Archivo de la categoría: 2022

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La ventana inolvidable (Menchu Gutiérrez)

La ventana como umbral, el espacio entre fuera y dentro. Entre interior y exterior. En esta idea incide Menchu Gutiérrez en La ventana inolvidable. Novela que es también un umbral hacia el ensayo. Novela que suma fragmentos, narraciones e indistintas voces para abundar en la idea de la ventana como lugar desde el que observamos o somos observados; los ojos de una casa, la ventana de un avión, de un coche, de un tren; cristales que nos presentan, acercan o alejan la realidad o la arrastran. Las ventanas son la puerta abierta al pasado, a los recuerdos, a la niñez. Ventanas que lo son también las pantallas del portátil en el que escribo, o chateo, o hago una videoconferencia. La que emplea el escritor del texto para parlamentar con sus lectores. La ventana del féretro y la búsqueda de una contraseña hacia el más allá. La ventana como espejo, cuando los pájaros encuentran la muerte en el azul vítreo. El asfalto vacío como un espejo sin azogue. Un espíritu animista que espolea la narración. Una mirada reflexiva hacia las cosas. Un paso más al dado por Menchu en su anterior novela La mitad de la casa. Ventanas a las que el confinamiento cargó de sentido y valor, como el órgano más sensitivo de la casa. Referencias literarias a Maupassant y su locura, a Beckett y sus silencios, a Séneca y la gestión del ruido, a Gracq y la espera o a Oscar Wilde, en su encierro en la cárcel de Reading, en otra variante de Penélope en su quehacer sisifiano.

Pensaba en una novela en la que había leído un fragmento sobre ventanas y espejos. Di con ella, con El retablo de no de Luis Rodríguez.

Sentado en la silla del hospital, miró la ventana, le pareció que el mundo se alejaba; elevó la mirada, le pareció que el techo era una bóveda, sin esquinas. Miró la cama, como si contemplara su propio nicho. Volvió a mirar la ventana. Las ventanas sirven para mirar de cerca, pensó; los espejos, no, los espejos sirven para mirar lejos. Miró la cama, y se fue.

Bueno.

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14 de abril (Paco Cerdà)

Su hermana había durado apenas un año como república parlamentaria, allá por 1873. Cincuenta y ocho años después nace entre Vivas a la República, otra criatura que como la anterior tuvo una vida breve, entre el 14 de abril de 1931 y el 1 de abril de 1939. Después de la dictadura de Primo de Rivera, tras las elecciones del 12 de abril de 1931 vencen los republicanos. El Rey Alfonso XIII coge las de Villadiego, embarca en Cartagena rumbo a Marsella. No quiere un derramamiento de sangre. Sanjurjo al frente de la Guardia Civil se pone a disposición del gobierno republicano. Se evita, se difiere, la guerra civil que acaecerá apenas dos años después. Ese día, el 14 de abril, cristaliza en el relato de Cerdà. El espacio físico es España, el temporal: las veinticuatro horas de ese día esperanzador. Una Odísea, como el Ulises de Joyce,  o Sur de Antonio Soler. Con multitud de fuentes Paco Cerdà (El peón, Los últimos. Voces de la Laponia española) crea un fresco proteico y muy vívido, por el que desfilan tanto los personajes históricos que todos conocemos, como personas del pueblo llano que tuvieron la mala suerte de morir ese día -un encuadernador, una pescadera, un soldado- cuando situados en las manifestaciones que celebraban el advenimiento de la república sufrieron el plomo de aquellos que se resistían a perder el poder. Otro libro que mantiene un espíritu parejo a este es 14 de julio de Eric Vuillard. Allí la muchedumbre iba hacia la toma de La Bastilla. Aquí, quieren acabar con la miseria, el hambre, los latifundios, el poder omnímodo de los militares, curas, los monárquicos, la aristocracia. Quieren justicia social, libertad, igualdad, fraternidad. Quieren evitar los abusos. Con ese espíritu nació aquella criatura el 14 de abril de 1931. Muchos de los que ese día imaginaron un nuevo mundo y mejor, sufrieron años después las represalias, los encarcelamientos, los fusilamientos, los exilios, los destierros, la muerte. Y ahora el olvido y la desmemoria, contra los que combate, con acer(t)ada pluma, Cerdà.

Libros del Asteroide. 2022. 256 páginas

Lecturas 2022

A falta de seis semanas para acabar el año, esta es la relación cronológica de las lecturas que he llevado a cabo: novelas, relatos, ensayos, poemarios, cómics. He puesto los enlaces a las reseñas de cada libro.

La avenida, Francesco Pecoraro
Breviario provenzal, Vicente Valero
Temblor y otros cuentos perturbadores, J. Mordel
La melancolía de las obras tardías, Béla Hamvas
De la sidra, de su fabricación y de sus defectos, seguido de unas cuantas reflexiones nuevas al respecto, Luis Rodríguez
La obra de una vida, Béla Hamvas
El orden del aleph, Gustavo Faverón Patriu
Libro de las negaciones, Javier del Prado Biezma
Edad de hombre, Michel Leris
La fábrica de espectros, Juan Vico
La muerte feliz de William Carlos Williams, Marta Aponte
Hamnet, Maggie O’ Farrell
Los que sufren, Pablo González Sánchez
Ni fuh ni fah y otras historias del ancho mundo, Julio Camba
Azucre, Bibiana Candiana
La pasión de Rafael Alconétar, Mario Martín Gijón
La ratonera, Ágata Christie
Horda, Ricardo Menéndez Salmón
Al brillar un relámpago escribimos, Manuel Fernández Labrada
Ensayo sobre el estudio de la literatura, Edward Gibbon
Sagrado y desagrado, Rubén Martín Giráldez
Las desapariciones, Hilario J. Rodríguez
Cerezas en el escondite, textos periodísticos, Tomás Sánchez Santiago
Paradáis, Fernanda Melchor
Los montes antiguos, Enrique Andrés Ruiz
Omega, Javier Moreno
Los asquerosos, Santiago Lorenzo
Nudos de vida, Julien Gracq
El hombre transparente, Cómo el mundo real acabó convertido en Big Data, Javier Moreno
Los enanos, Concha Alós
El amor, el humor, y lo demás son cuentos, Roberto vivero y Enrique Gallud Jardiel
No cosas, Byung-chul Han
Cielo y sombras, José Ángel Cilleruelo
De paseo por los limbos, Anna Adell
Los azucarillos del Café Bretón
La muerte del pinflói, Juan Ramón Santos
El libro de nuestras ausencias, Eduardo Ruiz Sosa
El instante y la libertad en Montaigne, Rachel Bespaloff
Todo lo que crece, naturaleza y escritura, Clara Obligado
Mamut, Eva Baltasar
Historias de la Artémila, Ana María Matute
Por el camino de Swann, Marcel Proust
El rayo verde, Julio Verne
Recaya, Adriana Bezares
A la sombra de las muchachas en flor, Marcel Proust
El árbol de agua, Tonino Guerra
Otro cielo, Hasier Larretxea
El beso, ¿qué se esconde tras este gesto cotidiano?, Alain Montandon
Lágrimas de frontera, Diego Lázaro Niso
Totalidad sexual del cosmos, Juan Bonilla
Abandonar Coasta Boacii. Ciorán en fragmentos, Oriol González Fábregas
Cegador 3, El ala derecha, Mircea Cartarescu
Nebrija, Agustín Comotto
El desierto y su semilla, Jorge Baron Biza
Hierba, Keum Su Gendry-Kim
Las tres vidas de Hannah Arendt. La tiranía de la verdad, Ken Krimstein
Senso, Alfred
Tamara de Lempicka, Virginia Greiner, Daphne Collignon
La Divina Comedia, Javier de Isusi
Café Budapest, Alfonso Zapico
Cinco mil kilómetros por segundo, Manuel Fior
Estamos todas bien, Ana Penyas
De Senectute, Quino
La señorita Else, Manuele Fior
Asylum, Javier de Isusi
El espejo del cerebro, Nazareth Castellanos
El mundo de Guermantes, Marcel Proust
La guerra del profesor Bertenev, Alfonso Zapico
Palacios, hangares y cuevas, Roberto Valencia
Pyongyang, Guy Delisle
Empate a diecisiete, Sonia San Román
El campamento del fin, Fernando Lafuente

Entresaco cuatro lecturas entre el resto:
La pasión de Rafael Alconétar, La muerte feliz de William Carlos Williams, El árbol de agua, De paseo por los limbos y Recaya.

Salud y libros.

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El Campamento del Fin (Fernando Lafuente)

Leo El campamento del Fin de Fernando Lafuente como el desarrollo de un juego. Un humano se interna en un lugar desconocido, un bosque, no sabemos si físico o mental. Distintos entes salen a su encuentro. Según las palabras con las que se describen hemos de adivinar de quién se trata. Así descubrimos el Miedo o la Cordura, entre otros. Esto me trae en mientes el visionado de Inside Out. Hay un poso filosófico en el relato, una serie de preguntas y reflexiones sobre nuestro comportamiento humano y nuestra deriva presente, poco esperanzadora. Estas sensaciones y estados psíquicos viven en ese espacio que visita el protagonista de la novela, las cuales van a nuestro encuentro según la necesidad de las mismas que tenemos los humanos. La confrontación con las mismas permite la mudanza espiritual. Creo que en la brevedad del relato (permite ser leído del tirón) reside su fuerza.