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Enrique Vila-Matas

Impón tu suerte (Enrique Vila-Matas)

Jarreaba en Santiago de Compostela y a la altura de la Plaza Cervantes, donde el escritor tiene un busto que parece para disfrute de gigantes, sin paraguas y a fin de evitar coger una buena chupa entré en la librería Couceiro. Enseguida captó mi atención en la isleta de novedades un libro de portada amarilla. Desconocía que Vila-Matas publicaba algo nuevo (acabó de imprimirse este libro el 8 de marzo), y que lo hacía en Círculo de Tiza, editorial que hace poco me brindó un libro fantástico: Nuevas lecturas compulsivas de Félix de Azúa. Compré el de Vila-Matas y de paso uno de Cunqueiro y otro de Bordewijk y dejando de lado (momentáneamente) La saga/fuga de J. B de Gonzalo Torrente Ballester y me veo leyendo estos jugosos ensayos de Vila-Matas donde uno encuentra lo que busca. Si la mayoría nos movemos por estos andurriales librescos con las luces cortas, Vila-Matas va con las largas y ve más lejos y mejor y de paso nos ilumina zonas que para nosotros seguirían siendo oscuridad o puntos ciegos, sin sustraerse tampoco el autor al humor como queda bien reflejado en el ensayo El Día del Hueso.

Enrique Vila-Matas, siempre me ha parecido un escritor incluyente, generoso, muy dado a recomendar a escritores contemporáneos, incluso a autores más jóvenes que él, lo cual es práctica muy poco común en autores consagrados.
Además, este libro se erige a su vez en una casa de citas, ajenas, pues ya sabemos que Vila-Matas gusta de esas citas para confeccionar sus artículos, citas que por otra parte siempre resultan atinadas y provechosas, como estas palabras de Juan Marsé “solo sigo interesado en narraciones que construyan ficciones coherentes que transmitan vida y realidad y cuya única verdad sea la que se cree el lector” o estas otras de Peter Stamm, “La literatura libera el lenguaje, y la polémica abusa de él, lo daña“.

Si alguien me preguntara qué leer, directamente les encaminaría a la web de Vila-Matas, a sus artículos, pues ese es para mí el mejor programa para fomentar la lectura, dado que en esa web y en libros como el presente, que agrupan 140 ensayos divididos en capítulos que versan sobre la escritura, la lectura, la mirada o la idea, encontraremos hallazgos luminosos, algunos ya leídos con anterioridad como ese primer lector de Conrad, anécdota que figuraba en El viento ligero en Parma, o las páginas dedicadas a Roberto Bolaño en Un plato fuerte de la China destruida, en donde Vila-Matas agradece a Bolaño tener ahí siempre su mirada omnipotente a la hora de escribir, lo que le lleva a no bajar la guardia, a exigirse siempre, a arder ante el papel en blanco, a estar a la altura que Bolaño le hubiera exigido (y entre esa pugna entre escribir y vivir, me gusta lo que dice EVM: debo vivir para seguir escribiendo o esa tristeza de la vida a la que algunos llaman escritura o escribir sin esperar nada fuera, nada más allá del vivir, como hacía Bolaño, aquel calígrafo del sueño, dice EVM) o esa poética del fracaso que tan fruitiva le resulta al autor, lo que explica que Beckett tenga en este libro un lugar destacado, junto a otros autores como Kafka, Perec, Felisberto, Bove, Ribeyro, Di Benedetto, Duchamp, Modiano, Pitol, Simon Leys, Saer, Chejfec, Aira, Arlt, Ge Fei, Joyce, Melville, Duras, Renard (habla EVM de su Diario, y sí, es una maravilla) o Walser. Interesante lo que dice EVM sobre el arte termita y las obras que sugiere. Entre ellas El mal del ímpetu de Goncharov. Jugosa es también la historia de Bufalino, quien animado por Sciascia accede a publicar sus escitos, para luego, tras comprobar el funcionamiento del engranaje editorial, aquí tolva, decide retirarse, dejar de publicar, mudando su inicial entusiasmo por la publicación de sus escritos por la postrera alegría del inédito, por el sueño de no haber publicado nunca.

El índice onomástico final (al que podría añadirse otro índice onomástico sumergido, que cifrase por ejemplo las palabras de Bukowski o las recogidas en el ensayo Dirección animal, que son de Banville, y que asoman otro par de veces en términos parecidos en otros ensayos) es muy pertinente pues ahí podemos apreciar la dimensión de estos ensayos (que leídos sin prisa, nos brindarán para decirlo con Rilke, la encantadora quietud de leer y meditar) en los que Vila-Matas con mayor o menor profundidad nos habla de más de 500 escritores, ofreciendo títulos de novelas -novelas que en realidad siempre son una posibilidad dice EVM y sin ignorar que la novela muere cada día a campo abierto, gracias al eterno fracaso que la mantiene viva- que ya han ido a engrosar mi horizonte libresco cada día más mórbido y dilatado.

Enrique Vila-Matas en Devaneos | Dublinesca | Perder teorías | El día señalado | El viaje vertícal | El viento ligero en Parma

Enrique Vila-Matas

El viento ligero en Parma (Enrique Vila-Matas)

Enrique Vila-Matas
Sexto Piso
2008
215 páginas

Leer a Enrique Vila-Matas es alimentar mi sed de leer. En momentos como el presente, en el que no estoy leyendo nada, lo leído en esta colección de ensayos, me animará a acercarme a autores como Perec, Sterne, Gombrowicz, Andrei Biely, Ionesco, Sergio Pitol, a seguir abundando en Bolaño, Bioy Casares, Beckett o Tabucchi, o incluso a dar otra oportunidad a Ray Loriga y su novela El hombre que inventó Manhattan.

Siempre pienso que el mejor plan para el fomento de la lectura es Vila-Matas, pues sus artículos se nutren de sentencias, máximas, citas de otros escritores, de múltiples referencias a otros libros leídos, de microrreseñas, en los que da su parecer sobre libros tales como La conciencia de Svevo, Los detectives salvajes, o Viaje al fondo de la noche, entre otros, abriendo por tanto al lector una miríada de senderos por los que puede tirar en su leer.

Me gusta de Vila-Matas su actitud hacia la literatura; donde otros no muestran más que odio y desdén, Vila-Matas muestra su cariño, su aprecio, su devoción, su necesidad de una actividad que como para muchos otros, es su razón de ser, de estar aquí, esos para los que escribir es su vida y a los que les va la vida en ello, con todo lo que conlleva.

El libro recoge ensayos y conferencias que ha ido dando Vila-Matas y la única objeción que puedo poner es que ciertas cosas que dice el autor se repiten, quizás de manera intencionada, como si esa reiteración obrase como un subrayado. Es esta una objeción menor, porque el libro es pródigo en hallazgos, en momentos luminosos, donde Vila-Matas, y este es el gran valor del libro, quintaesencia lo mucho que ha (bien) leído, para entroncarlo con su vida de escritor (donde nos desvelará por ejemplo por qué motivo quiso ser escritor y como el viajar, ese desprenderse de países como decía Pessoa sea un abrir horizontes que nos conduce a una mayor tolerancia, una mayor disposición a la alteridad), y ofrecer, como leo varias veces, un tapiz que se dispara en muchas direcciones.

Algo que me ha gustado especialmente es lo que dice Vila-Matas de Roberto Bolaño, de su tesón, de su constancia noctívaga al escribir; esas ganas de machacarse escribiendo cuando sabía que la muerte acechaba, y que lo único que podía ofrecer a la Nada, eran sus textos. Y como Bolaño, una vez muerto, le obliga, como una sombra al acecho, a escribir bien, a escribir mejor y a exigirse más (algo clave en cualquier profesión, aunque en el mundo de la escritura, tiene uno la sensación de que a menor exigencia con el lector (por lo común poco exigente) mayor número de lectores, como si cada texto que Vila-Matas escribiera fuera fiscalizado por Bolaño y fuera esta una deuda postmortem contraída con su amigo, porque escribir, nos dice EVM es escribir bien. Vila-Matas para mí lo hace y me anima a leer sus libros y los de todos aquellos que lo han construido, pues pienso que todos nosotros no dejamos de ser otra cosa que palimpsestos de carne y hueso; poso y sumidero de todo lo leído.

Enrique Vila-Matas en Devaneos | Dublinesca | Perder teorías | El día señalado | El viaje vertícal

El día señalado

El día señalado (Enrique Vila-Matas)

Enrique Vila-Matas
80 páginas
Nórdica editorial
Ilustraciones: Anuska Allepuz
2005

En este cuento breve Vila-Matas nos presenta a una mujer que se enfrenta a su destino. Es un decir. Porque el destino es un vaticinio.

A Isabelle a sus diez años una gitana le pronosticó que moriría un dos de febrero, sedienta, de pie, tal vez bailando, en un día de invierno muy lluvioso, de un año a determinar.
Ese es el quid de la cuestión, porque a todos cuando nacemos nos pueden decir lo mismo, esto es, que un día moriremos, aunque no nos digan el día de ese año indeterminado en el que la parca nos llevará con ella. Y entonces vivimos tan tranquilos.

Todo este vibrante relato es la lucha interna de Isabelle entre vivir esclava del funesto vaticinio o saltarse todo a la torera y que pase lo que tenga que pasar.

El suspense está presente en todo momento, no faltan los detalles extravagantes, absurdos, patéticos, nada raro cuando hablamos de humanos que se aferran con uñas y dientes a sus existencias aunque no sepan luego qué hacer con ellas. No es el caso de Isabelle que quiere medrar y lo logra hasta situarse en el ojo del huracán, o del tifón.

Todo queda al final abierto. Un pertinaz suspense que queda en suspenso.

El día señalado

Las ilustraciones de Anuska Allepuz casan muy bien con la atmósfera preñada de pesadilla, de miedos, brumas y angustias de una Isabelle en pugna por no ser solo un títere del destino.

El viaje vertical (Enrique Vila-Matas 1999)

El viaje vertical Enrique Vila-Matas

Me inicié en el mundo vilamatiano con la lectura de Dublinesca. Después vendrían Doctor Pasavento, Aires de Dylan (el último libro de Vila-Matas pubicado hasta la fecha) y ahora El Viaje Vertical. Los tres últimos tienen elementos en común. El autor parece por tanto seguir dándole la vuelta a lo mismo, haciendo bueno eso de que uno siempre escribe una y otra vez la misma historia.

En Doctor Pasavento el protagonista quería alejarse del mundanal ruido, aislarse, desaparecer, o mejor, pasar desapercibido, ser un Pynchon más, alguien por tanto celebre y laureado que quiere vivir de espaldas a la notoriedad pública, un trasunto por ejemplo de Robert Walser, al que el autor se refiere reiteradamente en esta obra. Pero no dejar de ser un quiero y no puedo, un avisar que me voy pero me quedo, a fin de ponderar el peso de la ausencia, los rastros efímero que deja el abandono en playas lamidas por el mar.

En Aires de Dylan, en lugar de desaparecer todo giraba en torno al fracaso y a la derrota, como si este fuera el camino a seguir en contraposición al éxito, a la vanidad. En El Viaje vertical, obra de Vila-Matas que data del año 1999, hilando con Doctor Pasavento, que vendría después, pues es de 2005, también hay una huida, en este caso forzada. La que sufre Mayol, a sus 70 años cuando su mujer el día después de celebrar los 50 años de ca(n)sados (el uno del otro) le dice que necesita espacio, tiempo, libertad, y que por tanto ahí tiene la puerta, que no quiere verlo más.

Toca por tanto cual serpiente mudar de piel, reinventarse. Mayol emprende entonces ese viaje que a la par que exterior es interior. Decide en ese viaje vertical, iniciar un descenso, una caída, hacia el sur; Barcelona, Oporto, Lisboa, Funchal, Madeira. Al mismo tiempo no le queda otra que reinventarse, despojarse de su piel actual, escamada, putefracta, superar el tema familiar, sus hijos, su mujer, sus amigos de tertulia en la ciudad condal, y tratar de ser otro, o el mismo pero mejorado, en la creencia de que las expectativas que tenemos de nosotros mismos son el motor del cambio, la gasolina de la acción.
Así Mayol a pecho descubierto va viajando y descubriéndo(se) el mundo que le rodea. Salda deudas con el pasado. Nunca es tarde para volver a estudiar, para retomar esos estudios truncados por la Guerra Incivil Española, sintonizar con la cultura, ver el mundo con otros ojos, deleitarse con un buen libro, una conferencia amena, una música embriagadora, una película subyugante. Mayol aspira ya a enriquecerse como persona, alimentar el espíritu, a través paradójicamente del despojamiento material. Alcanzar la sabiduría de la lejanía.

A EVM (de quien de paso diré que tiene la mejor web que he visto de un escritor) se le reprocha que no sabe construir personajes, su referencialidad a otros textos, a otros autores. EVM no copia a nadie. Escribe así, ese es su estilo.
El caso es que lo que uno lee le conmueva, le atrape, le remueva algo ahí dentro, o bien, que uno aprecie esos destellos hilarantes, la puesta en escena, la idea subyacente, las bonitas frases negras sobre la celulosa blanca, pero que como los fuegos de artificio, el espectáculo dure lo que estos duran, que su estela desaparezca en el firmamento, casi de inmediato.

He ahí la barrera entre lo banal y frívolo de lo trascendente. Para mí EVM es el rey de la mascletá, el alumno aventajado, el trilero de las letras, un presdigitador que saca libros de la chistera con facilidad y a quien si no le descubres los trucos, te impacta y sorprende.

1999 El viaje vertical
2005 Doctor pasavento
2010 Dublinesca
2012 Aires de dylan