Archivo de la categoría: Fórcola ediciones

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que no deja de crecer y que ya supera la centena de editoriales.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Altamarea ediciones
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Baile del Sol
Bala perdida
Balduque
Barataria
Base
Belvedere
Berenice
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carmot Press
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
e.d.a
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta>
Fórcola
Franz Ediciones
Fulgencio Pimentel
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gatopardo
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Hueders
Huerga & Fierro
Hurtado & Ortega
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
KRK
La Discreta
La Navaja Suiza
La uña rota
Las afueras
Lengua de trapo
Libros de Ítaca
Libros del Asteroide
Los libros del lince
Lumen
Lupercalia
Malpaso
Mármara ediciones
Minúscula
Muchnik
Nórdica
Olañeta editor
Paidos
Páginas de Espuma
Pálido fuego
Papeles mínimos
Paralelo Sur
Pasos perdidos
Pengüin
Península
Pepitas de calabaza
Periférica
Pez de Plata
Plaza Janes
Playa de Ákaba
Pregunta Ediciones
Pre-Textos
Random House
RBA
Reino de Cordelia
Sajalín
Salamandra
Seix Barral
Sexto Piso
Siruela
Sloper
Stirner
Talentura
Tandaia
Taurus
Témenos
Trama
Tránsito
Tresmolins
Trifoldi
Trifolium
Tropo
Tusquets
Turner
WunderKammer

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No habrá muerte. Letras del Gulag y el Nazismo. De Borís Pasternak a Imre Kerstész (Toni Montesinos)

El siglo XX además de un buen número de guerras civiles y dos mundiales, fue también el siglo de los totalitarismos, con Hilter y Stalin a la cabeza.

Toni Montesinos (Barcelona, 1972), publicó el año pasado en Fórcola, No habrá muerte. Letras del Gulag y el Nazismo. De Borís Pasternak a Imre Kerstész, ensayo amenísimo, no muy extenso, poco más de doscientas páginas, pero bien cundidas, en las que como su título indica irá recogiendo cómo ambos totalitarismos, los de Hilter y Stalin afectaron al mundo de la cultura, de las letras, enviando a los gulag, a los campos de concentración, al exilio, al ostracismo literario, a la muerte, a figuras como Primo Levi, Solzhenitsyn, Tsvietáieva, Bábel, Pasternak, Kertész, Danilo Kîs, etc.

En la abundante bibliografía que maneja Toni Montesinos, me llama la atención que buena parte de ella la integren novelas recientemente publicadas, que Montesinos conoce bien al ejercer su labor como crítico literario, novelas como Una saga moscovita de Vasili Aksiónov (2015), El ruido del tiempo de Julián Barnes (2016), La venganza de los siervos. Rusia 1917 de Julián casanova (2017), La facultad de las cosas inútiles, de Yuri dombrovski (2015), Las redes del terror. Las policías secretas comunistas y su legado, de José M. faraldo (2018), Los que susurran. La represión en la Rusia de stalin, de Orlando figes (2017), Insumisos de Todorov (2016), Anastasia, Memorias. Mi vida con Marina 1816 – 1991 (2018), Setenta días en Rusia. Lo que yo vi de Ángel pestaña (2018), El espejo blanco. Viajeros españoles en la URSS de Andreu Navarra (2016), El volga nace en Europa de Curzio Malaparte, (2015), Diario del gueto y otros escritos de Janusz Korczak (2018), Julio Jurenito de Ilyá Ehrenburg (2013), Desviación de Luche D’Eramo (2018), etcétera.

Montesinos imbuido en la vena literaria recurre a su vez a aquello que dicen los traductores de las obras citadas o bien a lo que se dice en los prólogos, encontrando ahí apuntes y reflexiones sintéticas valiosas e interesantes, interés que se mantiene en la lectura de estos ensayos cuando Montesinos aborda la historia de este siglo XX recurriendo a historias menos conocidas, como la violación de Nanking, genocidio japonés perpetrado en territorio chino; la figura del doble agente español Pujol, clave en el desembarco de Normandía; la red de túneles excavados en Berlín con la que los ciudadanos buscaban la manera de sortear las restricciones del muro; Lisboa, convertida en la ciudad puerta de la libertad durante la segunda guerra mundial; o yendo a terrenos literarios la poca garra, según Montesinos, que tienen las novelas de I. B. Singer, en relación con sus estupendos cuentos; o la figura de Szymborska a quién todos creo que deberíamos de vindicar más. “Tengo en gran aprecio dos pequeñas palabras: ‘No sé’. Son pequeñas, pero tienen alas”.

El libro se cierra con el apartado Breve cronología literario-suicida, el mismo que aparecía en otro libro del autor, El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico (Ápeiron ediciones, 2019), pero adaptado para la ocasión a los años comprendidos entre 1933 y 1997 y centrados en los escritores víctimas de la gulag y el nazismo.

Antes de hablar con tanta ligereza y abaratar continuamente el lenguaje, antes de emplear con tanta alegría términos como fascista, nazi, estado represor, etcétera, convendría darse un paseo (o bien directamente perderse) por libros como el presente.

Fórcola ediciones. 2018. 248 páginas.

Toni Montesinos en Devaneos

El triunfo de los principios. Cómo vivir con Thoreau
El gran impaciente. Suicidio literario y filosófico.

Jesús Marchamalo

Tocar los libros (Jesús Marchamalo)

Si algún día lo digital se come al papel, un libro como este será una reliquia, porque aquí se habla exclusivamente de libros en papel.

No es este un libro que trate de vender las bondades de la lectura. Este libro de Jesús Marchamalo (Madrid, 1960) está dedicado a los lectores empedernidos. El libro es la transcripción de una conferencia del autor (el autor comenta que está disponible en PDF en la red). Sobre el acto de leer el autor aborda diferentes temas que todos nos hemos planteado como son: leer en casa o en un bar, leer tumbado o sentado, hemos de dejar los libros prestados o no, los libros hay que subrayarlos o dejarlos inmaculados, qué hacer cuando los libros empiezan a ocupar todas las dependencias de una casa, qué sucede cuando una desgracia como por ejemplo un incendio arrasa toda nuestra biblioteca, qué tácticas podemos emplear a la hora de desprendernos de libros que ya no queremos leer más, cómo podemos organizar nuestra biblioteca particular (que puede llevarnos a situar, por ejemplo, a Pynchon al lado de Platón), hay que usar marcapáginas o doblar las páginas en los bordes, cómo ponderar aquellos libros que no son necesarios e indispensables, qué podemos encontrar olvidado dentro de un libro, simultanear o no varias lecturas, qué libros son considerados de difícil lectura…
Para responder a estas y a otras muchas cuestiones el autor habla por experiencia propia o bien recurre a un montón de anécdotas muy interesantes de diversos escritores (Mendoza, Eco, Cortázar, Sontag, Umbral, Luis Mateo Díez, Lowry…), como las referidas a esos manuscritos que se salvaron de la quema en el último instante como Bajo el volcán o bien más romanticonas como la biblioteca deshojada de Julio Cortázar.

Reitero por tanto lo dicho en el comienzo, este libro lo disfrutarán los bibliófilos y todos aquellos para los cuales la lectura los libros nos es una obsesión.

Julio Camba

Caricaturas y Retratos (Julio Camba)

Camba era el logos, la más pura y elegante inteligencia de España

José Ortega y Gasset

Mucho había disfrutado leyendo las Crónicas de viaje de Camba y tanto o mayor disfrute me han deparado estas caricaturas, retratos o semblanzas de personajes famosos, la mayoría escritores ilustres como Goethe, Heine, Marx, Gorki, Verlaine, Blasco Ibáñez, Nietzsche, Baroja, Rostand, Carolina Coronado (bendita tú seas entre todos los señores); un largo etcétera, hasta treinta. Semblanzas que Camba fue diseminando por distintos periódicos: El País, La Tribuna, El Sol, ABC y que permanecían inéditas en formato libro hasta que Francisco Fuster tuvo a bien compilarlas en este título que pública Fórcola. Estas semblanzas, son apuntes menores, no biografías al uso, que narran grandes hechos, sino que abundan más en la anécdota, en el chascarrillo, donde el autor aporta su estilo a base de humor, ironía y mucha retranca. Si cuando retrata a Bernard Shaw dice que nunca sabían cuando éste hablaba en serio y cuando en broma, descolocando así siempre a cuantos le rodeaban, adulaban o leían, lo mismo podemos decir de Camba, pues leyendo ciertas cosas, a pesar del tono serio, uno aprecia el humor soterrado, la mofa encubierta, algo que al leer da mucho juego, pues es sobre la sugerencia y la evocación donde nos ensoñamos, lo que a menudo no sucede cuando todo es tan explícito y meridiano como sucede en muchas biografías.
A todos los retratados en mayor o menor medida Camba rinde tributo, incluso devoción (hay en las semblanzas un espíritu benevolente y piadoso), pues aprovecha el retrato para dar al escritor la importancia que este cree que tiene, la gloria que cree merecer, como se lee en el entierro, por ejemplo, de Rubén Darío.

Camba se trae mucho cachondeo a costa de los alemanes, los franceses y los ingleses, mediante comentarios hilarantes y muy sustanciosos -algo o mucho tiene que ver su labor de corresponsal en esos países-, que a pesar de quedarse en el tópico, hay algún que otro requiebro magistral que demuestra el talento de un Camba que publicó muchas de estas semblanzas con poco más de 20 años. Eran otros años. Sí. Otro periodismo. Ahora se estila mucho el estilo Belloc.

En estos términos habla Camba de Baroja.

Sólo Baroja entre veinte millones de españoles, esperaba la revolución del triunfo alemán, y sólo él, entre quince millones de germanófilos, lo era por motivos liberales y anticatólicos. El último sacristán de pueblo, el último teniente de guarnición, en provincias, el último socio del último Casino republicano, vio claro lo que se discutía en la guerra europea, y Baroja, escritor ilustre, estuvo cuatro años sin enterarse.
Pero yo, no por eso dejo de admirar a Baroja. Y es que yo no le he admirado nunca por sus cualidades, sino por sus defectos. No lo he admirado a pesar de sus incongruencias, sino por sus incongruencias, ni a pesar de sus faltas gramaticales, sino por sus faltas gramaticales, ni a pesar de sus ideas absurdas, sino por sus ideas absurdas. Y el día en en Baroja escriba un libro razonable, con ideas sensatas, con buena gramática y con un plan lógico, no seré yo quien se gaste tres cincuenta en adquirirlo
.

Fórcola ediciones. 2013. 186 páginas. Edición y prólogo De Francisco Fuster.

El pulso de la desmesura

El pulso de la desmesura (Amelia Pérez de Villar)

Amelia Pérez de Villar
Fórcola ediciones
2016
136 páginas

La voz que narra es la de Lola, en un monólogo que trata de atrapar al lector y que sin embargo languidece sin remisión desde su comienzo.

Visualmente la narración tiene la apariencia de un poema, pero sin el aliento poético de este; más bien un estertor agonizante, con una prosa mortecina al servicio de una historia banal, que va poco más allá de la anécdota y que la autora no consigue poner en pie ni insuflar algo de vida en ningún momento.

La protagonista de esta novela de la escritora, editora y traductora Amelia Pérez de Villar es una modelo que ahora se ha reciclado como artista, como una artista del vacío, pienso, que se siente ninguneada por su pareja, quien la desatiende en todos los terrenos, a ella, que quiere ser querida, amada, colmada y que también quiere ser madre. Y mientras ella monologa, se aburre, se amorra al tedio y entra en bucle, su pareja no acaba de llegar (pues prefiere estar trabajando en lugar de con ella) y ella despechada se prenda entonces de una presentador de noticias, catódico, y fantasea con estar inválida, mientras la postración, el lamento, la súplica, la insatisfacción, conforman sus coordenadas vitales, y su malestar es el de una Penélope 2.0, moderna, que hace de la banalidad, la frivolidad y sus reiterados chapuzones en naderías, su alimento vital, capaz de contagiar su hastío y aburrimiento al lector, un servidor, que hizo un paréntesis en la lectura de Herzog, para leer esta apuesta de Fórcola ediciones, y que en comparación con el libro de Bellow solo hace que mi valoración negativa hacia esta novela me lleve a plantearme a que se debe que novelas simplonas y epidérmicas (donde todo es piel y apenas hay sustancia) como la presente vean la luz, cuando habrá por ahí manuscritos maravillosos cogiendo polvo en muchos cajones; misterios del mundo editorial.