Archivo del Autor: Francisco H. González

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Balada de la playa de los perros (José Cardoso Pires)

Estos meses estoy aprovechando para llevar a cabo lecturas que deseaba realizar hacía un tiempo como Caterva de Juan Filloy, Cantar de Cantares de Salomón, con estudio de Fray Luis de León o esta Balada de la playa de los perros de José Cardoso Pires con traducción de Basilio Losada.

Cardoso en 1982 recurre a un acontecimiento ocurrido dos décadas atrás en su país, Portugal, entonces bajo la férula dictatorial de Salazar. La novela, un noir, comienza con el cadáver de un hombre encontrado en la playa, desmenuzado por el ataque de unos perros.

Al frente de la investigación Elías. Poco a poco el policía va montando las piezas. La información se suministra con cuentagotas. El muerto parece ser que tenía en mente dar un golpe de estado. Su muerte reviste por tanto un carácter político, o tal se le quiere dar por parte de la Pide. A medida que se va arañando la superficie, aparecen en escena otros personajes, como el cabo Barroca, el arquitecto Fontenova y una mujer, Mena, que parece haber mantenido una relación con el asesinado.

Un punto fuerte de la novela es la capacidad de Cardoso para crear una atmósfera opresiva, asfixiante. Realidad velada por mentiras de todo tipo. Por lo tanto investigar, o reconstruir lo que sucedió, para Elías se le antoja como un ir quitando gasas de sus ojos. Ojos a veces lúbricos, inflamados de deseo, cuando tiene a tiro a Mena, que cumple con su rol de femme fatale.

Al final de la novela obtenemos el desenlace, la explicación de los hechos. La necesidad por parte de los enjuiciados de quitarse el muerto ya de encima. Cardoso logra un muy aquilatada novela negra.

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Lecciones de solfeo y piano (Pascal Quignard)

Pre-Textos editora este cortito libro de Pascal Quignard con traducción de Luis Pérez Oramas y Adalber Salas Hernández escrito en 2013.

Las Lecciones de Solfeo y Piano es un texto de corte familiar, íntimo, en el que el autor maneja fotografías para volver a sus orígenes familiares, evocar a su padre, madre y tías. Clases de solfeo y piano que eran impartidas por las señoritas Quignard. Fotografías en las que aparecen con sus alumnos, en 1920.

La docencia y la música de sus progenitores muy presentes en su vida, mísera vida marcada por la pobreza. Nada que ver con la fortuna de Gracq, Roussel, Proust, Leiris. Para Quignard, una tetera y una cama y miles de libros sacados de las bibliotecas, fueron suficiente para sus días.

Aparecen varios nombres propios, uno es Gracq. Por qué Gracq, años más tarde, decenas de años más tarde, sesenta y siete años más tarde, hincaba el cuchillo en la llaga de un destino infeliz?, Gracq arremetiendo contra las tías abuelas de Ancianis, a las que trató, Quignard tratando de justificarlas. Orígenes familiares detallados con la solvencia de las vidas minúsculas de Michon, al que Quignard menciona.

Quignard escribe, porque se puede escribir lo que uno no está en condiciones de decir.

Otros dos nombres propios son Celan y Bobillier. El primero le enseñó a traducir, a él le debe su pasión por la traducción. Y para recordar a ambos brilla la pulsión etimológica de Quignard, regresa a los griegos a su lengua y nos ofrece la definición que estos daban a la amistad. Habla Zenón, El amigo es el yo más yo que yo
Así, dice Quignard, No es la periferia lo que se afecta por la muerte del amigo. Es el corazón quien revienta.

El libro concluye con unas palabras de Quinard sobre Celan (de quién recientemente comenté por aquí el libro Bajo la cúpula. Paseos con Paul Celan), aquel que fue enmascarándose tras distintos nombres, hasta quedar finalmente con el pseudónimo de Celan. Autor de una poesía hermética, cuenta Quignard que un día Primo Levi cogió violentamente a Celan y le dijo Escribir es transmitir, No es cifrar el mensaje y lanzar la llave entre los arbustos. Pero según Quignard: Escribir no es transmitir. Es llamar. Lanzar la llave sigue siendo llamar a una mano más allá de uno mismo que busque, que hurgue entre las piedras y los espinos y los dolores y las hojas empapadas, negras, viscosas de lodo crujientes o cortantes de frío, de noche, al oeste del mundo.

Cantar de los Cantares

Cantar de Cantares de Salomón (Fray Luis de León)

Atendiendo a la portada del libro podemos pensar que Fray Luis de León (1527-1591) es el autor de El Cantar de Cantares de Salomón. El cantar fue incorporado a la biblia como el más bello poema de amor vivido por el rey Salomón y la hija del Faraón. A mediados del siglo XVI Fray Luis de León tradujo el original hebreo palabra por palabra atendiendo a la corteza de la letra. Hasta entonces la inclusión bíblica del cantar atendía a que en dicho texto se entendía que entrañaba un significado alegórico y una continua remisión a la religión y a la Iglesia.

El comentario del texto que hace Fray Luis de León al Cantar es portentoso. Basta con hacer la siguiente prueba: leer primero el cantar, luego leer el cantar y las explicaciones al mismo dadas por Fray Luis de León y finalmente volver a releer el cantar. Veremos cómo claramente nuestra percepción del texto ha cambiado, se ha visto enriquecida.

Llevando a buen puerto aquello de buscar la corteza del texto, Fray Luis le saca al mismo todo su jugo. Leer su una prosa es un deleite para nuestros sentidos, también un encarecimiento de la lengua castellana. El amor recíproco entre Salomón y la hija del faraón, aquí bajo la figura de dos pastores, confiere a sus diálogos la semblanza de una égloga. Su juego amatorio es dado a los careos, los desfallecimientos, los celos, la crispación por la ausencia, la presencia capaz de colmar cualquier deseo.
Todo es aquí lenguaje florido, voluptuoso, carnal, en este galanteo pródigo en requiebros, en un amor nada casto que necesita de besos y caricias, el juntar de lenguas y alientos, la presencia del cuerpo amado del que coger fruto, como un jardín lleno de dones, pensamientos amorosos los que se tributan, elevando al otro -considerado ya parte de su mismo ser- a golpe de epíteto al ideal.

La edición de Vaso Roto cuenta con la edición y estudio a cargo de Víctor García de la Concha, lo cual es un plus más para este magnífico libro, uno de los más bellos del Renacimiento de uno de los mejores prosistas del Siglo de Oro.

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Tú también vencerás (Jose González)

Tú también vencerás
Jose González
las afueras
Año de publicación: 2021
95 páginas

La obra literaria de Jose González presenta el aspecto de un sartal. El hilo es la memoria, las cuentas: la familia.

En Tú también vencerás, cuando el nieto refiere a su innominado abuelo una anécdota macabra, un episodio enquistado que requiere un interlocutor, su abuelo rompe a llorar. Aquel secreto guardado bajo siete llaves ve entonces la luz.

La vida del abuelo se nos refiere en segunda persona. El autor no da muchas pistas en cuanto a fechas o lugares, sabemos eso sí que hay dos colores en liza: rojo y azul. Y eso ya es decir bastante.

Vemos o intuimos cómo se gesta todo aquel horror, a pinceladas sutiles. El horror y la indiferencia a ese horror y los movimientos al frente de algunos que no pueden lidiar con la injusticia desoyendo las voces familiares, queridas, apelando a no significarse, para acabar sacándose el carnet del partido, aquel carnet, luego, junto al pecho: sube-y-baja que te recuerda -ya te pasará la factura- que estás vivo.

Luego, se abunda en aquel hecho que supuso el deshielo de la memoria del abuelo, un presente, durante la guerra, que siempre es pasado y memoria, como único asidero ante una realidad irreal por increíble. Ajusticiar a alguien por un modo de pensar. Eso es una guerra fratricida.

Los muertos en la guerra son estadísticas y los vivos son fantasmas. Quizás por eso, para que su abuelo deje de serlo, Jose (le) escribe esta novela, no para entenderlo y exonerarlo, que también, sino para aligerar su peso, si acaso la literatura es capaz de ofrecer tales dones y en ese caso, Jose servirse de ella con su prosa bruñida para alumbrar el punto ciego del error, de un horror no buscado ni deseado, pero siempre mortificante cuando anida en un alma noble.