Archivo de la categoría: Ápeiron Ediciones

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La tranquilidad con la que mato (Roberto Vivero)

Sigue Roberto Vivero explorando los límites del lenguaje, de lo cual uno ya había tomado conciencia tras haber leído Seducciones, Grita, Carnicería y ahora La tranquilidad con la que mato. Las tres primeras, novelas. Éste último libro, poesía.

La poesía en particular y la literatura en general ganan enteros en la medida en la que conectan con el lector y cual sea el efecto que nos depara su lectura. En la poesía ayudan los signos de puntuación. Vivero nos invita al búscate la vida. No hay comas ni puntos, sí un texto que cae en cascada durante casi ochenta páginas. Texto con palabras en castellano, alemán y griego. Formulo la consulta del texto en alemán en un grupo amigo de guasap de gente que habla alemán: Se traduce pero no se entiende. Dicen. Así es el arte. Dicen. Conclusión perfecta. Dicen. Palmas, palmitas. Asusta lo que no se entiende, prosigo, aquello velado que no se descifra, el texto viscoso cuyas palabras son un misterio, digo. Aquello que hace rechinar nuestros cojinetes mentales, que nos da de cabezazos contra un muro de las lamentaciones, que nos hace avanzar por una escalera a oscuras y cuyas paredes están llenas de agujeros negros, afirmo.

Leo las poesías -que es una sola- una vez, dos, tres, cuatro veces. Constato que como una canción me la acabo aprendiendo casi de memoria, recitada como un mantra, lo cual no me sucedía desde Por cien cañones por banda, viento en popa a toda vela o Abenámar, Abenámar, moro de la morería, el día que tú naciste… Un texto ajustado a las pausas que yo creo y desconfío. El texto afirma negándose nace abortándose. Ser y no ser. Imposibilitar lo posible ¿Dos personas o la misma? ¿El umbral del nacimiento o de la muerte?. El principio, el origen, el ápeiron. Un paraíso desbaratado ¿con el nacimiento? El hombre creó/ al perro y se hizo/ la humanidad ¿Una relación amorosa?. El sentido como pesadilla. Ángeles ¿destructores?. Renacer por partida doble ¿a qué? ¿Nada de todo esto es verdad?

Una reseña aquí imposible, que sigue en proceso, en descomposición, la vida/ es un proceso de oxidación/ sobrevalorado, con qué fin, os preguntáis, yo, ¿el de pintar el cuadro abstracto plagado de interrogantes de un laberinto informe?. Puede.

Ápeiron ediciones. 2019. 80 páginas

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Carnicería seguida de Jaque al heredero (Roberto Vivero)

huyendo de las fiestas bernabeas arribo a la atestada playa de los capellanes, los guiris leen a fossum los nacionales a castillo yo a roberto vivero, su carnicería, editada en un mismo volumen en ápeiron ediciones junto a jaque al heredero, mientras otros adbultos matan el tiempo y las playas escondiendo sus colillas cenicientas en la arena, leo esta carnicería y mis ojos transitan del papel a la arenaescurribanda al sudariocelestial y mi visionado rothkiano va tornándose de rojo sanguíneo mientras tengo la sensación de que me han puesto dos anzuelos, uno en cada pezón y me van arrastrando por la gravilla, tirando de ambos, desollándome en cada párrafo, astillada mi percepción en cada página, porque la literatura creativa radical aniquila y aquí leer es, amoragado, recibir un zarpazo tras otro, como el combate de boxeo o esgrima verbal, ese humor con concertinas que mantienen juan y sonia ante una prosa fantasmal, abandonándose en los brazos de una (pro)pulsión ultraviolenta (ay, sandra), humanos aquí poco más que pedazos de carne desfilando por el escaparate de una realidad enjaulada innombrable e inimaginable iluminada con neones de morgue, prestos para el despiece, con diálogos que se balancean en la periferia e ingravidez del lenguaje y mandan a paseo lo convencional y centripetan mi interés, para hollar otros mares, porque vivero lo llaman pero océano es

Jaque al heredero (Roberto Vivero)

Jaque al heredero forma un díptico junto a Carnicería y resulta menos salvaje que este último. Como el título ya nos hace presumir la novela gira en torno o sobre el ajedrez y la convivencia de un grupo de veteranos y afamados ajedrecistas junto a un niño de incipiente talento que parece ser el heredero, a medida que se van disputando una serie de partidas. La novela abunda en lo que es el ajedrez tratando de desentrañar su esencia con mimbres filosóficos. Existencias que giran en torno a un tablero, vidas que no son tales más allá de los confines del mismo. Aquello tan pristino, tan lógico, tan regido por la moral y la ética se demuestra que no deja de ser un espejismo, una quimera, una ilusión, una farsa (partidas amañadas, abusos sexuales a una de las jugadoras cuando niña, dinero por perder, chantajes, el sexo como una arma cagada de futuro…) un andamio sujetando una fachada hueca como el niño, a su pesar, tendrá ocasión de comprobar al escuchar lo que no debe, aquello que no le estaba destinado a esa edad y así ya ultrajado, su mundo succionado. (con)fundido en negro.

Roberto Vivero

Grita (Roberto Vivero)

Hay escritores que son unos chupones, que van con el balón cosido al pie y desoyen los gritos de sus compañeros, !pásala! !crúzala!, se sustraen al tiquitaca y a la hinchada alterada gritando !dalaaaaaaaaaahhhhh! !pedazo de mamón!, porque el balón es ya una prolongación de su pie y así avanza, driblando contrarios, haciendo metros, la portería cada vez más cerca, y se va de uno, de dos, de tres, de cuatro, saluda con la mano que es ya la de Dios, encara al portero y le puede tirar un caño, o bien hacerle una vaselina para que le entre sin dolor. Así hacen los cracks del fútbol, así hacen algunos escritores como Bernhard, como Vivero, que van a lo suyo, ensimismados en sus párrafos, en las repeticiones salmódicas, en su particular estilo literario (sea esto lo que sea y signifique, que tuve el placer de constatar al leer su Seducciones) en hacer un surco que recorren ellos y algunos lectores -al margen estos de modas y reclamos publicitarios- sagaces, abismados en el flujo o chorreo de conciencia del autor, en una novela como esta que le permite hablar a Vivero de todo y de nada, del ser y del no ser, de lo inerte y de lo vivo, de la maldad, de la inteligencia y la cultura (en tono paródico), de Heidegger y de Auschwitz; o no tanto hablar sobre ello como enunciarlo, airearlo, para ir hilvanando frases, párrafos, ante un mar de fondo, testigo de la futilidad humana. También se puede hablar de historia de desamor, nihilista, en tanto que parece dar lo mismo estar que no estar, ser que no ser, nacer que no haber nacido. Leo a Tavares (Enciclopedia), que recoge lo que decía Borges: que un texto literario se considera terminado y definitivo por dos razones: cansancio o fe religiosa. Me lo planteo a menudo. ¿Cuando sabe un autor que la novela ha finalizado, y debe poner el punto final, o cerrar el paréntesis?. Me cuesta creer que el final viene dado por el cansancio. ¿Novela peregrina?. Sí, pero uno es un peregrino de la belleza, tanto como de las novelas peregrinas pero bellas. Otra cosa, al contrario de lo que se estila que es asediar al lector con datos biográficos (incluso hay blogueros que escriben sus datos biográficos en tercera persona) del escritor, aquí, no hay nada de eso, ni foto, ni biografía, ni nada de nada, tan solo un nombre y un apellido, el del autor, el nombre de la editorial y un cuarto de kilo de la literatura que me gusta. En dos palabras: un oasis.