Archivo del Autor: Francisco H. González

Morir de risa VI

No sé si el arte imita a la vida o viceversa, pero si toca hablar de un libro cuya lectura resulte transformador (donde el arte sí afecta a la vida, la mía), pienso en la última novela de Enard. Hacía meses que, más por vagancia que por convicción, había abrazado la causa pisci-vegetariana, dejando de lado el consumo de carne. Por pereza digo, pues las últimas tres veces que había tratado de acceder a la carnicería del barrio, “Rojo amanecer”, había gente fuera, separada entre ellos por un metro y medio escasito, que bien podían, a falta de un Parlamento, haber abrazado la manzana entera. Poco amigo de las multitudes, me di la vuelta y cambié la carne y el embutido por barritas de pescado congeladas y melocotón en almíbar, adquiridas en el supermercado en cantidades industriales, que no me dan grandes alegrías, ni grandes disgustos tampoco, acorde por tanto con mi espíritu moderado. Y traigo aquí la novela de Enard, porque sin probar la carne desde abril, me pongo a leer al autor galo y ya sabemos que los franceses pueden escribir mejor o peor, Enard es de los primeros, pero que tienen una gastronomía que te cagas, esto es, que uno piensa en Francia y piensa en ambrosías, gollerías, y es empezar a babear ipso facto. El Enard, que es zorro viejo a pesar de su edad, dedica un extenso y desenfadado capítulo, proclive a la desmesura, en el que sienta a la mesa a una legión de sepultureros para darse un festín pantagruélico. Y bien de quesos de todas las regiones de Francia, bien regaditos con los mejores caldos franceses y carnes y aves y verduras de toda clase y condición, cocidos, asados, a la parrilla, estofados, acompañadas tan excelsas viandas con una miríada de salsas cuya lectura me hizo dejar el libro, salivando y lanzarme a la calle, pasar de largo de la carnicería, que según lo previsto seguía hasta la bandera de público perimetral y en el supermercado hacerme con solomillo en medallones y un carpaccio de carne de buey con parmesano, que en casa acompañé, no con un caldo francés, sino con un Rioja, un crianza Luis Alegre que me puso tal y me deparó una de esas siestas que hacen que la (be)vida valga la pena.

Quiero pensar que este arrebato ha sido algo puntual, y una vez finalizada la novela de Enard, y toda vez que parece no vislumbrarse más banquetes en el horizonte de la novela, seré subsumido por la corriente pisci-vegetariana. Es de justicia apuntar que en el capítulo de marras aparecen unas anguilas y unas lampreas (que no me puedo borrar de mi mente desde que leyera el libro de Torrente Ballester, ese que tiene nombre de güisqui) que le quitan a uno el gusto de comer en general, y de aborrecer el pescado en particular. En verdad deseo que esto no me suceda, pues entonces estaría ya franqueando el umbral del veganismo. Y uno de los tres pilares de mi Santísima Trinidad existencial se vería entonces fatalmente socavado.

Efímera x Librerías

EFÍMERA

Evento pop-up de editoriales independientes y emergentes

Efímera

Desde el 16 de noviembre hasta el domingo 20 de diciembre, transcurrirá el evento EFÍMERA X LIBRERÍAS, el primer circuito literario en el que comprar libros de 30 pequeñas editoriales tiene premio.

Esta nueva propuesta cultural se pone en marcha para dar visibilidad a proyectos editoriales independientes y emergentes, y cuenta con el apoyo y la complicidad de 10 librerías independientes de Madrid y 3 empresas distribuidoras de libros.

EFÍMERA X LIBRERÍAS será, sin duda, además de parada obligatoria para las compras navideñas, un evento imprescindible para tomarle el pulso a toda una nueva generación de editores que luchan porque sus libros lleguen también al gran público.

Debido a la pandemia de Covid-19, la Asociación Efímera Acción Literaria, promotora de la exitosa convocatoria EFÍMERA LIBRERÍA POP-UP, este año adapta el formato del evento de visibilización y promoción de la edición independiente y emergente y propone EFÍMERA X LIBRERÍAS.

EFÍMERA X LIBRERÍAS, que cuenta con la colaboración de Acción Cultural Española (AC/E), es una ruta por 10 librerías independientes y de barrio de Madrid y su propósito es que el lector conozca y compre los libros de 30 editoriales emergentes. Además, también se quiere poner en valor a todos los agentes de la cadena del libro para que los lectores conozcan la riqueza y diversidad del sector del libro independiente de nuestro país ya que todos los participantes en esta acción han colaborado para que los lectores consigan diferentes recompensas cada vez que alguien compre un libro de la ruta.

LIBRERÍAS PARTICIPANTES

Libros de arena (barrio Arcos, distrito San Blas-Canillejas)

La libre de barrio (Leganés)

Nakama (barrio Justicia, distrito Centro)

Grant (barrio Embajadores, distrito Centro)

Vino a por letras (Getafe)

La Sombra (barrio Cortes, distrito Centro)

La Modesta (barrio Ríos Rosas, distrito Chamberí)

Desperate Literature (barrio Palacio, distrito Centro)

Rafael Alberti (barrio Argüelles, distrito Moncloa-Aravaca)

La esquina del zorro (barrio San Diego, distrito Puente de Vallecas)

¿Cómo se podrán conseguir las recompensas? A través de un pasaporte literario.

Pasaporte literario

Gracias a este pasaporte, los lectores sellarán las editoriales cuyos libros compren y conseguirán, como recompensa directa, las ilustraciones de los siguientes artistas: Marta Sevilla, Julia Happymiaow, Pedro Alón, Diana Calabaza Cósmica y Jennifer Dahbura.

Ilustraciones

Todas las ilustraciones se regalan en láminas de alta calidad, impresas en papel Fedrigoni Splendorgel de 300 g. Estas ilustraciones, hechas en exclusiva para el evento, giran en torno al libro y la lectura; un tema que cada uno de los ilustradores ha tenido la libertad para interpretar en su propio estilo.
Tote bag

Por cada sello estampado en el pasaporte se conseguirá una lámina y por cada tres sellos se conseguirá una tote bag de algodón natural y ecológico ilustrada especialmente para esta acción por la ilustradora Laura Pérez, reciente premio El Ojo Crítico de cómic, también con el tema del libro y la lectura como protagonista.

Tanto las láminas como las bolsas se entregarán directamente en la librería, en el mismo momento de hacer la compra. Para fomentar que los lectores hagan la ruta completa y que conozcan las librerías y los barrios en las que se encuentran, se hará un reparto de tal manera que en cada librería solo esté disponible un único modelo de lámina.

Además, los lectores podrán participar en el sorteo de una cena para dos personas en un restaurante superior o estrella Michelin y en un sorteo de un viaje para dos a una capital europea. Para entrar en el sorteo de la cena deben sellar el pasaporte con un mínimo de 10 editoriales diferentes y para optar al viaje tienen que sellar al menos 10 editoriales diferentes en todas las librerías participantes en el circuito.

DISTRIBUIDORAS PARTICIPANTES

Distriforma

Librerantes

Puntxes

EDITORIALES PARTICIPANTES

1. Dioptrías (Madrid)

2. Dieciséis (Sevilla)

3. Aloha (Madrid)

4. Franz (Madrid)

5. Orciny Press (Tarragona)

6. Barrett (Sevilla)

7. Automática (Madrid)

8. Greylock (Pamplona)

9. Piezas azules (Madrid)

10. La biblioteca de Carfax (Madrid)

11. Báltica (Madrid)

12. Aurora Dorada (Xàtiva)

13. Cicely (Madrid)

14.Contraescritura (L’Hospitalet de Llobregat)

15. Kaótica (Madrid)

16. Bala perdida (Madrid)

17. Wunderkammer (Girona)

18. Libros Walden (Madrid)

19. Esto no es Berlín (Madrid)

20. Armaenia (Madrid)

21. Liberoamérica (Madrid)

22. Jekyll & Jill (Zaragoza)

23. Menguantes (León)

24. Episkaia (Madrid)

25. Volcano (Madrid)

26. Hurtado y Ortega (Barcelona)

27. La umbría y la solana (Madrid)

28. Las migas también son pan (Madrid)

29. Sr. Scott (Madrid)

30. DeConatus (Madrid)

«La revolución empieza con un libro»

Efímera x Librerías

Bajo este lema arranca el evento EFÍMERA de 2020. Esta frase es toda una llamada a la acción en un año que ha sido devastador para todas las empresas culturales, en especial aquellas de pequeño tamaño.

Con este lema se quieren unir dos conceptos: el primero es la capacidad que tiene el libro y la lectura para desarrollar el pensamiento crítico, la riqueza de ideas y puntos de vista, aquí todos ellos representados por las microeditoriales participantes; y el segundo interpela a la capacidad de decisión que tienen los lectores cuando compran un libro y la importancia de hacerlo en las librerías de sus barrios. Este acto, aparentemente insignificante, puede ser decisivo para la prosperidad y el bienestar de nuestros vecindarios, ya que las librerías no son solo motores de la cultura sino lugares que generan riqueza y diversidad.

Toda la información en Efímeraliteraria.com

Morir de risa V

Hola. Disculpen la disrupción narrativa, que supongo ya habrán advertido, pero tiene su explicación. El Autor lleva unos cuantos días guardando cama en el hospital y me ha pedido con voz débil y por escrito, que me haga yo cargo de la novela, digamos que de forma interina, lo que viene a ser como una especie de vacante cuya ocupación no supone en ningún caso la titularidad de la plaza de escritor. Su pronóstico es reservado, está en buenas manos (el Autor y espero que también su Novela) y confío y deseo sinceramente que salga de esta. Es todo cuanto sé.

Ya ven, me preocupaba yo por mi vaticinado final, vinculado a un ataque de risa, y ahora, a la luz (negra) de los últimos acontecimientos, me pregunto, poniéndonos en lo peor, si yo podría sobrevivir sin mi creador, pues no soy otra cosa que una secreción mental suya. Vale que en algunos momentos hemos tenido nuestros más y nuestros menos, pues no llevaba yo nada bien que alguien me narrara, que interpretase mis actos, mis pensamientos, que fuera a pasearse por mi cabeza como Pedro por su casa, todo el día con: él por aquí, él por allá, él por acullá, cuando yo tengo nombre y me llamo Eugenio, el bien nacido. !!!Qué poco ha brillado hasta el momento mi pulsión etimológica!!!. Y qué decir de esa obsesión suya con mis mofletes, mis lorzas, mi barba arbustiva, mis berridos, mi cara de alelado (esto no se ha atrevido a ponerlo por escrito, pero sé de buena tinta que lo piensa). Todo tiene un límite, menos el universo que es infinito. ¿Por qué no hablar de mis ojos color verde agua, o mencionar mis manos de finos dedos, o mi voz, que la florista al devolverme el cambio me dijo, azorada, que sonaba como la de Luis del Olmo? ¿Por qué obviar todo eso? ¿Por qué una imagen tan sesgada de mi persona? ¿Por qué analizar mi ser a ojos vista de una mirilla? ¿A qué atiende?: ¿Falta de atención? ¿Ajuste de cuentas? ¿Incapacidad? No lo sé. Lo que sí sé es que lo referido creo que avalará el que en ocasiones yo pensara primero en amotinarme, en declararme en rebelión después, para finalmente decidirme a ver cualquier de vídeo de Faemino y Cansado en Youtube y poner término tanto a mi vida como a su Novela, aunque solo fuese para salirme con la mía, pues así de cabezón y cerril puedo llegar a ser.

Ahora, soy consciente de que a mi zozobra he de sumar la que me causa el estado clínico del Autor, y más que de risa creo que moriré de pena, tristeza o de un acceso de melancolía. He buscado en Wikipedia si era posible morir de pena. Cómo se nota ahí la mano de mi creador, que me lleva a realizar, como un perro pavloviano, las mismas acciones ante parejos estímulos mentales. Pero no me hace falta en este caso mirar nada en internet, pues la experiencia me dice que sí se puede morir de pena, tanto como de tristeza y melancolía. Conozco casos de matrimonios en los que como fichas de dominó cayó un cónyuge y días después el superviviente. Imaginen un triángulo equilátero que solo existiera cuando los lados alzados, iguales, e inclinados se apoyan en un punto. El punto del amor, la comprensión, la tolerancia, el respeto, la entrega. Ese punto que cuando uno de los dos falta pasa a convertirse en agujero negro, que conducirá al superviviente, por absorción, a la nada cósmica.

¿Y qué decir de los capítulos precedentes tan magros? Es posible que el autor creyese que menos es más, pero como escribe Iribarren en uno de sus poemas, en Método creo, para no decir nada, cualquier método es bueno, y esto también nos vale para la extensión.

Después de oír a un músico tocar su guitarra mientras miraba un cuadro de Kandinsky y explicar cómo para él una línea, un círculo, van asociados a un sonido, a distintos acordes, ando dándole vueltas a cómo sería la analogía a Rothko en la escritura, cómo sería volcar una abstracción radical en la escritura manteniendo el significado de la misma.

Y cambiando de tercio y ya que tenemos al Autor encamado y a Eugenio al mando y como escribiera Gala, y qué poco se habla de Antonio, Ahora, hablaré de mí. Largo y distendido.

Todos estos agravios coronavíricos que se zampan casi el telediario al completo, dejando unos minutillos escasos para el deporte, apenas han afectado a mis rutinas, y no hablo de las rutinas de aquellos influencer que pretenden poner a todo quisque a hacer deporte, sino a las rutinas básicas de dormir, comer y leer. La Santísima Trinidad de mi existencia. He de confesar que hace un porrón de años soñé con el día que pudiera satisfacer mis necesidades sin tener que pisar la calle, una entidad bancaria, una agencia de viaje, una barbería. Ese día ha llegado de la mano de un confinamiento impuesto por un estado alarmado.
Así, la pared que hace ángulo recto con la que reparte su espacio entre una televisión de 32″ y un par de estanterías atiborradas de libros, ha desaparecido a mi vista detrás de un muro de latas de alubias, garbanzos, lentejas, sardinillas (en aceite, picantes, en escabeche, con tomate), albóndigas, melocotón y peras en almíbar, cajas de cervezas y sidras apiladas (como el Autor aborrece las listas, aprovecho la ocasión para resarcirme) hasta tocar el techo, y hace imposible concretar dónde acaba la estalactita y empieza la estalagmita alimenticia/alcohólicas.

Mi habitación, mi santuario, presenta el aspecto de una de esas celdas que buscaba Fermor en sus recogimientos espirituales: cama estrecha y dura, mesilla de noche (y de día) y un perchero. Crucifijo aquí no hay -un regalo a Resurrección Aurora, la beata del Segundo Derecha-, que Dios me perdone.
La wifi que me permite internetear fue obra del Mane. Enganchó la de algún vecino. No he querido saber más. Colegas desde que fuimos juntos a los menesianos, Mane siempre está dispuesto a echarte un cable cuando se hace necesaria la asistencia informática o bien el continuo suministro de libros de la biblioteca pública. Pero no solo de libros vive el hombre, y de vez en cuando cae alguna peli o serie, en alguna de las muchas plataformas disponibles en el televisor, más que nada para ponerlas luego a caldo perejil en webs y foros cinéfilos, porque las películas cada día me aburren más. Y no me extraña, porque lo último que visioné fue una supuesta comedia en la que tres americanas se iban a Méjico de parranda, pero con la pretensión de hacerse con el ordenador del novio de una de ellas, pues la novia después de unos días sin saber nada de su churro, muy mosqueada y al borde de un ataque de nervios le había puesto a bajar de un burro en un correo electrónico lleno de insultos, palabras malsonantes y menciones familiares de pésimo gusto, que ahora quiere eliminar a toda costa. En una de las escenas, mientras la chica está en una barca con las piernas colgando contemplando el gran azul, no junto a su churro, sino al lado de un amigo que se convertirá en su amante, un delfín tan juguetón como libidinoso se abalanza sobre la chica hasta acabar eyaculando entre sus piernas, tras un breve pero acelerado frotamiento. Algo había leído sobre el ímpetu sexual de los delfines y su conducta sexual parecida a la de los humanos, pero no recuerdo que ningún guionista se haya servido hasta la fecha de la zoofilia en una película propia de la sobremesa.

Hoy leí sobre los hikikomori y creo que su descripción se ajusta bastante a mi persona, y aunque no cace pokémons, ni eche horas a saco en internet, sí que ando bastante desconectado del mundo y de la gente. Por voluntad propia. He constatado que si primero se olvida uno del mundo, luego el mundo se olvida de ti. Pasan días sin que reciba llamadas ni me entren guasaps. Tan desconectado de todo y de todos que no sabría decir ni el día ni la semana en que vivo. El año es fácil, porque 2020, a pesar de ser un número redondo, es ya un annus horribilis.

Continuará.

Morir de risa IV

El sol se filtra en el cuarto de tal manera que es imposible seguir durmiendo. Es mediodía. Coge la mascarilla y se tira a la calle. Dar la vuelta a la manzana le parece un buen plan. Desconoce si ahora hay escalada o desescalada, pero se acercará al bar El Hontanar de Teod’Or que le pilla de camino y si lo encuentra abierto se tomará un cafecito. Que el nombre no evoque a nadie algo parecido al Café New York, pues la máquina tragaperras frente a la entrada, las servilletas por el suelo y una pantalla gigante que tapa la pared del fondo, por no hablar de la música, a un volumen que aborta cualquier concentración e intento de comunicación, son, en definitiva, los atributos propios de un bar de barrio, el bar de la esquina de toda la vida, afortunadamente aperturado y lo más parecido a un oasis después del beneficioso chute de cafeína de un café solo. Reproduce mentalmente mientras bebe, y en prosa, un poema de Iribarren: Una mañana de miércoles. Hace una mañana gris, opaca, triste. Estoy en un bar, con un café, sentado junto al cristal que da a la calle. La música –suave, lejana, indiscernible– acompaña sin pedirte nada a cambio, ni siquiera que la escuches. Cae una llovizna suave –y un poco torcida– que hace que algunos de los viandantes no se la tomen muy en serio y se resistan a abrir el paraguas. Aquí dentro solo estamos el camarero y yo, y ahora mismo esto es lo más cercano a un pequeño paraíso en la tierra. Me siento casi como en el compartimento de un tren. Si lo fuera yo tendría un billete hasta la última estación.

No lejos del bar hay una plaza que gusto visitar. Una plaza que es plazoleta o placita. La mínima expresión. Un terreno seco, rectangular y en medio un árbol famélico, desnudo y arqueado, con un corsé metálico que no surte efecto alguno. Un resistente, como él. En la pared, donde el árbol proyectaría la sombra de su copa, una placa de madera y unas letras descoloridas y casi ilegibles: Plaza del arbolito.

Con una óptima disposición de ánimo va decidido a hacer barrio, a pensar en local, a que el comercio de la zona reverdezca, y entra en la primera floristería que ve abierta. Sin reparar en los nombres en latín, cuyos caracteres minúsculos es incapaz de descifrar, adquiere la primera planta que ve por menos de quince euros. Al tiempo que paga, la florista le informa de que se lleva un Nomeolvides o Myosotis. Añade que es una muy buena elección (ha captado al vuelo que es un perfecto inútil con las plantas) porque el Nomeolvides es muy poco exigente.

!!!Pues vaya mierda de Nomeolvides!!! ha pensado fuera de sí, y del comercio.

La planta, que descansa sobre una mesa camilla al lado del radiador, quedará bautizada como Oxímoron.

¿Continuará?