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Tragatrufas (1933) y Hitler greñas (1941): Dos sátiras políticas contra el nacionalsocialismo

En la colección de Ápeiron Ediciones «Dokumenta», dedicada al pensamiento, la cultura y la sociedad europeas de la primera mitad del siglo XX, se publicó a comienzos de este año, en una espléndida edición de Roberto Vivero, Tragatrufas (Truffle Eeater) y Hitler Greñas (Struwwelhitler)

En Truffle Eater (1934), Humbert Wolfe se encargó del texto y Archibald Louis Charles Savory de las ilustraciones. Leído ahora resulta una sátira profética que esboza las barbaridades que los nacionalsocialistas serían capaces de llevar a cabo más adelante. En 1934 Hitler acababa de llegar al poder. Es un texto con referencias a la Primera Guerra Mundial, caldo de cultivo para la Segunda. Las ilustraciones, principalmente, son en blanco y negro. Está presente la propaganda del régimen nazi, los periodistas ahogándose en la tinta negra, y toda clase de noticias falsas por parte del regimen nazi para negar la realidad. El pasado está muy presente. Se menciona el Lusitania (transatlántico británico hundido por los alemanes, que causó la muerte de 1200 personas) o la enfermera Cavell (enfermera británica fusilada por los alemanes por ayudar a huir a más de 200 soldados aliados). O la quema de libros y la zarza ardiente, que nunca se consume, como ocurre con los libros. Se pueden quemar sí, reducirlos a cenizas, pero lo que los libros representan y contienen no desaparece. Al contrario que el niño que quema los libros, porque el censor siempre está de paso. Vemos también a Hilter con esvásticas, en el lugar en donde estarían las falanges; la mención a Lady Macbeth, ¿la culpa, las manos manchadas de sangre? La manera de empequeñecer y ridiculizar a Hitler es compararlo con Mussolini. Lo vemos probarse el traje del fascismo (que no lo ha inventado él), o la mención a Lenin, con quien podrá medirse Hitler a la hora de ponderar su futura ignominia.

Tragratrufas

Tragatrufas

Struwwelhitler fue escrita en 1941 por los hermanos Robert y Philip Spence. La Segunda Guerra Mundial ya estaba en marcha. El desastre ya ha sido consumado. Incluye incluso el hecho de la Operación Barbarroja, cuando salta por los aires el pacto entre Hitler y Stalin para repartirse Europa, toda vez que Hitler decide atacar a Rusia. Las ilustraciones aquí son muy coloristas y vívidas.

El Struwwelhitler toma como referencia el Struwwelpeter de Heinrich Hoffmann. Al final del libro tenemos las ilustraciones de Hoffmann. Podemos comparar las ilustraciones, no tanto los textos. Y ese es otro nivel de lectura. Analizar la imitación con lupa, porque no solo las ilustraciones (aparentemente) son similares, los textos también están sacados del mismo molde, pero en el Struwwelhitler la pretensión es mantener la sonoridad de las rimas pero adaptándolas a otros contextos, con otras palabras.

La sátira consiste aquí en empequeñecer a estos prohombres que tuvieron en sus manos el destino de Europa, como el Little Adolf, o Mussolini, que será mordido por un perro y acabará en el agua. O la pluma envenenada de Goebbels, que como a un niño desobediente o malcriado le puede ser arrebatada. Todas ellas son imágenes muy gráficas, que siguen una lógica infantil. La propia de los cuentos. Por eso los castigos y un manifiesto espíritu pedagógico. Y es ahí donde la sátira manifiesta toda su eficacia. De la misma manera los grandes hombres tienen nombres coloquiales, como los motes que nos ponen en el colegio: Gobby, Ribby o Musso.

En el comienzo de Struwwelhitler los niños buenos tienen que saber mentir o matar. Esa es la premisa en ese contexto histórico (1941). El bien y el mal acaban trastocados. Habría que plantearse qué significan entonces palabras como paz, o el bien.

Hitler greñas

Las ilustraciones, a veces, hablan por sí solas. Vemos el contraste entre un Stalin gigante y unos nazis diminutos, Europa convertida en madre, o las chimeneas y sacos con dinero sustituyendo a los regalos navideños del original de Hoffmann.

Tanto Truffle Eater como Struwwelhitler son una magistral y necesaria lección de historia, que conviene leer con detenimiento, de forma minuciosa, porque cada palabra tiene su sentido y significado, donde nada es fruto del azar. Al contrario. Por eso la tarea del lector concienzudo consistirá en atender a todos los reclamos que las ilustraciones y los textos contienen para destilar toda su carga histórica.

La traducción al castellano, obra Enrique Gallud Jardiel, mantiene el espíritu del original y brinda al lector unas rimas muy vivaces e ingeniosas, que abocan irremisiblemente al deleite de una lectura que deparará no solo una experiencia estética sino ética.

correspondencia

Martin Heidegger Ludwig von Ficker. Correspondencia 1952-1967

Los días 4 y 5 de octubre de 1952 se celebraron actos conmemorativos en honor del poeta Georg Trakl en Bühlerhöhe, balneario y sanatorio próximo a Baden-Baden y dirigido por Gerhard Stroomann, un lugar en el que desde 1949 se organizaron ciclos de conferencias […] en los que Heidegger participó como ponente en varias ocasiones. Así se conocieron Ludwig von Ficker y Martin Heidegger.

La relación fue tanto epistolar como en persona. En total el libro recoge 60 misivas intercambiadas entre ellos (seis son borradores de Ficker) entre 1952 y 1967. Ficker dirigió 35 cartas a Heidegger y recibió alguna menos del filósofo. En ellas Ficker se dirige a Heidegger como profesor (si bien Ficker no se ciñe tanto al rol del alumno como al de de un interlocutor válido) y no deja de sorprenderse, a pesar de su avanzada edad (Ficker cuenta con 72 años, por 63 de Heidegger) de que alguien de la talla intelectual de Heidegger haya reparado en él, habida cuenta el escaso empeño de Ficker por llamar la atención, a pesar de la notoriedad derivada de su labor como editor en la prestigiosa revista Der Brenner. Y si algo es un constante en las cartas, además de la presencia constante de Trakl, sobre la cual se construyó la relación de ambos, es el agradecimiento, quizás porque como afirma Heidegger en una de las cartas, ¿Qué significa pensar? ¿Significa traer el agradecimiento?

En las cartas se va dando cuenta de los efectos posteriores a los encuentros en persona. Asimismo Heidegger pone al día a Ficker de sus escritos, conferencias, y obra intelectual y le va remitiendo algunos de sus textos o conferencias impresas, como El camino al habla.
Me chocó la corta extensión de algunas de las misivas. El misterio quedó aclarado en el apartado Comentario a la correspondencia, porque las cartas, en algunos casos no eran tales, sino postales.

Ficker, en las postrimerías de la correspondencia, deja constancia de su deterioro físico, y los continuos achaques que le incapacitan para contestar por escrito, algo de lo cual luego se lamenta, dejando amplios espacios temporales en la correspondencia.

Creo que la correspondencia es una posibilidad de la escritura íntima, que ilumina otras caras de la naturaleza humana. Así Heidegger se muestra amable, humilde, cariñoso, comprensivo y leal. Ficker se acomoda en la figura del adulador. Una adulación que es consecuencia de la mucha admiración que siente hacia el filósofo, en gran medida por la manera en la que Heidegger fue capaz de abordar la obra de Trakl, a la que Heidegger llegará cuatro décadas después del fallecimiento del joven poeta.

Después de la correspondencia hay un texto precioso y desgarrador de Ficker, La despedida, que nos permite entender mejor la relación entre Ficker y Trakl. Ficker había sido el mecenas del poeta y había gestionado el dinero del que Wittgenstein le hizo entrega para que lo repartiese a su buen criterio. En el texto se pone de manifiesto los efectos devastadores de la guerra para Trakl, durante la Primera Guerra Mundial y todos los horrores que sufrió en el frente de batalla. Trakl murió a los 27 años (1887-1914). E incorpora algunos poemas de Trakl como Lamento, Grodek o Humano duelo.

Presente está también el discurso de agradecimiento de Ficker al recibir en 1960, en su 80 cumpleaños, por parte de la Universidad Libre de Berlín, el título de doctor honoris causa en filosofía. El discurso de Ficker se cierra con las posteriores palabras de Heidegger hacia Ficker: una breve alocución en la que considera a este un fundador.

En el comentario a una de las cartas, Heidegger le informa a la hija de Ficker de que acudirá al evento, en su deseo de Mostrar a la generación actual qué fuerzas creativas despertaron e influyeron en las dos primeras décadas de nuestro siglo.

A Ficker, cuando conoce a Heidegger, el pasado de este le preocupa poco. En 1936 Heidegger había roto con el NSDAP, y consideraba el nacionalsocialismo una ideología impropia, si bien en los años previos había pedido el voto para Hitler y en abril de 1933 fue nombrado rector de la Universidad de Friburgo, aupado por los nacionasocialistas; cargo al que renunció en 1934. Los Cuadernos negros de Heidegger permitirán hacernos una idea de su vinculación con las ideas del nazismo. Si fue un desliz, algo episódico, o bien, si por el contrario, fue algo consustancial a su pensamiento filosófico.

El libro se cierra con notas a la correspondencia y contiene también algunas ilustraciones o fotos, como la de la tumba, o la de un busto de Trakl.

Martin Heidegger – Ludwig von Ficker
Correspondencia 1952-1967
Edición de Matthias Flatscher
Traducción de Roberto Vivero
Ápeiron Ediciones
165 páginas
2026

razondemusica

Razón de música (Manuel Fernández Labrada)

Sabemos la relación que guarda el precio del oro con el de la plata en el mercado de valores, pero todavía desconocemos la de una crítica con un like.

Muy cierto me parece este enunciado que escribió Manuel en su anterior libro, Gradus ad Parnassum. Las redes hoy arrinconan los blogs y directamente los invisibilizan y la foto de un libro tiene mucha más repercusión e impacto que reseñas de mil palabras. Sancionando así el dicho que afirma que Una imagen vale más que mil palabras. Aunque, en todo caso, la cubierta de un libro nada dice por sí misma. Pero bueno, la cosas del marketing tendrán su propia lógica.

Si Manuel ya me había demostrado su sobrado talento con dos libros de microficciones: Ciervos en África y Al brillar un relámpago escribimos. Un talento aquilatado luego en la narrativa con la chispeante novela musical Presto delirando y rematado posteriormente con un ensayo que todo plumífero debería ojear y hojear: Gradus ad Parnassum, ahora Manuel saca brillo a una labor que viene practicando en la blogosfera desde septiembre de 2015, cuando publicó aquella pionera y sucinta reseña de los Relatos fantásticos de Turgueniev. Reseñas que progresivamente irían ganando en extensión y profundidad, con un marcado carácter literario, hasta convertir su Saltus Altus en un referente virtual indiscutible de la crítica literaria.

Ápeiron ediciones publica ahora Razón de música, en la colección de estudios musicales, “tritono”. Es un libro que reúne quince reseñas (que han sido revisadas y ampliamente renovadas) de Manuel, de naturaleza musical, en las que el autor da razón de la música, pero no como un experto en la materia (a pesar de que Manuel haya cursado estudios de Piano, Armonía, Contrapunto, Fuga, Composición y Musicología) sino como un divulgador (algo parecido a lo que Manuel expone sobre Steiner) de aquellos libros que Manuel ha leído estos últimos años y que ha querido compartir con otros posibles lectores, y que por tanto creo que son reseñas aptas también para los no melómanos. Creo que una de las bondades del libro es que además de su reducido tamaño, apenas 100 páginas, ofrece una gran variedad de temas, porque como afirma Manuel en la Nota introductoria: La música ha despertado siempre la curiosidad de los hombres. De toda clase de hombres añadiría, por eso aquí encontraremos textos de novelistas, filósofos, cuentistas, ensayistas o compositores.

El libro está dividido entre tres apartados. El primero dedicado a los compositores e intérpretes. Insoslayables las figuras de Mozart bajo la óptica de Christoph Wolff o Beethoven visto por su contemporáneos, en la obra de O. G. Sonneck. Aunque también tengan aquí cabida libros que abordan La escena operística en España entre 1925 y 1965, obra de Aitor Merino, donde lo histórico incide en lo musical. Y otros libros que sirven como guía, ya sea De la A a la Z de un pianista de Alfred Brendel (que Manuel califica como un vademecum para pianistas) principiantes). O el libro Conversaciones sobre música de Wilhelm Furtwängler. Siete conversaciones que Wilhelm entabla con Walter Abendroth, donde el primero focaliza su interés en Beethoven o aborda temas como el importante papel desempeñado por el público en el desarrollo de la música, o la capacidad que la música tiene para unir a los pueblos, o la última conversación, en la que Wilhem se postula como un acérrimo defensor de la tonalidad.
En el segundo apartado que lleva por título Teoría, crítica y pensamiento musical comparecen Schumann, Wagner, filósofos como Kierkegaard, eruditos como Steiner y otros autores menos conocidos por estos lares, como Molkow (cuyo ensayo versa sobre los filósofos en la ópera).
Y acaba el libro con el apartado Música y literatura. Apartado heteróclito donde Manuel reseña libros de Antonio Pau, Robert Walser, Felisberto Hernández o Wolf Wondratschek. ¿Acaso no dan ganas de leer su Autorretrato con piano ruso después de finalizar la lectura de la reseña?

Las reseñas tienen la extensión justa (entre las tres y las seis páginas) para captar nuestro interés y mostrar las virtudes del texto, o bien hacer hincapié en los aspectos más reseñables, a fin de que este nos resulte interesante de leer. O incluso para desincentivarlo, como puede suceder con el panfleto antisemita de Richard Wagner, El judaísmo en la música.
Manuel asimismo ofrece también reflexiones sobre la cuestión editorial. Así alaba, por ejemplo, la publicación de Diapsálmata de Kierkegard, en una edición exenta, publicada por Hermida editores.

Reivindico la lectura de Razón de música, ya que creo que cae también del lado de lo dionisíaco, y la lectura es una celebración de la música y de la literatura. Además, como también escribió Manuel en su Gradus ad Parnassum, tengamos presente esto:

Recomienda tantos y tan buenos libros en las redes sociales que sus seguidores nunca tienen tiempo para leer los suyos.

Si han llegado a Saltus Altus, den un salto (les aseguro que no será al vacío) a Razón de música y luego sigan recorriendo la obra literaria de Manuel, tanto en la blogosfera como en papel.

Razón de música
Manuel Fernández Labrada
Ápeiron Ediciones
2026
100 páginas

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Es la guerra (André Suarès)

Cada cual cuenta la película como le va. Aladár Kuncz, residía en Francia cuando estalló la guerra. No huyó a Hungria, su país de origen, a tiempo y acabó retenido y detenido en territorio galo. En su libro Monasterio negro da cuenta de su cautiverio y escribe esto:

El glorificado poilu y el boche, desprovisto de cualquier rasgo humano, eran figuras encorsetadas y vacías, burdos fantasmas preparados para el gusto bajo de las grandes masas.

André Suarès escribió Es la guerra (Ápeiron Ediciones, 2025, con traducción de José Carlos Turrado de la Fuente) en caliente, en 1915, un año después del comienzo de la primera guerra mundial. En el texto Suarès se despacha a gusto contra los alemanes, los boches. Entre muchas de las cosas que les recrimina a los teutones es que no tienen conciencia. Los humanos salen de la fatalidad de la naturaleza para llegar a la conciencia. Si no lo hacen son naturaleza, los alemanes son naturaleza, son un especie, así se piensan y por tanto hacen la guerra como la naturaleza, cuando una especie quiere devorar a otra especie. La naturaleza no tiene piedad. Además, los alemanes se jactan de ser alemanes antes de ser hombres. A todos les pone de vuelta y media, a científicos como Ostwald o Fischer, también a Goethe. Y qué decir de Nietzsche.

¿No les ordenabas ser duros, sin corazón, como los dioses, según tú? ¡Ah, profesor, tigre con gafas! Terminaste por morderte a ti mismo, por babear sobre tu mentón de doctor y comerte los dedos de los pies.

El Anticristo es el Jesús de la Bestia. ¡Ah, perro! Júpiter con cuatro patas y tal vez sin cola ¡olímpico boche en el cielo de Cerbero! Estás muerto, alimentado con cucharita por una muchacha de hospital, gruñendo en un rincón como una bestia escamosa, asfixiado sin duda en medio de tus excrementos. ¡Así sea con toda tu raza! Esto es la guerra.

Y siguiendo con los alemanes:

Incluso muertos tendremos que ataros las manos para que bajéis al infierno, haceros suplicar misericordia y quemaros desde aquí.

Seremos duros con vosotros, boches, carniceros de hombres. Os trataremos con dureza.

Porque nos han obligado a ello, los alemanes deberán expiar dos veces la barbarie. La paz será tan terrible como la guerra.

Lo más inexpiable de sus crímenes será habernos devuelto a la barbarie.

En el texto encuentro palabras que le calzan muy bien a Trump, otro que se sueña Emperador.

Donde habla la fuerza, que calle el derecho. La fuerza no necesita del derecho, y de ello se jacta. Por el contrario, el derecho necesita de la fuerza y su miseria es fingir que puede prescindir de ella; porque no, no puede.

No sé si Suarès escribió algo sobre el resultado de la contienda bélica. Alemania perdió más de dos millones de soldados, Francia millón y medio. Alemania achicó su territorio, perdió territorios como Alsacia y Lorena y tuvo que reducir su ejército, además de tener que hacer frente a reparaciones económicas astronómicas. No sé si todo esto hubiera sido del gusto de Suarès. Si llegó a la conclusión de que los alemanes habían recibido su merecido. Creo que no, porque ninguna guerra nunca trae nada bueno.