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Esquilo

Prometeo encadenado (Esquilo)

Esta tragedia de Esquilo tiene como personaje principal a Prometeo, aquel Titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. Un fuego que es metáfora de las artes, de la razón en definitiva, de todo aquello que le permitió al hombre, salir de la oscuridad, dejar las grutas y progresar en pos de la civilización.

A Prometeo, Zeus se la tiene jurada y lo castiga confinándolo a una recóndita región Caucásica, aherrojándolo a una roca. El caso es que Prometeo, se mantiene en sus trece, defiende lo que ha hecho, no se aboca a la debilidad ni a las demandas del dios Hermes, mensajero de Zeus, y además Prometeo está convencido oracularmente de que Zeus algún día perderá su cetro. Vista la determinación del titán, aquello acaba mal, con el coro y Prometeo camino del abismo.

Por medio de la narración hay momentos hilarantes como ver a Ío -de quien Hera está celosa, pues Zeus se ha encaprichado de ella-, dotada de testa cornífera vagando sin parar por los confines de la tierra.

Esta obra formaba parte de una trilogía, pero al ser la única que se ha conservado, no sabemos cuál hubiera sido la suerte definitiva de Prometeo. Se duda de que esta tragedia sea obra de Esquilo, aunque los entendidos afirman que no hay pruebas para dudar de la paternidad de Esquilo.

Editorial Gredos. 2010. 96 páginas. Bernardo Perea Morales.

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Medea (Eurípides)

Medea es el espíritu de la contradicción: la pugna feroz entre la razón y el instinto. En este caso Medea no puede dar su visto bueno a que su marido Jasón la expulse de su lecho para poner en su lugar a otra mujer, a Glauce.

Medea ve que la mejor manera de aniquilar a Jasón es servirse de sus hijos, matándolos y de paso acabar también con Glauce y con su padre Creonte.
Medea se debate entre hacerlo o no, y al final vence su instinto asesino, su ansia de venganza, pareja a la Electra sofoclea.

Si leemos la prensa o vemos los telediarios -reducidos a poco menos que una concatenación de hechos escabrosos- veremos que servirse de los hijos para hacer daño al otro cónyuge, es práctica habitual, y que incluso hay quienes obran como Medea. Resulta la lectura tan terrible y espeluznante como real.

Si en Sófocles ya leímos parricidios, matricidios, suicidios…, con esta obra de Eurípides, hemos de añadir a los ingredientes de la tragedia griega el infanticidio.

Medea es otro clásico teatral, que no pasa de moda.

Lo curioso, tanto en las tragedias de Eurípides, como en las de Sófocles, y en las tragedias griegas de cualquier otro autor, es que la estructura es casi fija, y lo que varía es el enfoque que le da el autor, y el tratamiento que hacen de un mismo mito, que a menudo se repite, como sucede por ejemplo con la Electra de Sófocles y la de Eurípides.

Gredos Editorial. 2010. 96 páginas. Traducción de Alberto Medina González.

Sófocles

Áyax (Sófocles)

Áyax guarda similitudes con Antígona. Si ésta no podía enterrar a su hermano Polinices por orden de Creonte, aquí es Menelao y Agamenón los que quieren dejar insepulto el cuerpo sin vida de Áyax, el cual al ver que las armas de Aquiles van a parar a Odiseo en lugar de a él, se trastorna y mata unas reses cuando cree estar ajusticiando a Odiseo y los suyos, cual don Quijote embistiendo molinos. Cuando vuelve en sí, Áyax, decide quitarse la vida con la espada que le dio Héctor, durante la conquista de Troya, y no le sirve como freno el dolor que causará a su padres, a su mujer, a su hijo, a su hermanastro… Áyax está decidido a morir y solo a través de su aniquilación encontrará, cree, la calma. Teucro, hermanastro de Áyax, tras el fatal desenlace defiende su empeño en enterrar a Ayante, con escaso éxito, y será la aparición de Odiseo, el rico en ardides, el que inclinará la balanza a su favor, a pesar de su rencor mutuo y su enemistad manifiesta, Odiseo cree que se debe enterrar a Áyax y que este reciba entonces los honores que merece por parte de los suyos.
Curioso ver cómo una diosa, Atenea, se inclina por Odiseo, lo cual, supone la perdición de Ayante, al enloquecerlo. El suicidio en las tragedias de Sófocles son una constante (no) vital. La lectura previa de la Ilíada me ha hecho disfrutar esta obra en mayor medida.

Finalizadas de leer las siete tragedias sofocleas, ahora es el turno de Eurípides y de Esquilo.

Gredos

Filoctetes (Sófocles)

A no ser que uno sea docto en la materia y controle al dedillo los mitos, héroes y dioses griegos, no viene mal algún diccionario o manual, ni tampoco las notas a pie de página que Gredos pone a disposición del lector y que nos proporciona valiosa información sobre lo que leemos, y nos informa de aquellos fallos del autor o de aquellas cosas que una vez traducidas no tienen mucho sentido. No viene mal tampoco haber leído La Odisea y La Ilíada, de tal manera que así sepamos, al leer esta obra de Sófocles, quienes son Odiseo, Aquiles, Paris, Menelao

En Filoctectes, Sófocles reflexiona sobre lo que es, o debe de ser, el honor, la justicia, en el proceder, de tal manera que Neoptólemo, hijo de Aquiles, secunda a Odiseo en engañar a Filoctetes, que (mal)vive solo en la isla de Lemnos, para que este les entregue el arco que recibió de los dioses, y de esta manera Odiseo y los suyos puedan tomar Troya.

El meollo del asunto es que Neoptólemo, no quiere obrar mal, y lo hace, y embauca al anciano Filoctetes, abusa de su buena fe, y una vez que el objetivo de Odiseo se cumple, Neoptólemo entonces recula, y quiere reparar su error, y si en otras obras de Sófocles -como Antígona o Edipo Rey-, prima el rencor, la cólera irrefrenable, la venganza y aquello acaba a menudo como el rosario de la Aurora, aquí no hay nada de eso, pues una vez que aparece en escena volátil el dios Heracles, Filoctetes, harto ya de penar, colmado de soledad y desamparo, se abraza al porvenir y a ese destino glorioso que dicen que le espera, al tiempo que podrá ver curado su maltrecho pie y regresar a su anhelada patria.

Editorial Gredos. 2010. 144 páginas. Traducción de Bernardo Perea Morales.

Sófocles

Edipo en Colono (Sófocles)

Edipo en Colono, a pesar de ser la última tragedia escrita por Sófocles, es como una precuela de Antígona y la continuación de Edipo Rey. Si en Edipo Rey, éste decide exiliarse al conocer quien es, en esta obra, parece ser que Edipo no se exilia, sino que es desterrado por sus dos hijos, un buen tiempo después de que todos conozcan la historia y el pasado de Edipo.

En esta obra Edipo una vez expulsado de Tebas por sus hijos, vaga errante y va a parar a Colono, cerca de Atenas, y allí recibe las atenciones de Teseo. Edipo recibe la visita de uno de sus hijos, de Polinices, a quien no le perdona el trato que le deparó en el pasado, así que cuando este le pide ayuda, pues anda pugnando con su hermano para tomar el control de Tebas, contando para ella con los argivos, su padre lo manda a paseo, literal.

Si en otras tragedias sofocleas las muertes de todo tipo abundan, aquí el único que muere es Edipo, y lo hace en paz, en un lugar que solo conoce Teseo, a fin de evitar posteriores enfrentamientos.

Lo trágico aquí es lo que sufre Edipo, un rey venido a menos, que ciego y anciano va dando tumbos junto a su hija Antígona, que oficia de lazarillo, y que en su escaso horizonte vital profiere agudas reflexiones sobre esto de vivir, cuando este término es una vela a punto de consumirse. Antígona, se erige como la gran protagonista, siempre positiva, justa, buscando la concordia, el entendimiento, el acuerdo; una Antígona que tras morir su padre se dirigirá a Tebas y allí, fiel a su forma de ser, leal a sus principios, que serán precipicios, encontrará la muerte suicidándose, tras vindicar sin éxito su derecho a enterrar a su hermano Polinices, aquel que detestaba su padre Edipo.

Editorial Gredos. 2010. 160 páginas. Traducción de Assela Alamillo.

Gredos

Edipo Rey (Sófocles)

Esta tragedia de Sófocles (que vivió !90 años!), se centra en Edipo, padre de Antígona, al cual como es de esperar en una tragedia Sofoclea, le sucederán toda clase de penalidades. Edipo, rey de Tebas se entera por un oráculo que es él el responsable de las penurias y de la situación que atraviesa la ciudad. Al igual que en Antígona, como hacía Tiresias con Creonte, aquí, el adivino -sin orillar la verdad- hace lo propio con Edipo y le informa de que es él el culpable de todo, pues mató a Layo, el anterior rey (a quien ya le habían enterado que si tenía un hijo, éste le mataría, así que tras una buena cogorza, y después de acostarse con Yocasta y tener un churumbel, deciden apartarlo de ellos y dárselo a un pastor -tras atravesarle los pies con unas fíbulas- para que lo mate, cosa que el pastor no hace, de tal modo que el bebé cae en manos del rey Pólibo de Corinto, y pasa a ser Οἰδίπους o Edipo «el de los pies hinchados»), y se casó luego con la esposa de este, con Yocasta -hermana de Creonte-, que es su madre, aunque él entonces no lo sepa. Una vez que Edipo se entera de que como decía el oráculo, él mato a su padre, vestido este de forma informal, lo que impidió reconocerle su autoridad, y que ha cometido incesto con su madre, teniendo hijas que son a su vez hijas y hermanas suyas, decide reventarse las pupilas y quedar ciego, para luego desterrarse.

Para colmo de males, cuando Yocasta se entera de que Edipo es su hijo, atormentada por su relación incestuosa decide ahorcarse en su lecho conyugal. Más tarde, en otra tragedia Sofoclea, Edipo en Colono (ciudad natal de Sófocles), veremos a Edipo vagando acompañado de su hija Antígona, un Edipo a quienes los dioses le concederán vida inmortal y poder, pero esto lo comentaremos en otra ocasión.

Como comentaba Carlos García Gual en La muerte de los héroes, en lo referido a Edipo, nos cuenta que ya en la Odisea, aparecía Yocasta, llamada aquí Epicasta, y Ulises cuenta que en su visita al Hades, allí estaba Yocasta, donde refiere que se casó con su hijo por ignorancia, que luego se ahorcó en un lazo corredizo en su propio dormitorio, dominada por la angustia.

Parricidio, matricidio, infanticidio, incesto, suicidio, destierro… Sí, amigos, la Tragedia griega era esto.

Edipo Rey, como Antígona o Medea, son tragedias que se representan en los teatros una y otra vez.

Editorial Gredos. 2010. 160 páginas. Traducción de Assela Alamillo Sanz.

Sófocles

Antígona (Sófocles)

Mucho he disfrutado con esta tragedia de Sófocles, la primera que he leído de este autor, aquel que incluso se libró en su época de las mofas de Aristófanes. Tragedia que no pasa de moda, pues cada poco la vemos representada en los teatros. La última, por estos pagos, obra de Miguel del Arco.

El tema que trata es muy actual, y tiene que ver con la desobediencia de Antígona, quien desafía el poder establecido -un desafío doble, tratándose de una mujer, la cual debería de plegarse según está establecido en esa época, a su rol de mujer sumisa y silenciosa- cuando se empecina en no dejar insepulto -algo que ella considera a todas luces injusto- el cuerpo de su hermano muerto Polinices -considerado un traidor, que merece que su cuerpo sea devorado por perros y cuerpos, según Creonte, en una especie de ensañamiento con alguien que ya está muerto, pues Polinices al ver que su hermano Eteocles no le deja gobernar, cuando le toca, pues se van turnando, se va a Argos y monta un ejército para tomar el poder, tal como describió Esquilo en su obra Los siete contra Tebas-, plantando así cara al tirano de Tebas, el cual condena a muerte a Antígona -pero que en lugar de lapidarla, decide Creonte dejarla en una cueva, de tal manera, que sea el frío, el hambre, la sed, aquello que la ultime-, lo cual acarreará una cascada de tragedias que como piezas de dominó, no hará otra cosa que dejar el terreno lleno de cadáveres, muertos muy queridos de Creonte -pues al suicidio de Antígona, habrá que sumar las muertes de su hijo Hemón, que pretendía a la difunta, y la de Eurídice, madre de Hemón y esposa de Creonte- que sufrirá en sus propias carnes las consecuencias de su poco atinada resolución, su irreflexión y el no querer prestar atención a las palabras del adivino Tiresias.

En la edición de Gredos son 1353 versos, que se leen con fruición.

Editorial Gredos. 128 páginas. 2010. Traducción de Assela Alamillo Sanz.