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Bouillier circunevolucionando

De entre todos los ídolos que se ofertaban en el mercado de la juventud para que ésta se agotará lejos de sí misma y envejeciera lo más rápido posible, Zappa fue el único al que admiré por su rechazo a convertirse en uno de ellos, aún teniendo más talento que casi todos los demás. Era el espíritu que ríe, como Lautréamont sería el primero en revelarme la poesía. Su grupo se llamaba los Motherfuckers ¿cómo se había enterado de mi existencia?.
Nadie como él sabía encadenar un fragmento sobre una sola nota, como se hace una patada a seguir en rugby para provocar un quiebro decisivo en la línea de ataque. Con él las fronteras revelaban que su única y lamentable intención era separar las cosas de los seres: Libertad alegría, invención: todo aquello que echaba de menos en mi vida podía oírlo en su música. Quería vivir en un mundo que por fin diera brillo a la existencia, pero me desesperaba al comprobar que sólo podía encontrarlo en los microsurcos del vinilo.

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El perseguidor (Julio Cortázar)

Se acabó la paciencia, adiós a los libros de quinientas paginas, llevaba por título uno de los siempre estupendos artículos de Jaime Fernández.

Tengamos las razones o pongamos las excusas que queramos, puestos a dejar de lado, temporalmente, los mamotretos y emboscándonos en lecturas más breves, esto no debiera implicar de ninguna manera una pérdida de calidad en lo leído.

Hace un par de días traía aquí Los cachorros de Vargas Llosa, un buen ejemplo de que lo bueno si breve…

El perseguidor (escrito a finales de los cincuenta, en 1959) es otra buena muestra de lo que se puede hacer en un relato o en una novela muy breve, la que escribió Cortázar, que le daría pie, según él, para más tarde materializar su inmortal Rayuela.

Con Johnny como trasunto de Charlie Parker (muerto cuatro antes de la publicación de la novela), Cortázar nos lleva a París y asistismos al relato o confesión de Bruno, exitoso biógrafo (vende sus libros como la coca-cola y en varios idiomas) de Johnny con el que mantiene una relación extraña. En su papel de crítico Bruno sabe que él vive gracias al primero, en su rol de biógrafo, también.

Pasarán quince días vacíos; montones de trabajo, artículos periodísticos, visitas aquí y allá -un buen resumen de la vida de un crítico, ese hombre que solo puede vivir de prestado, de las novedades y las decisiones ajenas.

Entre las muchas ideas que maneja la novela una sería cuál es la naturaleza de una biografía, la forma en la que la vida del biografíado se nos explica bajo la forma de un relato. Johnny una vez leído el libro de Bruno sobre su figura, no está conforme. Es evidente que muchas cosas se escapan en el texto y quedan fuera de foco, que las cosas objetivas (dónde nació, cuándo, quienes eran sus padres…) no explican lo que Johnny ha llegado a ser, cómo se ha hecho o deshecho a sí mismo. ¿Cómo llegar al fondo del asunto, hasta las heces de su alma, cómo explicar sus arrebatos, sus locuras, su carácter metamorfoseado por el consumo de ciertas sustancias, sus alucinaciones, qué es aquello que persigue, cómo llegar hasta ahí, hasta este punto (ciego) con la escritura?.

El artista que hay en él va a ponerse frenético de rabia cada vez que oiga ese remedo de su deseo, de todo lo que quiso decir mientras luchaba, tambaleándose, escapándosele la saliva de la boca junto con la música, más que nunca solo frente a lo que persigue, a lo que se le huye mientras más lo persigue. Es curioso, ha sido necesario escuchar esto, aunque ya todo convergía a esto, a Amorous, para que yo me diera cuenta de que Johnny no es una víctima, no es un perseguido como lo cree todo el mundo, como yo mismo lo he dado a entender en mi biografía […] Ahora sé que no es así, que Johnny persigue en vez de ser perseguido, que todo lo que le está ocurriendo en la vida son azares del cazador y no del animal acosado. Nadie puede saber qué es lo que persigue Johnny, pero es así, está ahí, en Amorous, en la marihuana, en sus absurdos discursos sobre tanta cosa, en las recaídas, en el librito de Dylan Thomas, en todo lo pobre diablo que es Johnny y que lo agranda y lo convierte en un absurdo viviente, en un cazador sin brazos y sin piernas, en una liebre que corre tras de un tigre que duerme. Y me veo precisado a decir que en el fondo Amorous me ha dado ganas de vomitar, como si eso pudiera librarme de él, de todo lo que en él corre contra mí y contra todos, esa masa negra informe sin manos y sin pies, ese chimpancé enloquecido que me pasa los dedos por la cara y me sonríe enternecido.