Archivo de la categoría: Editorial Mondadori

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Autobiografía sin vida (Félix de Azúa)

La sociedad es en todos los sitios una conspiración contra la personalidad de cada uno de sus miembros.

Ralph W. Emerson

Como leía en El retablo de no, ante la realidad, ante este presente, podemos formularnos la siguiente pregunta: ¿qué es todo esto sino un gigantesco y rotundo “no”?. O bien, como sucede en uno de los ensayos de esta Autobiografía sin vida de Azúa, defender y gritar un “rotundo sí”, porque cada instante terreno es eterno y lo seguirán siendo siempre que no me dé por inmortalizarlos.
En esta particular autobiografía sin vida -pero muy vital-, Azúa hace un recorrido por los derroteros históricos desde las primeras manifestaciones artísticas pictóricas en la cueva de Chauvet hasta la edad moderna y el dominio de las pantallas. Están presentes Hegel, Duchamp, Goya, la poética y la poesía, la literatura y la filosofía del arte, Rimbaud, Eliot y Benet, los crucifijos escolares, el cristo agonizante arrumbado sobre un lecho de madera carcomido ya por el vacío, también la muerte del arte, Hölderlin, Rothko, James Lee Byars, Sófocles, los signos sustrayendo la realidad, la humanidad escindida de la naturaleza y convertida entonces en espectadora panóptica, que ve, crea, recrea y representa las naturalezas, ya muertas. El autor no olvida al Ario ni al Proletario, los baños de sangre del siglo XX, los genocidios, la razón de Estado convertida en una máquina de exterminio bien engrasada, Marat asesinado en una bañera y ya la muerte inmortalizada convertida en objeto de consumo, la mercancía doliente llamada turismo expandiéndose como un magma imparable por las calles de ciertas ciudades gramaticales italianas en contraste con las vitales ciudades francesas que palpitan entre el tráfago de los mercadillos anejos a las catedrales, novelistas del siglo XX a quienes les dolía la desaparición de la poesía, opugnando su prosa de escalador. Azúa plantea interrogantes y su discurso que no es nada halagüeño, me resulta realista, agudo y necesario. No ve la botella medio vacía. Ya se la ha bebido y ha tirado el caso en el contenedor de vidrios. Luego hay esperanza. Su prosa salutífera hace bien al espíritu y creo que también al cuerpo que requiere ahora -en este preci(o)so instante- obrar de flâneur a fin de rumiar lo leído, para volver y releer más adelante estos ensayos, cuando avance algo más en el Diccionario de las artes del mismo autor, que me ha venido muy bien para entender mejor lo que dice de Hegel, de Duchamp, así como ciertas ideas, que como lego en filosofía del arte me sitúan ante el umbral de un sinfín de puertas que tocar y espacios por recorrer jubiloso. Los hombres se procuran el habla dijo Sófocles. Tipo listo. Procurémonos nosotros a su vez buenos libros -como el presente- y que el destino nos haga -o deshaga- a su (tramp)antojo.

Literatura Mondadori. 2010. 168 páginas.

Félix de Azúa en Devaneos | Nuevas lecturas compulsivas

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La flor azul (Penelope Fitzgerald)

Antes de pasar a la posteridad como Novalis, el romántico Friederich von Hardenberg, se enamoró de una joven de doce años. No sabemos si Hardenberg se enamoró de la niña, del concepto del amor, de su juventud, de su inocencia, de su aura virginal o de todo ello. La narración no es erótica, ni hay ningún asomo de voluptuosidad. Lo que Hardenberg siente por Sophie es algo más platónico. La chica, como le hacen ver los allegados de él no tiene nada extraordinario, sino más bien una belleza distraída y la naturaleza de una niña de doce años. La autora, Penelope Fitzgerald (Lincoln, 1916) mediante capítulos muy breves nos presenta a Herdenberg, a su familia y sus innumerables hermanos, sus padres, sus amistades, el círculo de Jena, del que forma parte, y por ahí pululan Goethe, Fitche, lecturas del Robison Crusoe del Wilhelm Meister. De fondo, las consecuencias de la revolución francesa, el auge de Napoleón, los estertores del siglo XVIII. El ritmo de la narración es endiablado, sumamente ameno, la autora apenas se impone y su narración resulta límpida, subyugante y trágica. Personajes como Bernhard surgen y perduran con apenas dos trazos. Aquellos que conozcan algo de la vida de Novalis sabrán la mala suerte que corrió Sophie y buena parte de los hermanos de Novalis. Tras la muerte de su amada (Sophie muere al poco de cumplir los 15 años) Novalis sabe que tendrá una vida interesante (y desgraciadamente muy corta, pues murió a los 29 años), a pesar de lo cual, preferiría estar muerto, dice. La figura de Hardenberg antes de ser un poeta reconocido, fama que le vino tras morir Sophie, combinará su labor como poeta, con la de ingeniero empleado como director de minas de sal, algo que a él le resultará de lo más natural.¿Podría alguien que no fuese un artista, un poeta, comprender la relación entre las rocas y las constelaciones? se pregunta.

Mondadori. 230 páginas. 1998. Traducción de Fernando Borrajo.

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto unos enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Pinchando en los enlaces se puede acceder a las reseñas de los libros publicados por las mismas. Una lista que estoy seguro no dejará de crecer.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Alrevés
Anagrama
Ardicia
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Blackie Books
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta
Fórcola
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
KRK
La Discreta
La uña rota
Lengua de trapo
Libros del Asteroide
Los libros del lince
Lumen
Lupercalia
Malpaso
Minúscula
Muchnik
Nórdica
Paidos
Páginas de Espuma
Pálido fuego
Papeles mínimos
Paralelo Sur
Pasos perdidos
Penguin
Pepitas de calabaza
Periférica
Pez de Plata
Plaza Janes
Pre-Textos
Random House
RBA
Reino de Cordelia
Sajalín
Salamandra
Seix Barral
Sexto Piso
Siruela
Sloper
Talentura
Taurus
Trama
Trifolium
Tropo
Tusquets
Turner

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El principio (Jérôme Ferrari)

Con esta novela me ha pasado lo mismo que con la anterior que leí suya, El sermón sobre la caída de Roma, que no me gustó nada.

En esta ocasión Ferrari coge por banda a Heisenberg -que también aparecía en Limbo-, no el de la serie Breaking Bad, sino el famoso físico cuántico -que formularía el principio de incertidumbre-, y trata de meterse en la mente del mismo, empresa imposible que le permite a Ferrari abundar en las especulaciones e hipótesis.

Hay por ahí una novela que se llama el Enigma Heisenberg y esta novela trata de aclarar, sin conseguirlo, por qué Heisenberg cuando los nazis se aúpan en el poder y comienzan a hacer de las suyas no se exilia como otros científicos hicieron, quizás porque creía que la ciencia no tenía nada que ver con la política, y que su profesión estaba por encima del devenir histórico, lo que no impedirá que llegada el momento Heisenberg y otros científicos no quisieran colaborar en la creación de una bomba atómica que intuían los múltiples e irreparables daños humanos y materiales que podría ocasionar.

Lo interesante de la novela, y también muy manido es lo que tiene que ver con la reconstrucción histórica, sobre cómo cada uno reconstruye su pasado de tal manera que el que no fue un héroe, fue un resistente o en el peor de los casos, alguien afín al régimen nazi, pero a la fuerza, nunca voluntariamente, de tal manera que los asomos de mea culpa, ese nosotros hicimos esto o aquello, nosotros perpetramos esta barbarie o la otra -desde nuestro dejar hacer- enseguida se esconde bajo el grueso manto del olvido y la desmemoria, y al hilo de esto me gustó mucho más El comienzo de la primavera de Pron que aborda este tema de la autoimpuesta desmemoria, a mí entender con más profundidad y rigor, porque lo que Ferrari hace, lo que Ferrari demuestra, es tener muy buen olfato para buscar historias, aunque luego en la práctica esta mínima biografía ficcionada no vaya mucho más allá de ser un discurso simplón, reduccionista, que cuando da voz al joven filósofo -lo más flojo de la novela- demuestra la peor cara de Ferrari, donde va dando palos de ciego como un zahorí buscando el agua, soltando frasecitas a cuál más impactante y efectista, demostrando que este tipo de novelas -de ideas las llaman por ahí- no son más que pura pirotecnia verbal, que es indudable resultan llamativas e incluso pueden dar el pego.

Yo creo que después de esto y tras salir tres veces (Donde dejé mi alma) escamado después de leer a Ferrari, si hubiera una cuarta vez, ya sería preocupante.

Literatura Random House. 144 páginas. 2016. Traducción de Joan Riambau

Jérôme Ferarri en Devaneos | Donde dejé mi alma | El sermón sobre la caída de Roma

53 días

53 días (Georges Perec)

Georges Perec
Mondadori
Traducción: José Antonio Torre Almodóvar
1990
292 páginas

En este artículo Antonio Muñoz Molina hablaba sobre obras incompletas y fantaseaba con la posibilidad de trabajar durante años en un libro inacabado. A Georges Perec (1936-1982) la muerte le permitió que 53 días, la novela en la que estaba escribiendo, se convirtiese en uno de estos libros inacabados, abiertos.

La narración es un entramado policiaco, donde cuesta muy poco interesarse por la historia de la desaparición en la imaginaria ciudad africana de Grianta de Serval, escritor de novela negra a quien el Cónsul de la ciudad (en estado de excepción) trata de encontrar recurriendo para ello a un profesor de matemáticas, quien recibe del Cónsul un manuscrito de la novela que estaba escribiendo Serval y parece que pueda contener las claves de su desaparición.

De este modo, el narrador e investigador leerá esa novela inacabada, que le remite a otras novelas anteriores de Serval y cuyas tramas le permitirán ir atando cabos, desvelando enigmas, encontrando los juegos de correspondencias a fin de determinar si Serval está desaparecido y es suyo el cadáver más tarde encontrado o si el Cónsul se la ha jugado o si hay incluso una organización criminal detrás moviendo los hilos. Una investigación que le permite al narrador-investigador-lector a través de sus lecturas pergeñar una suerte de microensayo sobre cómo escribir novela negra.

Como lectores estamos a expensas del descubrimiento de nuevas pistas, y la historia se va embrollando cada vez más, a medida que el narrador descubre que esos 53 días del título son un homenaje a los días que necesitó Stendhal para escribir La Cartuja de Parma, novela que tiene mucho que aportar a lo que sucede.

Esta novela me lleva a preguntarme en qué medida un libro no deja de ser un texto codificado, de tal modo que a través de la lectura, de la descodificación, cada lector irá alcanzando un conocimiento distinto de la misma y cuánto de lo que un escritor despliega y empeña en su novela llega realmente a captar el lector, si entendemos la literatura como un todo, donde la imposibilidad de leerlo todo, convierten cada lectura, esta todavía más, en una imposibilidad, al tomar consciencia de cómo se nos escapan como arena entre los dedos, infinidad de juegos, chistes privados, referencias, correspondencias…