Archivo de la categoría: anagrama

9788433941718

Un amor (Sara Mesa)

Sobre la libertad una campana de cristal en la que ir poniendo notitas transparentes, ahí todos los miedos, las dudas, los temores, los prejuicios. Un filtro, aquello que entendemos como moral irá tamizando cada acción y omisión, cada pensamiento de la protagonista, Nat. Sobre esa campana otra, también de cristal y más grande que la anterior. Ahí, al otro lado del cristal están los otros. El enemigo son los otros, y hay que estar en guardia, afilar los prejuicios, levantar un muro con las ideas preconcebidas, marcar distancias.

La vida en el campo, en el pueblo al que acude Nat nada tiene nada de bucólico y mucho de amenazante, empezando por el casero, emblema de lo abyecto.
Su situación desesperada la aboca a hacer algo inédito para ella. Algo que le iluminará su parte más primigenia y salvaje, ese algo que desentumece, reverdece y amotina la sangre. Pero como una no cambia de la noche a la mañana, los fantasmas siguen ahí, las dudas, las preguntas sin respuestas, la búsqueda de un sentido. Tras varias experiencias dramáticas se llega a un punto en el que Nat descubre y entiende que no hay que traducir cada emoción, que no hay que aprehender todo en todo momento, que las cosas han de fluir, que la vida es sumar vivencias y que el sentido de todo esto es que no lo hay.
Así, la paz está servida, el alma apaciguada, nuestra Nat, metamorfoseada, toda vez que tras cruzar la línea de penumbra deje entrar la luz en su interior.

Sara Mesa le toma el pulso y creo que lo encuentra a una sociedad cada vez más temerosa y recelosa, donde para su protagonista todo son amenazas y la falta de confianza hacia el otro le lleva a Nat a echar un polvo, para poco después pensar que ese mismo hombre puede matarla. Vivir así es un sinvivir. Aunque nada extraño, como dan cuenta los cientos asesinatos de mujeres a manos de sus parejas.

Sara Mesa explora en Un amor la (indi)gestión del deseo, los miedos femeninos cada vez más proteicos y lo hace con tino a pesar de que haya por ahí ciertas situaciones que se fuerzan y llevan tanto al límite, que aquello de pueblo pequeño infierno grande cobra aquí todo su (sin)sentido.

Anagrama. 2020. 192 paginas

Canto yo y la montaña baila (Irene Solà)

Canto yo y la montaña baila (Irene Solà)

¿Cómo se consigue escribir así de bien? Ahí reside el misterio de la literatura. ¿Cómo lograr la emoción del lector de esta manera? ¿Cómo escribir una novela como Canto yo y la montaña baila (traducida del catalán por Concha Cardeñoso Sáenz de Miera) con menos de treinta años?.

Aquí baila la montaña y baila quien lee, baila y se solaza, se divierte y emociona con la prosa de Solà, y sus historias de la montaña en el Pirineo Catalán. Nos ofrece un paisaje y un paisanaje atractivo, no porque lo sean a primera vista, sino porque a través de las palabras, las anécdotas, los recuerdos, se va armando un puzzle, una topografía, que resulta tan arrebatadora tanto por lo que se nos cuenta como por lo que se nos hurta. Piezas, que se van armando, voces que quieren contar la realidad, los sueños, en un terreno que mezcla realidad y fantasía sin estridencias, que nos hace mirar a través de los ojos de los animales para sentir su gozo y su pavor, que puebla el paisaje de fantasmas, brujas, mujeres de agua, que están ahí velando, apagando luces, haciendo compañía, a los viejos y a los jóvenes que tienen un momento en el que su realidad les pesa y oprime y el pueblo les cerca y quieren aire nuevo, salir, explorar, conocer, ver mundo, porque lo que viven les ofrece tanto como les niega y al pasar de las décadas, los jóvenes, ya adultos, regresan con sus hijos, para comenzar la historia de nuevo, apaciguados entre montañas, al solaz del silencio, ante la armonía de las montañas, cansadas ellas de ir viendo pasar generaciones y generaciones y generaciones; montañas que también son protagonistas, que nos relatan su génesis y los finales y los consiguientes comienzos; hay una sensibilidad especial que toca cada página, cada ser vivo, animal o persona, que se manifiesta en cada acción y diálogo, que transmite vitalismo, alegría, humanidad, en esta novela tan luminosa, tan vívida, tan sentida, que se cierra de manera brillante, sin forzar nada, dejando que las palabras caigan en el oído preciso y permitan entonces al afligido desembalsar todos los metros cúbicos de arrepentimiento, culpa, pesar, dolor albergados durante años, porque ambos, el culpable y la víctima, aunque sea ésta indirecta, necesitan ese momento, esa ocasión, porque en el principio fue el verbo (y la palabra) y escritoras como Irene Solà (Malla, 1990) hacen un magnífico uso del mismo.

Anagrama
192 páginas
Traducción del catalán Concha Cardeñoso Sáenz de Miera
Año publicación: 2019

El corazón de la fiesta (Gonzalo Torné)

El corazón de la fiesta (Gonzalo Torné)

La última novela de Gonzalo Torné, El corazón de la fiesta (Anagrama), se ambienta en Barcelona, aunque la torrada independentista no monopolizará aquí el relato; no huele en estos pagos urbanos a humanidad sudorífera ni hay movimientos asamblearios ni okupas ni aquellas compuertas mentales elusivas registradas en la corrosiva y fantástica Lectura fácil de Cristina Morales. No, aquí hay otros puntos de vista, otros enfoques, no exenta tampoco la narración de mordacidad e ironía, desentrañando una clase social de (ringor)rango casi celestial, que flota sobre el vulgo o se apoya en el mismo para encumbrarse y envanecerse, comisiones mediante, convertido para ellos el país catalán en una galería comercial donde frecuentar la zona de las delicasseten, derrochando a manos llenas un dinero ajeno envilecido por un mal entendido servicio público, que se va con la misma fluidez con la que entra.

A la cabeza del clan familiar un presidente autonómico conocido como El Rey, Pere Masclans, su mujer, Montse, su amante: la nórdica Astrid y tres vástagos: La Paradeta, Yúnior y el Bastardo (no se precisa dar más detalles); este último centrará parte del relato con las arremetidas deci-béli(c)o-domésticas con su amada, Violeta, a la sazón Violet, una choni; su relación bien puede ser una adaptación del cuento del príncipe y la doncella, en donde para el primero, los títulos nobiliarios de antaño, bajo el cuñ(a)o del capitalismo son hoy títulos mobiliarios, cuya sed vital no se sofocará nunca y bajo ningún porcentaje, y la cual precisa de pisazos de centones de metros cuadrados en lo mejor de Barcelona y viajes que resten gravedad a sus existencias, las desraícen y obnubilen, mientras que el porvenir de baratillo se ve pautado y lastrado para el común de los mortales por trabajos precarios y mal pagados, el cepo de la hipoteca, los alquileres inaccesibles.

Violeta viene de una clase media y El Bastardo opera aquí como un ascensor social que le abrirá las puertas a un mundo de fantasía. Un campo minado, porque para el Rey cuantos pululan a su alrededor, hijos también, no dejan de ser ricodependientes, que no deben morder la mano que les da de comer y les regala sus cómodas existencias. Los vástagos proyectan la ambición paterna en el mar sin orillas en la que se cifra cualquier codicia que se precie de tal; uno dedicado al ámbito inmobiliario y el otro a distintos negocios que le permiten ampliar su parque automovilístico de forma geométrica. Violeta, ávida de experiencias empleará el sexo como forma de coñocimiento, derribando la nula resistencia que le ofrecen tanto El Bastardo como el hijo que tendrán en común prontamente apartado de su lado por obra y gracia de los auxiliadores internados.

A Torné le van las largas parrafadas, los discursos extenuantes, personajes que hablan (muy habilidoso Torné siempre en el manejo de los certeros diálogos (sin el sonsonete de dije, dijo, dije, dijo…)), escriben, cuentan y se cuentan, explican y desentrañan (o lo intentan) su realidad y patéticas vidas a través del cordel de la escritura, la palabra y el pensamiento y en esta densidad la proteica novela cunde y deja la sensación tras su lectura de tener muchas más de sus 242 páginas, a través de las cuales veremos el apogeo y caída de El Rey (en el plano mítico vendría a ser un Ícaro: un alto vuelo y un batacazo mortal), aquel, que ante una sociedad que vivía de espaldas al consuelo que ofrecían unos dioses arrumbados, concentró en su figura el ansia civil de un pueblo perdido, al que Pere recordaría su razón de ser (en palabras de Turris), tutelándolo durante tres décadas en una labor de caudillaje político.

Joan-Marc y Clara, personajes en Hilos de Sangre y Divorcio en el aire, aparecen de nuevo y son quienes se ven sometidos al estruendo de El Bastardo y Violeta cuando la pareja se convierta en sus vecinos y compartan pared. Luego, cuando la pareja desaparezca, Clara le encomendará a Joan-Marc que investigue y éste a modo de periodista construirá un relato tras entrevistar a los satélites de El Rey, abundando la narración ya sea en lo sentimental, con las declaraciones de El Bastardo, La Paradeta, Juan (el padre de Violeta) o en lo político, con un Turris que muda lo execrable en Pere, en heroico. Inevitable ante una memoria que siempre propende a la exculpación y al blanqueamiento.

En cada nueva novela de Torné lo que se pierde en extensión se gana en concreción, hilando el autor cada vez más fino su pensamiento, desengrasando el texto y dejando la fibra punzante del lenguaje y de una inteligencia iluminada por la experiencia, A mitad del camino de la vida

Anagrama. 2020. 255 páginas

Gonzalo Torné en Devaneos

Lo inhóspito
Divorcio en el aire
Años felices

Yo tuve un sueño. El viaje de los niños centroamericanos a Estados Unidos (Juan Pablo Villalobos)

Yo tuve un sueño. El viaje de los niños centroamericanos a Estados Unidos (Juan Pablo Villalobos)

Hace poco más de un mes Eduardo Halfon y Juan Pablo Villalobos pasaron por la ciudad de Logroño, y dentro del festival de narrativa Cuéntalo estuvieron charlando, frente a un público entregado, moderados por Cristina Hermoso de Mendoza, acerca del desarraigo, en una charla que llevaba por título Partirse en dos.

Juan Pablo habló de un libro que había escrito recientemente de crónicas de niños centroamericanos que habían emigrado a los Estados Unidos. Un libro de no ficción que empleaba técnicas narrativas de la ficción, fruto de las entrevistas a diez niños que habían tenido suerte y habían podido quedarse definitivamente en los Estados Unidos. Un libro que le había acarreado problemas, pues la ficción es algo que da impunidad, mientras que tocar temas reales y denunciar una realidad sangrante provocó, como tuvo la ocasión de comprobar, la ira de muchos manifestada con insultos, amenazas, etc.

Los niños migrantes protagonizan también, cierta parte de la última y espléndida novela de Valeria Luiselli, Desierto sonoro y que Luiselli ya había abordado como ensayo en Los niños perdidos.

Las diez historias son muy representativas -mediadas por el buen hacer de Villalobos- del infierno al que se ven sometidos estos niños. Primero en el origen, en sus países centroamericanos que como explica Alberto Arce son fosas comunes donde el ciudadano es un ente de extracción, esquilmado por las pandillas, el estado, el ejército, la policía, que sacarán de él todo aquello que tenga algún valor. De esta manera muchos niños visto el percal y con familiares, madres o padres en los Estados Unidos se despiden de las abuelas y deciden emprender un viaje incierto, donde sufrirán el sol inclemente del desierto, el frío y la humedad de los ríos que deben cruzar, los viajes extenuantes a lomos de la Bestia expuestos a toda clase de amenazas. Si logran llegar a los Estados Unidos, en los centros de detención, en las hieleras, ateridos de frío, sufrirán el hacinamiento de no tener ni un trozo de suelo en el que poder cuando menos dejarse caer como un fardo y descansar. Si les dejan quedarse algunos logran estudiar, acceder a la universidad, tener un futuro, cumplir un sueño. Los menos afortunados serán devueltos, deportados, regresados a los países de origen, a la boca del lobo pues. Otros muchos se quedarán por el camino. Su rastro, su no rostro, será quizá unas floras agostadas dejadas en un poste, junto a unas rocas. Allá donde yacieron, solos, carne de estadísticas luctuosas.

El epílogo de Alberto Arce no es nada alentador, porque las crisis migratorias parecen que lejos de remitir van a más. Los muertos y la violencia van en aumento en todos estos países (Honduras, Guatemala, El Salvador), en los que las pandillas cada vez tienen más presencia, (totalizadora) ocupando por ejemplo a 70.000 jóvenes en El Salvador. Huyendo de estas pandillas se calcula que han huido al menos 190.000 menores de edad centroamericanos en los últimos cinco años rumbo a Estados Unidos.

9788433998750

Tema libre (Alejandro Zambra)

Tema libre, último libro publicado de Alejandro Zambra (Santiago de Chile, 1975), como su título ya avanza, hace en sus tres capítulos, Autorretratos hablados, Ropa tendida y Léxico familiar, de lo misceláneo su bandera.

El libro recoge conferencias, relatos breves, ensayos (balbuceos, hilachas de pensamiento), autoficción, poesía…

En un pasaje nos habla de aquellas canciones traducidas a un español macarrónico, como la del gato que está triste y azul de Roberto Carlos. Pocas horas antes de leer aquello había visto en televisión a los Scorpions hablando de su Wind of change (en un momento también baladeada en castellano) a cuenta de la caída del muro berlinés. Habla también de Camilo Sesto y de su vivir así es morir de amor y de la melancolía, que suena como un grito desgarrador y fervoroso. Y como uno lee y contrasta, cómo no pensar en el Brieva, un garito de Logroño donde siempre sonaba, supongo que aún hoy seguirá sonando, este temazo de Camilo Sesto.

Nos habla Zambra de las lecturas obligatorias infantiles (de la manera en la que leíamos entonces y en la que leemos ahora, si el lector cambia, si pierde ingenuidad, si pensamos que leemos mejor) y del descubrimiento que supone leer por placer (algo cada vez más complicado pues parece haber siempre razones para leer unos libros en vez de otros), de cómo al igual que Chejfec (como este describía en Útimas noticias de la escritura) también copiaba párrafos enteros de sus autores favoritos con idea de que algo se le pegara en su escritura. Aparece por ahí, entre bromas Mario Vargas Llosa.

Reflexiona acerca de la materialidad de la escritura, la diferencia entre hacerlo a mano, en una máquina de escribir o en un ordenador. Ahora sabemos que hay escritores que graban audios en el móvil y que transcriben el audio en palabras sobre la marcha, por lo que la materialidad de la escritura roza lo inmaterial.

Como profesor comprueba el escaso interés de sus alumnos por la lectura, aunque siempre hay, afortunadamente, excepciones. El caso que comenta me recuerda al que aparecía en unos de los relatos de Halfon de El boxeador polaco.

Zambra hace un hueco a lo doméstico y lo familiar; el embarazo de su mujer (la conciencia de ella acerca de lo importante y necesario que es el derecho al aborto) el nacimiento de su hijo, su estadía en México tras dejar Chile, las comparaciones en el habla, en las formas de vida, los tópicos. Aquí invoco a Cortázar y su bitácora.

Cortazar
Cuaderno de Bitácora (Julio Cortázar)

Calza Zambra dos relatos inéditos (y bastante flojos) que promete no publicar pero al final acaba cayendo en la tentación.

El último capítulo doble está dedicado al ámbito de la traducción, otra variante de la escritura. Nos habla Zambra de la incorporación del inglés a su lengua materna, el castellano, y la fantasía al aprender el inglés de ser otro al expresarse en esa lengua, de hacerlo de distinta manera a como lo haría en castellano. Un inglés que aprende traduciendo poesías. También filológicamente nos habla acerca de los acentos, las distintas maneras de decir, las variantes para expresar lo mismo en Chile, México, España y la sensación de que decir palabras en tu lengua te hace sentir un gozo inexplicable y quien sabe si también en casa. ¿Qué casa?, si como dijera Raul Ruiz, No sé qué idioma me habita.

Anagrama. 2019. 144 páginas

www.devaneos.com

Degenerado (Ariana Harwicz)

Hace algo más de seis años leí Matate, amor de Ariana Harwicz (Buenos Aires, 1977). Degenerado su última novela publicada recientemente creo que guarda relación estilística con la anterior.

A Ariana le gusta tensar la cuerda, llevar las cosas al límite, alimentar sus narraciones de delirio, irreverencia y sordidez. En Degenerado el protagonista es un hombre mayor al que le achacan la violación y asesinato de una menor en una aldea de Francia. El acusado se defiende ante el estrado, deja en suspenso cualquier moralidad, echa pestes de cómo se gestiona hoy el deseo (sexual), de forma penosa, maligna, perjudicial, según él y en sus pensamientos y reflexiones aborda temas como el incesto, la pederastia, la zoofilia, todo aquello censurado y reprobado por la sociedad y que él asume con la normalidad de un deseo que busca ser saciado de cualquier modo y manera, lo cual nos abocaría a una bestialidad en consonancia con la repulsiva portada de la novela.

Nada justifica nada, nos dice, pero de aquellos polvos estos lodos podemos pensar, pues todo viene de atrás, de la relación tormentosa con sus padres polacos; actos barbáricos de su progenitor, episodios incestuosos con su madre, su infancia como pianista truncada por partida doble, y luego la guerra, el desamparo, la vida nómada; ningún referente, ningún código, un crecer pisando espinas, un horizonte con la piel de concertinas, todo campo abierto, en definitiva, en el que abismarse y caer, como la lluvia ácida, al final, en Francia.

No cabe empatía con el atormentado narrador (que no parece necesitarla, basta con que no le chorreen con la animadversión ajena), con su desgracia o tragedia, si nos lo jalamos como si fuera un víctima -pues como tal se nos ofrece, como un inocente convertido en el chivo expiatorio de una sociedad enferma, desalmada e hipócrita-, pues se sitúa en un punto ciego, o en un bruma, en donde ésta no parece posible gestarse, ante un explicación densa, laberíntica, fragmentada, astillada, que convierte la lectura en un ir arrastrándose por la arena de una playa desierta, a duras penas (a pesar de que el libro son tan solo 124 páginas), siguiendo el soliloquio de alguien al que le cuelgan la etiqueta de monstruo y al que quieren ver socarrado en una silla eléctrica y al que parece interesarle más que proclamar su inocencia, arrojar luz sobre su vida, para así entenderla y entenderse. Sacándose así lustre como una pieza «defectuosa» más de nuestro infausto siglo XX.

Ariana Harwicz sigue metiendo en cada novela los dedos en los ojos del lector, hurgándole en todos sus orificios. Rimbaud gana, la caja pierde.

«Escribir no prueba nada del hombre que escribe. Lo que se escribe uno no lo escribe. Escribir no es vivir. Vivir no es nada.», nos dice su personaje. Me pregunto qué hay de Ariana en Matate, amor, La débil mental, Precoz, Degenerado. Quizás solo la mano de una de las escritoras de ficción para mí más sugerentes en la actualidad.

Anagrama. 2019. 124 páginas

Lecturas periféricas

Distancia de rescate de Samanta Schweblin (Buenos aires, 1978)
Seres queridos de Vera Giaconi (Montevideo, 1974)
Nefando de Mónica Ojeda (Guayaquil, 1988)
Temporada de huracanes de Fernanda Melchor (Veracruz, 1982)
La condición animal de Valeria Correa Fiz (Rosario, 1971)
Fruta podrida de Lina Meruane (Santiago de Chile, 1970)
Wakolda de Lucía Puenzo (Buenos Aires, 1976)
La visita de Mariana Graciano (Rosario, 1982)
El matrimonio de los peces rojos de Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973)
La dimensión desconocida de Nona Fernández (Santiago de Chile, 1971)
La mucama de Omicunlé de Rita Indiana (Santo Domingo, 1977)
La perra de Pilar Quintana (Cali,1972)
Los mejores días de Magalí Etchebarne (Remedios de Escalada, 1983).