Archivo de la categoría: Editorial Salamandra

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Senso (Alfred)

Senso, de Lionel Papagalli (Grenoble, 1976), que firma como Alfred, con traducción de Regina López Muñoz, es una humorosa novela gráfica a cuyo personaje, Germano, nada parece salirle bien. Llega a una estación italiana, con retraso, un día de muchísimo calor: es ferragosto. Nadie atienda la llamada de teléfono que hace desde una cabina. En el hotel no encuentra habitación; la habitación reservada no había sido confirmada. Todo pinta muy negro para Germano, pero de pronto, a los alrededores del hotel ha lugar una historia de amor, cuando nuestro personaje encuentra un alma gemela: Elena. Como testigo de su amor, un niño, también al margen, como apartado de la realidad. La novela, en su introito, muestra una pareja practicándose mutuamente sexo oral en la habitación de un hotel. Ese espíritu voluptuoso alimenta el resto del relato, en el que prima el humor y la ironía y la autocrítica, porque Germano resulta entrañable por su manera de ser, por lo difícil que le resulta ahormarse a un conducta normal, vapuleado por el poder antaño y apalizado hogaño por un tipo violento con el que tiene un rifirrafe en el hotel.

Senso

Alfred plantea situaciones tragicómicas donde cuesta deslindar el drama del humor, como en un café con leche, mezcla homogénea en la que resulta imposible diferenciar ambas sustancias.

Lo que mueve a Germano, la razón de su atribulado viaje, es el amor hacia su hija, a la que apenas ve. Una exposición, un retrato de ambos, capaz de remedar tanta desventura.

Muy bueno.

Estantería libros

Lecturas y editoriales

He puesto los enlaces a las editoriales que han publicado los libros que he leído estos últimos años. Una lista que no deja de crecer y que ya supera la centena de editoriales.

Acantilado
Adriana Hidalgo
Alba
Alfabia
Alfaguara
Alianza
Altamarea ediciones
Alrevés
Anagrama
Ápeiron
Ardicia
Árdora
Ariel
Atalanta
Austral
Automática
Avant editorial
Baile del Sol
Bala perdida
Balduque
Barataria
Barrett
Base
Belvedere
Berenice
Blackie Books
Boria
Bruguera
Caballo de Troya
Cabaret Voltaire
Candaya
Carmot Press
Carpe Noctem
Cátedra
Círculo de lectores
Comba
Cuatro Ediciones
Debolsillo
Demipage
De Conatus
e.d.a
Ediciones Casiopea
Destino
Ediciones del Viento
Ediciones La Palma
Ediciones La piedra lunar
Edhasa
El Desvelo
Eneida
Errata Naturae
Espuela de Plata
Eterna Cadencia
Eutelequia
Fragmenta>
Fórcola
Franz Ediciones
Fulgencio Pimentel
Gadir
Galaxia Gutenberg
Gallo Nero
Gatopardo
Gredos
Grijalbo
Hermida
Hoja de Lata
Hueders
Huerga & Fierro
Hurtado & Ortega
Impedimenta
Jekyll & Jill
Kalandraka
KRK
La Discreta
La línea del horizonte
La Navaja Suiza
La uña rota
Las afueras
Lengua de trapo
Libros de Ítaca
Libros del Asteroide
Los Aciertos
Los libros del lince
Lumen
Lupercalia
Malas Tierras
Malpaso
Mármara ediciones
Minúscula
Muchnik
Nórdica
Olañeta editor
Paidos
Páginas de Espuma
Pálido fuego
Papeles mínimos
Paralelo Sur
Pasos perdidos
Pengüin
Península
Pepitas de calabaza
Periférica
Pez de Plata
Plaza Janes
Playa de Ákaba
Pregunta Ediciones
Pre-Textos
Random House
RBA
Reino de Cordelia
Sajalín
Salamandra
Sapere Aude
Seix Barral
Sexto Piso
Siruela
Sloper
Stirner
Talentura
Tandaia
Taurus
Témenos
Trama
Tránsito
Tresmolins
Trifoldi
Trifolium
Tropo
Tusquets
Turner
WunderKammer

www.devaneos.com

El arte de la ficción (James Salter)

Si no conoces a James Salter te recomiendo leer su Años luz porque es una maravilla. Novela que me recordaba a otra obra maestra, Herzog de Bellow, al que Salter hace mención una cuantas veces en estos ensayos, que son unas conferencias transcritas que Salter impartió frisando los noventa años, poco antes de su muerte.

Comenta Antonio Muñoz Molina, quien me puso en la pista de Salter con un artículo suyo que públicara en su día, que lo que engrandece a Salter es que al contrario que otros escritores que se vanaglorian con arrogancia de su cultura, Salter por el contrario se deleita aprendiendo con las lecturas que lleva a cabo. Estos ensayos transmiten bien el regocijo que supone el placer de la lectura.

Comienza Salter hablando de la lectura de cómo unas pocas páginas son capaces de sumirnos con toda nitidez en el escenario de la novela leída, y cita El amante de Marguerite Dumas. Habla de la búsqueda de la perfección por parte de Flaubert, siempre buscando la palabra justa, exacta, su relación con su alumno Maupassant, que le daría a leer su relato Bola de Sebo (inexcusable no leer este ensayo de Jaime Fernández). Una escritura cuyo éxito se dirime en los detalles pues como he oído decir a Juan Villoro en un entrevista «una coma puede tener un valor ético, un valor que cambie el sentido de la narrativa».

Siempre ahí la zozobra al dar el escritor en ciernes algo de leer al que puede ser nuestro primer lector, como le sucedió a Conrad.

Salter se pregunta por qué escribir (pregunta recurrente entre escritores). Él dice que pude ser quizás buscando el reconocimiento, el halago del lector, pero que al final se escribe por el placer de escribir llevando a las últimas consecuencias lo que dijera Paul Léautaud.

«No escribo para los lectores. Escribo para mí

Salter recomienda seguir el consejo de Paul, que decía que había que seleccionar muy bien nuestras lecturas. Sus Diarios a Salter le interesaban porque ahí el francés se entregaba a los chismorreos sexuales. Salter leer a Faulkner, a Bellow, se pregunta hasta qué punto un escritor sabe que está escribiendo una obra maestra. No cree que El guardián entre el centeno (Salinger) o Matar a un ruiseñor, nacieran con esa pretensión, al contrario, por ejemplo, que La montaña mágica.

Habla Salter de su oficio, del tesón que le supone escribir, día a día, y sobre todo la necesidad de reescribir mucho, hasta que lo escrito no resulte insulso, sino vibrante, intenso. Habla Salter del estilo, el cual va aflorando según él a medida que uno se va despojando del estilo que se copia de otro escritores al comenzar a escribir. Un estilo que hace que un escritor sea reconocible leyendo unas pocas páginas. Encarece Salter a Nabokov a Isaak Emanuílovich Bábel. En estos casos da igual el argumento de las obras, pues prevalece el estilo, el arte de narrar, o el arte de la ficción que da título al libro.

Aquí quedan expuestas unas pinceladas del libro, pero lo interesante es hacerse con un ejemplar y leerlo y disfrutarlo como se merece, pues creo que tanto el escritor como el lector encontrará aquí un buen número de reflexiones sustanciosas sobre preguntas que seguro todos nos hemos formulado alguna vez en un rol u otro.

Marceline Loridan-Ivens

Y tú no regresaste (Marceline Loridan-Ivens)

Transcurridos más de 70 años del holocausto judío hay un sinfín de películas, documentales, novelas y relatos autobiográficos que lo han abordado en profundidad. La pregunta que cabe hacerse es qué aporta este libro de Marceline Loridan-Ivens (Épinal, 1928) publicado en 2015 al relato de esta historia genocida. Aporta mucho, porque este testo tiene el valor del testimonio, sintetizado y puesto sobre el papel 70 años después de que Marceline saliera con vida de los campos de exterminio y de concentración, al contrario que su padre, al que le va dedicado el libro, que no es otra cosa que una carta de amor muy poderosa, sentida y emotiva que se lee con un nudo en la garganta.

El padre y la hija son enviados, él a Auschwitz y ella a Birkenau, en abril de 1943. Él le dice «Tú podrás regresar porque eres joven, pero yo ya no volveré«. La profecía desgraciadamente se verá cumplida. Marceline en el campo de exterminio quiere vivir, no abdica y regresa a la vida acabada la guerra, si bien después de tanto empeño por sobrevivir en las condiciones más adversas, luego como le sucedió a Primo Levi y a tantos otros supervivientes, le viene muchas preguntas en mente, ¿por qué sobreviví yo? ¿mereció la pena sobrevivir?. Muchos se formularon estas preguntas y anduvieron dándole vueltas a las mismas hasta el momento de su suicidio, como en el caso de Levi.

Marceline comprueba que tras abandonar los campos, en Pilsen donde será repatriada no le permiten montar en un tren porque ella es judía y no es considera como una prisionera de guerra. Al final logra subir porque los prisioneros se posicionan a su favor. No le faltan tampoco manifestaciones antisemitas después de haber salido de aquel infierno, al tiempo que descubre que la gente a su alrededor solo quiere mirar hacia adelante, que sus recuerdos en caso de manifestarlos molestan, pues como le pasó a Levi cuando trató de publicar su novela autobiográfica Si esto es un hombre en 1946, hubieron de pasar 10 años hasta que se viera la luz, pues los editores como Einaudi estaban convencidos de que era una historia que la gente no estaba interesada en leer.
Los que salen de los campos, regresan a la vida como resucitados, como fantasmas cuya presencia molesta e incomoda a los que no estuvieron allí, como afirma Marceline de su hermano Michel, que no le perdonó a su hermana que volviera ella en lugar de su padre y que sufría la enfermedad de los campos sin que hubiera estado en ellos.

Algo a destacar es el momento en que el gobierno francés da por desaparecido a su padre. La madre se convierte entonces en la viuda de un héroe y la hija va a ser reconocida por las autoridades (que no quieren oír hablar de Auschwitz) como la hija de alguien que murió por Francia. Marceline puntualiza. No moriste por Francia (se refiera a su padre). Francia te envió a la muerte. A su vez comenta que a la Francia colaboracionista le faltó tiempo para quitarse de en medio a los judíos ante la primera requisitoria de los nazis.

Marceline describe su estancia en el campo de exterminio en los mismos términos que podemos ver en la película El hijo de Saúl, en la cual seguimos el día a día de un Comando (también se citaba en la película al comando Kanada, del que supongo que Bárcena tomaría el nombre para su novela) encargado de llevar a los recién llegados a las duchas, luego a las cámaras, la posterior limpieza, el transporte de los cuerpos a los hornos crematorios…

Marceline confiesa a su padre «Te quería tanto que estoy contenta de haber sido deportada contigo«. Luego lo que le marcó no fue tanto su paso por los campos, sino la ausencia de su padre «Es haber vivido sin ti lo que me pesa«, al que perdió a sus 15 años. Su padre con el que podía haber compartido sus recuerdos, el peso de su existencia, aquello que vivió y no podía compartir con nadie.

Volviendo a la pregunta antes citada. Marceline espera que si alguien le formula algún día la pregunta, espera poder decir que sí, que valió la pena.

Ediciones Salamandra. 2015. 94 páginas. Traducción de José Manuel Fajardo.