Archivo de la etiqueta: 2018

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Morir en paralelo (Andrés Neuman)

Es un dulzor trepando por la sangre.
Un plegar las persianas más adentro.
Un volumen que mengua voz a voz
en la radio obsesiva de la mente.
Una mano en la cara de mis horas.
Un ascensor cayendo hacia mí mismo.

Sólo quiero apagarme
cada noche a su lado,
en espera del día.

Vivir de oído. La Bella Varsovia. 64 páginas. 2018.

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24 Marcha Hoyos de Iregua

Marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 Marcha Hoyos de Iregua
24 marcha hoyos de Iregua
24 Marcha Hoyos de Iregua
24 Marcha Hoyos de Iregua

Estoy tan fundido que no me quedan fuerzas para escribir nada. Me da lo justo para poner las fotos. Esta 24 edición ha sido muy exigente, la más dura de las siete veces que la he acabado. Ese kilómetro con un desnivel de casi un 30% me ha matado. Al volver no tenía muy buena cara, como se ve en la foto, tal que al llegar a casa me han tenido que reconocer por la sonrisa.
A pesar de las inclemencias climatológicas, protección civil, la gente de la organización y de la Fundación Cajarioja han hecho que haya ido todo sobre ruedas, o más bien sobre piernas.

24 marcha hoyos de Iregua

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Iluminaciones (Walter Benjamin)

Leer a Walter Benjamin me resulta muy estimulante. Su prosa es exigente, pero gratificante. Algunos de estos ensayos (escritos entre 1916 y 1940) como los dedicados a la historia de la fotografía pueden parecer ya anticuados, o superados, pero por mucho que la técnica ponga a nuestra disposición cada día artefactos más elaborados, en lo tocante a lo audiovisual, el cambio radical se produjo cuando se pasó de la pintura a la fotografía, cuando el cuadro que era visto por cuatro personas y en entornos privados, se vio reemplazado por la fotografía, que pudo llegar a todas partes y donde la pregunta era cómo el artista encajaba en esa era de la reproducción técnica. Los ensayos dedicados a la religión, la historia o la política me interesan menos.

Dado que este espacio se alimenta de literatura, los ensayos benjaminianos que más me han gustado son los dedicados a Kafka -Benjamin profundiza en sus ensayos en obras como El proceso, a tener muy presentes cuando acometa su lectura-, Baudelaire, donde se transparenta la ciudad de París y el concepto de multitud y de flâneur, con anécdotas muy curiosas como esos flâneur que en plan desafiantes, salían a pasear sus tortugas, dejándose llevar por estas, sustrayéndose así al ritmo acelerado, las prisas, las tareas repetitivas y alienantes que ocupaban cada vez más a millones de personas, especializados en tareas insignificantes, abundando ahí Benjamin en lo que Marx y Hegel escribieron al respecto; el teatro épico de Brecht, el último lírico, Paul Válery; la distinción entre informar y narrar, recurriendo a Léskov
Walter Benjamin
Traducción de Roberto Blatt
y reflexionando acerca de lo que un lector busca en una novela (“Lo que atrae al lector de novela es la esperanza de calentar su vida helado junto al fuego de una muerte leída”) o Proust (de quien Benjamin reseñaría En busca del tiempo perdido, reseñas con las cuales como comentaba Vicente Valero en Experiencia y pobreza, Walter Benjamin en Ibiza, se ganaba la vida, publicándolas en la prensa alemana, ejerciendo la crítica literaria) su memoria involuntaria, donde recurriendo a las vigentes entonces teorías de Freud se analizaba la relación que existía entre memoria y recuerdo, entre vivencia y experiencia (“No importa qué opiniones uno tenga, sino en qué tipo de hombre lo convierten a uno las opiniones que tiene” dice Benjamin parafraseando a Litchtenberg), todo esto sustanciando la narración o la poesía, en el caso de Proust, de Baudelaire y de tantos otros artistas.

Estos sustanciosos ensayos se cierran con centenares de notas, un siempre necesario Índice onomástico y cuatro interesantes prólogos de Jesús Aguirre.

Comenté anteriormente que sería interesante la publicación de un libro que bien podrían titularse El libro de los prólogos, pues en los prólogos, en ocasiones, encontramos materiales muy interesantes (ahí, por ejemplo, Borges ejerció también su magisterio), prólogos que se circunscriben a los lectores de las novelas para las cuales sirve de pórtico, cuando algunos de estos prólogos, superan con creces las hechuras de la novela que prologan para abordar otras cuestiones literarias y de otra índole muy jugosas.

Lo edita Taurus, del grupo PRH, en su nuevo sello Clásicos Radicales.

Taurus. 2018. Edición y prólogo de Jordi Ibañez. Traducción de Jesús Aguirre y Roberto Blatt.

www.devaneos.com

La muerte de Napoleón (Simon Leys)

Se trabaja con todo lo que se recuerda, pero no se crea más que con aquello que se ha olvidado. Esto lo dice Leys, Simon Leys (1935-2014). En los años 50 Leys había escrito en un diario unas líneas en la que decía que Charlie Chaplin acarició la idea de hacer una película sobre Napoleón, contando cómo se evade de Santa Elena y se va a vivir de incógnito a Francia. Esto Leys no lo recuerda, pero luego será con lo que cree esta obra de ficción cuyo argumento es la idea de Chaplin.

Comenta que una vez escrito el manuscrito recibió el rechazo de una decena de editores (esto me recuerda a lo que Lowry contaba en Detrás del volcán) hasta que al final vio la luz y se convirtió en un éxito.

Comenta también Leys que el principio y el final le vino del tirón y que luego lo fue rellenando, eslabón a eslabón. Cuenta que escribía de noche, cuando su familia dormía, unas cuantas palabras cada noche, que luego iría puliendo. Ese trabajo artesanal se nota, pues el texto tiene una musicalidad que resulta absorbente, una prosa que sin caer en el barroquismo resulta muy preciosista, basta leer el párrafo dedicado a esa aurora vista desde el barco o el postrero éxitus. Muertes en el cine estamos aburridos de verlas o de sufrirlas, pero en la literatura creo que no son tan corrientes, ni tan memorables. Recuerdo la de Stoner y creo que ésta que pergeña Leys para su personaje la recordaré, sin duda.

El libro, poco más de cien páginas (sin tener en cuenta el postfacio) las he leído del tirón, es lo propio, cuando la historia te atrapa desde sus primeras palabras (gran traducción de José Ramón Monreal) y no ceja en su capacidad de sorprender, una y otra vez, propiciando la carcajada al ver por ejemplo a Napoleón convertido en un exitoso empresario en la venta de sandías o melones, o percibiendo con intensidad que debía guardarse de las añagazas de la felicidad, cuando el amor llama a su puerta y corre el riesgo de desleerse en lo doméstico. A fin de cuentas, Leys despoja a Napoleón de su aureola, lo baja del pedestal, lo diluye entre el vulgo, le deja destacar (su mente analítica, su don de mando, lo mismo vale para el ejército que para el mundo empresarial, se ve), le da algo de relieve, pero al final, todos nuestras pasiones, afanes, sueños y desvelos acaban en el mismo sumidero, en un espacio muy reducido.
Ya nos contó aquel sabio ruso cuánta tierra necesitaba un hombre: unos seis metros cúbicos.

Simon Leys en Devaneos | La felicidad de los pececillos

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Las ventajas de la vida en el campo (Pilar Fraile)

¿Las ventajas de la vida en el campo? ¿Qué ventajas, qué vida, qué campo?. El título de esta novela de Pilar Fraile (Salamanca, 1975) se desdice en cada uno de sus términos.
!Ay, Alicia!, cambiaste un barrio clónico en la ciudad por una vida en el campo, adonde te trasladaste con tu marido y tu hija pequeña. Fuiste a un pueblo y acabaste en una urbanización, querías una vida al aire libre y esto consistía en que tu hija jugase en el jardín de tu casa, querías ir a un pueblo pero sin llegar a formar parte del mismo, de su comunidad, así que los lugareños os trataban de usted, quizás por vuestra condescendencia urbanita. Querías cambiar de vida, pero no sabías que lo importante era la raíz, no las hojas y que cambiando el escenario no cambiaba una vida, que una vida no es parecer, no es compararte con tus vecinos, perderse en naderías, sino ser. Descubriste que todo era fingimiento, representación, de la que tú formabas parte, que el rol de madre no te iba y te arrepentiste llegado el momento de haber tenido a tu hija, te arrepentiste de tu rol de esposa, y la naturaleza proteica de tu marido cuando mostró su cara más feroz tornándose despreciable te condujo a la aventura amorosa y a confundir un calentón con el amor. Esperabas un reconocimiento a tus tareas, que no llegaba y te desesperabas con los efectos laborales de la crisis y tus encargos episódicos y pudiste entonces plantarte y llamar a las cosas por su nombre, pero acabaste pasando por el aro. Te dejaste cegar por tus prejuicios y un anciano retraído, silente, de mirada incisiva, tu vecino, se convirtió en el actor principal y en todos los secundarios de esas películas que te montabas en tu mente (tú y tu esposo) con jirones extraídos de las noticias de sucesos. Hablabas del universo una y otra vez, de sus precisas leyes, un universo que por otra parte no te ofrecía ningún consuelo.
Creo que llegaste a la conclusión de que tu vida era un tiovivo del que ya nunca bajarías, porque habías comprado más fichas de las que ibas a poder usar, porque tu vida era una vida sin ti.

Caballo de Troya. 2018. 286 páginas