Archivo del Autor: Francisco H. González

Las dos Viniegras

La Asociación de los Pueblos más bonitos de España incorporó a partir del 1 de enero de 2019 a los pueblos riojanos Viniegra de Arriba y Viniegra de Abajo. Otros dos pueblos riojanos, Sajazarra y Briones ya ostentaban este galardón. Aprovechando el puente nos dejamos caer por allá, primero por Viniegra de Arriba accediendo desde Villoslada de Cameros (merece la pena hacer los 10 minutos en coche que hay hasta el bonito pueblo de Lumbreras), tras pasar por Montenegro de Cameros (provincia de Soria) y visitando luego Viniegra de Abajo para salir a Anguiano y volver a Logroño haciendo una ruta circular plagada de curvas y paisajes espectaculares tanto naturales como arquitectónicos.

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

Viniegra de Arriba

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Viniegra de Abajo

Viniegra de Abajo

Viniegra de Abajo

Viniegra de Abajo

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Cometierra (Dolores Reyes)

Cometierra llora ríos (ojo a la portada) pero come tierra, de ahí el mote. Ella, aún adolescente, tiene un don o un castigo. Según cómo se mire. Come tierra y sabe qué le ha sucedido a la gente desaparecida. Así supo que su padre mató a golpes a su madre. La madre muerta, asesinada, el padre desaparecido. Solos, ella y su hermano ante un horizonte sin porvenir. La gente, puenteando a la policía, de la que no obtiene el auxilio y ayuda necesaria, acude a su casa y quiere que la joven encuentre a sus hijas o hijos desaparecidos. Ella, accede. Come tierra, la panza le duele, la mirada se le nubla y se ve obligada a ver aquello que no quiere ver. Unos ya están muertos, bajo tierra, o en el lecho de un río, a otros logrará salvarlas con sus precisas indicaciones. A cambio recibe billetes, dinero que le sirve de poco. De su vida sale Hernán, a la carrera, pero entra Ezequiel. Cometierra quiere poner tierra de por medio al miedo, huir con su hermano; anhela tener un nombre y dejar de ser ya Cometierra, desprenderse de su don/ su estigma/ su cruz.

Dolores Reyes (Buenos Aires, 1978) debuta con esta breve y dura novela y una historia muy singular que pensaba que bien podría haber sido un relato extraído de Cuántos de los tuyos han muerto de Eduardo, no tanto por la manera de escribir de Dolores, sino por la temática. Novela apegada al terruño, al lenguaje local y sus argentinismos: quilombo, remera, bancar, factura (bollo), tacho, boliche, chabón, flaco, bondis, yutas, escabio, patova, chongo… que explicita la violencia cotidiana, las violaciones y muertes diarias de mujeres a las que se les arrebata el futuro o se les echa a perder el presente sin que puedan oponer nada a una realidad infausta.

Sigilo Editorial. 2019. 176 páginas

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La alegría de la vida (Raymond Queneau)

Coincide que acabo La alegría de la vida de Raymond Queneau coincidiendo con la celebración del Día de la Constitución en España. Día también de alegría, ya que la Constitución si no nos ha traído la fraternidad entre todos los españoles sí nos lleva deparando cuarenta años de paz.

La alegría de la vida es aquella en la que están inmersos los personajes de la alegre novela de Queneau (1903-1976), escrita en 1952, reeditada ahora por Hermida, pero ambientada unos años antes, los previos al comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Lo sabemos porque los personajes de la novela acuden al estreno de la película de Chaplin Tiempos modernos, estrenada en 1936, también porque se hace mención al avispero español, ante el comienzo de la guerra civil española.

El protagonista de la jocosa novela es Valentín Brû, soldado raso y desmovilizado, esposado con una señora veinte años mayor. La forma de ser de Brû me recordaba al de El idiota de Dostoievski, una presunta idiocia que deviene en bonhomía, pues Brû es un cacho de pan que cuando se encuentra al frente de un negocio que antes regentaba su mujer, no querrá hacer nada que perjudique ni trastorne al resto de tenderos, ganándose así el afecto y cariño de todos ellos ellos, ejerciendo a su vez de perfecto confidente.

La novela es abundante en diálogos hilarantes, con un habla cotidiana pródiga en exabruptos, expresiones coloquiales, frases hechas y salidas de tono. Vocablos como rajar, chorbo, manducatoria, pinreles, echarse al coleto, palmarla, soltó sus diez pavos. Y expresiones que uno agradece leer cómo pegar la hebra. El humor y la ironía recorren toda la esperpéntica narración que no ceja en deparar sorpresas al lector como la postrera mudanza laboral de Brû convertido temporalmente en pitoniso.

La alegría de la vida es una de esas novelas que te ponen las pilas. Mucha culpa de ello tiene la espléndida traducción de Manuel Arranz, pues el texto de Queneau fundador junto a François Le Lionnais del Oulipo) es todo un desafío.

Hermida editores. 235 páginas. 2019. Traducción de Manuel Arranz.

Apogeo del castellano

Vengo comprobando las alegrías lectoras que el presente año me están proporcionando escritores latinoamericanos, centroamericanos o mejicanos: Eduardo Ruiz Sosa (Cuántos de los tuyos han muerto), Eduardo Halfon (El boxeador Polaco), Ednodio Quintero (Cuentos Salvajes), Evelio Rosero (Cuentos completos), Valeria Luiselli (Desierto Sonoro), Mercedes Halfon (El trabajo de los ojos), Nona Fernández (Chilean Electric), Magalí Etchebarne (Los mejores días), Pilar Quintana (La perra), Ariana Harwicz (Degenerado).

Otro tanto podría decir de los autores españoles, a saber: Roberto Valencia (Al final uno también muere), Susana Sánchez Aríns (Dicen), Sònia Hernández (El lugar de la espera), Luis Rodríguez (8:38), José María Pérez Álvarez (El arte del puzle), Pablo Andrés Escapa (Fábrica de prodigios), Anna Maria Iglesia (La revolución de las flâneuses), Gabriel Insausti (En la ciudad dormida), Tomás Sánchez Santiago (El murmullo del mundo), Diego Luis Sanromán (Pornmutaciones), Gonzalo Hidalgo Bayal (La escapada), Alejandro Morellón (Caballo sea la noche) Javier Moreno (Null Island), Cristian Crusat (Europa Automatiek), Antonio Soler (Sur).

Títulos detrás de los cuales hay editoriales, que permiten su difusión, como Candaya, Sexto Piso, Libros del Asteroide, Minúscula, Las afueras, Random House, Anagrama, La navaja suiza, De Conatus, Acantilado, Trea, Páginas de Espuma, Wunderkammer, El Desvelo, Stirner, Sigilo editorial, Galaxia Gutenberg, Tusquets, Atalanta.

Desierto sonoro (Valeria Luiselli)

Desierto sonoro (Valeria Luiselli)

Joder Valeria, no puedes hacer acupuntura con el lector clavándole estacas en lugar de agujas. Esto no se hace. No se puede meter en un texto la sequedad Rulfiana, la magia de Gabriel García Márquez, las voces infantiles tan bien traídas como hace Juan Pablo Villalobos en sus novelas. No puedes dejar al lector ya sólo, tras la lectura, aferrado a las manos de viento de los niños migrantes perdidos a las puertas del paraíso. No puedes poblar su páramo mental de voces, ecos, cruces, terrones en la garganta. No puedes aniquilar así al lector convirtiendo el genocidio, el éxodo, la diáspora, la limpieza étnica, la practicada con los indios americanos en un holocausto en las pupilas del lector.
vanishingamerica
No puedes desarmar así a quien lee, ponerlo bocarriba y meterle kilómetros, moteles, carreteras, hasta que ya no pueda más, vencido en el sofá. No se puede convertir un viaje por los Estados Unidos en una odisea tan desbaratadora, dejarnos con un puñado de polaroids como un consuelo de calderilla. No se puede escribir con esas cargas de profundidad de la familia, de esas uniones entre personas, de niños que pasan a ser hermanos, de adultos que se convierten en padres y madres con total naturalidad. No puedes presentar niños que hablen así, que actúen así, que sientan así, que desplacen cualquier idea preconcebida que tengamos nosotros los adultos sobre ellos, sobre la infancia, hasta un punto de no retorno. No se puede concebir y ejecutar una separación de un modo tan desgarrador. No se puede hacer una denuncia social de una manera tan lírica, tan sutil, tan sagaz, tan inteligente, tan literaria. Y no me vengan, no más, con cuentos de que la novela ha muerto, después de haber leído y por tanto habitado unos cuantos días este fascinante Desierto sonoro de Valeria Luiselli. Valeria, esto no se hace.

Sexto Piso. 2019. Traducción de Valeria Luiselli y Daniel Saldaña París. 464 paginazas.

Valeria Luiselli en Devaneos

Papeles Falsos
La historia de mis dientes
Los ingrávidos

Fragmentos: I, II

Textos periféricos: Yo tuve un sueño (Juan Pablo Villabos); Los niños perdidos (Valeria Luiselli)