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Breviario provenzal (Vicente Valero)

Breviario provenzal, el último libro publicado de Vicente Valero, por la editorial Periférica, reúne dos textos publicados con anterioridad.

Cuaderno de Provenza que formó parte de Diario de un acercamiento y Junio en casa del doctor Char que lo podemos encontrar en su libro de poemas Canción del distraído.

La pandemia sigue y esto afecta a nuestra manera de viajar. Leer es hoy (y siempre) un formidable y seguro medio de viajar a través de las palabras que leemos. Gracias a Vicente Valero viajaremos por la Provenza.

Si con las recetas de Julie (amenísimo programa que podemos encontrar en RTVE) el periplo por los dominios galos tiene que ver con lo gastronómico, aquí el autor, viajando también bien coche, incide en lo pictórico y literario. La Provenza guarda una relación ineludible con la luz y la naturaleza. Sobre ella escribirán Petrarca, Handke, Ponge, Rilke, Mallarmé, o pintarán Van Gogh, Picasso, Manet, Cezanne…

El autor se sitúa en los mismos lugares que estos artistas, visita los cementerios que acogen los restos mortales, holla las cumbres de esas montañas tan inspiradoras para el arte como Sainte-Victorie, ve con sus ojos, desde la calle, lo mismo que vieron estos artistas y el lector desearía ahora mismo seguir los mismos pasos que Valero por tierras francesas, por la Provenza, enriqueciendo su mirada con las palabras y reflexiones del autor sobre el arte pictórico, y luego a la tarde, ya sobre la cama reposar los huesos con ese mismo libro para acometer los poemas de Junio en casa del doctor Char, para sentir la arena mojada, el batir de las olas, el salitre en la piel, las estrellas húmedas…

Leo:

el auténtico misterio de esta vida debe de ser la alegría.

Sea.

Vicente Valero en Devaneos

El arte de la fuga
Los extraños
Experiencia y pobreza. Walter Benjamin en Ibiza
Las transiciones
Duelo de alfiles
Enfermos antiguos

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La avenida (Francesco Pecoraro)

Francesco Pecoraro
La avenida
Periférica
Traducción de Paula Caballero Sánchez y Carmen Torres García
2021
533 páginas

Mientras termino por agotamiento este relato, escribe el narrador de la novela de Francesco Pecoraro, La avenida. Agotado después de más de quinientas páginas de escritura, después de haber ido al pasado para recordar aquellos tiempos de comienzos y mediados del siglo XX, en la ciudad de Roma, en los aledaños del horno Hoffmann, empleados en la continua elaboración de ladrillos que permitían la expansión de la ciudad, funcionando las 24 horas al día, con gente allá dentro dejándose la piel y la vida. Condiciones laborales que me traen en mientes otro relato muy vívido, el de Prunetti en Amianto.

Todo aquello ha sido barrido por la historia y Pecoraro quiere fijarlo sobre el papel, recordar a aquellos trabajadores y trabajadoras currando a destajo, labrándose un porvenir, combatiendo el fascismo, en un reducto conocido como la Pequeña Rusia, la cual llegó a recibir a Lenin, antes de convertirse en lo que fue. La batalla entre comunismo y capitalismo ganada de calle por el capitalismo. A pesar de lo cual el narrador sigue teniendo apego, querencia al comunismo a pesar de su ineficacia y su nefasta puesta en práctica.

La lucidez que despliega Pecoraro no solo va al pasado para iluminar aquella época, sino que se centra también en el presente, de la mano de su narrador, un historiador del arte que se amolda como funcionario, acusado de corrupción, que ahora a sus setenta años, jubilado, en la séptima planta de su vivienda hace, no sé si balance, pero sí memoria, y azuza su mirada para tratar de describir la actual situación, la falta de ideología y compromiso, la pulsión del deseo, reducido a algo virtual, inaccesible, los brotes xenófobos ante el paisanaje presente en la ciudad, y Pecoraro acaba agotado porque se afana en la descripción minuciosa, quizás porque se tomó al pie de la letra que la clave estaba en el detalle, y así surgen las listas, como los alimentos que podemos encontrar en el catálogo de Despensa, una tienda de alimentación, o el análisis pormenorizado de una película porno con dos mujeres trabajándose respectivamente sus sexos.

Bienvenidos sean textos como este de Pecoraro por su ánimo libertario, su prosa sin cortapisas, el análisis que nos brinda a ratos sociológico, a ratos histórico, a ratos urbanístico (el autor es arquitecto) con su mala uva y esa lucidez que le aboca al desencanto; la mirada de un testigo que siente la urgencia y la necesidad de contarlo todo y dejarlo por escrito, no porque alguien vaya a leerlo sino porque sabe que debe hacerlo. Que se lo debe.