Archivo de la categoría: Editorial Sexto Piso

Elástico de sombras de Juan Cárdenas

Elástico de sombra; Juan Cárdenas

Elástico de sombra es una deliciosa novela breve (112 páginas) de Juan Cárdenas (Popayán, 1978). Novela que versa sobre el arte del esgrima, venido a menos, arrumbado por la modernidad. La pretensión de Cárdenas es devolver algo de ese brillo y esplendor a este arte o deporte.

Para ello pondrá en movimiento a tres personajes: Cero, el casi nonagenario Sando y Miguel. Los dos últimos maestro y alumno esgrimistas. El primero, con la pretensión de encontrarse con los antiguos grimistas y poner negro sobre blanco todo este acervo del machete practicado en el Cauca.

La novela se convierte entonces en aventura y travesía por tierras colombianas, chanza y crítica, magia y misterio. A veces, hastiado de leer siempre el mismo castellano, resulta un gozo leer términos nuevos, colombianismos como, chuspa, michicateaban, jurgo, galladita, antualito, viche, totuma, chirrincho, cumbamba, macumba, guadual, quicatos, chimbo, zapote, ñáñara y un largo etcétera.

Los blancoides van a perder, tarde o temprano, y los indios, los negros, los campesinos, los de abajo vamos a gobernar este país, leemos en la novela. Porque ese poner negro sobre blanco se convierte aquí en una reivindicación, en lucha, en la herida que supura, la mano que es zarpazo, la voz que es baladro, conminando al lector a no olvidar:

…nos convertíamos, gracias a la extraña macumba económica de los blancos, en «negros», sin más alma que la de la mercancía, el alma sin alma que tienen las cosas encantadas por el hechizo del mercado, manejado sabiamente por la mano invisible blanca que mueve todas las manos pardas, brujería más eficaz no se han podido inventar, no señor. Luego nos vendieron en mercados, en plazas públicas, en subastas, como animales de carga y, así, de a poquitos, a punta de garrote, perrero, castigo, socavón y latigazo, a muchos nos fueron quitando el idioma, los recuerdos. Se empeñaron en borrarnos cualquier rastro del espíritu que traíamos en el viaje, a muchos nos encartaron con unos apellidos que eran en realidad los apellidos de nuestros propietarios, como si no les hubiera bastado con marcarnos el pellejo a hierro candente. ¿Pero saben qué? ¿Saben qué, señoras y señoritos? No pudieron borrarlo todo. No pudieron sencillamente porque no se puede borrar nada, en realidad nada se borra. Todo queda marcado. No hay olvido. Todo deja un rastro, más si se trata de un crimen de semejante tamaño. Ya pueden hacerse los zurumbáticos y mirar para un ladito, como si la cosa no tuviera que ver con ustedes, pero aquí estamos nosotros, como cuerpos del delito. Cuerpos que, a pesar de todo, siguen sabiendo, sí, claro, porque borraron mucho, pero a nosotros nos quedaron las marcas. Y a los macheteros nos quedó el falso, que no es un simple movimiento de pies, sino una técnica para que la cadera se mueva de cierto modo particular y el cuerpo empiece a recordar. Nadie sabe lo que puede una pelvis. Es la pelvis, y no los pies, la que hace el dibujo, el arcano depositado en el centro del cuerpo y es gracias a ese trazo que el mundo perdido vuelve a empezar. ¡Fundaremos nuestro nuevo mundo negro desde un falso!

El esgrima es un baile, una coreografía de dos, sus movimientos: Torno, defensa, avance, carrielero, transversal bajo, falso y estocada…Y en igual medida despliega aquí las alas la escritura de Cárdenas, con esa cadencia y ritmo, con esa sugerencia y evocación, con esas palabras carnosas, con toda su magia, con toda su potencia y (aquí) feliz resolución.

Una esgrima que nos viene definida en estos términos:

Allí, en la poesía, se dijo don Sando, es donde el sabor se vuelve imagen, música, roce del cuerpo a cuerpo, igualito que en la esgrima de machete, sólo que patrás: en la esgrima de machete el cuerpo a cuerpo se vuelve imagen, se vuelve música, se vuelve palabra, se vuelve sabor, que es lo único que no se puede enseñar en una academia de esgrima. El sabor está al fondo: de allí surge todo, allí regresa todo. Si no hay sabor, no puede haber nada más. O sí puede haber, pero ya es pura mecánica cerebral o física. Y la esgrima no es mecánica.

Era la materialidad misma, mejor dicho. La materia sensible, la materia pensante, el secreto del secreto del sabor que se hace saber, que se hace movimiento. La materia que sabe tocar lo que toca cuando toca y por eso ve hasta sin ver.

Leyendo a Cárdenas pensaba en las mejores páginas de Ednodio Quintero, otro gran fabulador y narrador. En esta travesía, en el común viaje de estos tres hombres (qué grandes páginas brotan a veces de esta camaradería entre hombres, y pienso en La ciudad que el diablo se llevó de David Toscana), salen a su encuentro distintas historias, la de la bruja, la hechizera Nubia que enamorisca a un ingenuo hasta lograr este romper el maleficio e inmortalizar su historia en las cachas de un vehículo, el Duende que se aparece a Sando para atormentarle con palabras sobre sus más y sus menos con un ente diabólico y de cuya veracidad recela o peripecias acaecidas cuando la guerra entre Perú y Colombia y la figura entonces importante de los negros caucanos, diestros con el machete; unos ribetes kafkianos con el hombre-cucarrón; el pueblo en lucha contra el poder establecido, un pueblo que lucha por conservar y fijarse al territorio, su medio de vida, su vida en definitiva, que guarda y cuida la tierra, que no la destroza, la malogra, la contamina, la esquilma, como hacen los blancos, con esa mano invisible del mercado que a manotazos desaparece lo que molesta, incomoda, reivindica, protesta, lucha, resiste y pelea por lo suyo. La lucha universal de la minga indígena, de la minga negra, los campesinos, los de abajo, la lucha de todos. Un pleito local que atañe a la humanidad. O debería.
¿qué es esa resistencia de la que tanto hablamos sino una pelea contra la muerte y el olvido sistemático, contra el olvido impuesto de arriba?
[…] El respeto a la vida y a los territorios. […] El derecho emana de nosotros.

El Elástico de sombra que da título a la novela consistía en saber atacar y defenderse en la más absoluta oscuridad. La escritura de Cárdenas en esta novela supera la línea de penumbra para sacar a la luz lo oscuro, lo pretérito, lo que está a punto de extinguirse, pero que pugna y bulle todavía y se revuelve y defiende, aunque sea en la sombra, sin medios, sin más testigos que la mirilla que le ofrece la escritura.

Editorial Sexto Piso. 2020. 112 páginas

978841751764

Casas vacías (Brenda Navarro)

Casas vacías de Brenda Navarro (Ciudad de México, 1982) entronca con otras novelas como Las madres secretas de Mónica Crespo en las que la maternidad se convierte en un lastre, una condena. Brenda plantea la situación de dos mujeres unidas sin conocerse. A la primera le birlan a Daniel, su hijo de tres años, mientras éste juega en un arenero y la madre mira la pantalla de su móvil (adiós a la distancia de rescate). El hijo desaparece y ella no sabe si se ha ido o si lo han secuestrado.
El sacrificio que implica toda maternidad es para ella una condena, desearía no haber tenido a su hijo. No quería haber sido madre y entiende su maternidad como un error, agravado por el autismo de su hijo. El hijo sustraído va a parar a manos de otra mujer que ante la situación gravosa para ella de no poder ser madre decide apropiarse de un hijo ajeno. Así, Daniel, irá a caer en sus manos, mudando nominalmente en Lionel.

Los errores parecen sucederse de generación en generación de tal modo que la secuestradora cuando recuerde su pasado verá a su madre intentando ahogarla en la pila mientras la baña, a su madre confesándole que su hermano la violó (su padre es su tío) y de aquellos polvos estos lodos, que su actual pareja no quiere correrse en su interior ni
comparte su anhelo de traer una criatura más a este mundo, que su hermano era golpeado por su madre por cualquier menudencia y que éste moriría en un accidente a edad temprana.
Todo, como se ve, es un cúmulo de mazazos. Secuestrando a un niño piensa, en su locura, que logrará solucionar algo, enmendar sus horrores.

Por su parte, la madre sin hijo sufre ahora el dolor añadido de la pérdida, de no saber en dónde está su hijo, sin un cadáver que enterrar la incertidumbre la irá socavando como una termita insaciable. Su situación también es desdichada. Antes de que su hijo fuese secuestrado compartía su espacio con Nagore, la sobrina de su pareja, Fran, que se trasladó a vivir con ellos cuando su madre fue asesinada por su padre, Xavi, un independentista. Parte de la novela se desarrolla en Utrera, en donde viven los padres de Fran, sumidos en la tristeza tras el asesinato de su hija y la consecuente marcha de su nieta con sus tíos a Méjico. Sin venir a cuento, se nos habla del vil asesinato de Miguel Ángel Blanco, y se cuelan algunas frases en catalán, aunque lo que prima en la novela, narrada en primera persona por estas dos mujeres, son los mejicanismos, pero sin la garra que afloraba en otra novela mucho mejor que esta, Temporada de huracanes, de Fernando Melchor.

La prosa, constreñida a la primera persona, tan ceñida al aliento de la que narra, en su sintaxis abaratada, coge poco vuelo, y paradójicamente lo que ha de resultar desgarrador se me antoja mortecino, endeble.

Sexto Piso. 2020. 165 páginas

Desierto sonoro (Valeria Luiselli)

Desierto sonoro (Valeria Luiselli)

Joder Valeria, no puedes hacer acupuntura con el lector clavándole estacas en lugar de agujas. Esto no se hace. No se puede meter en un texto la sequedad Rulfiana, la magia de Gabriel García Márquez, las voces infantiles tan bien traídas como hace Juan Pablo Villalobos en sus novelas. No puedes dejar al lector ya sólo, tras la lectura, aferrado a las manos de viento de los niños migrantes perdidos a las puertas del paraíso. No puedes poblar su páramo mental de voces, ecos, cruces, terrones en la garganta. No puedes aniquilar así al lector convirtiendo el genocidio, el éxodo, la diáspora, la limpieza étnica, la practicada con los indios americanos en un holocausto en las pupilas del lector.
vanishingamerica
No puedes desarmar así a quien lee, ponerlo bocarriba y meterle kilómetros, moteles, carreteras, hasta que ya no pueda más, vencido en el sofá. No se puede convertir un viaje por los Estados Unidos en una odisea tan desbaratadora, dejarnos con un puñado de polaroids como un consuelo de calderilla. No se puede escribir con esas cargas de profundidad de la familia, de esas uniones entre personas, de niños que pasan a ser hermanos, de adultos que se convierten en padres y madres con total naturalidad. No puedes presentar niños que hablen así, que actúen así, que sientan así, que desplacen cualquier idea preconcebida que tengamos nosotros los adultos sobre ellos, sobre la infancia, hasta un punto de no retorno. No se puede concebir y ejecutar una separación de un modo tan desgarrador. No se puede hacer una denuncia social de una manera tan lírica, tan sutil, tan sagaz, tan inteligente, tan literaria. Y no me vengan, no más, con cuentos de que la novela ha muerto, después de haber leído y por tanto habitado unos cuantos días este fascinante Desierto sonoro de Valeria Luiselli. Valeria, esto no se hace.

Sexto Piso. 2019. Traducción de Valeria Luiselli y Daniel Saldaña París. 464 paginazas.

Valeria Luiselli en Devaneos

Papeles Falsos
La historia de mis dientes
Los ingrávidos

Fragmentos: I, II

Textos periféricos: Yo tuve un sueño (Juan Pablo Villabos); Los niños perdidos (Valeria Luiselli)

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que no deja de crecer y que ya supera la centena de editoriales.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Altamarea ediciones
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Avant editorial
Baile del Sol
Bala perdida
Balduque
Barataria
Barrett
Base
Belvedere
Berenice
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carmot Press
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
e.d.a
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta>
Fórcola
Franz Ediciones
Fulgencio Pimentel
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gatopardo
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Hueders
Huerga & Fierro
Hurtado & Ortega
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
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La Discreta
La línea del horizonte
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La uña rota
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