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Lectura fácil (Cristina Morales)

Cristina Morales (Granada, 1985) en Lectura fácil desde unos presupuestos anarquistas reparte hostias como panes de masa Madre a los independentistas catalanes, cuperas, machos-machas fachas neoliberales, asistencialistas, movimientos asamblearios, a todo aquel lenguaje retórico, uniformador, al poder establecido, domesticador y normalizador, que quiere alienar al ser humano, disolviéndolo en colectividades de toda clase… y lo hace desplegando un lenguaje abrumador, lúcido, inteligente, vanguardista, corrosivo, humoroso (Nati, es una creación colosal), que te vuelve loco (léanse con calma el fanzine Yo, también quiero ser un macho) y el repasito que le da a Ivars), que hace que te estalle la puta cabeza mientras tomas conciencia de cómo se reparte el peso del poder y el dominio desde el comienzo de los tiempos, al tiempo que uno va dándole vueltas a la emancipación femenina y a todo aquello que la frena, la impide o directamente la sanciona: el macho, sus actos y su lenguaje.
Lectura fácil (Cristina Morales)
Para plasmar todo esto los personajes son cuatro discapacitadas intelectuales que se expresan y argumentan con una locuacidad verborreica rayana en la perplejidad (la mía): Àngels, embebida en la escritura de su novela autobiográfica por guasap, bajo el sistema de Lenguaje fácil, que nos permite conocer de primera mano el funcionamiento de los CRUDIS y RUDIS.
Nati, discapacitada sobrevenida cuyos ententes con todo pichagato en sus clases de bailes (inevitable no pensar en la muy recomendable Que nadie duerma) son de lo mejor (y esto es mucho decir) del libro. Aún me estoy descojonando de su charleta sobre el porté y la lúbrica escena, ese triángulo sexual isósceles y diferido, con Ibra y Marga. Cristina demuestra lo proteico de su lenguaje y cómo en esta novela es puro movimiento y herramienta para cuestionárselo todo.
Marga, quien deja la casa en la que viven tuteladas las cuatro para irse de okupa con ayuda de la PAH (impagables y muy sustanciosas las actas y conversaciones mantenidas en el ateneo arnarquista), mientras las autoridades se afanan en buscarla para ponerla bajo a techo, a buen recaudo, es decir, bajo observación y tutela, de nuevo.
Patri, quien se las tiene que ver con el monstruo judicial, dando su testimonio, a fin de determinar judicialmente si Marga debe ser esterilizada o no.

Habría de ser esta valiente, incisiva y mordaz (en las antípodas de cualquier complacencia) novela, riquísima de ideas (lo de Lectura fácil del título tiene su retranca, porque avanza en vertical) ambientada en Barcelona, de dominio público, estar presente en cada instituto, en cada casa, en cada biblioteca, en cada puesto de trabajo, en cada asamblea, en cada barra de bar, en cada pareja y familia, pero de momento y ya que esto es como pedirle peras al olmo, una utopía, que significa un no lugar, para empezar, leámonosla. Gramófono en mano.

Lectura fácil ha sido una lectura acojonante. Lectura acojonante significa que al leer se te caen las compuertas mentales (si de entrada no nos da por cerrarlas, buscando el repliegue, porque la autora va pisando callos y soltando patadas a la entrepierna todo el tiempo), tal que al oír en la radio hace nada hitazospaternalistascarcelarios como “Déjala que baile con otros zapatos/ Unos que no aprieten cuando quiera dar sus pasos/ Déjala que baile con faldas de vuelo/ Con los pies descalzos dibujando un mundo nuevoooooo” me dan ganas de vomitar.

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