Archivo de la categoría: Siruela

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El beso ¿Qué se esconde tras este gesto cotidiano? (Alain Montandon)

Ensayo breve de Alain Montandon (con traducción de Ernesto Junquera). Apenas ciento cuarenta y cinco páginas dedicadas al beso.
Beso analizado desde un punto de vista fisiológico, antesala del coito, manifestación de deseo, intercambio de saliva y aliento, manera de apagar la sed del otro.
Beso en sus distintas manifestaciones, como el beso de la madre hacia el hijo, que tiene un efecto salvífico, consolador. Otras variantes, como los besamanos, entendidos como un acto de servilismo.
Besos como los de Judas que encarnan la traición, otros besos son fruto de la monotonía parejil.
El beso entendido de forma diferente en Oriente y Occidente. El beso a lo largo de la historia. Besos con lengua prohibidos en algunos lugares de los Estados Unidos. Tribus para las cuales emplear la boca para besarse les resulta una aberración.
Los besos recogidos en la literatura y el cine, con un buen número de ejemplos.
Besos en las zonas erógenas: fellatio y cunnilingus y en qué consideración se tenía a ambos en la época de los romanos. Fellatio considerada como una sodomía oral. Sexualidad dividida entre activos y pasivos, al cargo de estos últimos las prácticas sexuales antes anunciadas.
Consideración también para el beso repulsivo, asqueroso, en textos, por ejemplo, de Beckett. O besos de compromiso. Besos también como un ritual.
Besos a cartas que enviamos o dados al retrato de la amada. Besos ofrecidos a estatuas.
El beso y el vampirismo y canibalismo; comernos a alguien a besos, beber de la boca de la amada, besos que saben a miel, a fruta fresca y a veces prohibida.

El ensayo acaba con una generosa bibliografía.

Una lectura interesante. Y ahora me tengo que excusar que voy a escuchar un cedé de Marea: Besos de perro.

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Hasta aquí hemos llegado (Antonio Fontana)

Antonio Fontana se llevó el Premio de Novela Café Gijón 2020 con esta divertidísima novela, ambientada en una residencia de personas mayores, cuyas protagonistas todas mujeres, mientras esperan la llegada de la parca, se entretienen recordando y sus anécdotas son muy graciosas, porque el autor caracteriza muy bien a cada una de estas mujeres (la millones, la académica, la enterradora, el alma en pena, la enterradora, etcétera) que van desgranando sus vidas amorosas y anhelos incumplidos, al compás de las canciones, infidelidades conyugales, crianzas; experiencias las suyas extrapolables a otras muchas vidas femeninas. La gran virtud de la novela es el humor, negro en muchas ocasiones, y una prosa chispeante, fulgurante, que cifra muy bien de qué va esto de vivir, incluso en el vestíbulo del más allá.

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La patria de los suicidas (Pascual Martínez)

Pascual Martínez
La patria de los suicidas
Siruela
2021
335 páginas

El Logroñés Pascual Martínez (estudiante en el I.E.S Escultor Daniel como un servidor) debuta en el género de la novela negra (antes había publicado otra novela, El morador eterno) con la entretenidísima La patria de los suicidas, título que me recuerda a otro, La playa de los ahogados, no solo en el título.

Novela de 334 páginas que he leído prácticamente del tirón. Primero en la playa, luego en la piscina, (y de buena gana me hubiese llevado el ejemplar a la ducha como Bolaño) y más tarde antes y después de la siesta.

Pascual nos lleva a un pequeño pueblo cordobés, Iznájar. Allá es destinado (o desterrado) el sargento de la Guardia Civil Ernesto Pitana, al que apartan del medio a fin de no expedientarlo, tras la resolución de un caso de forma tan expeditiva como antiprocedimental.

En Iznájar hace un calor de cojones y los lugareños parecen tener más querencia de la cuenta a la actividad de poner término a sus vidas.

Pitana ha ganarse la confianza de sus compañeros, vencer las inevitables reticencias, ofrecer todos los sentidos alerta, pues a modo de plan de acogida se le ofrece un ahorcado en un olivar.

La pregunta que cabe hacerse es qué tienen de especial aquellas tierras para que tanta gente se suicide. Una teoría nos aboca a tramas del estilo de la serie Curon, con una dama del lago que anima, con cantos de sirena (que suenan a requiem) a los lugareños a suicidarse. También pueden ser por cuestiones genéticas le hace saber una investigadora a Pitana.

Una fotografía con varios adolescentes en ella, arrojará luz definitiva sobre el asunto.

Sutilmente el autor irá desvelando la trama, aportando datos, circunstancias, pruebas, con una solvente voz narradora cuyas metáforas, bien traídas a cuenta, provocan hilaridad. Pero no todo va a ser sufrir los rigores del calor para Pitana, pues también podrá disfrutar de los placeres del cuerpo, y clausurar así una ausencia que pensaba irreparable.

Como bien dice el refrán de aquellos polvos (aquí forzados) estos lodos. Actos pretéritos consumados en la adolescencia que tendrán consecuencias, fatales, funestas y letales, como se verá.

Un plausible debut en la novela negra el de Pascual Martínez.

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La mitad de la casa (Menchu Gutiérrez)

La mitad de la casa
Menchu Gutiérrez
Siruela
2021
106 páginas

Aquí, en este espléndido libro de Menchu Gutiérrez (Madrid, 1957), resulta imposible separar la memoria de la narradora, a sus sesenta años, de los objetos de una casa. La casa del verano. Cada objeto trae un recuerdo lejano. La casa como una matriz que la contiene y a su vez es contenida por ella. La casa en la que vivía con sus padres y con E. La casa en la que murió con 15 años para seguir viviendo o creciendo, desdoblada, sin saber bien hacia qué o hacia dónde crecía.

Recorrer la casa, cada estancia, supone volver al ayer, para contarse y reconocerse. Labor arqueológica en la que las latas de conserva, los libros anotados de los progenitores, los aromas, las fotografías de los álbumes familiares cuentan una historia, permiten viajar en el tiempo a la cama de la niñez; pensar que al cerrar los ojos quizás ya no los abriría más.

Una línea de teléfono aún en funcionamiento que nos habla de otra época. Aquella en la que si perdíamos el número de teléfono, perdíamos a su vez el rastro de la persona al mismo asociado. La casa como un animal que respira, cuyo corazón late, y reverbera, como la de los perros ausentes, ya fantasmas.

Recodar para reconstruir y recorrer la herida con las yemas de la memoria, con los sentidos alerta, el alma abierta en canal, buscando quizás el repliegue del sentir, y escribir para contar, tanto como para ocultarse, para recordar y poder entonces olvidar, para culminar el libro con una pregunta, en una escritura indagatoria que (se) interroga.