Diario Goncourt

La literatura y la enfermedad

Los hermanos Goncourt eran un todo indisoluble, así firmaban su libros, sus artículos, y también este Diario (que pone a nuestro alcance una parte de los nueve tomos que integraban estos Diarios). No eran ni gemelos, ni mellizos, se llevaban ocho años de diferencia, pero durante los últimos veinte años en la vida de Jules, en la litaratura lo hicieron todo juntos. Hoy, el apellido Goncourt, al que no haya leído nada de ellos, les sonará por el Premio Goncourt que creara en su día Edmond (1822-1896) en memoria de Jules (1830-1870).

Lo que me ha interesado más del Diario es su tramo final, allá por 1870, cuando muere Jules.
Edmond que ha estado velándolo, cuidándolo sólo hasta el final, no se sustrae a la escritura, a seguir volcando sobre el papel su amargo y desesperanzado día a día, sin eludir tan duro trance, y su lectura es de las que te ponen un nudo en la garganta.

No he querido ni cuidadora ni monja. Los ojos del agonizante, si a él le fuera concedido un instante de reconocimiento de su gente, no deben encontrar una cara extraña.

Incluso Jules confiesa que visto el percal, los ojos llorosos, el infinito dolor fraternal, lo irremediable de la situación, un porvenir agonizante, se le pasó por la mente matar a su hermano y suicidarse después. No lo hizo, aunque ganas no le faltaran.

!Crear un ser como este, tan inteligente, tan personal, tan original, y destruirlo a los treinta y nueve años! ¿Por qué?

Sí, lo repito, de haberlo hecho morir Dios como hace morir a todo el mundo, quizá yo hubiera tenido el valor de soportarlo; pero hacerlo morir, despojándolo, poco a poco, de todo cuanto en él era mi orgullo, produce un sufrimiento superior a mis fuerzas.

Jules y Edmond de Goncourt. Diario. Memorias de la vida literaria (1851-1870). Editorial Renacimiento. Edición y traducción de José Havel.

La verdad poética

Una de las dos fuerzas principales de la poesía es su verdad, tanto si se trata de un poema realista, surreal, explícito, críptico o de cualquiera de los tipos en los que los estudiosos clasifican nuestras formas de escribir. Pero la realidad es que un buen poema es tan difícil de hacer, y es tan poco probable llegar a escribirlo, que estas clasificaciones son siempre a posteriori, porque el poema, por muchas intenciones y posiciones previas que se tengan, se construye más como se puede que como se quiere, por decirlo lisa y llanamente. Sin erudición continuaría habiendo poesía. Sin verdad, no.

Joan Margarit. Un asombroso invierno. 2017. Visor poesía.

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Ensayo sobre el lugar silencioso (Peter Handke)

Decía Montaigne que si un libro le aburría cogía otro. Es un buen consejo que desatendí en esta ocasión. Ensayo sobre el lugar silencioso es lo primero que leo de Peter Handke y me ha parecido un texto muy anodino, de nulo interés.

El lugar silencioso se refiere a los retretes, espacio donde Peter (y otros muchos como él cuyos escritos cita) encuentra a lo largo de su existencia, en distintas ciudades, continentes y edades, amparo, refugio, silencio, tranquilidad, etc.

Si me hablan de retretes y llevándolo a lo literario no puedo dejar de pensar en Bolaño, en Auxilio Lacouture la cual en Los detectives salvajes y luego en Amuleto nos (re)cuenta cómo estuvo encerrada en los baños la Universidad Autónoma durante el asalto policial que terminaría en la matanza de Tlatelolco. Esa imagen de Auxilio sí la tengo grabada a fuego en mi cerebro, quizás porque lo que Bolaño me cuenta me interesa y ratos me fascina, mientras este ensayo, o lo que sea que sea este texto, de buena gana lo hubiera tirado por la taza del váter.

Quizás no haya sido ésta la mejor forma de abordar a Handke, de quien Vila-Matas destaca su minuciosidad. Aquí, en todo caso, sería la minuciosidad de la nadería.