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Lecturas del 1 de enero al 15 de abril

No va nada mal este año en cuanto a lecturas, más bien al contrario. Es posible que acabe siendo el año de Cesar Aira que junto a Conrad son los autores en los que más voy abundando, de momento. El comienzo de año ha traído la publicación de tres estupendas novelas de mis autores predilectos como Luis Rodríguez, Vila-Matas o José María Pérez Álvarez. Sigo redescubriendo a Onetti, a Handke, disfrutando a su vez mucho en las distancias cortas con las novelas aquí mentadas de Cortázar y Vargas Llosa, u otras novelas recientemente publicadas como La perra de Pilar Quintana o 14 de julio de Vuillard. Algo más extensa, El verano del endocrino, me parece un novelón. Respecto a las autobiografías, Bouillier con sus tres circunvoluciones resulta una lectura insoslayable. De los ensayos, Para entender a Góngora de Micó y los escritos por Isidoro Valcárcel me han resultado muy provechosos. Si hablamos de relatos los de Mew, Ferlosio y Pablo Andrés Escapa son canela fina. Otras relecturas, como Los bosques de Upsala han perdido parte de su impacto inicial y otras sin embargo han ido a más, como Un montón de años tristes. Algunas lecturas han sido mucho menos de lo esperado como El último sueño de Ramón Bilbao, Sánchez, 5, Mil viajes a Ítaca o Helena o el mar del verano. Decepciones mayúsculas como El último barco de Domingo Villar se han visto equilibradas con libros muy sustanciosos como Teoría de la novela y Teoría de la prosa o con el humor desbordante que exuda El fill del corrector o con la serenidad de las Horas extras de Atxaga.

El escudo de Jotán (Rafael Sánchez Ferlosio)
Palomitas (Juan Pablo Fuentes)
La moral del comedor de pipas (Pedro de Silva)
La moneda de Akragas (Andrea Camilleri)
El último barco (Domingo Villar)
Un montón de años tristes (José María Pérez Álvarez)
Los dos payasos (César Aira)
Cecil Taylor (César Aira)
Esta La pastilla de la hormona (César Aira)
Faster (Eduardo Berti)
5 (Sergio Chejfec)
Para una tumba sin nombre (Juan Carlos Onetti)
Diario de la hepatitis (César Aira)
Teoría de la prosa (Ricardo Piglia)
Fábrica de prodigios (Pablo Andrés Escapa)
Los bosques de Upsala (Álvaro Colomer)
Tres circunvoluciones alrededor de un sol cada vez más negro (Grégoire Bouillier)
Horas extras (Bernardo Atxaga)
Algunas formas de amor (Charlotte Mew)
El espejo del mar (Joseph Conrad)
14 de julio (Éric Vuillard)
Historia verdadera (Luciano de Samósata)
Mujeres que trepan a los árboles (Patricia de Souza)
La perra (Pilar Quintana)
El arte del puzle (José María Pérez Álvarez)
Amy Foster (Joseph Conrad)
El copartícipe secreto (Joseph Conrad)
Sebas Yerri. Retrato de un suicida (F. L. Chivite)
8.38 (Luis Rodríguez)
El perseguidor (Julio Cortázar)
Los cachorros (Mario Vargas Llosa)
Sánchez (Esther García Llovet)
El fill del corrector / Arre, arre corrector (Adrià Pujol Cruells, Rubén Martín Giráldez)
Europa, una letanía (Blixa Bargeld)
Después de Troya. Microrrelatos hispánicos de tradición clásica.
Obras (Édouard Levé)
Cuentos españoles del Siglo XIX
Espíritu de aprendiz y otros escritos (Isidoro Valcárcel Medina)
El sueño de Ramón Bilbao (Javier Reverte)
Para entender a Góngora (José María Micó)
El refugio de la memoria (Tony Judt)
Helena o el mar del verano (Julián Ayesta)
El verano del endocrino (Juan Ramón Santos)
Teoría de la novela (Gonzalo Torrente Ballester)
Mil viajes a Ítaca, una visión personal sobre Grecia (Ana Capsir)
Una vez más para Tucídides (Peter Handke)

www.devaneos.com

La moneda de Akragas (Andrea Camilleri)

Casi con noventa años Andrea Camilleri escribe La moneda de Akragas (publicada en Italia en 2012), con traducción de Teresa Clavel. Disfruté mucho anteriormente de la lectura de otros dos libros suyos, El homenaje y Gotas de Sicilia.

Nos vamos a 1910 a la ciudad de Vigàta donde la protagonista de la novela es una moneda de oro que data de cuando los cartaginenses asediaron Akragas, ahora Agrigento. Como la falsa moneda la susodicha irá pasando de mano en mano como si su fin último fuera regresar al vientre de la tierra la cual no debiera haber parido.

Camilleri demuestra su buen oficio pergeñando una historia de escasas cien páginas, narrada a un ritmo endiablado, donde se mezclan los elementos de la novela negra, con varios muertos de por medio, con situaciones naturalistas que registran la Italia rural de comienzos del siglo XX. Hay humor, suspense, pulsiones humanas como la codicia de unos herederos y la generosidad de otros que irán marcando el proceder de ambos, centrada la historia en la figura de un doctor, Gibilaro, al que está a punto de ir una de estas monedas de Akragas, que solo logrará entrever, para después, el oficial Melluso, seguir la pista a la moneda de marras que acabará en muy buenas manos, reales.

Camilleri nos informa en la Nota final del origen de esta novela, que el médico fue un pariente lejano suyo. El rey es Víctor Manuel III. El resto, la ficción que propone Camilleri opera como una proyección a la leyenda o mito en el que se inspira.

Gatopardo ediciones. 2018. Traducción de Teresa Clavel. 120 páginas

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Los dos payasos (César Aira)

Los dos payasos es una de las diez novelas de César Aira incluidas en el libro recientemente publicado del mismo nombre. Son apenas treinta páginas. Escrito el mayo de 1994.

Los dos payasos nos sitúa en un circo. Espacio de ilusión y fantasía, donde dejar en suspenso la credulidad y dejarse llevar. Los protagonistas son los dos payasos del título: Balín y Balón. Su número, consiste en escribir una carta que se devora a sí misma. Uno de ellos tiene una novia llamada Beba. Uno escribe al dictado del otro y cuando toca escribir una coma, él come y cuando se dirige a su amada, Beba, él bebe, confundiendo así sustantivos y verbos, provocando las carcajadas del personal, construyendo un clímax que se infla en patetismo. En Teoría de la novela, Gonzalo Torrente Ballester decía que aquello que caracteriza la novela es que el lector se preocupa por el destino de los personajes, aquí Balón y Balín y más por el del escriba tragaldabas que por el del dictador.

Aira maneja muy bien la narración y la expectativa del lector, porque a medida que se va escribiendo la carta, pareciera irse mascando la tragedia, tal que la carcajada se abortase en el rostro demudado del espectador, mudando en mueca fúnebre. La fiereza del león en el número siguiente, hará aún más acusado el contraste con la payasada previa. A fin de cuentas, la naturaleza de un balón es: patada a seguir.

Diez novelas de César Aira | Diario de la hepatitis #10, La pastilla de hormona #8, Cecil Taylor #1

César Aira en Devaneos:
Los fantasmas
El mago
Prins
Varamo
Diario de la hepatitis
Un episodio en la vida del pintor viajero
La pastilla de hormona
Cecil Taylor