Archivo de la categoría: 2020

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Ni Fuh ni Fah y otras historias del ancho mundo (Julio Camba)

Se cumple el 28 de febrero el sesenta aniversario de la muerte de Julio Camba.
Los setenta y dos artículos recogidos en este libro publicado por Pepitas de Calabaza, son jocosos y vigentes, dado que sus reflexiones de todo tipo, fruto de una mirada sagaz e inteligente, hoy leídas, captarán, a nada que el lector sea mínimamente despierto, su interés.
El tono socarrón e irónico de los artículos, su reducida extensión, la falta de arabescos en los textos, por parte de un autor que no se consideraba escritor, dado que tal apelativo le resultaba pedante, dota el artículo de la expectativa y su materialización.
Cuando uno prende hoy la televisión y ve a un majadero belicoso y macilento afirmando que no le teme a la guerra, ante semejante desprecio por las vidas propias y ajenas, aferrarse a los textos de Camba deviene casi una necesidad, un a-premio.

Yo sintetizaría así la historia de Rusia: primero, clases: luego, lucha de clases, y, al final, todo cuarta clase. Ahí lo tienen. Camba en estado puro. Se puede uno enrollar como una persiana, soltar un discurso y llegar a creérselo, pero Camba, que vio y vivió mucho mundo, regresó de sus múltiples viajes con la mirada bruñida en el pedernal de la experiencia, mirada desencantada, escéptica, lúcida y por eso deslumbradora. No necesitaba Camba hablar de oídas, ni reproducir como un loro lo que otros pensaban.

Camba era un pionero. Leer estas crónicas suyas hace cinco décadas tuvo que ser la leche. Sus artículos los leo como una especie de gabinete de las maravillas o curiosidades, en las que el autor te habla de los caballos inteligentes de Elberfeld que sabían hacer complicadas operaciones matemáticas, de las sempiternas (a su pesar) patillas del emperador Francisco José, de los gatos lisboetas (y la relación entre los mininos y el grado de civilidad de un país), del creador del paraguas, de la necesidad de los británicos de juntarse en un club para callarse, de la increíble y nada creíble soledad de los multimillonarios como Rothschild, del jugador puro que es el jugador mental, o del gastrónomo olfativo que bien sabe que el aroma es el alma de todo buen producto, o bien de las manifestaciones del final de ciertos comportamientos, profesiones o guías de viaje; ya sean los matones, los duelistas, los aireadores de buzos, la Baedeker. O aquello que convierte a un escritor inédito circunstancial en otro en esencia. En fin que con Camba no te aburres, al contrario. Su humor actúa como un bálsamo, como un lenitivo.

Julio Camba en Devaneos

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La cucaracha (Ian McEwan)

Pocas cosas son capaces de provocarnos tanto asco como una cucaracha; la que vemos en la portada de la última novela de Ian McEwan, con traducción de Antonio-Prometeo Moya Valle. Cucaracha convertida en humano (metamorfosis en reversa), para portar nada menos que la osamenta del primer ministro británico. Lo terrorífico acaba aquí, para dar paso a la sátira, o cuando menos al humor con altibajos.

A McEwan parece que le urgía escribir sobre el brexit y optó por el humor. En esta novelita breve, de poco más de 100 páginas, el autor apenas causa destrozos, porque el efecto de su lectura es nulo, más allá de ser capaz de provocarnos alguna risotada.
McEwan a grandes rasgos trata de caricaturizar el lodazal político de los mandamases (británicos, americanos), los tejemanejes periodísticos, las mentiras fabricadas, el pensamiento plasmado en un puñado de tuits, planteando el plantón del Reino Unido a la Unión Europea a través del brexit, aquí bajo la piel de un sistema económico basado en el reversionismo, ocurrencia que consistiría en tener que pagar por trabajar y en recibir dinero al comprar.

Una sucesión de ocurrencias me ha parecido esta cucaracha de McEwan.

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Cómo se llama (Rodrigo García)

Texto breve, apenas 90 páginas en formato bolsillo, conforman Cómo se llama, obra de Rodrigo García.

Lectura que me ha supuesto una muy grata sorpresa y me ha deparado un buen número de risotadas.

En mayo de 2019 el autor disfrutó de una residencia en la Academia de Francia en Roma, la Villa Medici, donde escribió buena parte de este libro que ofrece una prosa delirante, humorosa, para sacarle punta y los colores, si hubiera hoy lugar para el sonrojo, a una realidad que en manos de Rodrigo se me antoja proteica, interesante, no por sí misma, sino por las agudas observaciones que el autor hace de todo cuanto ve, escucha, sueña e imagina.
En ocasiones nos lleva a un futuro que no dista mucho del momento actual. La política, el consumismo, las redes sociales, o la inacción en grandes ciudades como París son algunos de las cuestiones objeto de reflexión.

Yo sé que ambulancias y coches de bomberos y patrullas circulan vacíos en múltiples direcciones con el propósito de sostener la ficción de que algo ocurre. Hay un miedo comprensible a qué nación de trece millones de habitantes se desvelé fastuoso cementerio.

Si los límites del lenguaje significan los límites del mundo, toca pues llevar lo más lejos posible esos límites o al menos que estos sean lo más elásticos posibles. Así Rodrigo logra esto último, jugar con el lenguaje, las palabras y los significados para provocarnos y situarnos en otro nivel de conciencia, si aún hoy nos es posible librarnos de las garras de la inconsciencia.

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Un nombre de guerrero (Laura Muñoz)

En el libro Un nombre de guerrero la autora Laura Muñoz aborda un tema personal, la tesitura de llevar a cabo o no un aborto terapéutico, cuando el bebé en camino presenta un derrame pleural.

La narración avanza al ritmo vertiginoso propio de un thriller, pues tienen de tiempo hasta la semana 22, dado que en ese momento han de decidir si quieren seguir con el embarazo o abortar.

De nada sirven aquí las palabras ajenas, las muestras de comprensión, las palabras desatinadas…, pues el marrón lo tienen ella y su marido Javier. Ellos han de tomar una decisión y afrontar sus consecuencias. Reflexionar sobre la misma supone pisar un suelo quebradizo plagado de dudas e incertidumbres. Pues no existe un manual de instrucciones para ser padre/madre, como tampoco lo hay cuando viene un hijo en camino y surgen serías complicaciones.

La literatura no pretende aquí, creo, justificar la decisión adoptada, sino que Laura trata de poner encima de la mesa con su valiente y emotivo testimonio cuestiones interesantes y fundamentales, dado que somos nosotros los humanos quienes decidimos abortar o no, y definimos entonces qué es lo que entendemos por «vida digna», somos nosotros los que marcamos el «umbral del dolor tolerable» que nos permitirá interrumpir un embarazo, una vida. Somos nosotros también los que tratamos de acertar en la decisión pensando en nosotros y en el hijo en ciernes, aunque de igual manera que los hijos de crecidos te pueden soltar en el diario rifirrafe un «pues no haberme tenido«, también podrían recriminarnos «¿por qué no me diste la posibilidad de ser?»

En este tema se mezcla la legalidad con la moral, y el sentimiento de egoísmo, abnegación, culpa, el dolor, la pérdida, la ausencia, el infinito amor que crece en ese vacío y la duda de haber acertado ¿pero cómo saberlo? ¿a quién preguntar?