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Noche negra (Pilar Quintana)

En su anterior novela, Los abismos, la selva ya era una presencia amenazadora. En Noche negra la baza que juega aquí Pilar no es la de lo explícito, sino la de lo posible. Entonces todo gira en torno a una amenaza, al miedo y la angustia que siente Rosa, la cual dejó la ciudad para ir a vivir con su pareja, Gene, un irlandés, sobre un acantilado, a espaldas de la selva. Cuando Gene marche para hacer unos trámites con la visa, el mucho tiempo libre le hará a Rosa comerse la cabeza y hacer de su día un día un vía crucis introspectivo. Los hombres que frecuentan a la pareja, ahora que saben que Rosa está sola en una casa sin ventanas ni puertas, la miran con otros ojos, la tantean, la amenazan, o así lo siente ella y se convierten pues en presencias acechantes, en ojos en la oscuridad; tal que los cuchillos y los machetes se convierten en una falange más del cuerpo de Rosa. La novela se ramifica en otras direcciones: cuando Rosa era niña, el trato con el doctor, con su abuela, el lance amoroso con el revolucionario Fermín, su graduación como trabajadora social, en suma: el rastro que permite al lector conocer algo mejor a Rosa por dentro, en el plano sentimental y afectivo. Mientras, el clímax se va sosteniendo con mayor o menor fortuna, pues creo que hubiera sido de mucho más calado la historia si esta hubiera tenido la extensión de un relato, o de una nouvelle, porque las 260 páginas me resultan pesadas y reiterativas. Además, como comentaba antes, no se trata aquí de resolver nada, de irse por los derroteros de lo gore o lo truculento, sino de tratar de poner cara al miedo, de dar cuerpo a la angustia; si la desazón es la bilis o la araña negra en el estómago de Rosa. También una reflexión sobre la violencia. Sobre quiénes la ejercen, casi siempre porque pueden.

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Serenísimo asesinato (Gabrielle Wittkop)

Hace tres años leí otra novela de Grabielle Wittkop, El necrófilo, también publicada en Cabaret Voltaire. Una novela algo más corta que la presente. Aquí en este Serenísimo asesinato (traducción de Lydia Vázquez Jiménez) el escenario es Venecia, la ciudad laberíntica. Una ciudad que une al fasto la ponzoña. Se suceden varias muertes de mujeres. El nexo común es siempre el mismo, el marido de todas ellas, un tal Alvise, quien evadirá la realidad en su biblioteca. Lo suyo puede ser mala suerte, o bien ser un gafe, o un asesino en serie. La prosa de Grabielle es tan suntuosa como parca. No rasguña sino que abre en canal a sus personajes, también el lienzo de los cuadros que festonean tanta belleza trágica, con la precisión de un bisturí. Abunda la autora en las elipsis, y va secuenciando la novela, dando saltos en el tiempo y en el espacio. Un ejercicio circense del que disfruto sobradamente. Mecido, cómo no, por las aguas putrefactas de Venecia, que tantos secretos y cuerpos esconden entre los miles de troncos talados que la sostienen en el agua. La resolución de la novela despeja todas las preguntas que flotan en el aire enrarecido. Novela breve y buena.

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Los diarios de Emilio Renzi. Años de formación (Ricardo Piglia)

Años de formación es la primera parte de la trilogía diarística que se cerrará años más tarde con Los años felices y Un día en la vida.
Cómo se ve en los títulos, el tiempo juega un papel importante.

Esta primera parte va comprendida entre 1957 y 1967. Una década. El tiempo que llevaba este libro esperando ser leído por mi, después de haberlo recibido como un presente, ahora pretérito.

A los dieciséis años, Ricardo piglia tiluvo muy claro que quería ser escritor. Y lo que se evidencia en los diarios es que esa vida que llevará desde que cumpla la mayoría de edad será una vida nómada, ambulante, precaria, fiando todo su porvenir a su éxito como escritor. Y en 1967 le comenta a Rodolfo Wash que en diez años será el mejor escritor argentino.

Afirma que ha abandonado tantas cosas por la literatura que seguir en ese plan es ya una especie de destino. La elección inicial definió todas las demás. Y que como sucede, siempre esa elección fue impensada y sorpresiva.

Manejándose primero en las distancias cortas de los relatos. En seguida, algunos de sus relatos alcanzarán la notoria fama y logrará hacerse rápidamente un hueco entre los escritores argentinos contemporáneos.
Los diarios recogen breves apuntes en los que se va dando cuenta de sus amoríos, sus aventuras y desventuras amorosas, y lo más importante es cómo se va gestando Ricardo como escritor, aquí bajo el nombre de Emilio Renzi.

Al poco de acabar la carrera de historia Piglia encontrará plaza como profesor universitario. Impartiendo asignaturas a alumnos que son casi de su misma edad.
Se demuestra en estos apuntes el afilado juicio crítico de Piglia a la hora de leer.
Más allá de escribir relatos no tardará en encontrar también trabajo como editor, como un lector profesional. Realizará semblanzas de escritores americanos y comenzará a trabajar en la que será su primera novela.
Los elementos históricos están también presentes como el golpe de estado a finales de junio de 1966 o la muerte del Che Guevara el 9 de octubre de 1967. En 1967 comenta también que en la era electrónica desaparecerán los libros.

Me resultan también muy interesantes sus juicios sobre los relatos de Cortázar, sobre El perseguidor afirma que le parece demasiado demagógica y trivial. De Cien años de soledad afirma que la prosa es muy eficaz y también muy demagógica, con remates de los párrafos muy estudiados para producir un efecto de sorpresa. Borges dijo de la misma que le sobraban cincuenta años.
O que lo mejor de Onetti son sus historias cortas, como Para una tumba sin nombre, El pozo o Los adioses.

Unos diarios que me han resultado muy interesantes (no obstante, hay algunos apuntes que me resultan totalmente triviales y prescindibles) para conocer mejor la figura de Piglia como persona y sobre todo como escritor. Una profecía autocumplida.

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Razón de música (Manuel Fernández Labrada)

Sabemos la relación que guarda el precio del oro con el de la plata en el mercado de valores, pero todavía desconocemos la de una crítica con un like.

Muy cierto me parece este enunciado que escribió Manuel en su anterior libro, Gradus ad Parnassum. Las redes hoy arrinconan los blogs y directamente los invisibilizan y la foto de un libro tiene mucha más repercusión e impacto que reseñas de mil palabras. Sancionando así el dicho que afirma que Una imagen vale más que mil palabras. Aunque, en todo caso, la cubierta de un libro nada dice por sí misma. Pero bueno, la cosas del marketing tendrán su propia lógica.

Si Manuel ya me había demostrado su sobrado talento con dos libros de microficciones: Ciervos en África y Al brillar un relámpago escribimos. Un talento aquilatado luego en la narrativa con la chispeante novela musical Presto delirando y rematado posteriormente con un ensayo que todo plumífero debería ojear y hojear: Gradus ad Parnassum, ahora Manuel saca brillo a una labor que viene practicando en la blogosfera desde septiembre de 2015, cuando publicó aquella pionera y sucinta reseña de los Relatos fantásticos de Turgueniev. Reseñas que progresivamente irían ganando en extensión y profundidad, con un marcado carácter literario, hasta convertir su Saltus Altus en un referente virtual indiscutible de la crítica literaria.

Ápeiron ediciones publica ahora Razón de música, en la colección de estudios musicales, “tritono”. Es un libro que reúne quince reseñas (que han sido revisadas y ampliamente renovadas) de Manuel, de naturaleza musical, en las que el autor da razón de la música, pero no como un experto en la materia (a pesar de que Manuel haya cursado estudios de Piano, Armonía, Contrapunto, Fuga, Composición y Musicología) sino como un divulgador (algo parecido a lo que Manuel expone sobre Steiner) de aquellos libros que Manuel ha leído estos últimos años y que ha querido compartir con otros posibles lectores, y que por tanto creo que son reseñas aptas también para los no melómanos. Creo que una de las bondades del libro es que además de su reducido tamaño, apenas 100 páginas, ofrece una gran variedad de temas, porque como afirma Manuel en la Nota introductoria: La música ha despertado siempre la curiosidad de los hombres. De toda clase de hombres añadiría, por eso aquí encontraremos textos de novelistas, filósofos, cuentistas, ensayistas o compositores.

El libro está dividido entre tres apartados. El primero dedicado a los compositores e intérpretes. Insoslayables las figuras de Mozart bajo la óptica de Christoph Wolff o Beethoven visto por su contemporáneos, en la obra de O. G. Sonneck. Aunque también tengan aquí cabida libros que abordan La escena operística en España entre 1925 y 1965, obra de Aitor Merino, donde lo histórico incide en lo musical. Y otros libros que sirven como guía, ya sea De la A a la Z de un pianista de Alfred Brendel (que Manuel califica como un vademecum para pianistas) principiantes). O el libro Conversaciones sobre música de Wilhelm Furtwängler. Siete conversaciones que Wilhelm entabla con Walter Abendroth, donde el primero focaliza su interés en Beethoven o aborda temas como el importante papel desempeñado por el público en el desarrollo de la música, o la capacidad que la música tiene para unir a los pueblos, o la última conversación, en la que Wilhem se postula como un acérrimo defensor de la tonalidad.
En el segundo apartado que lleva por título Teoría, crítica y pensamiento musical comparecen Schumann, Wagner, filósofos como Kierkegaard, eruditos como Steiner y otros autores menos conocidos por estos lares, como Molkow (cuyo ensayo versa sobre los filósofos en la ópera).
Y acaba el libro con el apartado Música y literatura. Apartado heteróclito donde Manuel reseña libros de Antonio Pau, Robert Walser, Felisberto Hernández o Wolf Wondratschek. ¿Acaso no dan ganas de leer su Autorretrato con piano ruso después de finalizar la lectura de la reseña?

Las reseñas tienen la extensión justa (entre las tres y las seis páginas) para captar nuestro interés y mostrar las virtudes del texto, o bien hacer hincapié en los aspectos más reseñables, a fin de que este nos resulte interesante de leer. O incluso para desincentivarlo, como puede suceder con el panfleto antisemita de Richard Wagner, El judaísmo en la música.
Manuel asimismo ofrece también reflexiones sobre la cuestión editorial. Así alaba, por ejemplo, la publicación de Diapsálmata de Kierkegard, en una edición exenta, publicada por Hermida editores.

Reivindico la lectura de Razón de música, ya que creo que cae también del lado de lo dionisíaco, y la lectura es una celebración de la música y de la literatura. Además, como también escribió Manuel en su Gradus ad Parnassum, tengamos presente esto:

Recomienda tantos y tan buenos libros en las redes sociales que sus seguidores nunca tienen tiempo para leer los suyos.

Si han llegado a Saltus Altus, den un salto (les aseguro que no será al vacío) a Razón de música y luego sigan recorriendo la obra literaria de Manuel, tanto en la blogosfera como en papel.

Razón de música
Manuel Fernández Labrada
Ápeiron Ediciones
2026
100 páginas