Archivo de la categoría: Editorial Pepitas de Calabaza

Un habitar más fuerte que la metrópoli

Un habitar más fuerte que la metrópoli (Consejo Nocturno)

Me ha resultado interesante lo propuesto por Consejo Nocturno en este ensayo editado por Pepitas de Calabaza. Ensayo que aborda problemas actuales como el auge de estas metrópolis que vienen a ser como cascarones vacíos, llenas de gente, que no las habitan (lo importante no es ocupar, sino ser el territorio; La política que viene se discierne, por tanto, por la recuperación del nexo fundamental entre habitantes y territorios), que no llegan a relacionarse ni a interactuar, más allá de darse la hora llegado el caso.

Siempre muy presente el capital que rige nuestras vidas y las reifica, la tecnología intensiva, google (se comenta que en breve ya no usaremos este buscador para buscar, sino que le pediremos: ¿cuál es la próxima cosa que debo hacer?), el avance de los drones, que permite tenernos todavía más controlados, siempre cediendo nuestra la libertad a cambio de una mayor presunta seguridad. Se dan ejemplos de ciudades como Singapur, con programas que le darán al gobierno una visión sin precedentes de cómo funciona el país en tiempo real.

Se recurre mucho en estos escritos a las palabras de Agamben (Lo abierto, El uso de los cuerpos. Creo que no hubiera venido mal al final del libro un índice onomástico o una bibliografía, de los muchos libros y autores que se citan: Kafka, Canetti, Illich, Fernando Coronil, Marx, Rigouste, Foucault), que también recogía Marc Badal en un ensayo suyo que leí recientemente (Vidas a la intemperie) donde se hablaba del genocidio rural perpetrado en Rusia que supuso la abolición del campesinado. Consejo Nocturno apela a agregar formas-de-vida íntegras que actúan en una autonomía absoluta, es decir, sin relaciones de gobierno, sustraídas a las relaciones mercantiles y al nihilismo metropolitano, tejiendo vínculos comunales de juramento y de cooperación mutuos y la autodeterminación no de necesidades, sino de deseos, inclinaciones y gustos […] la comuna es lo que viene en el momento en que una miríada de formas-de-vida se agregan material, espiritual y guerreramente en un “Nosotros” y comienzan así a hacer juntas.

Pepitas de Calabaza. 2018. 126 páginas.

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Invierno (Elvira Valgañón)

La nieve no quiere decir nada: Es sólo una pregunta que
deja caer millones de signos de interrogación sobre el
mundo.

José Emilio Pacheco

Elvira Valgañón (Logroño, 1977) valida con su novela Invierno aquello de menos es más y en apenas 136 páginas arma un potente y emocionante relato polifónico que va desde 1809 a 1965, donde se suceden las guerras -la napoleónica, la de filipinas y la guerra civil española- los amores consumados y consumidos por la ausencia, los exilios y los retornos, los funerales y los adioses, ante unos asustacuervos que principian y clausuran la novela y los cuales nos dirían muchas cosas -si hablasen- del paisaje y paisanaje de Cerveda, donde transcurren todos estos avatares, en parajes fríos y nevados que tanto añorará Lamperna, en sus lances bélicos por Filipinas, que junto a Benildo forman una pareja muy entrañable, que me trae en mientes otra, la formada por Manuel y Montenegro de la estupenda novela de Ernesto Pérez Zuñiga No cantaremos en tierra de extraños.

Elvira crea y sostiene a sus personajes con muy pocos trazos, ya sean Coloma, Fermín, Luis o Basilio, hace un muy buen uso de las elipsis, va encalando los intersticios de la historia de Cerveda, drenando con su prosa sucinta, estilosa y precisa el pasado, que como el deshielo primaveral irá anegando y afirmando el presente.

Conviene, si se puede, leer el libro del tirón. Buscar tres horas de paz y sosiego para disfrutar de la lectura tan intensamente como se merece, dado que esta breve novela de Elvira creo que logra deshacerte y deshojarte, por muy témpano y perenne que uno se piense.

Pepitas de calabaza. 2018. 136 páginas

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Una casa en Walden sobre Thoreau y cultura contemporánea

Me dio por ponerme a leer El triunfo de los principios, cómo vivir como Thoreau de Toni Montesinos. Al principiar su lectura supe que en 2017 se cumplían dos siglos de su nacimiento. Eso explicaria que en las librerías los libros de o sobre Thoreau copen buen espacio de los lineales. Alrededor de la página 120 del libro de Montesinos, comencé a leer Thoreau, biografía de un pensador salvaje de Robert Richardson y como no hay dos sin tres, ahora traigo aquí Una casa en Walden sobre Thoreau y cultura contemporánea de Antonio Casado da Rocha (Donostia, 1970).
Con estos títulos tan largos uno añora a Franzen.

De Thoreau he oído hablar mucho, pero solo había leído un ensayo andariego frutícola, una oda a la manzana, que no transformó mi existencia radicalmente pero que reforzó mi pasión por la sidra natural(mente).

Quizás lo adecuado sería leer Walden, luego sus dos volúmenes editados por Capitán Swing hasta la fecha de sus Diarios, el resto de sus ensayos y después pasar a las biografías. El caso es que ambas biografías están muy bien escritas y documentadas tal que cuando lea Walden, Thoreau será ya para mí como de la familia.

En cuanto al libro de Da Rocha, ya advierte que los ensayos no son sobre Thoreau. En ese momento o dejas el libro en la mesilla o tiras hacia adelante que es lo que he hecho.

El comienzo del libro es autobombo, dado que Da Rocha ha publicado junto a José Ignacio Foronda en Pepitas, Volar, que recoge las observaciones de Thoreau sobre las aves, y comenta anécdotas sobre la génesis y presentación de ese libro, así como sus más y sus menos con la traducción de Walden -unos cuantos párrafos aparecen en el libro-, que va para largo. Lo más sustancioso y más impersonal es cuando Da Rocha parafrasea a Riechmann o a Marina Garcés, la cual apuesta por una filosofía menos encorsetada y aislada y ser más hibrida, práctica y audaz.

Fuese o no Thoreau un filósofo pedreste, sí que llevó a la práctica sus ideas -lo cual no se puede decir de la mayoría de los filósofos-, vivió la vida que quiso vivir durante los dos años, dos meses y dos días que pasó en Walden. Tiempo en que afianzó su sobriedad, su estoicismo. Una situación de soledad autoimpuesta que lejos de minarlo lo reforzaba en su contacto o inmersión con la naturaleza y las leyes que la rigen.

En estos ensayos hay mucha poesía, mucha de ella en vasco, que Da Rocha vierte al castellano para nuestro beneficio. Una poesía en la que el autor tiene mucha fe. Quizá demasiada. Una poesía que según dice, en potencia siempre es política. Si nos damos una vuelta por la sección de poesía de algunas librerías, más que política, muchos de estos poemarios son potencial y explícitamente masturbatorios, aunq seguro que algún filososo pasado o futuro ya habrá enunciado o enunciará que la masturbación no deja de ser una emancipación, líquida y temporal, sí, pero emancipación a fin de cuentas.

Tras este pequeño inciso, vuelvo, de momento, a las biografías de Thoreau, porque hoy me hice con un ejemplar de Walden con traducción de Marcos Nava, así que la fuente está al alcance de la mano.

Si Da Rocha finaliza algún día su traducción de Walden me gustaría estar aquí para leerla.

Pepitas de calabaza. 2017. Antonio Casado da Rocha. 161 páginas.

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Conjunto vacío (Verónica Gerber Bicecci)

Hay cosas, estoy segura, que no se pueden contar con palabras. Esto aparece en el libro de Verónica Gerber Bicecci (Ciudad de México, 1981). Una reflexión que la autora lleva a la práctica, empleando no sólo palabras, sino también diagramas, lenguajes inventados (cambiando el orden de las sílabas), para expresar el exilio, la desaparición, el fracaso amoroso.

La que narra es una hija, con su madre desaparecida. Sufre el mismo desamparo que su hermano. La suya, una mirada que va del cielo al infinito. Del telescopio a la introspección de un pasado correoso. El tiempo en sus manos como una masa madre que moldear.
Una relación amorosa que renuncia a llamar a lo suyo principio de algo, a fin de evitarse así los finales.

Me ha parecido una novela tan singular y arriesgada como anodina.

Pepitas de calabaza. 2017. 199 páginas.