Archivo de la categoría: 2019

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Fuegos (Ismael Ramos)

Publicado en gallego en 2017 bajo el título Lumes en la editorial Apiario, La Bella Varsovia lo edita en 2019 en castellano con traducción del propio autor, Ismael Ramos (Mazaricos, 1994).

Un libro puede llegar a nuestras manos de la forma más inesperada. Dando una vuelta por la biblioteca de Reinosa, en la mesa de las novedades y frente a tantísimo libro fue este de Ismael el que acabó en préstamo en mis manos.

Hablamos de un poemario de 60 páginas que he leído dos veces. La segunda en voz alta, porque estos poemas creo que así lo exigen y se aprecia entonces mejor su cadencia y musicalidad, su capacidad para fluir, para resbalar y también para afianzarse en la carne del lector cual anzuelo. Lectura que me ha generado una profunda sensación de melancolía desde su comienzo con Nacerá una polilla en tu cabeza. Un sanatorio sirve tanto para morir como para sanar, pero al protagonista del poema lo salvará la escritura.

Poemas que se construyen sobre la genealogía familiar, nada surge aquí de la nada pues todo está conectado, así todas las generaciones unidas por una misma sangre (aunque desemboque en agua), los hijos como cicatrices de sus padres, padres que se construyen dentro de los hijos, padres que piden a sus hijos que se peguen un tiro, un abuelo con miedo a la muerte, cuidado por su mujer de manos impolutas, hermanas que sienten la vida en el dolor de la primera regla, madres desfallecidas, y entierros y velatorios, la vida anticipando la muerte, el saber que se muere cada segundo que pasa, desear con violencia la felicidad ajena de los seres queridos y siempre el recuerdo, la infancia convertida en disciplina, siempre la ávida memoria, las mismas manos que acarician y matan, y todo cristalizado en una fotografía inexistente, retablo familiar con los padres, los hijos, la herida de un amor que no nos salva.

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Las malas (Camila Sosa Villada)

Las malas
Camila Sosa Villada
Tusquets
2019
230 páginas

En Las malas, Camila Sosa Villada (Córdoba, 1982) nos abre las puertas al universo travesti. Desde niño gusta vestirse de mujer. Algo reprobado por su padre alcohólico -que piensa que así acabará muerto y tirado en una zanja- y por la madre, que secunda a su marido. La imposibilidad de habitar un mundo inhabitable.

Yo no podía ser un hombre en ese mundo.

Travestis que generan atracción y desprecio en el paisanaje local de Córdoba (Argentina). Imposible apartar la mirada de un hombre vestido de mujer. Camila nos da cuenta de su infancia, adolescencia e incipiente adultez y lo difícil que le resulta poder ser ella misma.

Era un cuenco seco, viejo y duro, dentro del cuerpo de una criatura de 18 años.

El calor, el cariño y la comprensión que no hallará en su hogar lo encontrará en la pensión de la Tía Encarna, madre de todas las putas.

Santa patrona de todos nosotros, que logramos encontrarte en la búsqueda sin descanso de una madre, de procurarnos una madre para esas noches de remordimiento, una madre que nos enseñara a no sufrir.

Aquel hábitat pasa a ser su mundo, el nido desde el que salir a ganarse el pan prostituyéndose, una remuneración que le ayuda en satisfacer su necesidad de verse como una mujer. Aunque con un cuchillo entre las piernas.

En el quehacer de la prostitución se hermanan la fealdad y la belleza, la caricia y la vejación (más de una vez amanece sin saber qué tropelías han hecho en su cuerpo), el sexo activo y pasivo, las conversaciones enhebradas en los gemidos, el mercadeo del cuerpo que busca la clandestinidad, la penumbra en los parques, la invisibilidad en el día a día.

Comunidad travesti que se verá acechada, injuriada, agredida, asesinadas algunas de ellas y finalmente disuelta. Y de todo esto da testimonio Camila, un testimonio que cifra bien su Vía Crucis, dolor y sufrimiento e ilumina el universo travesti desde distintos ángulos, sobrevolando la sordidez gracias a una prosa delicada, contundente y también poética, pues cuando el El Brillo de los Ojos aparece en escena, o Los Hombres sin Cabeza o María la Pájara, uno ya siente en la textura del papel la magia del relato, la punzada de la existencia, la vida (pesarosa) abriéndose paso.

Nuestro cuerpo es nuestra única patria.

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Hermanos de alma (David Diop)

La novela Hermanos de alma del escritor David Diop (París, 1966; el mismo apellido que el de Assane, el protagonista de la famosa serie de Netflix Lupin), con traducción de Rubén Martín Giráldez, nos sitúa en las trincheras de la primera guerra mundial. En Senegal, colonia francesa hasta 1958, Francia recluta soldados en tierras africanas, y de un pueblecito llamado Gandiol, enviará al frente a luchar contra los alemanes a dos hombres muy jóvenes: Mademba y Alfa. Dos amigos que se consideran hermanos de alma, espíritus permutables. La novela comienza con la muerte de Mademba, que cuando está agonizando suplica a Alfa que lo mate. Lo hace por tres veces y las tres veces Alfa se niega. Esta acción o negación, atormentará a Alfa en el futuro. Las escaramuzas entre las trincheras me recuerdan a lo leído en el libro de Scurati, M. El hijo del siglo, en lo tocante al proceder de los arditi o aquellos otros soldados que como sombras despachaban a sus enemigos en Elástico de sombra de Juan Cárdenas. Alfa hace algo parecido cuando abandona la trinchera, cruza hasta la línea enemiga, y mata a su desprevenido enemigo llevándose como trofeo las manos de los ejecutados. Luego el autor nos lleva a Gandiol, donde Alfa, antes de ir al frente de batalla tendrá la gran suerte de disfrutar del sexo, del placer de apurar un cuerpo ajeno.
La prosa de David Diop se nos ofrece machacona, con un aire bernhardiano, como aquel pensamiento recurrente y obsesivo.
Una muestra más de la barbarie de la guerra. Aquí la primera guerra mundial. Los peones como Alfa, como Mademba, desplazándose por el tablero, derramando su sangre y la ajena, entre blanca/os y negra/os.

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L’uomo della provvidenza (El hombre de la providencia); Antonio Scurati)

L’uomo della provvidenza
Antonio Scurati
Bompiani
2019
650 páginas

En M. L’uomo della provvidenza, Antonio Scurati nos lleva a Italia. A los años comprendidos entre 1925 a 1932. Retomamos pues la narración donde finalizaba su anterior trabajo, M. El hijo del siglo. El estilo se mantiene, los capítulos pasan a ser algo más largos. Entre ellos se intercalan cartas, apuntes de diarios, noticias aparecidas en los periódicos, extractos de los discursos de Mussolini.
En 1925, las primeras cien páginas son una crónica de sucesos estomacales de Benito, a cuenta de su úlcera duodenal y la sífilis. El Rey Vittorio Emanuele III ya come de su mano, sin mover éste un dedo por censurar la violencia fascista. La oposición ha sido anulada tras el intento fallido de asesinar a Benito por parte de Zaniboni, lo cual le viene de perlas al Duce para dar por clausurado el caso Matteotti, e imponer así sin ningún freno su liberticidio. Habrá un juicio y los responsables probados de la muerte de Matteotti en virtud de la amnistía del 31 de julio saldrán libres a las pocas semanas de su ingreso en prisión. Caso cerrado.
Benito asume cada vez más poderes situándose por encima del Parlamento y del Rey. La Amnistía llevada a cabo, (aprovechando el 25 aniversario en el reinado de Vittorio) poniendo en la calle a presos comunes y con delitos de sangre hace afluir en las calles de nuevo a los fascistas detenidos y a los mafiosos, lo cual tiene consecuencias en las elecciones celebrada en el sur, que dará más votos al Partido Nacional Fascista. Incluso a Mussolini lo alaban fuera. Mussolini es sinónimo de Italia afirma el diario The Times, a finales de 1925. El joven Hitler añora para su querida Alemania un Mussolini tedesco y pide audiencia con el Duce, que de momento, no está por la labor de facilitar un encuentro. Se vive una situación tensa a cuenta de las revueltas producidas en el Alto Adige o Südtirol, en el paso del Brennero, ya que el proyecto de Alemania, con su Anschluss, quiere anexar Austria a su proyecto de la PanAlemania. Llevado a cabo, años más tarde, en 1938.

En 1926, Benito cesa a Roberto Farinacci como Secretario del partido y nombra en su lugar a Augusto Turati. En abril Mussolini sufre su segundo atentado. Este va a cargo de Violet Albina Gibson. No hay motivos políticos. Su intención era matar al Papa. En su ideario político la idea de Imperio coge ímpetu e Italia amplia sus horizontes en tierras africanas, retomando la idea de extender sus colonias en Libia. Un secarral infernal que deja sus aires de grandeza en un espejismo, que le permite quitarse de encima a algunos de sus lugartenientes, haciendo pasar por un premio o reconocimiento a sus servicios lo que no es otra cosa que un castigo, con forma de exilio. El país está en crisis, con alza de los precios y una inflación desatada, y a su vez, una libra devaluada. Mussolini sigue haciendo leyes a su medida, capaces de quitar la nacionalidad y expropiar los bienes a quien le venga en gana por Real Decreto. Y en septiembre de 1926 sufre Benito su tercer atentado en solo once meses. Este último obra del anarquista Gino Lucetti. Intenta matar a Mussolini con una bomba y un revólver, sin éxito. Mussolini, se ve, es el hijo de la providencia. A finales de 1926 se aprueban nuevas leyes por las cuales se prevén penas de cárcel de hasta diez años en caso de propaganda antifascista, la pérdida de la ciudadanía, la retirada del pasaporte y la confiscación de todos los bienes. Se crea un tribunal especial para delitos políticos. Se retoma la pena de muerte que había sido abolida. Para la doctrina fascista, el individuo es un elemento infinitesimal, transitorio en una organización social, por lo tanto puede ser sacrificado. Los lazos entre el estado italiano fascista y el Vaticano parecen ser cada vez mayores, ese es el empeño de Benito. El cardenal Mercier considera a Mussolini el mayor estadista de su tiempo, un hombre elegido por Dios enviado a Italia para su salvación y nuevo resurgir. El fascismo ha acabado con los hombres, con las doctrinas, con las formas de vidas anteriores. El fascismo es un mundo nuevo. Un sistema cerrado al que solo se accede bajo determinadas condiciones.

Se pasa, a comienzos de 1927, de un estado liberal en el que para ser un buen ciudadano bastaba con respetar la ley a otro fascista en el cual para no caer en la ilegalidad es necesario a cada ciudadano convertirse en un fascista. Mussolini ostenta el poder absoluto, organizando el poder provincial en manos de los prefectos que le rendirán cuentas directamente. En enero Winston Churchill, agradece a Mussolini que su movimiento le haya hecho un servicio al mundo entero. Él, afirma, hubiera estado también con Mussolini en su lucha contra los apetitos bestiales y las pasiones del leninismo. El fascismo cree haber acabado con la lucha de clases, aboliendo el antagonismo entre trabajadores y capitalistas. Todos unidos, todos fascistas, todo el poder al fascismo y todos los fascistas al poder. En abril la selección de fútbol italiana se enfrenta a la Suiza. Los jugadores llevan en sus camisetas los broches fascistas, y realizan el saludo fascista antes de comenzar el partido. La nación fascista es una nación que no vota, que cree, obedece, combate, y si es necesario, muere. Mussolini tiene su particular idea de cómo ha de ser la raza italiana. Pero la realidad de contradice. Sesenta mil muertos al año por tuberculosis junto la plaga del alcoholismo, que arroja varios miles de muertos al año, a esto hay que sumar el raquitismo, la desnutrición, la gota, las epidemias infantiles como la escarlatina, etc. Otro problema más es la baja natalidad, Benito Mussolini sueña con ser sesenta millones de italianos, cuando solo son cuarenta.

En 1928 Italia sigue fomentando su idea imperialista, con sus excursiones militares en Libia, a la altura del paralelo 29. Al mando el general Graziani. La batalla en Tagrift, en marzo la victoria, las ejecuciones sumarias, el empleo del fosgeno y el gas mostaza contra el enemigo.El 3 de abril de 1928 Italia ratifica el protocolo de Ginebra, que prohíbe el uso de la guerra bacteriologica y los gases químicos. Mussolini sigue el camino emprendido en su demolición del estado liberal, vaciando de contenido y sentido el Parlamento y eliminando la oposición política y la democracia. A Gramsci, imputado por actividad conspirativa, instigación a la guerra civil, apología e incitación al odio de clase le caen 20 años de cárcel. Mussolini tiene claro que al finalizar la XXVII legislatura del Parlamento del Reino de Italia la siguiente será 100% fascista.
Solo habrá un partido, el Partido Nacional Fascista. No solo Mussolini es objeto de atentados. El 22 de abril el rey Vittorio Emanuele III sufre un atentado en Milán del que sale ileso. Sin embargo mueren 18 personas. Las pesquisas no conducen a ninguna parte, pero Mussolini sale reforzado. Mussolini a mediados del 28 trata de desestabilizar la zona de los Balcanes, promoviendo acciones de grupos nacionalistas macedonios. En julio recibe una carta de Hitler, al frente del Partido nacionalsocialista de los trabajadores, el cual entiende las ansias imperialistas italianas, aplaudiendo las colonias en África, informándole de que no entra en sus planes recuperar el Südtirol para Alemania. Un Hitler que anhela reunirse con Il Duce. A finales de 1928 la crisálida del poder se transforma en la mariposa de una soledad absoluta, en la que vive Mussolini.

En febrero de 1929 se alcanza un acuerdo entre Mussolini y el Vaticano, entre el Estado y la Iglesia. Una alianza entre César y Cristo.
Entre la Cruz y el Águila. Se le reconoce a la Santa sede la propiedad total y el poder soberano sobre la Ciudad del Vaticano, se garantiza su total independencia, protección total, el valor civil del matrimonio religioso, la introducción en la escuela laica estatal de la enseñanza confesional, a discreción de la Iglesia, se reconoce la religión católica, apostólica y romana, como la única religión del estado. La Iglesia por su parte renuncia a cualquier tipo de actividad política.
El papa Pío XII en febrero de 1929 en una alocución a profesores y estudiantes en la Universidad católica del Sacro Cuore Milano afirma que hacía falta un hombre que la Providencia ha permitido encontrar. En marzo del 29 Mussolini parece haber roto amarras definitivamente con la Sarfatti, despojada de su rol de didattriche de la cultura, harto Mussolini de que mezcla su nombre con sus invenciones artísticas. En las elecciones que se llevan a cabo el 24 de marzo se vota con un sí o un no a la dictadura de Mussolini. De 9,5 millones de votos solo 135.000 votan que no. En septiembre de 1929 el secretario Turati pide la dimisión. En las reuniones que se celebran cunde el desánimo, una vez que Mussolini acepta y defiende su dictadura y no parece que la cosa vaya a abrirse a un régimen más democrático sino todo lo contrario. Turati está un poco harto de ver cómo sus secuaces ponen a Mussolini a caldo perejil por una parte y por la otra lo hacen ver como un Napoleón.
Se aprecia en la narración de los hechos cómo una vez que la dictadura afianza su omnímodo poder cada vez se generan menos noticias, por lo tanto el 1929 es un año que en el libro de Scurati tiene muy poca extensión. Lo mismo sucederá con los años sucesivos. Dedica la atención Scurati a la boda de la hija de Mussolini, la díscola Edda, y a las aventuras en la Tripolitania, y la Cirenaica, con la creación de un campo de concentración para 100.000 civiles, un auténtico desastre construido a pleno sol en el que más pronto que tarde comienzan los primeros síntomas de disentería, bacilos, malaria, escorbuto, salmonelosis. Un aire putrefacto por el olor de los cadáveres, el mal estado de las letrinas. Un campo de concentración situado lejos de las faldas acuíferas. Scurati fija también su atención en los ajustes de cuentas dentro del partido, como el juicio llevado a cabo entre Belloni y Farinacci. Venciendo este último, el cual también tiene mucho que callar, ya que se había doctorado en leyes con una tesis copiada de la primera a la última página.

En 1931 la atención se fija de nuevo en el uso y abuso en el desierto libio del gas iprite, gas mostaza, que toma su nombre de la ciudad de Ypres. El 29 de mayo de 1931 Michele Schirru es fusilado, acusado de haber tenido la intención de asesinar al Duce.

La expansión Italiana en Libia ocupa en este libro de Scurati un lugar muy importante, tanto que se podría hacer casi una novela con las páginas que abordan está cuestión. Toda esta abyección, la cantidad de barbaridades cometidas contra la población civil en Libia serán no solo orilladas por el régimen sino incluso enaltecidas, como si la labor de los italianos en Libia hubiera permitido traer la civilización a un suelo barbárico.

En 1932, el régimen quiere ultimar a Turati lo acusa de homosexual, pedofilia, actividades sexuales ilícitas, deshonetas. Una sarta de mentiras orquestada por Farinacci, ante las cuales Benito no mueve un dedo. Finaliza la narración con más inauguraciones, como la Vía dell’Impero (hoy conocida como Vía dei Fori Imperiali) en Roma. Mussolini sigue amurallado en su soledad, ha perdido a su hermano Arnaldo, fallecido el año anterior y da la espalda definitivamente a la Sarfatti, su amante durante dos décadas, a quien se niega incluso a recibir, para incomodidad de Quinto Navarra. Su estrella personal, la de Mussolini, sigue ascendente, una estrella, no obstante cada vez más lejana que languidece sostenida en un vacío sideral.