Archivo de la categoría: Grijalbo

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que estoy seguro de que no dejará de crecer y que ya supera la centena.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Balduque
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
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En tiempo de halcones

En tiempo de halcones (Fran Zabaleta)

Fran Zabaleta
Grijalbo
2016
585 páginas

Fran Zabaleta ambienta esta novela en Galicia, entre los años 1458 y 1460. Una historia a la cual no le falta de nada. Son los años previos al final de La Reconquista, aunque esta no tiene peso en la historia, más allá de ver como el Rey Enrique IV, está más a pactar que a reconquistar.

Lo determinante y la sustancia de la novela es mostrar ese juego de poder que se traen en Galicia los nobles, los halcones que se nombran en el título, Los Trastamara, Los Mariñas, Los Moscoso, Los Andrade, etc quienes no están dispuestos a desprenderse de sus privilegios de ninguna manera y llevan a cabo toda clases de pactos, ardides y tretas que les permitan arrimar el ascua a su sardina, a fin de mantenerse en el poder.

El detonante es cuando el arzobispo don Rodrigo de Luna ejerce el ius primae nocte, cioè, el derecho de pernada, con doña Xoana de Castro, esposa de Roi de Moscoso. Haciendo de esta manera que los Moscoso se alíen con sus enemigos los Trastámara, buscando la cabeza del procaz arzobispo.

El protagonista es Estevo un mocete que deja a la carrera su pueblo, al ayudar en un bosque a unos titiriteros y plantar cara a quien no debe, buscando luego en Santiago de Compostela su libertad, si logra pasar un año en la misma, desprendiéndose así de condición de siervo. Una llegada a la ciudad que no puede ser más trágica pues allí será apalizado por el rufián local, un tal Arcanxo, que dejará a Estevo al borde de la muerte en un callejón y en manos de su ángel de la guarda, la bella y buena Mencía.

La novela es coral y esto tiene sus pros y sus contras. Si en otras novelas que disfruté mucho como Assur o Las páginas del mar, había un protagonista casi absoluto, aquí Estevo es importante, pero también lo son Mencía, la joven de la que cree estar enamorado, Ramla la mora que le hurtará el corazón, el joven y maldito picaflor Arnao, Martiño, hermano de Mencía quien no puede vivir su homosexualidad con normalidad y anhela hacer carrera eclesiástica. Estos son sólo algunos, de los 115 personajes que aparecen en la novela.

El autor opta por diversificar las tramas, lo que da una mayor perspectiva a la historia, al tener más frentes abiertos, aunque sí que echo en falta más espacio para Estevo, un mayor protagonismo del mismo.

Lo más interesante de la novela es ver que el pueblo, a mediados del siglo XV, por una vez, quiere tener la voz cantante y para ello recurren a la figura de la Hermandad. La primera se crearía en 1167. Hermandades que surgían de la voluntad popular y que luego buscaban ser legitimadas. Hermandades integradas por individuos de toda condición que perseguían criminales e imponían justicia, lo cual no dejaba de ser visto con malos ojos por los Reyes, para quienes estas fórmulas no eran otra cosa que un desafío a su autoridad, al poder establecido, al orden natural de las cosas. Unos mandan y otros obedecen. Siervos y Señores.

Así las cosas, mientras los nobles buscan aliarse con el Conde o bien con el arzobispo, o con todo aquel que les permita mantener su estatus, entre la población de Santiago y de otras villas surge el deseo de hacer frente a tanta tiranía, a tanta sinrazón, toda vez que los más humildes ven como una y otra vez los nobles abusando de su posición, los roban, violan a sus mujeres, las mutilan o las dejan tullidas, les exigen diezmos y tributos, hasta dejarlos en la miseria más absoluta, al tiempo que la situación de quienes les imponen tan gravosas penalidades no deja de mejorar.

Vemos por tanto como se va cociendo lentamente ese sentimiento popular de querer cambiar las cosas, de dinamitar las bases del feudalismo, y lo vemos a través de los ojos de Estevo, vemos cómo se malvivía en barrios insalubres a las afueras de Santiago, y como las clases más humildes no tenían ni recursos, ni esperanza, como la mujer no era para el hombre algo más que orificios donde colmar su deseo, hasta que la Hermandad llama a sus puertas y les da algo parecido a una esperanza.

Lo pone fácil Zabaleta al lector, ya que sin darte cuenta te ves devorando las más de 500 páginas que tiene la novela, y no porque sea de esos libros que podrías leer en diagonal sin que se resintiese el resultado, sino porque a través de más de un centenar de personajes y múltiples aventuras, mediante una prosa vibrante, detallista (que luce bien en lo tocante a la recreación histórica), sin altibajos, te metes presto en la historia, revives el siglo XV y te ves abocado hacia un final trepidante, donde todo se enloquece y donde finalmente constatamos lo que ya barruntábamos, que cuesta mucho cambiar las cosas, porque como dice un cura en la novela, los poderosos no van a renunciar a lo que tienen a cambio de nada.

Un intento que puede fracasar, pero que dejará el germen de lo que vendría después, como sucedería con la revuelta irmandiña de 1467.

Las páginas del mar

Las páginas del mar (Sergio Martínez 2015)

Sergio Martínez
Grijalbo
2015
627 páginas

Las páginas del mar es la primera novela publicada por Sergio Martínez (Santander, 1975), quien hasta el momento había publicado libros de investigación y divulgación. Es esta una novela extensa: 627 páginas. Nada mal para un debutante.

Sergio recurre a un hecho histórico relevante: la travesía que hizo en su día el portugués Fernando Magallanes desde Sevilla hasta las Molucas, en el Pacífico, en un ruta hasta entonces inédita, que consistió en cruzar el Altlántico y descender hasta la Patagonia, para cruzar al Mar del Sur, al Pacífico, rumbo a esas Islas de las especias, productoras de canela, clavo, nuez moscada, etcétera. Una travesía que le supuso a Magallanes, bajo el reinado de Carlos I (el Rey de Portugal mandó a Magallanes con viento fresco cuando este le aseguró que encontraría una ruta que permitiría llegar a la Islas de las especias navegando siempre hacia el Oeste, no hacia el Este como se venía haciendo) circunnavegar por primera vez la Tierra, ya que tras llegar a las Molucas, el regreso lo hicieron por el Índico, completando así una circunferencia perfecta.

Los personajes por tanto son reales, lo son Magallanes, su cronista Antonio Pigafetta, y ElCano, y los otros nobles que aparecen.

El reto por tanto consiste en hacer atractiva la historia, que ya por sí misma lo es, ya que durante tres años Magallanes y los suyos estuvieron navegando hasta lograr regresar de nuevo a Sevilla, habiéndose vista menguada la tripulación desde los 234 hombres que partieron a sólo los 18 que lograron regresar. Magallanes moriría una vez cumplido su sueño, después de haber abierto ese paso que llevará ya por siempre su nombre. Lo hizo, lanceado, en la arena de una playa de una isla de Filipinas, perdiéndose así los honores y las riquezas que se derivaron de su épica singladura. Una ruta, hay que añadir que se vio poco después como escasamente rentable.

Travesía Fernando Magallanes

El narrador de esta historia nos la cuenta porque ha sobrevivido, es por tanto uno de esos 18 afortunados, que lograron dar la vuelta al mundo en barco y regresar. Ante una muerte que ronda cerca, el narrador, ya anciano decide pues plasmar sobre el papel sus recuerdos, al tiempo que exorcizar sus fantasmas del pasado, y para eso nada mejor que escribir.

La narración se irá alternando entre los episodios propios de la niñez y adolescencia del joven en un pueblo de Liébana, un pueblo entre montañas, donde su familia sobrevive con estrecheces, entre la siega y la siembra. Donde el narrador nos muestra a las claras lo duro que era salir adelante en una familia numerosa y siempre pendiente de las circunstancias climatológicas. No falta el cacique local que compra voluntades y destroza existencias. Hay lugar para el amor, para la pasión, y sobre todo, y este es un hecho determinante para que nuestro joven descubra el amor por el conocimiento, la sed infinita de saber, gracias a Sancho, un señor taciturno y aparentemente huraño, poseedor y guardián de una biblioteca, que le permitirá al joven viajar a los mundos y lugares, remotos y futuros que sólo la literatura permite. Un hecho clave le obligará a partir, junto a su hermano, dejando en tierra a su amor, a Lucía.
Los dos hermanos viajarán a Sevilla y allí se enrolarán en una de las cinco naos que partirán rumbo a las Islas de las especias.

Todo lo que nos ha llegado de ese viaje, o buena parte de él lo conocemos gracias a Pigafetta, quien tomó buena nota de todo cuanto vio en su periplo. Como este estaba del bando del portugués, cuando Magallanes murió, no quiso saber nada del nuevo capitán Elcano y éste al enterarse que nuestro joven es escritor lo nombra cronista de sus andanzas, a fin de recibir los laureles y glorias de las que se cree acreedor.

El viaje de tres años de duración da mucho de sí. Si en un primer momento al llegar a Brasil aquello les parece el paraíso, una vez en ruta hacia tierras de la Patagonia, sufrirán el frío, el hambre, las noches interminables, hasta que consigan cruzar al Pacífico. Si todo parece entonces que vaya a arreglarse, durante esos meses de travesía, sufrirán lo indecible, muchos morirán, cometerán cuantos desmanes se nos ocurran con las gentes que siempre habían vivido allí, muchos cuerpos vencidos por la muerte irán al fondo del mar y su labor evangelizadora se quedará en agua de borrajas.

Sergio Martínez consigue mediante 64 capítulos de unas diez páginas cada uno (jalonando los años en Cantabria con el periplo náutico) mantener la intriga en todo momento, construyendo unos personajes que a pesar de ser vulgares, están en el sitio adecuado en el momento justo, siendo testigos de una proeza como pocas. Lo que experimentan estos marineros es una odisea, un martirio, un calvario, un barco que parece ser un campo de exterminio, donde el hambre les llevará a comerse hasta el cuero de las cuerdas. Un huir de uno mismo, en el caso de nuestro protagonista, dando la vuelta al globo, para al final, lograr cerrar el círculo, expiar las culpas y alcanzar la serenidad que ambos hermanos perdieron al dejar a la carrera su pueblo de Dosamantes.

El autor de la novela nos presenta además un marinero (nuestro protagonista) ilustrado quien gracias a Sancho, su maestro, se lo ha leído casi todo, un devorador de libros, para quien conservar una biblioteca se convierte en una cuestión de vida o muerte. Unas lecturas (no solo filosóficas) que le serán muy útiles en el barco, cuando reine el tedio más absoluto y una buena historia sea entonces casi tan importante para sus compañeros de travesía como lo es un plato de carne agusanada.

Me puse a leer este libro sin apenas convicción y navegando navegando y casi sin darme cuenta me he visto, tres días después, leyendo la página 623 de los agradecimientos. Por cierto, rara vez, he leído que un autor agradezca algo a suegros y cuñados.

Un libro el de Sergio Martínez que me ha gustado, que me ha permitido conocer más (o casi todo) de Magallanes (a Colón lo tenemos ya muy visto) y sobre todo que me ha permitido gozar con una buena historia, bien narrada, fluida y equilibrada. Una sorpresa pues muy agradable.

Si decides embarcarte, eso ya es cosa tuya.

Editorial Grijalbo 2014

El reino de los hombres sin amor (Alfonso Mateo-Sagasta 2014)

Alfonso Mateo-Sagasta
Editorial Grijalbo
528 páginas
2014

Alfonso Mateo-Sagasta (Madrid, 1960) se encumbró con su novela Ladrones de Tinta (2004). En 2006 publicaría El gabinete de las maravillas y ahora nos brinda El reino de los hombres sin amor. Leyendo el título, si no sabemos de qué van sus libros, formando este último, parte de la trilogía ambientada en el Siglo de Oro con Isidoro Montemayor como protagonista, podríamos pensar que guarda relación con algún libro de Larsson, ya saben, aquel de los hombres que no amaban a las mujeres, o algo de índole romántica/sexual/erótica/pornográfica, libros que en algunas librerías ocupan ya más espacio en los lineales que el dedicado a los de filosofía/sociología/filología.

Me centro.

Transcurre el otoño del año 1615, en España tenemos como Rey a Felipe III. Su hija de de 14 años, Ana de Austria, se va a casar con el Rey de Francia, el también niño Luis XIII. A cambio, la francesa Isabel de Borbón se casará con el sucesor en el trono, Felipe IV. De esta manera, la madre de Luis XIII, María de Medici, regente del monarca, pretende mantener la paz entre Francia y España mediante estas dobles bodas reales.

El intercambio de princesas de Francia y España en el río Bidasoa
Intercambio de princesas de Francia y España en el río Bidasoa de Rubens.

El intercambio de princesas que se llevará a cabo en territorio neutral, en La Isla de los Faisanes, un islote situado en el Bidasoa, con Francia en una orilla y España en la otra, que es el marco y motor de la historia.

Isla de Faisanes
Isla de los Faisanes

En una novela de estas características en la que suceden un sinfín de desventuras el protagonista ha de tener el don de la ubicuidad e Isidoro lo tiene, del tal manera que unas veces buscándolo y otras no, irá cambiando de ambientes teniendo más dueños que El Lazarillo de Tormes. Cuando su amada, la condesa de Cameros, para quien Isidoro trabaja como secretario, se vea obligada a reconocer oficialmente que su marido en Las Indias lleva ya un tiempo muerto, Isidoro será despedido, porque ella es condesa, viuda, pretendida por muchos hombres de la Corte y él es un don nadie.

Isidoro que además de un Don nadie es también un caballero (en un sentido metafórico, al menos al principio), tiene como único objetivo dejar limpio de culpa el nombre de su amada (o ex-amada) a fin de que nadie pueda vincular las actividades de su marido con ella. Un marido el de la condesa que no era trigo limpio, que allí en las Indias se dedicó al tráfico de plata, de esclavos, al contrabando, a la falsificación de moneda y a cuantas otras actividades ilícitas le arrojaran alguna ganancia.

Desde el 30 de septiembre, cuando comienza el relato que nos ofrece Isidoro, hasta su finalización el 9 de noviembre, con el intercambio de las princesas, Isidoro llevará a cabo cuantas pesquisas y averiguaciones sean necesarias para lograr su objetivo. Esto le obligará a sortear toda clase de peligros, a verse ante códigos alfanuméricos incapaz de descifrar por sí mismo, recalará en un monasterio que esconde en uno de sus celdas tesoros inimaginables, enfrentarse a asesinos sanguinarios, mezclarse con lo más granado de la Corte, incluida Ana de Austria, hacer de agente doble o triple de Calderón y Carrillo y de correveidile, como un dominguillo, en manos de unos y de otros, ya sea en palacios, figones, mancebías, vivacs, posadas, u hospitales.

Lo que más me sorprende de Isidoro es que no le pongo cara, que me cuesta imaginarme cómo es. Si en Alatriste, por poner un ejemplo, su físico es importante, sino determinante, aquí, viene a ser lo de menos, y quizás por eso en la portada del libro vemos a un caballero de espaldas que podría ser Isidoro o cualquier otro. No olvidemos que Isidoro es un hombre de letras, no de espadas y su mayor tesoro es su cerebro, su inteligencia.

Alfonso Mateo-Sagasta, merced al relato que nos ofrece Isidoro logra zambullirnos de lleno y sin remisión en una aventura emocionante, vibrante, intensa, divertidísima y deslumbrante. A lo largo y ancho de más 500 páginas, el autor nos brinda para nuestro deleite un vívido fresco de la época, con una prosa potente, un lenguaje rico y bien ajustado a la trama, con diálogos inteligentes, que engrasan el relato, ganando éste en intensidad a medida que avanza, desembrollando la madeja, atando cabos.

De manera automática nos encontramos a comienzos del siglo XVII, en el tráfago de la Corte rumbo a la Isla de los Faisanes, donde somos testigos de las encarnizadas luchas por el poder (el duque de Lerma tratando de usurpar la figura de Felipe III, y el duque de Uceda, hijo del Duque de Lerma, rivalizando con este, tratanto de hacerse con el favor del rey, por ejemplo), de la ambición desmedida de todos los Grandes de España y nobles y de los que aspiraban a serlo, de la corrupción, la prevaricación, el cohecho, carcomiendo el Estado y su Razón, del poder casi ilimitado de la Iglesia, de jornadas interminables durante semanas para cubrir 100 leguas, y sobre todas las cosas, por encima de los agravios y la desesperanza, el amor infinito que Isidoro siente por Micaela, su dueña y señora, que le sirve como acicate a éste, para meterse en todos los fregados imaginables e ir jugando muy bien sus cartas, sin ser un tahúr.

Alfonso Mateo-Sagasta

Alfonso Mateo-Sagasta

No deja de lado tampoco Alfonso el submundo libresco y aunque con menos presencia que en Ladrones de tinta, también aparecen en el relato escritores como Cervantes, Lope de Vega, Quevedo, Shakespeare, e incluso al final, en la Nota del editor (pag 511), Alfonso se permite alguna broma, donde como ya es habitual, Isidoro, es capaz de cambiar la historia o ser al menos acreedor de ciertas autorías, en algunos detalles, menores, anecdóticos, pero significativos.

Las páginas dedicadas al traslado de la Corte de Madrid a Valladolid en 1601, la compraventa de solares e inmuebles, la fiebre especulativa derivada del traslado con el Duque de Lerma y otros muchos potentados, llenándose los bolsillos con información priviliegiada, parecen la génesis, con cuatro siglos de antelación, de la burbuja inmobiliaria que estalló en 2007.

El título del libro hace mención al reino de España y los hombres sin amor son entre otros el rey Felipe III, su valido El Duque de Lerma que eran viudos, Isidoro, cuando Micaela lo manda a paseo, sin contar a los eclesiásticos, de ahí que amor, al menos del carnal y en el sentido oficial, más bien poco.

José Manuel Fajardo (El converso, Carta del fin del mundo), Arturo Pérez-Reverte (su saga de Alatriste, El húsar), Luis García Jambrina (El manuscrito de piedra, El manuscrito de nieve) y Alfonso Mateo-Sagasta, entre otros, demuestran con sus novelas, novelas como la presente, que es posible conciliar con acierto el rigor histórico, el entretenimiento y la calidad de un texto literario.

La catedral del mar crítica del libro de Ildefonso Falcones

La catedral del mar libroMe ha sorprendido mucho el éxito en ventas de este mediocre libro. Lleva ya medio año entre los más vendidos, con una cifra de ventas que supera el medio millón de copias despachadas. (en septiembre de 2007 es más de un millón).
Si a eso sumamos que para el autor Ildefonso Falcones, La catedral del mar, es su primera novela, el negocio ha sido todo un éxito. Ya se dice que han comprado los derechos para hacer la película, y la Editorial Grijalbo va a publicarlo en otros países, siguiendo quizá la estela de otros autores españoles que también están vendiendo mucho fuera de nuestras fronteras (Zafón, Javier Sierra, Matilde Asensi, Julia Navarro..). La catedral del mar es una discreta novela histórica, que nos cuenta los avatares de Arnau, desde que es un siervo de la tierra, hasta que logra ser Cónsul del Mar, y lo que es más importante, contar con el respeto del pueblo. En varias ocasiones estuve tentado de dejarlo, ya que el interés que despertaba su lectura era muy tibio, pero al final mi afán en acabar los libros que comienzo me ha impelido a leerlo del todo.

Si libros como este son éxitos en ventas, se deben principalmente a que en nuestro país se lee poco. Mucha gente lee un par de libros al año, la mayoría de las veces en verano, y un libro de esta clase, de los denominados como “novela histórica” que generan en el lector la ilusión de que aprenden historia, al tiempo que leen y se entretienen, junto con una lectura fácil y donde las acciones en las que se mezcla la aventura con amores y desamores, venganzas, celos, injusticias, etc son bastante previsibles, hacen de estos libros un pasatiempo estupendo, sino que le pregunten a Dan Brown. Leer pocos libros lleva a pensar que éste que tenemos entre manos “es la bomba”, cuando es otra fotocopia más de miles de libros anteriores similares, pero mucho mejores como, Los pilares de la tierra, (aunque con éste la única relación que guarda es que como telón de fondo hay una catedral en construcción. Ahí acaban los parecidos), El médico., etc..

Digo lo de la “ilusión” porque si después de finalizar el libro uno se para a pensar las cosas “históricas” que ha aprendido, no son tantas. Conoceremos algunos términos: bastaix, host, cómo eran algunas costumbres de la sociedad feudal, el comportamiento de la inquisición, el papel de la mujer y de los judíos en una sociedad misógina y otros tantos datos de la ciudad de Barcelona y alrededores que a los que sean de la zona seguro que les gusta.

En lo que respecta al libro como he dicho antes me ha dejado muy frío. En momentos puntuales, como el porteo de la piedra, por el joven Arnau, al cual Falcones quiere dotar de una aureola de heroicidad resulta descafeinada, parecido a lo que ocurre en su pasaje final. Parece que el autor ha metido el fuego de metralla al comienzo y fin de la obra, y el tramo intermedio resulta deslabazado y anodino, con unos personajes apocados, y episodios folletinescos de revolcones y amores no correspondidos. Las páginas en las que el autor se explaya explicando los pormenores comerciales de las transacciones marítimas son un coñazo.

Leí por ahí que Falcones, antes de publicar el libro, fue a un taller de escritura, donde los potenciales escritores, recibían consejos sobre como dar forma a una novela. El manuscrito que llevó Falcones, que pasó de mano en mano antes de publicarse y que ahora es el número uno en ventas era “La catedral del mar“. Hemos ganado pues un novelista, que no un buen escritor, que arrasará dentro y fuera de nuestras fronteras. Grijalbo ya le ha dado un dinero a cuenta de su segunda novela.

Se cumple con este libro la relación inversamente proporcional que hay entre la calidad literaria y el número de ejemplares vendidos. Regla que en el caso de las novelas históricas, salvo excepciones, como El último catón de Matilde Asensi, “El Converso” o “Carta desde el fin del mundo” de Manuel Fajardo por citar algunos, se cumple más de lo deseable.

De todos modos mi abuela lo comenzó a leer hace cinco días y ya se lo ha leído y eso que tiene 90 años y no ve demasiado bien. Le pregunté qué le había parecido el libro y me dijo que era muy entretenido. Así que todo lo dicho anteriormente quizá pueda quedar en entredicho.

Y ya de paso ahí van tres recomendaciones: Paradoja del interventor de Gonzalo Hidalgo Bayal, Geografía del Tiempo de A.G Porta y La flor del toronjil de Jose Antonio Ramírez Lozano, porque hay afortunadamente vida más allá de La novela histórica y de La Catedral del mar.