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Sergio Chejfec 
www.devaneos.com

5 (Sergio Chejfec)

Recién leía una entrevista que le hacían a Hernán Ronsino a cuenta de su última novela, Cameron, y en ella decía que la había escrito en una Residencia de escritores en Suiza. Después de leer la entrevista me quedé pensando cómo sería la vida de un escritor en una de estas Residencias para escritores, a qué dedicará el tiempo, en qué medida el estar allí recluido con un sólo objetivo ayudaría a su labor creadora o no (sobre esto siempre aconsejo leer el prólogo de Roberto Arlt a Los lanzallamas), de qué estatuto gozará en aquel limbo de espacio y tiempo, en fin, este tipo de cosas. Al poco, un par de días más tarde, me entero de que Chejfec publica libro. Voy a una librería del barrio y lo compro. Ejemplar número 224. No sé si es novela o son relatos o cualquier otro artefacto narrativo propio de Chejfec. La fe en literatura va de esto. Luego miro la contraportada y me entero de que el libro lo forman Cinco (escrita en 1996) y Nota (escrita en 2019). Cinco es un relato que Chejfec escribió en una Residencia de escritores. Nota es la explicación de cómo fue su estadía en dicha Residencia. ¿Curioso, no?.

Después de leer Cinco y Nota que juntos forman 5, no es que haya despejado ninguna duda, si es que las dudas son capaces de ser despejadas. Cinco, que podemos considerar un relato, pero que a mí me parece un novela, recurre a la fórmula del manuscrito encontrado. Así, el narrador, al que podemos llamar X, echa mano de los escritos de un tercero al que llamaré Y, para, alternando la primera persona (del que escribió el texto) y la tercera persona, cuando el narrador echa mano del cuaderno y lee lo que ahí pone -al tiempo que acota y subraya ciertos episodios- ir desgranando la vida de Y.

La narración es fragmentaria. Del olvido, en ese cuaderno, se sustraen episodios cruciales, como la muerte del padre de Y a manos de un rufián, un matarife que clausura de esta manera un comentario que debería de haberse saldado sin que la sangre hubiera llegado al río. Y es un don nadie, un paria, un indigente, quien desde el minuto cero ya avanza que “hoy ha comenzado el final“. Ese final lo esperará en la desembocadura de un río, en una ciudad con estuario, por la que flaneará sin formar parte de la comunidad hasta que Patricia entre en su vida y él en ella, y ella en él, como el río en el mar y viceversa, revolviendo las aguas interiores, de ambos.

Hay por ahí también un concepto, no recurrente, pero sí duplicado: la bondad. La que despliegan Patricia (que bien puede ser también María, una mujer que salva niños de morir ahogados en un arroyo) la panadera de la que se prenda Y, y la de un niño que decide acompañar a los marineros percudíos a los barcos a fin de que estos duerman la mona sin temer por sus vidas. Si la vida de Y es errática, la narración no lo es, pero elude mucho más de lo que brinda, y en estos casos uno se queda no insatisfecho pero tampoco complacido.

La Nota es bastante más extensa que Cinco y ahí Chejfec plantea (según las notas recopiladas en su cuaderno de tapas verdes) lo que podría haber sido su estadía en una Residencia de escritores (digo podría porque en la solapa se dice que es ficción), donde el poder municipal que gestiona la Residencia asemeja un Gran Hermano que parece controlarlo todo, el escritor parece una marioneta que solo sirve para cantar las glorias, cual cronista, de la ciudad donde se ubica la Residencia (que no se nombra, porque todo es metáfora de) y el narrador va y viene con el andariego director de la residencia, emplea su tiempo con conductores de autobús muy versados en materia literaria y se acaramela junto a la secretaria del centro leyendo juntos El mar de las Sirtes de Gracq.

Cuando leo los textos de Chejfec, como esta mezcla de narración y ensayo (No entiendo cómo los hambrientos no se abalanzan de inmediato sobre aquello que necesitan, el alimento, sin atender a que les pertenezca o no. ¿Qué detiene al necesitado y no al codicioso?), me lo imagino poniendo cargas explosivas a medida que avanza, con idea de dinamitar lo escrito, o en menor medida, disolverlo, porque apenas encuentro nada que retener ni fijar en mi memoria, más allá de experimentar el clímax de la narración, lo sugerente de la propuesta, ante una prosa inasible que me causa extrañamiento y que quizás no sea oscura, pero ante la que no corre tampoco uno, creo, el riesgo de deslumbramiento.

Sergio Chejfec en Devaneos

La experiencia dramática
Últimas noticias de la escritura

Lecturas 2018

Esta es la relación de los libros que he leído y reseñado en 2018. Una acertada selección de las lecturas me ha permitido sustraerme -y a su vez desafiar los preceptos délficos: ya saben, aquello de “Nada en exceso“- a uno de los grandes riesgos que corremos los lectores compulsivos: el empachamiento.

Feliz año y felices lecturas.

Ecce homo (Friedrich Nietzsche)
Un verano con Montaigne (Antoine Compagnon)
Algo va mal (Tony Judt)
Nuevas lecturas compulsivas (Félix de Azúa)
El silencio de los libros (George Steiner)
De una palabra a otra: Los pasos contados (Octavio Paz)
Fragmentos (George Steiner)
Nostalgia del absoluto (George Steiner)
Autobiografía sin vida (Félix de Azúa)
Hyperion (Friederich Hölderlin)
Parad la guerra o me pego un tiro (Jacques Vaché)
Los Muchos (Tomás Arranz)
Breve historia del circo (Pablo Cerezal) Sigue leyendo

André Kertesz

Sumun 2018

Entre los libros publicados y reeditados en el 2018 (de años anteriores hay muchos estupendos como Grita, El amor es más frío que la muerte, Invierno, La mucama de Omicunlé, La saga fuga de J. B., Un tiempo para callar, El mago, Iluminaciones, El Horla, Vidas escritas, Las retrasadas, Una comedia ligera, Huracán en Jamaica, El pie de la letra…), aquellos cuya lectura más he disfrutado y que van a engrosar el Sumun 2018, de estos Devaneos librescos míos, son estos:

www.devaneos.com Sumun 2018
sumun3

1-Escarcha (Ernesto Pérez Zuñiga)
2-Ordesa (Manuel Vilas)
3-Lectura fácil (Cristina Morales)
4-Biblioteca bizarra (Eduardo Halfon)
5-La paciencia de los árboles (María Sotomayor)
6-Memorias. Mi vida con Marina (Anastasía Tsvietáieva)
7-El silencio y los crujidos. Tríptico de la soledad (Jon Bilbao)
8-Llega el rey cuando quiere (Pierre Michon)
9-Maupassant y el otro (Alberto Savinio)
10-El reino (Gonçalo M. Tavares)
11-Impón tu suerte (Enrique Vila-Matas)
12-Predicciones catastróficas (José María Pérez Álvárez)
13-Permafrost (Eva Baltasar)

Felices fiestas y mejores lecturas.

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Biblioteca bizarra (Eduardo Halfon)

Heteróclito y muy apetecible (lo edita Jekyll & Jill, así que está todo dicho) y godible artefacto narrativo este que nos ofrece Eduardo Halfon, bien conocido por estos pagos literarios.

El texto explicita el amor de Halfon por los libros, como buen bibliófilo, al hilo de lo cual dedica un apartado a hablar de distintas bibliotecas, y esto me recuerda al libro de Marchamalo, Tocar los libros, como cuando aborda esas bibliotecas particulares de varios miles de ejemplares, como la de Eco, ante las cuales siempre surge como espectador la inevitable pregunta ¿te los has leído todos?, que da pie para respuestas de lo más ingeniosas. En esa miríada de bibliotecas, entresaco La biblioteca mojada, entre otras cosas porque el protagonista es un tal doctor Sancha, un riojano con el que Halfon pasea por la calle Laurel y siendo uno oriundo de Logroño el texto me resulta sorprendente.

Otras páginas son recuerdos de Halfon. Unos tienen que ver con su padre, que ya abordó al detalle en Saturno, como su acto de desobediencia filial en su adolescencia, al no estar Halfon por cumplir con los ritos judios tradicionales. En otros se menta a su abuelo, que ya aparecía en los relatos de Signor Hoffman, o se desgranan otros recuerdos como se hacía en Monasterio.

Reflexiona Halfon sobre la escritura y la memoria. Escribir es volver atrás, poner en pie los recuerdos, rellenar los huecos, “Tras beber simultáneamente de los ríos Lete y Mnemósine, narramos nuestros lugares infantiles desde un punto intermedio entre el recuerdo y el olvido“.

Otro capítulo lo dedica Halfon a su inmimente paternidad (viene al caso hoy que es el día del padre)
La paternidad Halfon
Sentimientos, los que manifiesta Halfon que me recuerdan a otros parejos de Pablo Cerezal en Breve historia del circo.

Halfon nos cuenta sus inicios como escritor, su poco gusto por la lectura hasta pasada la treintena que le llega la iluminación, el leer compulsivo, el enamorarse de las palabras, el aprender a escribir, el ser un lector exigente, el comenzar a publicar. Recuerda a los escritores guatemaltecos que se han visto obligarse a exiliarse: Miguel Ángel Asturias, Augusto Monterroso, Carlos Solórzano, y cómo él mismo se tuvo que ir (un partirse por la mitad) como un día un fulano se plantó en su casa dejó un arma sobre la mesa y se puso a contarle lo mucho que adoraba a Hitler, pues era mejor no andar hablando demasiado y no hablar, opinar, escribir y en caso de hacerlo censurarse, para no causarse problemas.

Me ha gustado mucho la anécdota del laureado Antonio Di Benedetto compitiendo en un certamen de relatos con otros jóvenes que hacían sus pinitos, como Bolaño.

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Incertidumbre (Paco Inclán)

El autor, Paco Inclán (Valencia, 1975) ofrece crónicas desde lugares remotos como Islandia, Chiloé, Guínea Ecuatorial o de otros más próximos como Formentera, el Sahara, Braga o Irlanda. Crónicas en las que el autor dejando de lado los datos que podemos encontrar en cualquier guía de viaje o la Wikipedia de turno ofrece su “testimonio” (a no ser que a lo Kapuściński haya ciertas licencias a la ficción en estas crónicas, aunque a fin de cuentas lo que hay que enjuiciar es la creación literaria que Paco erige en esta Incertidumbre y que dicho sea de paso, leyendo estas crónicas, me parece que el término Incertidumbre tiene pegada como título, pero resulta vacío si no se sustancia, cuando además y como dijo José María Pérez Alvárez en su Cabo de Hornos, sin estos imponderables e incertezas la vida sería tan aburrida como una sesión parlamentaria) en su pas(e)o por esos lugares, en donde lo que se nos ofrece, más allá de lo objetivo- y este es el valor y meollo, creo, de un libro de estas características- es lo que se filtra a través de los ojos y alimenta los derroteros mentales del reportero en su aprehensión del paisaje y del paisanaje.

De las crónicas leídas, su visita al norte irlandés le permite a Paco transmitir bastante bien como no hace falta un muro para separar a aquellos que no son bienvenidos en según qué lugares, como Armagh, cuando motivos políticos y religiosos dividen y enfrentan a la población.

Cuando menos pintoresca es también la figura de un español (que jura más que habla) en su día a día con los guineanos, en una comunidad crítica con el régimen de Obiang. Una integración la suya, muy peculiar.

Hay otras narraciones como la del Sahara, que van poco más allá de la anécdota.

En Formentera, Paco, mezcla a Julio Verne, con el cruising, y su posible homosexualidad para dejarlo todo en manos de Foucault, o no.

La historia de Paulino Cubero, tiene mucho potencial, pero desgraciadamente la crítica se queda ahí en la superficie, en el titular.

Lo religioso, al menos como reliquia, también tiene su espacio (que incluye en el mismo a Miguel de Unamuno) cuando Paco se va a Braga buscando el brazo menos conocido, el derecho, de San Vicente Mártir.

Chiloé le sirve a Paco para definir el término munificencia, cuando unos anfitriones lo agasajan con tal exceso de viandas y espiritosos que su estómago se vengará vomitándolo todo y cuyo final parece propio de una película de terror, en la que el protagonista parece no poder escapar de sus captores.

En Islandia, el no leer bien en inglés un verbo le ofrecerá a Paco la oportunidad de jugarse la vida conduciendo por esas carreteras que son como pistas de hielo y vivir momentos hilarantes junto a unos jóvenes frikies que andan viviendo o recreando las historias leídas por el pope de las letras islandesas.

La lectura me ha deparado unas cuantas risotadas, pero poco más, pues lo que Paco ofrece creo que se agota al poco de ser leído, pues apenas hay gravedad en el texto, y me resulta todo tan ligero y evanescente como fungible.

La segunda parte del libro: “Hacia una psicogeografía de lo rural” me ha resultado más interesante. Como se ve, la mejor red social es el cotilleo. La mejor publicidad -en esta sociedad o saciedad del espectáculo- es la televisión o la prensa, que reconvierten al forastero sospechoso en famosete al que arrimarse. Aquí Paco se va a las afueras de Vigo a Valladares y allí morando en un contenedor (proyecto avalado por el Museo Reina Santa Sofía) se dispone a conocer a las gentes del lugar, convertido en esponja, en antena, en folio en blanco, en un sin par escuchante; una apuesta antropológica o artística que se ve mermada a medida que pase a formar parte de la comunidad, y al no haber ya distanciamiento ni perspectiva, nada haya que contar y pasado un trimestre -aunque dejarse llevar suene demasiado bien- toque dejar Vigo y cambiar de aires.

Jekyll & Jill. 2016. 212 páginas.