Archivo de la categoría: Gredos

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que no deja de crecer y que ya supera la centena de editoriales.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Altamarea ediciones
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Bala perdida
Balduque
Barataria
Base
Belvedere
Berenice
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carmot Press
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
e.d.a
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta>
Fórcola
Franz Ediciones
Fulgencio Pimentel
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gatopardo
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Hueders
Huerga & Fierro
Hurtado & Ortega
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
KRK
La Discreta
La Navaja Suiza
La uña rota
Las afueras
Lengua de trapo
Libros de Ítaca
Libros del Asteroide
Los libros del lince
Lumen
Lupercalia
Malpaso
Mármara ediciones
Minúscula
Muchnik
Nórdica
Olañeta editor
Paidos
Páginas de Espuma
Pálido fuego
Papeles mínimos
Paralelo Sur
Pasos perdidos
Pengüin
Península
Pepitas de calabaza
Periférica
Pez de Plata
Plaza Janes
Playa de Ákaba
Pregunta Ediciones
Pre-Textos
Random House
RBA
Reino de Cordelia
Sajalín
Salamandra
Seix Barral
Sexto Piso
Siruela
Sloper
Stirner
Talentura
Tandaia
Taurus
Témenos
Trama
Tránsito
Tresmolins
Trifoldi
Trifolium
Tropo
Tusquets
Turner
WunderKammer

Esquilo

Prometeo encadenado (Esquilo)

Esta tragedia de Esquilo tiene como personaje principal a Prometeo, aquel Titán que robó el fuego a los dioses para dárselo a los humanos. Un fuego que es metáfora de las artes, de la razón en definitiva, de todo aquello que le permitió al hombre, salir de la oscuridad, dejar las grutas y progresar en pos de la civilización.

A Prometeo, Zeus se la tiene jurada y lo castiga confinándolo a una recóndita región Caucásica, aherrojándolo a una roca. El caso es que Prometeo, se mantiene en sus trece, defiende lo que ha hecho, no se aboca a la debilidad ni a las demandas del dios Hermes, mensajero de Zeus, y además Prometeo está convencido oracularmente de que Zeus algún día perderá su cetro. Vista la determinación del titán, aquello acaba mal, con el coro y Prometeo camino del abismo.

Por medio de la narración hay momentos hilarantes como ver a Ío -de quien Hera está celosa, pues Zeus se ha encaprichado de ella-, dotada de testa cornífera vagando sin parar por los confines de la tierra.

Esta obra formaba parte de una trilogía, pero al ser la única que se ha conservado, no sabemos cuál hubiera sido la suerte definitiva de Prometeo. Se duda de que esta tragedia sea obra de Esquilo, aunque los entendidos afirman que no hay pruebas para dudar de la paternidad de Esquilo.

Editorial Gredos. 2010. 96 páginas. Bernardo Perea Morales.

www.devaneos.com

Medea (Eurípides)

Medea es el espíritu de la contradicción: la pugna feroz entre la razón y el instinto. En este caso Medea no puede dar su visto bueno a que su marido Jasón la expulse de su lecho para poner en su lugar a otra mujer, a Glauce.

Medea ve que la mejor manera de aniquilar a Jasón es servirse de sus hijos, matándolos y de paso acabar también con Glauce y con su padre Creonte.
Medea se debate entre hacerlo o no, y al final vence su instinto asesino, su ansia de venganza, pareja a la Electra sofoclea.

Si leemos la prensa o vemos los telediarios -reducidos a poco menos que una concatenación de hechos escabrosos- veremos que servirse de los hijos para hacer daño al otro cónyuge, es práctica habitual, y que incluso hay quienes obran como Medea. Resulta la lectura tan terrible y espeluznante como real.

Si en Sófocles ya leímos parricidios, matricidios, suicidios…, con esta obra de Eurípides, hemos de añadir a los ingredientes de la tragedia griega el infanticidio.

Medea es otro clásico teatral, que no pasa de moda.

Lo curioso, tanto en las tragedias de Eurípides, como en las de Sófocles, y en las tragedias griegas de cualquier otro autor, es que la estructura es casi fija, y lo que varía es el enfoque que le da el autor, y el tratamiento que hacen de un mismo mito, que a menudo se repite, como sucede por ejemplo con la Electra de Sófocles y la de Eurípides.

Gredos Editorial. 2010. 96 páginas. Traducción de Alberto Medina González.

Sófocles

Áyax (Sófocles)

Áyax guarda similitudes con Antígona. Si ésta no podía enterrar a su hermano Polinices por orden de Creonte, aquí es Menelao y Agamenón los que quieren dejar insepulto el cuerpo sin vida de Áyax, el cual al ver que las armas de Aquiles van a parar a Odiseo en lugar de a él, se trastorna y mata unas reses cuando cree estar ajusticiando a Odiseo y los suyos, cual don Quijote embistiendo molinos. Cuando vuelve en sí, Áyax, decide quitarse la vida con la espada que le dio Héctor, durante la conquista de Troya, y no le sirve como freno el dolor que causará a su padres, a su mujer, a su hijo, a su hermanastro… Áyax está decidido a morir y solo a través de su aniquilación encontrará, cree, la calma. Teucro, hermanastro de Áyax, tras el fatal desenlace defiende su empeño en enterrar a Ayante, con escaso éxito, y será la aparición de Odiseo, el rico en ardides, el que inclinará la balanza a su favor, a pesar de su rencor mutuo y su enemistad manifiesta, Odiseo cree que se debe enterrar a Áyax y que este reciba entonces los honores que merece por parte de los suyos.
Curioso ver cómo una diosa, Atenea, se inclina por Odiseo, lo cual, supone la perdición de Ayante, al enloquecerlo. El suicidio en las tragedias de Sófocles son una constante (no) vital. La lectura previa de la Ilíada me ha hecho disfrutar esta obra en mayor medida.

Finalizadas de leer las siete tragedias sofocleas, ahora es el turno de Eurípides y de Esquilo.

Sófocles

Las traquinias (Sófocles)

En La muerte de los héroes, Gual dedicaba un apartado a la muerte de Heracles, de la cual dice que no conoce un final más trágico en la literatura antigua: el héroe que regresa cae en la trampa tramada por su enemigo y lleva a una muerte inesperada y horrible a la mujer que él amaba, a la que él salvó y que le quería también de todo corazón, impulsada ingenuamente por el ansia de conservar su amor.

En Las Traquinias, Heracles acaba en una pira, pidiendo encarecidamente a su hijo Hilo que le dé candela y acaben así sus sufrimientos. La tragedia acaba ahí, aunque Zeus premió el heroísmo de su hijo haciéndolo inmortal, trasladándolo al Olimpo.

En la tragedia tenemos un suicidio, el de Deyanira, al comprobar cómo el centauro Neso -que muere cuando intentaba violarla-, se cobra su venganza después de muerto, pues antes de morir, engaña a Deyanira ofreciéndole a esta un ungüento que haría que Heracles sintiera una pasión irrefrenable hacia ella, pero que llegado el momento, cuando Heracles regresa y se trae como trofeo a la joven Yole (recordemos que Agamenón viene también del frente con la princesa Casandra como botín (que tan bien recoge Eurípides en su obra Hécuba -madre de Casandra-, al tiempo que debe ésta ofrecer a otra hija suya, Políxena, para ser degollada junto al sepulcro de Aquiles), y cómo, su mujer, Clitemnestra también despechada, más que hacer por cautivarlo, lo ultima a hachazo limpio), y Deyanira quiere hacer sentir en su marido el aguijón de la pasión, lo que siente Heracles, cuando éste se pone la túnica con el ungüento de marras, siente fuego, pero de verdad, se siente morir -a pesar de ser un dios- y morir quiere y lo logra, aunque todo resulta muy angustiante, en ese trance postrero, porque valga el chascarrillo, la vida -en este caso la muerte- de Heracles, pende de un Hilo.

Editorial Gredos. 2010. 128 páginas. Traducción de Assela Alamillo.