El precio de la lectura

Escrito el 18 de junio de 2013 por

La colmena Clara

Uno de los argumentos que emplean los que no leen para seguir haciéndolo es afirmar que los libros son caros.
Teniendo, como tenemos, bibliotecas públicas, a lo largo y ancho de todo el país (hablo de España), uno puede leer lo que le apetece (o casi todo) y cuanto le apetece sin gastarse un euro. Si no te dejas llevar por las novedades y eres paciente puedes adquirir en edición de bolsillo los libros a la mitad de precio de su precio original y en muchos caso incluso mucho más baratos, por 6 o 7 euros, ahí tenemos la Antología Poética de Pessoa por 2,95 € gracias a Austral Básicos.

Si tienes amigos lectores siempre te pueden pasar los libros, sin nececidad de comprarlos. Si a eso sumamos las descargas ilegales que parece ser cada vez proliferan más y las revistas que a menudo se venden acompañadas de libros, te puedes ir a tu casa, como he hecho hoy yo, con la Revista Clara y La Colmena de Camilo José Cela por 1,95 euros. La revista vale 1,50 €, el libro por tanto 45 céntimos.

Mirando por la red, veo que este libro de Camilo José Cela editado por RBA, en Amazon lo venden por 19,95 euros. No sé que gana RBA con estas técnicas de venta, pero yo estoy encantado de la vida con mi compra, y espero estarlo todavía más cuando lo lea, porque en el colegio e instituto recuerdo haber leído La hoja roja, El camino, La guerra de los botones, La Madre, Walden dos, entre otros tantos libros, pero no La Colmena. Ya toca.

Pagar 7 euros por un cubata me jode. Por un libro no. Cada dos cubatas que no me endiño gaznate abajo, otro(s) libro(s) más que puebla(n) mi biblioteca. No digo más.

Lección de anatomía portada libro
Marta Sanz
Editorial RBA
Año: 2008
301 páginas

Marta Sanz no se esconde detrás de unos personajes de ficción en esta novela titulada La lección de anatomía que publicó en 2008, a sus 40 años. Quizá porque los cuarenta sean esa tierra de nadie o de todo, donde uno toma conciencia de que de todo comienza ya a hacer mucho tiempo, de que los recuerdos se empolvan y acumulan y sin darnos cuenta, las historias vividas son ya casi batallitas en nuestras bocas, es un buen momento entonces, los cuarenta, el ecuador existencial (si hacemos caso de las estadísticas sobre la esperanza de vida) para hacer balance de esas distintas etapas que jalonan nuestra existencia.

En una vida sin altercados emocionales, sin desgarros vitales, sin tropezones irremediables, al abrigo de una familia que te acoge mima y quiere, en unas instituciones educativas en las que Marta no fracasará y en las cuales irá sumando titulaciones (estudios de primaria, de secundaria, bachillerato, COU, Selectividad, Licenciatura, Doctorado..) y unas relaciones de pareja donde encontrará amor más que otra cosa, la autobiografía de Marta Sanz, a la que todo le ha ido, si nos atenemos a lo leído, siempre de cara, podría resultar burguesa, ñoña, autocomplaciente y aburrida hasta decir basta. Sin embargo, a pesar de las reticencias que tuve en las páginas iniciales por su tono contenido y solemne, como si la autora no tuviera muy claro que cariz darle a su historia personal (tenía en mente mientras la leía novelas similares que había leído recientemente como la Javier Pérez Andujar, Los Príncipes Valientes y el repaso de sus andanzas escolares o la Naturaleza Infiel de Cristina Grande con una entrada en la edad adulta plagada de relaciones amorosas), a medida que vamos avanzando la historia va cogiendo consistencia y entidad.

Me maravillo con la capacidad y buena memoria que tiene Marta Sanz para poner por escrito lo que uno siente y experimenta cuando tiene 8, 10, 12 o 16 años y subsiguientes, dado que a menudo, al menos en mi caso, recuerdo a ciertos compañeros de pupitre que tuve en el colegio durante la EGB o cuando hice COU, también anécdotas varias sobre el profesorado que nos contamos los de la cuadrilla cuando el alcohol sube a nuestras pupilas una y otra vez, para una y otra vez descojonarnos (cierto, repetimos una y otra vez lo que tiene o nos hace gracia), pero de ahí a ser capaz de rememorar esos años de una manera tan diáfana, clara, precisa, lúcida e inteligente hay un buen trecho.

Ese espacio en blanco embutido de memoria y desmemoria, de recuerdos y olvido es sobre el que Marta arrojará luz con su buena memoria y el buen hacer de su oficio como escritora, para armar su memoria con recuerdos, unos tristes, otros alegres, en sus años escolares, en el instituto, en la Universidad, su debut laboral, la manifestación del deseo sexual, las pérdidas familiares, todo ello impregnado de melancolía, de añoranza. O al menos con esos ojos he leído estas páginas, al darme cuenta de todo lo voy dejando atrás. Además, como el libro es autobiográfico incluso la ciudad de Benidorm es una protagonista más de la historia.

Con la novela de Marta Sanz me he emocionado, pues toca la fibra sensible y le pone a uno sin darse cuenta en la obligación de echar la vista atrás, de ver el camino recorrido y los otros caminos desdeñados: afectivos, laborales, etc… y eso nos lleva a pensar en otras opciones no consumadas, en otras vidas no vividas, en otras experiencias que no fueron tales, o incluso como hace la autora en apostar por afianzar y asumir lo que somos, ese pasado remoto capitalizado en presente continuo y ponerlo por escrito para disfrutar (nosotros) con su alma desnuda, la de Marta Sanz.

Use Lahoz La útlima estación
Use Lahoz
544 páginas
Alfaguara
2011


La estación pérdida
es la primera novela que leo de Use Lahoz (y avanzo que no será la última). A lo largo de 544 páginas el autor da un repaso a cinco décadas de la Historia reciente de España, desde los años 40 hasta mediados los 90.

Leyéndolo tenía la sensación de estar viendo algo parecido a la conocida serie de televisión Cuéntame.

Ambición no le falta a Use, pues la empresa que se trae entre manos es de envergadura. Ante semejante proyecto el problema reside en cómo dosificar la historia, qué espacio dedicar a cada década y los años que la conforman, cómo repartir el peso de la trama entre los personajes principales y otros tantos secundarios. Una labor que en el caso de hacerse con tino y mano de orfebre puede deparar una obra maestra. La estación pérdida no lo es. O lo es y no me he dado cuenta, que uno es muy despistado.

Me resulta curioso que habiendo nacido Use Lahoz en 1976 y habiendo vivido por tanto los años 80 y los 90, las mejores páginas me hayan resultado las comprendidas en la primera mitad de libro, quizá porque disfruto más con lo que desconozco y no he vivido (los años 40, 50 y 60) que contrastando la realidad con las experiencias propias de los años 80 y 90 (cuando aparecen por ahí programas televisivos como el Quién sabe dónde, grupos grunge como Nirvana, cantautores sempiterenos como Silvio Rodríguez, las festivas Mama Chicho o Las Olimpiadas del 92…).

El peso de la historia recae en la figura de Santiago Lansac, quien llevará una vida pródiga en azares y cuajada en la desgracia, naciendo en Valdecadiar, un pueblo que ni aparece en los mapas, para vivir luego en Barcelona o Montevideo.

La mala cabeza de Santiago, los pájaros que amueblan su azotea, su capacidad innata de promotor inmobiliario para edificar sin descanso castillos en el aire, su tendencia a meterse en líos, su ingenuidad y sumisión a los juegos de azar, hacen de él una mina para cualquier escritor.

Use Lahoz irá moviendo a Santiago por el tablero, por la piel de la tierra, a través de pueblos, ciudades, urbes, barres de los bares y oficios varios, rodéandolo de mujeres que lo dejarán tirado, huérfano de amores filiales no correspondidos, de los que se resarcirá buscando otro amor con el que lamerse las heridas, para reescribir el pasado, donde su naturaleza volátil oficiará cada uno de sus actos, dejándose la vida en todo tipo de trabajos devenidos precarios por su irresponsabilidad, dilapidando lo ganado sin juicio alguno, siempre como un fugitivo, huyendo de la sombra de la justicia y de sí mismo, en un movimiento continuo que le evite pensar o reflexionar sobre su situación, enfangándose en sus trampas verbales, en una huida hacia delante que nunca soluciona nada y lo empeora todo. Y a su lado Candela, testiga muda de los desatinos de su amante y padre de sus hijos. La revocadora de todos los agujeros que provoca Santiago con su improcedente conducta. Candela dejándose la vida para encontrar su sitio y ofrecer un futuro a sus vástagos, mientras Santiago torpedea la palabra esperanza con cada una de sus acciones, con cada una de sus cagadas, que luego Candela irá tapando, cubriendo con embustes o evasivas las desventuras de su amado.

La novela de Use engancha. Una vez que la empiezas no ves la manera de acabarla (ese y no otro es el objeto de toda novela: apasionar al lector), y las idas y venidas de los personajes y la cantidad de cosas que les suceden, en un marco único: una España que salía de una Guerra Civil e iba camino cuatro décadas después de dejar de ser una dictadura para recuperar la libertad y la posibilidad por ejemplo de divorciarse, no contribuyen sino a hacer que el interés por la novela se vea acrecentada, vista ésta como un fresco histórico o sociológico.

Que el propio narrador sea quien cuestione una y otra vez las acciones de Santiago creo que es innecesario ya que debiera ser el lector quien sacara sus propias conclusiones a tenor de lo leído, más que asentir o coincidir o no con los juicios emitidos sobre Santiago.

Otra cosa que se repite mucho en la novela (hasta resultar cansino) y que un momento determinado me hacía troncharme de la risa es cuando leía eso de “años más tarde en uno de los boliches de Montevideo Santiago diría que.…”, que parece que el autor va metiendo con calzador, sin remisión.

Los abundantes diálogos aligeran la historia y la hacen todavía más vivaz, a lo que contribuye el ritmo suelto que le imprime Use a su prosa, para ir pasando años y décadas sin aparente esfuerzo, con ligereza. La misma que tiene el libro.

Use Lahoz ha sido el último ganador del Premio Ojo Crítico con su novela La última estación.

Premios Ojo Crítica de Narrativa

1990 Javier García Sánchez
1991 Pedro Zarraluqui
1992 Miquel de Palol
1993 Felipe Benítez Reyes
1994 Juan Manuel González
1995 Irene Gracia
1996 Andrés Ibáñez
1997 Juan Manuel de Prada
1998 Lorenzo Silva
1999 Alejandro Cuevas
2000 Fernando Royuela
2001 Marta Sanz
2002 Ana Prieto Nadal
2003 Albert Sánchez Piñol
2004 Isaac Rosa
2005 Pilar Adón
2006 Julián Rodríguez
2007 Ismael Grasa
2008 Jon Bilbao
2009 Alberto Olmos
2010 Pablo Gutiérrez
2011 Ignacio Ferrando
2012 Use Lahoz

Finalmente he cumplido mi sueño de acudir a un restaurante Japonés (en Logroño lo más parecido es un Teppanyaki sito en la Gran Vía), el Ikura ML. La experiencia resultó muy satisfactoria. Cada uno de los platos, o mejor dicho, bocaditos, que formaban parte del menú estaban a cual mejor. Un estallido de sabores que iban aflorando al paladar a medida que lo ibas ingiriendo.
En resumen, una auténtica maravilla. Al ser primerizos y así hacerlo saber a la camarera que nos atendía, nos ofrecieron una versión más light, menos purista, con menos sushi o alimentos crudos, y casi todo llevaba un golpe de soplete. Las fotos creo que hablan por sí solas. Las veo y me dan ganas de recenar. Tras comer en el Ikura ML, me dan ganas de seguir profundizando en la cocina nipona.

Restaurante Ikura ML
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Lista de precios: EUR 17,50 EUR
De nuevo: EUR 16,62 En Stock
Fecha de salida May 6, 2013.

El pájaro de hueso maría carman
María Carman
194 páginas
2013
Lengua de Trapo

La escritora argentina María Carman ha ganado el XVIII Premio Lengua de Trapo por su novela El pájaro de hueso, publicado en abril de 2013, en la que la escritora mezcla unas cuantas cosas de lo más variadas, pero todas ellas bien significativas, si bien el resultado es menos satisfactorio de lo esperado.

El protagonista es Manuel. Tiene 26 años. Le han diagnosticado un cáncer, y le quedan unos cuantos meses de vida. Manuel tuvo un hermano gemelo, Agustín, el cual fue dado en adopción cuando era chiquitín, y ahí está presente el régimen de Videla, los desaparecidos y los hijos de los mismos. Manuel decide ir al encuentro de su hermano y lo consigue, y compartirá con Agustín sus últimos días. Agustín no es alguien normal y corriente, sino algo parecido a un chamán, un brujo, capaz de atraer la lluvia y curar enfermedades. La confusión que genera la presencia de Manuel al ser confundido con su hermano es cuando menos divertido. El libro se convierte a algo parecido a una road movie pero en lo literario, en esa búsqueda que le llevará a Manuel a descubrir lugares de la Argentina que no concocía, así como zonas de su pasado e historia personal hasta entonces inexploradas. Hete ahí la anagnórisis.

Algunos momentos me recuerdan a la singular y muy recomendable película de Rebollo El muerto y ser féliz, donde el protagonista tiene tres tumores y emprende un viaje junto a una desconocida por Argentina, deambulando durante más de cinco mil kilómetros. Cuando el dolor resulta insoportable, serán los camellos locales los que solucionen el problema con dosis de heroína, morfina o similares. A Manuel le sucede lo mismo. Así el dealer local se convertirá cuando sean requeridos sus servicios y por unos momentos en algo parecido a un sanador.

El libro tiene los elementos para resultar interesante, pero su desarrollo hace que su lectura resulte más un ejercicio de estilo que tiende hacia lo poético y lo simbólico, impidiendo que la historia cale y su lectura remueva minimamente. Al menos en mi caso.

En la edición del libro que ha hecho Mondadori para Latinoamérica sus primeras páginas contiene unos mapas. En la edición de Lengua de Trapo, no, asi que quien quiera situar a los personajes y no sea argentino, o incluso siéndolo, debera hacer uso del atlas.

La broma infinita libro David Foster Wallace
David Foster Wallace
Mondadori
1208 páginas
2002

Hay libros que no quieres que se acaben y otros que no ves la hora de terminarlos. La broma infinita es uno de ellos.

El libro del escritor americano, ya fallecido, David Foster Wallace (DFW), es uno de esos libros a los cuales les precede su fama. DFW se suicidó después de media vida con depresiones. Cuando alguien muere está demostrado que la obra de cualquier artista coge vuelo, la de los escritores también.
La Broma Infinita (The infinite jest) la publicó DFW en 1996. En España llegó en 2002. DFW junto a otros escritores americanos como Philip Roth, Cormac McCarthy, Don DeLillo y Thomas Pynchon, nos dicen especialistas en literatura americana como Eduardo Lago que conforman un cuartateo de los mejores escritores americanos vivos. Me temo que la literatura americana contemporánea no es lo mío. Quizá tenga que ver con un hecho cultural, con lo poco que tiene que ver un americano y un europeo o español. Así he leído a DFW con curiosidad reverencial. Hay un alud de páginas en la red donde la gente se dedica a explicar de qué va el libro, a desmenuzarlo, capítulo a capítulo, como hacían los fan de Perdidos en Lostpedia.
A medida que lo vas leyendo, uno entiende el sentido de estas blog aclarativas.

DFW tenía un mundo propio. Un mundo que al lector no le resultará fácil entrar.

En ciertas páginas me he reído y asombrado con las cosas que DFW es capaz de plasmar en el papel. Tanto por su originalidad como por lo caústico de su prosa. Pero ha sido un espejismo. Más allá de la página 600, he sufrido leyendo. Algo parecido a hacer el Camino de Santiago andando sin entrenar previamente. El desafío consistía al final en acabarlo, para comprobar que casi todo queda en el aire.

Me gustan los escritores concisos. DFW peca de verborrea digital y da la impresión de que todo lo que le venía a la cabeza lo vomitaba en el papel. El libro hubiera resultado igual de bueno o malo con muchas páginas menos. A la larga, la historia se alimenta de otras muchas historias. El libro lo podemos visualizar bajo la apariencia de un árbol y donde DFW es una ardilla que corretea por el mismo a su antojo, ya sea por el tronco o por las ramas.

Hay páginas que tienen el mismo atractivo que el de un prospecto. Hay páginas que son ristras de acrónimos. La galería de personajes que nos presenta DFW es lo mejorcito que uno puede conocer o soñar: drogadictos, prostitutas, sádicos, violentos, alcohólicos, pederastas, violadores, acosadores sexuales, etc. Si uno cree que ya todo está perdido y que el mundo está podrido La Broma Infinita quizá le ayude a precipitarse al vacío, porque el libro es triste y gris como el grafito.

Encontrarán en la red personas para quienes este libro es un objeto de culto, críticos literarios que nos digan que este libro es una las cien mejores novelas americanas de todos los tiempos (que ha influido e influirá a miles de escritores), otros a quienes su lectura les ha transformado (esto se entiende que es para bien). A mí La Broma me ha hecho perder casi un mes de mi tiempo. Tiempo que hubiera dedicado gustosamente a leer a otros libros que tengo esperando sobre la mesilla desde hace semanas. Un amigo me pasó La Broma infinita en epub para leerlo en el móvil. Resultaban más de 5000 páginas, así que decidí acarrearlo de un lado para otro, valiéndome de un carro.

Paseando La Broma infinita

La broma infinita no lo es. Por los pelos.

Leyendo un domingo soleado en un parque La Broma un niño que conocía me preguntó si eso que estaba leyendo era La Biblia. Le mostre el título y se encogió de hombros. Eso sí, la portada le resultó muy graciosa.

Yuri Herrera Trabajos del Reino
Yuri Herrera
2004
Editorial Periférica
135 páginas

Me había hecho la promesa de dedicar mi tiempo de lectura exclusivamente a La Broma Infinita de DFW. No he podido cumplirla. A fin de aliviar o minorar los efectos secundarios de la lectura de dicho tocho, me he visto obligado a intercalar la lectura del mismo con alguna otra lectura, a fin de no acabar sonado del todo con la broma y he recurrido a un valor seguro: Yuri Herrera.

¿Es la novela de Yuri Herrera una de las mejores que se publicaron en México en 2004?. No lo sé, lo que sí puedo afirmar es que Trabajos del Reino me ha gustado mucho, y que es una buena novela. A Yuri lo descubrí hace meses con La Transmigración de los cuerpos, después seguí con Señales que precederán al fin del mundo y acabo con la novela que Yuri publicó en 2004 en México y en 2008 en España, Trabajos del Reino. Las tres novelas que hasta la fecha ha publicado Yuri las ha editado la Editorial Periférica. Y los libros son una cucada. Este último es tamaño bolsillo y resulta ideal para llevártelo encima y sacártelo en esos ratos en los que no tienes nada mejor que hacer que leer.

Las novelas de Yuri son cuentos con aliento poético (aliento que en manos de otros muchos escritores menos dotados devendría en halitosis) o a mí así se me antojan. En esta ocasión el protagonista es un joven que da de bruces con un mafioso local, a quien le hace gracia la forma que este tiene de cantar y le ofrece trabajar para él en la Corte, porque el mafioso es el Rey y todos los que danzan y viven a su costa, son la Corte.
Hace siglos la gente se dejaba la vida para entrar a trabajar en la Corte (Cervantes sin ir más lejos) y poder vivir plácidamente cerca del bienestar que generaban las Monarquías y la vida en el Palacio. Ahora la gente no es tan ambiciosa y con tener una plaza fija de funcionario se conforma.

El cantante y compositor de corridos es el Artista y una vez en Corte conocerá al Orfebre, al Médico, al Heredero, a la Niña, a la Bruja, al Periodista, el Gringo, el Gerente, etc. De una manera muy sutil a través de los ojos del Artista seremos testigos de ese mundo, de la vida en el palacio, donde no faltan las intrigas y conjuras, las cuchilladas traperas, las venganzas, el mancillamiento y el deshonor. Y para aliviar el dolor nada como el amor balsámico, en cuyo lomo viaja la esperanza.

Y como no todo es mirar y solazarse, el día a lleva abocará al Artista al punto de no retorno, donde el posicionamiento o algo tan simple como pensar por uno mismo, dibujará una mira telescópica en la testa de improvisado pensador.

Yuri logra algo mágico y consiste en que lo que lees te parece de primera mano, un buen puñado de palabras, frases, párrafos a estrenar, que un servidor rumia con deleite. Hay muchas razones para leer a Yuri, pero esta me parece fundamental. Donde otros aburren y estiran los clichés y las frases hechas hasta el aburrimiento, Yuri ofrece unos textos ofrecidos para ser leídos con otros ojos.