Archivo de la categoría: Libros

Diario de Adán y Eva

Diario de Adán y Eva (Mark Twain)

Relato de Mark Twain (1835-1910) de apenas 50 páginas sobre esta parejita primigenia ya inmortal: Adán y Eva. Después de haber leído la que lio José María Eça de Queirós con mimbres parejos, esto de Twain me ha dejado insatisfecho.

Ese final en el que ella dice que prefiere morir antes que su hombre porque ella es más débil, se lo perdonamos porque era la primera mujer sobre la faz de la tierra. De débil nada. Si esto no se ha ido al traste hace siglos y sigue siendo un lugar habitable es gracias a la fortaleza femenina.

Nueva edición de Trama Editorial con traducción a cargo de Cristina García Ohlrich, a sumar a otras ediciones anteriores a cargo de Impedimenta, Libros del Zorro Rojo, Alianza Editorial, Valdemar…

Trama Editorial. 2016. 64 páginas. Traducción: Cristina García Ohlrich

Cómo dejar de escribir

Cómo dejar de escribir (Esther García Llovet)

De Esther García Llovet (Málaga, 1963) había leído Las crudas y Mamut, y en Cómo dejar de escribir, Esther sigue fiel a su estilo: frases cortas, humor acerado, una realidad drenada y por tanto seca, contando historias como ésta, que sucede en Madrid, pero que podría ocurrir en cualquier parte. Personajes creados con muy pocas pinceladas, un argumento mínimo (con un escritor afamado muerto, un tal Ronaldo, y la posibilidad de que un presunto manuscrito suyo desaparecido pueda ver la luz), muy sucinto, y una prosa que parece más propia de un guión cinematográfico -esta novela se ve a la par que se lee- que de una novela, pues Llovet saca adelante 126 páginas donde otro escritor con algo de relleno se iría hasta las trescientas. O más.

Sí tengo siempre la sensación de que Esther no ha parido su obra definitiva, pues esta novela, como las anteriores, aunque se lea en un visto y no visto, sea amena y entretenida, le falta intensidad, ese ramalazo que te sacude y espabila, porque el riesgo que se corre es que todo resulte demasiado abstracto, demasiado vago, demasiado a medio cocer, alimento por tanto del olvido inmediato.

No obstante, las novelas de Esther, quizás porque no escribe como ninguna otra escritora española que haya leído, me siguen interesando.

Solos contra Hitler

Ayer emitieron en La 2 este documental (está en abierto hasta el 1 de abril, de ahí que haya puesto el vídeo que hay en YouTube) donde vemos que hubo quien entendió el poder de Hitler cómo algo demoniaco y que a su manera se opuso al régimen con las armas que tenía a su alcance: unas postales, tinta, unas palabras y el uso de la razón y su capacidad crítica, capaz de enjuiciar el proceder de un líder y de una población enferma en su delirio bélico y exterminador. Un documental impagable. Otto y Elise, dos héroes de andar por casa que acabaron guillotinados y que cifran lo mejor de la naturaleza humana. Va siendo hora de que lea Solo en Berlín de Hans Fallada.

Paseando con hombres

Paseando con hombres (Ann Beattie)

Espeluzna más que asusta que novelas como esta lleguen a publicarse. Ann demuestra un talento indudable para escribir paridas y memeces. Trabaja en la universidad de Virginia en el departamento de escritura creativa. No es coña, CREATIVA, que es más recreativa, donde Ann ofrece un ocio ramplón que supone un ataque frontal a lo que yo entiendo por literatura. Es de la misma cuerda, e igual de infumable que Departamento de especulaciones.

Es posible que esté bajo el influjo de Antagonía y así se explique que engendros como este se me antojen como antiliteratura.

Os dejo unos párrafos para que veáis cómo ¿escribe? Ann.

Paseando con hombres

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Gatopardo ediciones. 2016. 128 páginas. Traducción de Catalina Martínez Muñoz.

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Pandemonio (Francis Picabia)

Muy grata sorpresa la que me ha deparado esta novela de Francis Picabia (1879-1953), escrita en 1924 y publicada por vez primera en 1974. Picabia despliega en su narración chanzas, burlas, retruécanos, humor negro, para mostrar su ateísmo, su antimilitarismo, su idea del amor, del matrimonio, su concepción del arte (“el verdadero pesimista ni escribe ni pinta. Se dedica a cualquier cosa salvo al arte, una enfermedad que confiere un buen pelo, unos ojos bonitos y una piel sedosa porque suprime cualquier contacto con la vida y sus manifestaciones. Los enfermos sacan su interior al exterior. Y son incapaces de amar, de andar y de de reír. Son incapaces incluso de envejecer sin que por ello pueden evitar una muerte lenta que deja intactos su buen pelo, sus ojos bonitos y su magnífica piel“), ya sea la pintura, o la literatura, donde el ubicuo escritor en ciernes Lareincay es una creación impagable, un escritor que debe dar a conocer cada página que escribe y que con tanto salero enjuicia el narrador y escuchante de las gestas literarias de ese potencial genio creador: Lareincay (que me recuerda al Eloi de La linterna sorda de Renard, en esa necesidad imperiosa de reconocimiento hacia su obra).

La acción transcurre en su mayor parte en París, poblado de personajes míticos como Breton, Aragon, Duchamp, Picasso…, objeto casi todos ellos de las invectivas de Picabia, blanco de su tono burlón, inmisericorde, de una animadversión que no se orilla, vela, ni dulcifica.

El narrador con tono desenfadado y gamberro se burla de todo y de todos. Su humor corrosivo me resulta subyugante. La narración no da tregua porque continuamente cambia el escenario: pistas de baile, locales, inmuebles, alocados viajes en coche… Me gusta el espíritu satírico de Picabia, ese mofarse de todo, el poner todo en tela de juicio y quitar gravedad a las cosas, aligerándolas con su espíritu crítico, con su humor inteligente y punzante.

Pandemonio es una lectura que me ha entusiasmado, tanto que solo puede recomendarla. En algunos momentos, cuando Picabia habla del arte en los Estados Unidos me venían en mente otras páginas de Julio Camba, aquellas que éste dedicaba a la manera que tenían los yanquis de concebir el arte: en serie.

La novela va acompañada con 199 notas, que permiten entender mejor a Picabia, lo cual es una pega, porque sin ellas creo que el texto sería mucho más críptico y sería difícil entender muchos de los juegos de palabras, dobles sentidos y muchas de las críticas y chanzas que Picabia nos ofrece.

Queda Pandemonio como un interesante retrato del París de comienzos del Siglo XX, donde surgen movimientos como el dadaísmo y demás movimientos culturales, donde Picabia, como se explica en las notas, dice una cosa y defiende la contraria, víctima de un espíritu de contradicción, de una sinceridad atropellada y de un sentimiento de huida, que en todo caso, no lo sumirá en el inmovilismo sino en un quehacer (artístico) continuo y fecundo, en un deambular frenético y muy vital, que tan bien se explicita en esta alegre, gamberra y dicharachera novela.

Malpaso ediciones. 2015. 145 páginas. Traducción de Paula Cifuentes.