Día de la Gran Vía logroñesa con JP, ávido lector, que también tiene un blog en el que habla de sus lecturas y me decía que siempre ha sido así, que en este país leemos cuatro y que cierta clase de literatura solo nos interesa a unos pocos, un número que según él de todos modos se mantiene constante en el tiempo. Cuando veo en las librerías las jerarquías con los libros más vendidos, si hacemos la sustitución de libros por escritores, podemos preguntarnos ¿vendidos a qué?. Al mercado, a lo previsible, a la necesidad de publicar lo que sea cuando toque.

Harto complicado me parece tratar de convencer a alguien de que lea unos libros y no otros. Al final, la determinación surge de uno mismo, si llega el momento en el que harto de tanto personaje plano, de tanta trama previsible, roma y clonada, tanta sintaxis de todo a cien, si su cerebro aún no ha colapsado, alza entonces la mirada y decide entonces buscar otras lecturas, autores más intrépidos, ingeniosos, talentosos que deciden explorar las posibilidades del lenguaje (que sería lo menos que deberíamos exigirle a un escritor), que no se doblegan al yugo del mercantilismo y escriben lo que les brota. VLM nos habla de autores como Luis Rodríguez, Javier Pastor, Rubén Martín Giráldez, Javier Avilés… Quien frecuente estos devaneos sabrá que a estos autores se les ha prestado la debida atención (a otros como Salvador Gutiérrez Solís aún no) y sus novelas han sido objeto de lectura. Uno no deja de lamentarse del escaso reconocimiento que tienen autores como GHB, Melchor, José Luis María Pérez Álvarez, Harwicz, Andrés Ibáñez, Arins, Ernesto Pérez Zúñiga, Quintana, Tomás Sánchez Santiago, Ojeda, Roberto Valencia, Indiana, Roberto Vivero…, en cuanto a ventas, aunque siempre tendrán un puñado de lectores que agradezcan su labor.

Valéry tenía muy claro para quién escribía:

“Pensad en lo que hace falta para gustar a tres millones de personas. Paradoja: hace falta menos que para gustar a 100. No escribo /no escribiría / para personas que no pudieran darme una cantidad de tiempo y una calidad de atención comparables a la que yo les doy”.

VLM apela a la necesidad del canon y de la crítica literaria, aquella que si hace bien su trabajo es capaz de separar el grano de la paja, lo que es literatura de alta intensidad de la que no, porque no todo es lo mismo, no todos los libros tienen la misma calidad, evitando así, si nos formamos un espíritu crítico, que no nos den gato por liebre (o por libro). No es tarea fácil la de ser un lector en formación, pero el sentido común dicta que si el tiempo es limitado, ¿qué hemos de hacer? ¿dedicarlo a leer libros buenos o malos?. El mercado ya está haciendo su labor, bien hecha por cierto, de equipararlo todo en la industria del libro, evitando el relieve, dando uniformidad a lo publicado gracias a su omnipresennte y machacona publicidad y propaganda.

Editorial Pre-Textos. 2019. 302 páginas

Como un rana en invierno (Daniela Padoan)

Como una rana en invierno. Tres mujeres en Auschwitz (Daniela Padoan)

Como una rana en invierno. Tres mujeres en Auschwitz, publicado por la editorial Altamarea es un libro de entrevistas a cargo de Daniela Padoan con traducción de Laura y Pablo Gastaldi. Entrevistas realizadas a Liliana Segre, Goti Bauer y Giuliana Tedeschi, las tres supervivientes de Auschwitz, ingresadas allá con 13, 19 y 31 años, donde permanecieron entre 12 y 14 meses, desde abril de 1944 hasta su liberación.

En las entrevistas, que vienen a ser como una conversación a cuatro voces hay elementos comunes, como el miedo compartido a ir en cualquier momento a las cámaras de gas, ubicados sus barracones frente a las chimeneas y el humo negro; el olor a carne quemada que respiraban todos los días. La necesidad de mantener su dignidad a pesar de que a su llegada les afeitasen la cabeza, les ducharan, viéndose obligadas a mostrar su desnudez a las otras presas, para luego vestir harapos, pares de zapatos que no casaban y tener que lidiar con la menstruación que se les retiraba a las pocas semanas de su llegada; una alimentación que las conducía a la delgadez extrema, al límite de sus fuerzas. Acciones que buscaban deshumanizarlas, convertirlas en objetos, en números, como los que les tatuaban en el brazo a la llegada, si superaban la selección y no iban directamente a las cámaras de gas, auxiliadas por los Sonderkommando cuya tarea quedó fielmente reflejada en El hijo de Saúl.

Comentan que reinaba la arbitrariedad, la ausencia de toda lógica, que conduce a la barbarie y la locura, y así veían cómo los SS enviaban a la cámara de gas a las presas por cualquier tontería, por lo que cada día era una ruleta rusa. En las entrevistas hablan de las leyes raciales que desde 1938 supondrán una soga en el cuello de los judíos italianos que los estrangulará económicamente, les imposibilitará el acceso al trabajo y los privará de sus bienes, para finalmente, todos aquellos que no pudieron huir (incluso aquellos abuelos que residían en asilos) ser enviados en trenes para el ganado que recorrieron miles de kilómetros por distintos países sin que llamaran la atención de nadie, hasta los campos de concentración como el de Auschwitz.

Una de ellas comenta cómo les engañaron los guías locales cuando trataron de huir por la montaña dejándola a ella y a sus familiares a merced de los alemanes. Otros vecinos, por cinco mil liras estaban dispuestos a denunciar a los judíos. Las autoridades locales ya habían hecho sus listados con los nombres, apellidos y direcciones postales de los judíos locales y cuando los alemanes toman Italia ya tenían todo el trabajo hecho. Las entrevistas, que no son muy extensas, no se centran demasiado en la estancia en los campos de concentración, y abarcan temas de sumo interés, como el regreso a casa una vez liberadas. Conocemos este periplo por obras maestras como La tregua de Primo Levi, al que se menciona una y otra vez. El título, Como una rana en invierno procede uno de sus poemas de Si esto es un hombre: Considerad si es una mujer/ quien no tiene cabellos ni nombre/ ni fuerzas para recordarlo,/ vacía la mirada y frío el regazo/ como una rana en invierno. Comentan que ellas tuvieron suerte porque al regresar tenían familiares y encontraron algo de amparo en ellos, mientras que otras compañeras polacas y húngaras, no tenían adonde regresar, porque sus bienes y pertenencias habían sido entregadas por los nazis a sus vecinos quienes veían recelosos su regreso, sintiéndolas como una presencia incómoda, situación desesperada que abocaría a muchas de estas mujeres al suicidio al poco de su liberación.

Liliana comenta que al ser liberada, con poco más de treinta kilos, en los meses anteriores a su llegada a casa cogería otros muchos kilos y cuando regresó, más que afecto y un hombro en el que llorar, alguien con quien confesarse y aliviar su pena, encontró censura, reprobación a su aspecto físico, a su forma de vestir, a sus maneras toscas, cuestionando qué tendría que haber hecho ella para sobrevivir, qué relaciones habría mantenido, con cuántos hombres, algo que a ella le resulta increíble escuchar porque el trato entre los nazis y las presas era inexistente y no iba más allá del maltrato físico, que estas delegaban en las Kapo, aquellas presas que se encargaban de la custodia de sus compañeras a las que desde la impunidad maltrataban y sometían a toda clase de vejaciones.

Como mujeres creen que su circunstancia era diferente a la de los hombres, que ellas tenían otra sensibilidad derivada en muchos casos del hecho de ser madres, que sufrían de otra manera la desnudez, los abusos y ultrajes que atentaban contra su feminidad, que superaron la situación en gran medida gracias a las relaciones fraternales que entre ellas surgieron, a las cosas y recuerdos que compartían en la intimidad y en el amontonamiento de cuerpos exánimes; aquella generosidad compartida que sería el motor de sus vidas, mientras que en el caso de los hombres no existen testimonios de nadie que dijera haber salvado el pellejo gracias a un compañero, pues como Levi afirma cada cual debía buscarse la vida y a veces en situaciones extremas era a costa de la de los demás.

Lo que a las tres supervivientes les preocupa es ver qué sucederá cuando ya no haya testigos, cuando todo quede solo en manos de los historiadores, del empuje de ciertas corrientes revisionistas o negacionistas que ponen estos testimonios en entredicho. Ahora, nos dicen, aún hay derecho a réplica y a desmentir lo que los negacionistas afirman, pero no saben qué sucederá cuando ya no quede ningún testigo. Pensaban que después del genocidio judío, de tanto sufrimiento y tantísimas vidas aniquiladas, la sociedad abriría los ojos espantada ante tanta barbarie y rectificaría. Luego comprobaron defraudadas que las décadas venideras solo traerían más guerras y nuevos genocidios.

Se plantean también las razones que les llevaron a no hacer públicos sus testimonios al poco de su liberación. Coinciden en que sus vivencias, para muchos eran increíbles, y para ellas, si decidían plasmarlo en un papel, inimaginables, como si hubiera una distancia casi insalvable entre lo que habían sufrido y la posibilidad de transmitirlo fielmente sobre el papel. Cuando deciden hacerlo, alzar la voz, ven que el espacio público ha sido copado por los hombres, que lo que Levi escribiera era ya la regla, su testimonio merecidamente universal. Piensan que su testimonio sería como el de otros muchos y muchas, pero a su vez ven que ningún testimonio tiene esa capacidad totalizadora que todo lo abarque y que cada testimonio por lo tanto suma y aporta algo distinto. Esta premisa es la que les lleva a convertirse en testigos públicos que desde entonces irán por toda Italia hablando en colegios, institutos y otros centros, acerca de su experiencia en los campos de concentración, venciendo el desinterés, el pasotismo que el genocidio judío genera en algunos.

Las sustanciosas entrevistas se cierran con el epílogo de Daniela Padoan, el cual ofrece una visión de conjunto, panorámica, poniendo de relieve la invisibilidad de la mujer en la Soah, reflexionando sobre el valor del testigo (Primo Levi tuvo muy claro a su paso por Auschwitz que quería sobrevivir para contar al mundo lo que había visto y sufrido en el campo de concentración; algo que no estaba en la mente de Liliana, Goti y Giuliana) y de los testimonios de sus tres entrevistadas, a las que creo que tenemos que agradecerles su valentía, su arrojo, pues a la dantesca tragedia experimentada durante su encierro vieron luego añadidas las infaustas consecuencias de su liberación, que condicionarían el resto de sus vidas así como las relaciones con sus descendientes, precisando el paso de muchos años para que por ejemplo sus hijas y nietas supieran las altas cotas de sufrimiento que sus madres y abuelas habían experimentando entonces y rumiado en silencio.

Lecturas periféricas

Trilogía de Auschwitz (Primo Levi)
Trieste (Daša Drndić)
Mi madre era de Mariúpol (Natascha Wodin)
No habrá muerte. Letras del Gulag y el Nazismo. De Borís Pasternak a Imre Kerstész (Toni Montesinos)

www.devaneos.com

The Game (Alessandro Baricco)

I

Sentado en la terraza de un bar próximo a O Grove trataba de leer haciendo frente a una agresión sonora. Un crío en la mesa de al lado escuchaba un vídeo en su móvil al máximo de volumen. Pensé en decirle algo pero antes de ello reparé en el muchacho. No tendría más de once años, espatarrado sobre la silla de plástico seguía las instrucciones en el que alguien explicaba cómo hacer vídeos virales. Otro crío, algo más joven, de unos ocho años entabló conversación con él y allá salieron los nombres de unos cuantos influencers. Pensé en mi generación: el futbolín, las canicas, los cromos, el billar, los partillos de fútbol, las cadenetas, los polis y cacos… Viendo a ese niño abismado en la pantalla del móvil, sustraído a todo lo demás, ajeno a cualquier clase de aburrimiento, mi gesto adoptó semblante interrogante. En mi auxilio vino el libro que trajinaba en ese momento, The Game de Alessandro Baricco.

En ellos percibíamos una intensidad, un sentido, una fuerza que por el contrario comparadas con las que recordábamos haber tenido en dotación a su edad, parecían bastante espectaculares.

II

Cuando has leído y disfrutado Los bárbaros algo te impele a leer The Game. Es como la segunda parte de una saga a cuyo visionado no puedes sustraerte. Baricco nos ofrece en The Game un mapa de cómo ha sido la gestación y el alumbramiento del mundo digital en el que nos vemos inmersos y también inmensos, podíamos añadir. Lo llama The Game porque para él todo esto tiene una presencia lúdica, la propia de un juego. Según cuenta la experiencia del siglo XX es la de un siglo negro, con dos guerras mundiales y otras tantas civiles, podemos añadir. Esa experiencia nefasta lleva a la posexperiencia (donde no hay ya mediación, lo cual supone el ocaso de los sacerdotes, si bien la mediación aún perdura en la educación (maestros), la sanidad (doctores); la insurrección digital llevaba en su seno la pretensión no expresada de que la experiencia pudiera llegar a ser un gesto rotundo, hermoso y cómodo. No la recompensa a un esfuerzo, sino la consecuencia de un juego, una experiencia que no era ofrecida por un mediador y que ahora quedaba en libertad sobre la superficie del mundo), en donde las presentes apps ya no son mediaciones para sus usuarios, sino articulaciones de su forma de estar en el mundo), hacia un mundo donde prima el movimiento: hemos llegado al punto de valorar las cosas por su capacidad de albergar o generar movimiento, donde se piensa en el mundo a nivel global, y ahí están aplicaciones planetarias como Facebook, herramientas usadas por miles de millones de personas, que permiten unirlas. Un escenario en el que circulan con fluidez mapas (Google), mercancías y documentos. La realidad es ahora un movimiento de rotación: una cíclica migración de los hechos a través de los dos polos, el mundo y el ultramundo, los dos corazones de un mismo organismo: la realidad.

Los que nacimos a mediados de los setenta, los que no somos nativos digitales, estuvimos ahí presentes cuando nació internet, la web (creando una copia digital del mundo, que cambiaría irreversiblemente el formato del mundo, aboliendo las fronteras, con la idea de ponerlo todo en movimiento) enviando los primeros correos electrónicos, navegando con Excite, con Altavista, luego todo se precipitó y pasamos de los teléfonos móviles que servían para enviar y recibir llamadas, a convertirse en ordenadores portátiles, vimos el nacimiento de Google, de Amazon de las redes sociales y la colonización física del ultramundo. Baricco explica cómo se pasó de jugar al futbolín, al millonario (Pinball o máquina de bolas), y luego al Space Invaders: inmaterial, gráfico, indirecto. El cual tiene ya en su interior el infinito. Se crean herramientas que si no son juegos lo parecen. Videojuego que supuso el comienzo de todo y configuró la imagen del hombre-teclado-pantalla. De ahí se pasaría al ordenador personal, idea muy peregrina entonces, pues no se veía qué podía hacer un particular con un cacharro así en casa. Para Baricco cuando Steve Jobs presentó el teléfono táctil en 2007 todo cambió. Una presentación en la que primaba la diversión, lo entretenido, lo lúdico, lo festivo: The Game. La pregunta que vale hacerse es por qué se llegó a esto. Se llegó porque en el horizonte se vislumbraba algo parecido a una tierra prometida, a la que se llegó a resultas de una revolución tecnológica consecuencia esta de una revolución mental de la que procede todo.

Hemos visto cómo luego la música se volcaría en internet primero con Napster ahora con Spotify y cómo la presencia de las redes sociales dinamitarían las elites (y crearía otras) para que cada individuo pudiera proyectarse en internet y fomentar así su yo. Habla Baricco del invididualismo de masas, que lleva al egoísmo de masas (Cuando millones de personas se ponen a caminar en dirección contraria ¿cuál es la dirección correcta del camino?, el Game se ha convertido en la grandiosa incubadora de un individualismo de masas que nunca habíamos conocido, que no sabemos cómo tratar y que nos pilla esencialmente sin preparación), y constata como movimientos como el M5S (que aportarán la idea de una democracia digital, para quienes internet ha de ser un derecho fundamental) acaban pactando con la extremaderecha, pues no parece que detrás de todo esto haya ninguna ideología o creencia (Es el laicismo –total, irremediable, a veces terrible- de los padres del Game, más allá de ampliar la libertad de cada cual y permitirle que la realidad sea ahora la combinación de dos fuerzas motrices (mundo y ultramundo), lo que forma parte de nuestro día a día, aquello inamovible y lo que forma parte de nuestra proyección digital y todas las herramientas que la facultan y que nos permiten expansionarnos, aquello que Baricco denomina Humanidad aumentada. Un aspecto clave de lo digital es su ligereza, su superficialidad en contraste con lo anterior que era más grave, más pesado, más pétreo. Parece que ya no hace falta memorizar nada sabiendo que todo está ahí en la nube. La pregunta que vale hacerse es si todo esto nos hace más estúpidos o más inteligentes. Lo cual guarda relación con la naturaleza de lo que llamamos experiencia, y cómo ésta va mutando entre los nativos digitales, víctimas de la inmediatez, el multitasking, al abrigo y a la caza del movimiento, de la vibración, el alma, en definitiva, pasando del gesto de antaño al movimiento de ahora.

Son una élite intelectual de nueva especie, vagamente humanista, donde la disciplina del estudio ha sido sustituida por la capacidad de unir puntos, el privilegio del saber se ha disuelto en el de hacer y el esfuerzo de pensar en profundidad se ha invertido en el placer de pensar rápido.

Baricco presenta y desarrolla los capítulos de forma tan juguetona como amena, ya saben: Username, Pasword, Play, Maps, Level Up. Presenta mapas que permiten ver la evolución de lo digital, analizar las ruinas de lo que fue el mundo que conocimos, y posibles mapas que nos depararán el futuro, a través de la inteligencia artificial, lo cual seguramente forme parte de una tercera entrega, cuando toque, que leeré gustoso, pues Baricco logra darle a sus ideas, con un aliento épico, un sentido muy literario, gráfico, mundano, compartiendo sus dudas, temores, prejuicios, descubrimientos, preguntas (este ensayo como respuesta(s)), su incertidumbre y así escribe, ensaya y nos ilumina, nos ofrece mapas, a sabiendas de que solo ofrecen luz sobre una parte de la realidad, siempre inasible, en mutación y su empeño es valioso tanto como lo es su capacidad para arrojar algo de luz en la exposición de sus ideas, en tratar de buscar un propósito y un sentido a la insurrección digital (que desmantelaba las mediaciones y favorecía el movimiento, que trataba, no de cambiar la naturaleza de la gente, sino de cambiar las herramientas, las técnicas que la misma utilizaba) o revolución digital (el autor se pregunta de qué estábamos huyendo cuando enfilamos la puerta de una revolución semejante, ¿de qué muerte estaban huyendo cuando decidieron vivir de esta forma nunca vista?, qué clase de hombre inventó el Smartphone?, si lo hizo para escapar de una prisión, responder a un pregunta, acallar un miedo, en un libro que es carnaza de subrayado, que pide ser manoseado y exprimido a conciencia, que al contrario que los artefactos digitales no se quedan sin batería, ni precisan de wifi, que se accede a ellos en cualquier momento, en cualquier ocasión, en un plisplás, ya.

III

Habla Baricco al final de su libro de salvar la identidad de la especie, de preservar aquello que nos hace humanos, de que no habrá en el futuro nada más valioso que todo lo que haga sentirse humanos a las personas.

Uno percibe a diario en todo lo digital cierto ensimismamiento y aislamiento en los usuarios de las múltiples apps que tenemos a manos en los móviles, de tal manera que toda esa creciente oferta tecnológica que nos conecta con el ultramundo nos aísla a menudo del mundo, perdiéndonos o descuidando el contacto visual, físico, las sonrisas, las miradas, las caricias, las lágrimas, todo aquello que lo humano conlleva, atesora y nos caracteriza.

Que esa fuerza motriz nunca deje de serlo, porque entonces la humanidad como tal, si decide a quedarse a vivir en el ultramundo, creo que habrá fracasado.

Formas de estar y amar en el Mundo.

Formas de estar y amar en el Mundo.

The Game. Alessandro Baricco 335 páginas. 2019. Traducción de Xavier González Rovira