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Los bárbaros: ensayo sobre la mutación de Alessandro Baricco

21 de July de 2010

Alessandro BariccoAlessandro Baricco se dio a conocer en España con su libro Seda, que en 2007 fue llevado a la pantalla grande, ofreciéndonos una película aburrida donde las haya. Seda es un libro poético, de lectura envolvente y liviana, con trazas de best-seller. Luego, Baricco ha ido publicando más libros como Novecento y ensayos como Next, acerca de la globalización. Me topé, a través de una recomendación filial con Los Bárbaros: ensayo sobre la mutación, donde Baricco, mediante una serie de entregas semanales que publicó en un periódico italiano, y que luego adoptó la forma de libro, trata de arrojar algo de luz sobre esos que él denomina bárbaros, que saqueadores de la aldea global, tiran muros, se guían por la velocidad y la espectacularidad, que prefieren lo superficial a lo profundo, que les interesa más trazar trayectorias y buscar nexos de unión, que trazar la verticalidad del profundo conocimiento decimonónico, que no conciben el esfuerzo en el sentido clásico, anhelantes de lo diferente, surcando la periferia.

Para exponer su teoría, el autor recurre a tres elementos populares como son el vino, el fútbol y los libros. En cuanto al vino explica por qué razón según él, el vino del imperio americano ha triunfado en todo el mundo dando sopas con ondas a los vinos clásicos franceses, italianos y españoles. (more…)

El asedio (Arturo Pérez-Reverte, 2010)

4 de April de 2010

Nos encontramos en el año 1811, en la ciudad de Cádiz, sitiada por los franceses. Un asedio que duraría 30 meses y 20 días, Ciudad donde se reunirán las Cortes a fin de aprobar la Constitución, una ciudad donde un asesino anda suelto, despachando con ensañamiento a jóvenes mujeres.

Arturo Pérez-Reverte (APR), no sustenta la historia en uno o dos personajes, sino que la historia es coral, con media docena de historias que se presentan de forma simultánea. No son los personajes actores independientes dado que con mayor o menor relación todas sus existencias acabarán entrecuzándose en un determinado momento.

Tras la pista del asesino anda Rogelio Tizón, Comisario de Barrios, Vagos y Transeuntes, ayudado en sus pesquisas por el Profesor Barrull compañero de tablero de ajedrez, quien le dará cuerda para llevar a cabo una investigación muy poco ortodoxa. Al lado de Tizón su ayudante Cadalso que no da una a derechas.

A ese componente de intriga y persecución del asesino se suma la historia de amor, entre Lolita Palma, de tradición marinera quien sigue confiando su fortuna en el comercio, y el marinero Pepe Lobo, quien tendrá sus más y sus menos con el Capitán de Ingenieros Lorenzo Virués, acompañado este del salinero Felipe Mojarra, que le ayudará en su tarea de fijar las posiciones francesas en el mapa.

En la ciudad de Cádiz hay espías que trabajan para los franceses como el taxidermista Gregorio Fumagal encargado de hacer llegar las noticias a los franceses merced a sus palomas mensajeras, una información precisa y detallada del impacto que las bombas hacen sobre la ciudad, información que le permitirá al Capitán artillero Desfosseux, que desdeña toda clase de ascenso, ir afinando su puntería en pos de su objetivo que no es otro que alcanzar la ciudad desde la Cabezuela, pudiendo si es posible hacer llegar un buen pepinazo al edificio donde se reúnen las Cortes. Lo que mantiene en vilo nuestro interés por la historia es saber quien está detrás de las muertes, para lo cual APR pergeña una suerte de teoría que mezcla la ciencia con lo fantástico, la lecturas obsesivas de un libro, una determinación tal que consumirá a Tizón, pero además de esta historia mayor hay otras aventuras, de menor calado que hacen entretenido el libro como las andanzas de Mojarra y los suyos en pos de hacerse con una embarcación francesa, las batallas marítimas del corsario Pepe Lobo a bordo de su Culebra, las excursiones de Mojarra junto a Virués y el empeño de Desfosseux por seguir haciendo mayor la distancia, medidas en toesas, de sus impactos.

Sabemos que a APR le gusta el mar y todo lo que tenga que ven con él, como acreditó en Cabo Trafalgar o La Carta esférica y buena parte del libro se dedica a esta cuestión en detrimento de otras. Es ahí donde APR se siente cómodo y despega todo su fuego de metralla, en unas páginas donde uno se ve en el mismísimo mar encima de la Culebra, sintiendo el olor a pólvora, deslumbrado por los fogonazos. Para ello APR emplea un lenguaje naútico que a quien suscribe le ha hecho tirar de diccionario una y otra vez, al hallarme ante párrafos como estos,
“sonido de viento en la jarcia y crujir de mástiles y obenques..cuando esta machetea la mareta”.”su foque flamea un momento sobre el largo bauprés…” “la entena larga de la vela mayor..bajo el botalón de popa”" sin otra maniobra útil que la trinqueta…cubierta llena de cabuyería enredada….intentan ayustar brazas…ayudando a tirar de los palanquines que trincan las cureñas..tirado contra el trancanil de babor, y un largo etcétera.

Del mismo modo APR, habiendo reconocido que este no es un libro de historia, pudiendo tomarse por tanto alguna licencia en cuenta a fechas, nombres y sucesos sí que el autor se faja en presentarnos ese año de 1811 y 1812 con todo lujo de detalles, plasmando las costumbres, la mentalidad de la época tanto de la clase pudiente como de la misérrima, explayándose con las vestimentas tanto femeninas como masculinas, radiografiando la clase comerciante gaditana de comienzos del siglo XIX, llevándonos de paseo por Cádiz recorriendo sus calles, de casas encaladas, engalandas de geranios, lamidas por vientos y aromas gastrónomicos que uno percibe como si estuviera allí mismo (sin necesidad de recurrir a google earth).

Nada menos que 725 páginas tiene el Asedio. Páginas que he devorado con avidez, con entusiasmo y deleite, con unos personajes y diálogos que no dejan margen para el aburrimiento, gracias a las continuas aventuras que les suceden, ya sean lances de amor o navales.Unos personajes bien definidos, de una pieza, de los que perduran (no puedo desprenderme de la imagen mental del colmillo de oro brillando en la noche de Tizón), donde APR no desaprovecha la ocasión para homenajear a los marinos, a los militares de menor grado, al aguerrido policía, a quienes aspiran a salir de su pobreza jugándose la vida como Mojarra.

Fin (David Monteagudo, 2009)

4 de April de 2010

Fin supone el debút del escritor David Monteagudo (Viveiro, Lugo, 1962, quien dicho sea de paso curra en una fábrica), publicado en 2009 por la editorial catalana Acantilado. Llegué a él porque aparecía en uno de esos listados con los mejores libros del año 2009, en el suplemento cultural Babelia.

Una manera de medir el interés que la lectura de un libro nos suscita es el tiempo que tardamos en leerlo. A Fin, he de darle una buena puntuacion, dado que sus 350 páginas las he devorado en 24 horas. Es esa clase de libro que te anima a seguir leyendo, que aprovechas el mínimo momento para abalanzarte sobre él e hincarle el diente, lo cual únicamente viene a decirnos que el libro engancha, como lo hacen los de Dan Brown, APR, Matilde Asensi, Noah Gordon, etc, pero nada apunta sobre la calidad literaria del mismo, ni si dentro de 10 años alguien se acordará de él, o será como me temo flor de un día).

En un comienzo parece que nos encontramos ante la versión escrita de la película Los amigos de Peter o Remake (de Roger Gual), donde los miembros de un grupo que en su día eran amigos, deciden reunirse 25 años después, en un refugio en la montaña, paa pasar juntos un fin de semana, un día y en un lugar concreto. Una propuesta por otra parte que tendría muy poco de original.

Sabemos que los malos rollos de entonces, las rencillas, aflorarán de nuevo, porque a pesar de acumular todos los presentes una mayor experiencia (hablamos de adultos que frisan la cincuentena), los roles de la adolescencia vuelven a repartirse sin alteración, las heridas no se han cerrado, el dolor sigue anidando en los corazones, junto al rencor, el odio, los deseos de venganza y de redención. Costará muy poco entonces airear los trapos sucios, enzarzarse en discusiones de todo tipo, ya sean políticas o tocantes a la identidad sexual de los presentes, cobrarse sus pequeñas venganzas, en un ejercicio nulo de autocrítica.

Si esto fuera todo lo que el libro nos ofrece nos encontraríamos ante otro libro más corriente y moliente. Pero el caso es que hay más cosas, porque de los que formaban el grupo, uno no se ha presentado, el denominado entonces El Profeta, y cuando comiencen a suceder cosas raras todos creerán que éste anda detrás de todo, convirtiéndose en una amenaza, de la que hay que esclarecer si es real o imaginaria.

A fin de no desvelar más aspectos del libro no entraré más en el contenido del mismo, únicamente apuntar que ya por la mitad del libro a uno le parece estar viendo a los personajes de La Carretera. Los diálogos que mantienen los personajes se alimentan de lo coyuntural (algo sorprendente dado que ahora mismo según confiesa el autor del libro sólamente lee a los clásicos) y es curioso que aparezca mencionado Aznar (con aquella frase suya celebré “y quién te ha dicho a ti que quiero que conduzcas por mi”), rememorar los paseos en bicicleta de Piraña y los suyos de la mítica serie Verano Azul, o frases que forman ya parte del pueblo como la de Cruz y Raya “Si hay que ir se va“. No faltan tampoco charlas que versan sobre el odio radical a los extranjeros, musulmanes o no, sobre la identidad sexual de los personajes, acerca de como el paso del tiempo destroza los matrimonios y deja el paisaje lleno de parejas separadas y custodias compartidas y otros temas que son el pan nuestro de cada día (para el circo ya tenemos el fútbol).

En un momento dado alguien dice que en las películas de miedo cuando no saben cómo acabarlas, resulta que todo ha sido un sueño y santas Pascuas. Fin corre el mismo riesgo. Al final creo que lo que David ofrece no es otra cosa que un relato donde el espectador al igual que el burro tras la zanahoria, devora páginas, para salir de dudas, con un Profeta (y en especial la historia que pudo haber generado su ira divina) convertido en un solvente Mcguffin, y que mí al menos el final me ha dejado muy frío, si bien está claro que no podía ser de otra manera, habida cuenta del tinte apocalíptico en el que deriva. Que gente de la calle sea capaz de publicar sus manuscritos, es cuando menos un acto de justicia poética y puede dar alas a todos aquellos a quienes nos gusta emborronar cuartillas que acaban cogiendo polvo en los cajones de una cómoda.

Dejo un enlace que habla del libro que me ha parecido bien interesante.

Los confines (Andrés Trapiello, 2009)

24 de January de 2010

Dicen que Chéjov daba a los jóvenes escritores este consejo: “No permitas que hable de lo que no conozco”. Parece que a algún crítico esta máxima le parece correcta. Si solo habláramos de lo que conocemos todo sería mucho más limitado y por supuesto aburrido, dado que es precisamente cuando uno imagina, y la inventiva se pone en marcha cuando somos capaces de crear situaciones e imaginar historias que nada tienen que ver con nuestra vida o pasado. Al igual que el que recorre el mundo, y los lectores con él, sin salir de las cuatro paredes de su cuarto y su único medio de transporte es el bolígrafo sobre un mar de papel en blanco. Así Trapiello escribe Los Confines poniendo como protagonistas a Max y a Claudia, dos hermanos que un buen día en la cama de un hotel en la ciudad de Constanza descubren que se aman, y que su vida tiene sentido solo si están juntos. Esto supone un problema porque este reconocimiento expreso de sus sentimientos llega a una altura de sus vidas, donde cada uno está ya casado y él tiene hijos, así que su afirmación amorosa, les creará no pocos problemas. El incesto así planteado tiene poco de morboso, precisamente porque el autor rehuye los pormenores sexuales y trata de darle a su amor una sustancia especial, una luz propia, una consistencia inenarrable y en nada comparado a otros amores, un amor generador de energía, centro de sus universos. Si el lector conecta con la intensidad de ese amor (lo de incestuoso viene a ser lo menos), la historia te puede envolver, sino te puede dejar bastante frío, sin que esto sea óbice para apreciar las virtudes de un libro bien escrito, ameno, dotado de una prosa rica, donde Trapiello escenifica bien unos personajes de clase bien, sean abogados, pediatras, o ingenieros, a quienes su bienestar social y posición acomodada no libra de sufrir el escarnio derivado de su conducta, no bien vista por apenas nadie de quienes les rodean. Salirse por la tangente y comenzar un nuevo mundo, parejo a un descubrimiento, quizá sea la única salida de sobrevivir, en los confines en ese límite que divide los territorios, esa línea de no retorno donde por unos instantes al menos pueden decir que rozaron la felicidad.

Los bosques de Upsala (Álvaro Colomer 2009)

16 de January de 2010

Los bosques de Upsala portada libro Álvaro ColomerJulio llega a su apartamento con forma de cruz después del curro y no halla a su mujer. Busca y rebusca, y al final tras desesperarse y tras toda suerte de devaneos mentales da con ella. Ha intentado suicidarse. Ahora le tocará lidiar con la situación, porque quien se suicida lo puede volver a intentar y cualquier protección es poca. Así que Julio debe comportarse como un hombre, lo que sea que esto signifique y afrontar todos sus miedos, muchos pergeñados en su más “tierna infancia“, que de tierna tuvo poco, al ver como una vecina le sonreía en su precipitación mientras decidía emular a Superman y abrazarse primero a las nubes y después a un buzón de correos en el que depositó su cuerpo sin franqueo.
El suicidio dice el autor, Álvaro Colomer que se cobra unas cuantas miles de vidas al año en España, y que a pesar de ello, es un tema que se solaya tanto en los medios de comunicación como en las familias que han tenido la desgracia de contar con un suicida en su unidad familiar. Así que Álvaro se enfrenta a la muerte con personajes llenos de vida y de gracejo, que se mofan de sí mismos, en especial Julio, asumiendo sus taras frente al espejo, que guardan los sueños rotos bajo el felpudo, viendo como alguno se cumple, mientras el dolor inunda habitaciones y anega los corazones cansados de vivir, que boquean pidiendo el final.
Todo esto y todo lo demás nos cuenta Colomer en su libro, una novela de doscientas páginas que he leído del tirón, llevándome el libro por todas las partes de la casa, sin pormenorizar en detalles escatológicos, porque caí preso en ese mundo de celulosa en esas jaulas alineadas de tinta negra, que me hizo sentir un montón de cosas, algo que no sucede frecuentemente con la lectura, habida cuenta de que como los kiwis del supermercado, a pesar de sus diferentes precios todos saben casi igual. Me descubro ante Álvaro Colomer, de quien leí su libro tras verlo en la lista de los mejores libros de 2009 según Babelia.

Los bosques de Upsala, Editorial Alfaguara.

La canción del cielo (Sebastian Faulks 1993)

13 de January de 2010

La canción del cielo portada libro Sebastian FaulksLa canción del viento lleva vendidas más de cinco millones de copias en todo el mundo, pero han tenido que pasar más de 16 años para que finalmente se tradujera al castellano y la editorial Seix Barral lo publicase en España. No había oído hablar de él hasta que lo comentaron en el programa de radio El ojo crítico. En esta era marcada por la globalización estos casos no dejan de chocarme, dado que la información fluye sin cortapisas de ningún tipo, pero tanto en este caso como con los libros de Jo Nesbo por poner otro ejemplo sus libros nos llegan con cuentagotas a nuestro país, y en todo caso una vez que en sus país de origen son ya escritores de éxito, habiéndose publicado en España hasta el momento en el caso de Jo Nesbo tan solo dos libros de la media docena que tiene escritos con Harry Hole como protagonista y eso que Némesis y Petirrojo se han vendido bastante bien.

La canción del viento, contiene varias historias, pero hay tres que sobresalen sobre el resto. La mayor parte del libro transcurre durante los años de la Primera Guerra Mundial, Guerra que no ha tenido tanta repercusión mediática como la Segunda (sin desdeñar la batalla del Somme), quizá porque a día de hoy ya no hay nadie vivo de esos que participaron en la misma. En la década de los setenta Elizabeth es una chica de casi cuarenta años, que nació al poco de morir su abuelo Stephen, quien participó activamente en la Primera Guerra Mundial en el bando Británico. De repente siente la imperiosa necesidad de saber algo más de su abuelo, así que buscará y hallará en casa de su madre unos papeles escritos por su abuelo empleando unos códigos, que serán finalmente descifrados por un conocido de Elizabeth.
El autor parece que a través del personaje de Elizabeth quisiera hacer hincapié en lo importante que es mantener viva la llama de la memoria, a fin de saber quienes fueron y qué hicieron quienes nos precedieron, y de rendir tributo a esos que murieron en los campos de batalla, luchando por porciones de tierra, con el horror más absoluto como una segunda piel bajo la guerrera, sin obtener más reconocimiento las más de las veces que una carta de algún superior agradeciendo a los progenitores o a las desconsoladas viudas la extraordinaria labor desarrollada por su hijo o esposo muerto en el frente y las señas recogiendo donde se encuentra emplazada su tumba.

En 1910 el joven Stephen llegará a Francia, a Amiens, donde se pondrá al día de la manera de trabajar de Azaire empresario francés textil, dado que la empresa británica para la que trabaja Stephen piensa invertir en la misma y precisa informes detallados sobre la situación de dicha empresa. Stephen se aloja así en casa Azaire quien vive junto a su mujer y dos hijos (de su anterior mujer, que murió). Poco tarda Stephen en caer enamorado de Isabelle, y ésta a pesar de su situación de mujer casada, con dos hijastros, y ser nueve años mayor que su amante, se lía la manta a la cabeza y huye con Stephen. El autor da buena cuenta de la pasión sexual a la que ambos sucumben en sus encuentros al abrigo de miradas ajenas. Pero la pasión se alimenta y se vacía con igual rapidez, y luego más calmados, ya sin el morbo propio de lo prohibido, presos de lo convencional, sin apenas sobresaltos diarios, caen en la rutina, de la que Stephen escapa atónito cuando constata que Isabelle le ha abandonado, llevando en el vientre un hijo del que Stephen desconoce su existencia.

El abandono conlleva el desencanto existencial y pasados unos años ahora Stephen se halla de nuevo en Francia, en el bando británico, luchando junto a los Franceses frenando el avance de los alemanes en la zona de la Picardía Francesa.
Es esta parte del libro la que me ha resultado además de entretenida, vibrante y apasionante. Aquí Faulks hace una jugosa descripción del frente de batalla, de la camaradería entre los soldados, las penosas condiciones en las que malviven en las trincheras, con una miríada de personajes como Weir, Jack, Gray, Brennan.. bien trazados y humanos, todos ellos conviviendo bajo un mismo sol, sobre una tierra que a menudo los devuelve a su vientre, cuando sus cuerpos caen merced a algún obús, o a la bala de algún paco avispado. Mención aparte para los zapadores, que como ratas bajo tierra, escarbaban túneles que muchas veces les servía de tumbas improvisadas, y entre ellos Jack Firebrace, que con su historia de amor hacia su hijo John se erige también de cara al final como otro de los protagonistas medulares.

La manera que tiene Faulks de narrar los años de la guerra y los que tienen lugar en los setenta difiere considerablemente (algo que entiendo pretendido por Faulks, dado que cuando quiere sabe hacer apasionante sus narraciones). En época de guerra todo parece tener un fulgor especial, una fuerza inusitada, como si ese no saber qué pasará mañana, les haga a esos hombres estar en constante excitación o abatimiento, más allá del bien y del mal, pero al fin y al cabo vivos, con el aliento, quien sabe si del diablo sobre sus pescuezos mugrientos y sudados. En el momento presente los tormentos de Elizabeth se antojan naderías, hechos banales y superficiales, acontecimientos mortecinos y reiterativos, de ahí que sus devaneos sexuales con un hombre casado, o su indagación del pasado me parezca algo totalmente accesorio que resta intensidad a la historia bélica de Stephen y sus hombres.

Como ocurría con el personaje de San Manuel Bueno Mártir, ese sacerdote que va perdiendo la fe como quien se desprende de la mugre en cada baño, a veces es la gente desencantada la que mejor ejerce su profesión, porque no esperan nada su trabajo, ni de la vida. Así Stephen, no tiene especial interés en seguir vivo, pero sí mucha suerte y es sólo su curiosidad por saber como acabará esto lo que le hace seguir adelante, no impelido por un espíritu heroico, sino por mera y simple curiosidad.

El corazón de las tinieblas (Joseph Conrad, 1902)

11 de January de 2010

Desde que en su día vi Apocalypse Now, tenía ganas de leer el libro que sirvió de inspiración al film. La búsqueda de un tal Kurtz, que alejado del mundanal ruido, verá como un soldado se dirige a su encuentro con el fin de matarlo. El libro se titula “El corazón de las tinieblas” y lo escribió Joseph Conrad, experto navegante. El libro consta de pocas páginas y es recomendable leer el prólogo de Mario Vargas Llosa. Luego el libro es una sátira contundente, porque al tiempo que parece que el dramatismo lo inunda todo, te invade una sensación de hilaridad desbordante, como cuando Kurtz grita “oh, el horror, el horror”.

Comienza con Marlow a bordo de un barco, contando sus periplos en el mar a sus compañeros de tripulación. De rondón les contará el viaje que hizo por un río (El Congo) y la huella que dejó en su ser, el contacto con Kurtz. Con una prosa envolvente, rica en matices, Conrad consigue meternos de lleno en esa tupida selva, en ese infierno vegetal, un río sin orillas similar al oceáno donde es fácil perderse, quedar reducido a la esencia, volver al primitivismo más esencial y constatar al retomar de nuevo el contacto con la realidad, que la civilización de hormigón le provoca tantas naúseas como unas cabezas degolladas sobre unos postes de madera. De paso deja en su sitio a Leopoldo II, un rey tan asesino como lo fue Hitler o Stalin.