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Cuerpos del rey (Pierre Michon)

Hace algo más de seis años leí El origen del mundo de Pierre Michon. No lo disfruté y después de haber leído y disfrutado sin tasa de otros libros de Michon como Llega el rey cuando quiere o Mitologías de invierno. El emperador de Occidente, me impondré una relectura.

El presente libro publicado en 2006, con la traducción, siempre sobresaliente, de María Teresa Gallego Urrutia, agrupa Cuerpos del rey y Tres autores. Los tres autores son Faulkner , Balzac y Cingria, del que si no me equivoco no se ha traducido nada al castellano.

Las semblanzas de Michon me recuerdan a las que hacía Javier Marías en Vidas escritas. El meollo son las palabras que Michon dedica a Faulkner, su padre tutelar, aquel que le sitúa en el camino de la escritura, el padre del texto, tal que sin Faulkner quizás no hubiera existido el Michon escritor.

La escritura viene a ser una especie de magia, de alquimia, si se quiere, en la que alguien normal es capaz de alumbrar un texto escrito inmortal, imperecedero, mítico, hete ahí los dos cuerpos del rey. Pensemos en Shakespeare, Cervantes, Proust, Joyce, Balzac, Flaubert, Beckett… incluso del propio Michon si la inmortalidad lo pusiera en nómina.

Puedo transcribir aquí un buen número de párrafos, los múltiples hallazgos con los que uno se va topando a medida que holla el texto, pero es mejor no desvelar nada, sí apuntar que Michon consigue con su escritura, marcada por una brevedad insondable, una especie de salmodia y encantamiento en el lector cómplice con estos ensayos deliciosos.

Al igual que Michon dice de Faulkner que sus textos, sus preguntas, son su vida misma, a veces, las menos, ante un autor uno encuentra las respuestas a muchas preguntas, un lenguaje en el universo michoniano que es amparo y liberación.

Cuerpos del rey. Pierre Michon. 2006. Traducción de María Teresa Gallego Urrutia. 160 páginas.

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Sangre en el ojo (Lina Meruane)

Antes de acometer la lectura de Sistema nervioso de Lina Meruane decido leer un libro anterior, Sangre en el ojo, y lo hago a la par que Degenerado, de Harwicz, otra que tal baila. Había leído anteriormente
de Meruane su Fruta podrida, a la cual no le saqué mucho jugo. Allá también abordaba el tema de la enfermedad.

!!!Luz, más luz!!! podría clamar goethianamente la narradora de la novela, que atiende al nombre de Lina, cuando comienza a perder la vista. Esa anomalía es el meollo de la novela. Los días se convierten en un vía crucis, una penitencia. Ignacio, a su lado hace lo que puede. Para el costalero la procesión va por dentro, así también Lina, que durante dos años se pone en manos de un oftalmólogo que tratará de hacerla ver.

Lina vuela y retorna desde Nueva York a Santiago de Chile. Allá sus padres, los recuerdos, la memoria aciaga y a ciegas; los reproches, el nido familiar crepitante, las escenitas maternales, las discusiones, la pareja haciendo funambulismo sobre un futuro desvelado, la familia, los afectos y sus atributos, en suma. En esto la novela me trae en mientes Madre mía de Florencia del Campo.

No hablaría aquí de etéreo aliento poético, sino de tórrido aliento en el rostro, de picotazos en las pupilas, al leer, porque Meruane (en estas 190 páginas, de esta suerte de diario de la enfermedad) es gráfica, explícita, visceral. Ese es su estilo, su ofrenda: un plato de gusanos: nuestro yo diferido.

Caballo de Troya. 2012. 190 páginas

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Degenerado (Ariana Harwicz)

Hace algo más de seis años leí Matate, amor de Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977). Degenerado su última novela publicada recientemente creo que guarda relación estilística con la anterior.

A Ariana le gusta tensar la cuerda, llevar las cosas al límite, alimentar sus narraciones de delirio, irreverencia y sordidez. En Degenerado el protagonista es un hombre mayor al que le achacan la violación y asesinato de una menor en una aldea de Francia. El acusado se defiende ante el estrado, deja en suspenso cualquier moralidad, echa pestes de cómo se gestiona hoy el deseo (sexual), de forma penosa, maligna, perjudicial, según él y en sus pensamientos y reflexiones aborda temas como el incesto, la pederastia, la zoofilia, todo aquello censurado y reprobado por la sociedad y que él asume con la normalidad de un deseo que busca ser saciado de cualquier modo y manera, lo cual nos abocaría a una bestialidad en consonancia con la repulsiva portada de la novela.

Nada justifica nada, nos dice, pero de aquellos polvos estos lodos podemos pensar, pues todo viene de atrás, de la relación tormentosa con sus padres polacos; actos barbáricos de su progenitor, episodios incestuosos con su madre, su infancia como pianista truncada por partida doble, y luego la guerra, el desamparo, la vida nómada; ningún referente, ningún código, un crecer pisando espinas, un horizonte con la piel de concertinas, todo campo abierto, en definitiva, en el que abismarse y caer, como la lluvia ácida, al final, en Francia.

No cabe empatía con el atormentado narrador (que no parece necesitarla, basta con que no le chorreen con la animadversión ajena), con su desgracia o tragedia, si nos lo jalamos como si fuera un víctima -pues como tal se nos ofrece, como un inocente convertido en el chivo expiatorio de una sociedad enferma, desalmada e hipócrita-, pues se sitúa en un punto ciego, o en un bruma, en donde ésta no parece posible gestarse, ante un explicación densa, laberíntica, fragmentada, astillada, que convierte la lectura en un ir arrastrándose por la arena de una playa desierta, a duras penas (a pesar de que el libro son tan solo 124 páginas), siguiendo el soliloquio de alguien al que le cuelgan la etiqueta de monstruo y al que quieren ver socarrado en una silla eléctrica y al que parece interesarle más que proclamar su inocencia, arrojar luz sobre su vida, para así entenderla y entenderse. Sacándose así lustre como una pieza “defectuosa” más de nuestro infausto siglo XX.

Ariana Harwicz sigue metiendo en cada novela los dedos en los ojos del lector, hurgándole en todos sus orificios. Rimbaud gana, la caja pierde.

“Escribir no prueba nada del hombre que escribe. Lo que se escribe uno no lo escribe. Escribir no es vivir. Vivir no es nada.”, nos dice su personaje. Me pregunto qué hay de Ariana en Matate, amor, La débil mental, Precoz, Degenerado. Quizás solo la mano de una de las escritoras de ficción para mí más sugerentes en la actualidad.

Anagrama. 2019. 124 páginas

Lecturas periféricas

Distancia de rescate de Samanta Schweblin (Buenos aires, 1978)
Seres queridos de Vera Giaconi (Montevideo, 1974)
Nefando de Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988)
Temporada de huracanes de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982)
La condición animal de Valeria Correa Fiz (Rosario, 1971)
Fruta podrida de Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970)
Wakolda de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976)
La visita de Mariana Graciano (Rosario, 1982)
El matrimonio de los peces rojos de Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973)
La dimensión desconocida de Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971)
La mucama de Omicunlé de Rita Indiana (Santo Domingo, 1977)
La perra de Pilar Quintana (Cali,1972)
Los mejores días de Magalí Etchebarne (Remedios de Escalada, 1983).

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The Game (Alessandro Baricco)

I

Sentado en la terraza de un bar próximo a O Grove trataba de leer haciendo frente a una agresión sonora. Un crío en la mesa de al lado escuchaba un vídeo en su móvil al máximo de volumen. Pensé en decirle algo pero antes de ello reparé en el muchacho. No tendría más de once años, espatarrado sobre la silla de plástico seguía las instrucciones en el que alguien explicaba cómo hacer vídeos virales. Otro crío, algo más joven, de unos ocho años entabló conversación con él y allá salieron los nombres de unos cuantos influencers. Pensé en mi generación: el futbolín, las canicas, los cromos, el billar, los partillos de fútbol, las cadenetas, los polis y cacos… Viendo a ese niño abismado en la pantalla del móvil, sustraído a todo lo demás, ajeno a cualquier clase de aburrimiento, mi gesto adoptó semblante interrogante. En mi auxilio vino el libro que trajinaba en ese momento, The Game de Alessandro Baricco.

En ellos percibíamos una intensidad, un sentido, una fuerza que por el contrario comparadas con las que recordábamos haber tenido en dotación a su edad, parecían bastante espectaculares.

II

Cuando has leído y disfrutado Los bárbaros algo te impele a leer The Game. Es como la segunda parte de una saga a cuyo visionado no puedes sustraerte. Baricco nos ofrece en The Game un mapa de cómo ha sido la gestación y el alumbramiento del mundo digital en el que nos vemos inmersos y también inmensos, podíamos añadir. Lo llama The Game porque para él todo esto tiene una presencia lúdica, la propia de un juego. Según cuenta la experiencia del siglo XX es la de un siglo negro, con dos guerras mundiales y otras tantas civiles, podemos añadir. Esa experiencia nefasta lleva a la posexperiencia (donde no hay ya mediación, lo cual supone el ocaso de los sacerdotes, si bien la mediación aún perdura en la educación (maestros), la sanidad (doctores); la insurrección digital llevaba en su seno la pretensión no expresada de que la experiencia pudiera llegar a ser un gesto rotundo, hermoso y cómodo. No la recompensa a un esfuerzo, sino la consecuencia de un juego, una experiencia que no era ofrecida por un mediador y que ahora quedaba en libertad sobre la superficie del mundo), en donde las presentes apps ya no son mediaciones para sus usuarios, sino articulaciones de su forma de estar en el mundo), hacia un mundo donde prima el movimiento: hemos llegado al punto de valorar las cosas por su capacidad de albergar o generar movimiento, donde se piensa en el mundo a nivel global, y ahí están aplicaciones planetarias como Facebook, herramientas usadas por miles de millones de personas, que permiten unirlas. Un escenario en el que circulan con fluidez mapas (Google), mercancías y documentos. La realidad es ahora un movimiento de rotación: una cíclica migración de los hechos a través de los dos polos, el mundo y el ultramundo, los dos corazones de un mismo organismo: la realidad.

Los que nacimos a mediados de los setenta, los que no somos nativos digitales, estuvimos ahí presentes cuando nació internet, la web (creando una copia digital del mundo, que cambiaría irreversiblemente el formato del mundo, aboliendo las fronteras, con la idea de ponerlo todo en movimiento) enviando los primeros correos electrónicos, navegando con Excite, con Altavista, luego todo se precipitó y pasamos de los teléfonos móviles que servían para enviar y recibir llamadas, a convertirse en ordenadores portátiles, vimos el nacimiento de Google, de Amazon de las redes sociales y la colonización física del ultramundo. Baricco explica cómo se pasó de jugar al futbolín, al millonario (Pinball o máquina de bolas), y luego al Space Invaders: inmaterial, gráfico, indirecto. El cual tiene ya en su interior el infinito. Se crean herramientas que si no son juegos lo parecen. Videojuego que supuso el comienzo de todo y configuró la imagen del hombre-teclado-pantalla. De ahí se pasaría al ordenador personal, idea muy peregrina entonces, pues no se veía qué podía hacer un particular con un cacharro así en casa. Para Baricco cuando Steve Jobs presentó el teléfono táctil en 2007 todo cambió. Una presentación en la que primaba la diversión, lo entretenido, lo lúdico, lo festivo: The Game. La pregunta que vale hacerse es por qué se llegó a esto. Se llegó porque en el horizonte se vislumbraba algo parecido a una tierra prometida, a la que se llegó a resultas de una revolución tecnológica consecuencia esta de una revolución mental de la que procede todo.

Hemos visto cómo luego la música se volcaría en internet primero con Napster ahora con Spotify y cómo la presencia de las redes sociales dinamitarían las elites (y crearía otras) para que cada individuo pudiera proyectarse en internet y fomentar así su yo. Habla Baricco del invididualismo de masas, que lleva al egoísmo de masas (Cuando millones de personas se ponen a caminar en dirección contraria ¿cuál es la dirección correcta del camino?, el Game se ha convertido en la grandiosa incubadora de un individualismo de masas que nunca habíamos conocido, que no sabemos cómo tratar y que nos pilla esencialmente sin preparación), y constata como movimientos como el M5S (que aportarán la idea de una democracia digital, para quienes internet ha de ser un derecho fundamental) acaban pactando con la extremaderecha, pues no parece que detrás de todo esto haya ninguna ideología o creencia (Es el laicismo –total, irremediable, a veces terrible- de los padres del Game, más allá de ampliar la libertad de cada cual y permitirle que la realidad sea ahora la combinación de dos fuerzas motrices (mundo y ultramundo), lo que forma parte de nuestro día a día, aquello inamovible y lo que forma parte de nuestra proyección digital y todas las herramientas que la facultan y que nos permiten expansionarnos, aquello que Baricco denomina Humanidad aumentada. Un aspecto clave de lo digital es su ligereza, su superficialidad en contraste con lo anterior que era más grave, más pesado, más pétreo. Parece que ya no hace falta memorizar nada sabiendo que todo está ahí en la nube. La pregunta que vale hacerse es si todo esto nos hace más estúpidos o más inteligentes. Lo cual guarda relación con la naturaleza de lo que llamamos experiencia, y cómo ésta va mutando entre los nativos digitales, víctimas de la inmediatez, el multitasking, al abrigo y a la caza del movimiento, de la vibración, el alma, en definitiva, pasando del gesto de antaño al movimiento de ahora.

Son una élite intelectual de nueva especie, vagamente humanista, donde la disciplina del estudio ha sido sustituida por la capacidad de unir puntos, el privilegio del saber se ha disuelto en el de hacer y el esfuerzo de pensar en profundidad se ha invertido en el placer de pensar rápido.

Baricco presenta y desarrolla los capítulos de forma tan juguetona como amena, ya saben: Username, Pasword, Play, Maps, Level Up. Presenta mapas que permiten ver la evolución de lo digital, analizar las ruinas de lo que fue el mundo que conocimos, y posibles mapas que nos depararán el futuro, a través de la inteligencia artificial, lo cual seguramente forme parte de una tercera entrega, cuando toque, que leeré gustoso, pues Baricco logra darle a sus ideas, con un aliento épico, un sentido muy literario, gráfico, mundano, compartiendo sus dudas, temores, prejuicios, descubrimientos, preguntas (este ensayo como respuesta(s)), su incertidumbre y así escribe, ensaya y nos ilumina, nos ofrece mapas, a sabiendas de que solo ofrecen luz sobre una parte de la realidad, siempre inasible, en mutación y su empeño es valioso tanto como lo es su capacidad para arrojar algo de luz en la exposición de sus ideas, en tratar de buscar un propósito y un sentido a la insurrección digital (que desmantelaba las mediaciones y favorecía el movimiento, que trataba, no de cambiar la naturaleza de la gente, sino de cambiar las herramientas, las técnicas que la misma utilizaba) o revolución digital (el autor se pregunta de qué estábamos huyendo cuando enfilamos la puerta de una revolución semejante, ¿de qué muerte estaban huyendo cuando decidieron vivir de esta forma nunca vista?, qué clase de hombre inventó el Smartphone?, si lo hizo para escapar de una prisión, responder a un pregunta, acallar un miedo, en un libro que es carnaza de subrayado, que pide ser manoseado y exprimido a conciencia, que al contrario que los artefactos digitales no se quedan sin batería, ni precisan de wifi, que se accede a ellos en cualquier momento, en cualquier ocasión, en un plisplás, ya.

III

Habla Baricco al final de su libro de salvar la identidad de la especie, de preservar aquello que nos hace humanos, de que no habrá en el futuro nada más valioso que todo lo que haga sentirse humanos a las personas.

Uno percibe a diario en todo lo digital cierto ensimismamiento y aislamiento en los usuarios de las múltiples apps que tenemos a manos en los móviles, de tal manera que toda esa creciente oferta tecnológica que nos conecta con el ultramundo nos aísla a menudo del mundo, perdiéndonos o descuidando el contacto visual, físico, las sonrisas, las miradas, las caricias, las lágrimas, todo aquello que lo humano conlleva, atesora y nos caracteriza.

Que esa fuerza motriz nunca deje de serlo, porque entonces la humanidad como tal, si decide a quedarse a vivir en el ultramundo, creo que habrá fracasado.

Formas de estar y amar en el Mundo.

Formas de estar y amar en el Mundo.

The Game. Alessandro Baricco 335 páginas. 2019. Traducción de Xavier González Rovira

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Los mejores días (Magalí Etchebarne)

Los mejores días, libro de relatos de la argentina Magalí Etchebarne (Remedios de Escalada, 1983), editado por las afueras supuso su debut en la escritura, un debut sorprendente por el manejo y la soltura con la que Magalí se desenvuelve, pues a pesar de que nos pueden venir ecos de otras lecturas suena, y bien fuerte, como una voz propia, en la que los relatos que nos ofrece o regala, porque son un regalo para el lector, se aborda aquello tan inasible, a veces insano y tan difícil de ahormar como es el amor en pareja, cuando el otro es un pendejo, cuando media la infidelidad la incertidumbre la desazón la certeza de meterse en la boca del lobo, a sabiendas, o a inocencias, mientras se transita esa tierra media que va del enamoramiento al esposamiento con los inmanentes cambios de humor estados de ánimo venadas, cuando se pasa del ¿me quieres? a preguntarse en la pareja (en Capitán) quién de los dos morirá primero (esto me recuerda a Ruido de fondo), cuando el amor siempre proteico se vuelve rudo salvaje tormentoso feroz impetuoso irrefrenable, cuando la vida es algo palpitante irrigado como un pene en su cénit, más fulgurante que luctuoso y ofrecen las horas la fundación de cada día emoción vaivén; Magalí trufa cada relato de hallazgos, de momentos felices y alados para el lector que no se verán clausurados por un punto y final, sino que víctimas de su propia inercia serán ya semilla y fruto. Personajes, personas que se aman como amaba la gente en el pasado, leo. Un amor que como la energía ni se crea ni se destruye solo se transforma y muda en cada relato, ya sea en el seno de la pareja o en el ámbito familiar, amor como hilos o maromas, sostenes y sogas.
Ocho relatos (Como animales, La nuez de Adán, Que no pase más, Buena madre, Cosita preciosa, Jinete inexperto, Tsunami, Capitán) a los que Magalí instila el misterio, la magia del lenguaje, pasto de la sugerencia y poco importa ya Ítaca, al imponerse el durante (en el que mecerse, estremecerse y solazarse) a la arribada.