Archivo de la categoría: 2008

A bordo del naufragio (Alberto Olmos)

A bordo del naufragio (Alberto Olmos)

La cosa va de naufragios. Otra variante del confinamiento.

El libro (finalista del Herralde en 1998) lo escribe un joven de 21 años, que en aquel entonces estudiaba periodismo en Madrid, proveniente de un pueblo, que detesta la Universidad, a sus compañeros, casi todo lo que le rodea. Su tabla de salvación en este naufragio son los libros, que lee a todas horas y que lleva siempre en su mochila (libros prestados de la biblioteca, pues no está la cosa para dispendios). Ese es su asidero. El cerebro del protagonista, en segunda persona, comienza a trabajar y va soltando perlas, describiendo el cuarto en el que vive (al estilo de El hombre que duerme de Perec), la gente de su clase, los profesores, su infancia, su blandura existencial, su patetismo, su flojera, la relación con sus abuelos, su no relación con su madre y su padre (del que dice que hay dos terminos que lo definen: calvo y cabrón), y una fijación visual por los culos y los senos. El autor debía tener en aquel entonces el cerebro anegado de semen de ahí que su pensamiento único fuera seminal (en el resto de sus obras no faltan tampoco ese alma voyeur, las violaciones mentales, los estupros no consumados). Olmos maneja con desparpajo el lenguaje. Hay páginas que pecan de reiterativas, otras que se aceleran y son un auténtico cachondeo. Consciente de su discurso, crítica su falta de coherencia, reducido más bien a una masturbación mental, donde nunca queda claro quienes son Los Otros (Perdidos, en 1998, todavía no se había estrenado).

El libro me ha gustado, porque lo he leído como si tuviera 21 años, y cambiando periodismo por empresariales, hay muchas cosas que ahí se cuentan que uno ha vivido y sufrido y ese discurso poco estructurado, que nace de la visceralidad, del encono, del desencanto y de otras muchas cosas, uno lo entiende.

Aflora la melancolía al leer un libro donde se manejan pesetas, donde aparece Dire Straits, Extremoduro, Carlos Boyero (al cual dicho sea de paso no soporta), Pessoa, Aleixandre, Kundera, Machado, Jaime Gil de Biedma, Nicholas Cage, Bogart, Rimbaud, Max Extrella y tantos otros.

Olmos describe la realidad a su manera, con sus herramientas, con la palabra escrita. Olmos luego escribiría columnas en los periódicos (no en blanco), publicaría libros (daría así su visión del mundo y de sus obsesiones con sus escritos) y no volvería a su pueblo (creo que sigue por los Madriles), quizá porque allí naufragó. Y lo más importante es que ese personaje que SE NOS VA, SE NOS VA, sigue todavía escribiendo y publicando, lo cual como Olmos en alguna entrevista afirma ya es algo prodigioso.

Anagrama. 1998. 176 páginas

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El boxeador polaco (Eduardo Halfon)

El boxeador polaco es un libro de seis relatos de Eduardo Halfon publicado en 2008 en Pre-Textos. Libro hoy descatalogado e inencontrable. Ahí juegan un papel fundamental en nuestro fervor lector con su auxilio las bibliotecas públicas. Tengo una buena noticia: la editorial Libros del Asteroide publica en breve en un mismo volumen El boxeador polaco con estos seis relatos junto a La pirueta, novela breve publicada en 2010 en Pre-Textos.

En uno de los relatos uno de los personajes, Milan, habla de los músicos que tocan sin estar presentes. Algo parecido sucede a veces cuando leemos, que parece que no haya nadie detrás del texto. En el caso de Halfon, en todos sus libros y pienso en Monasterio, Saturno, Signor Hoffman, Biblioteca bizarra, este se sitúa en el centro de sus historias y con él ciertos temas recurrentes como su relación con el judaísmo o su abuelo de Lozd. Aquí nos cuenta que su abuelo salvó el pellejo en Auschwitz gracias a un boxeador polaco, también de Lozd, que la noche previa a un juicio sumario, lo adiestró no con los puños sino con las palabras.

La literatura no es más que un buen truco, se nos dice. Halfon opera su espectáculo de magia y uno no solo no advierte el truco sino que asiste a la función con unas expectativas que una y otra vez no defraudan, pues al final da igual que Halfon me hable de sus clases de literatura y la relación -inexistente- de sus jóvenes alumnos con el mundo del cuento, muy grande ahí la figura de Kalel; de su paso por un garito sito en la Antigua Guatemala en donde rehúsa meterse en el ojo del huracán, en el vórtice de un deseo siempre irrefrenable; la sabiduría derramada entre las bromas y veras a costa de Twain y las exégesis del vestusto Krupp; la figura de un músico clásico serbio con acento argentino que va en busca de sus raíces gitanas, nómadas, para poder cortar así por lo sano; o los dos últimos relatos con el abuelo de Halfon como protagonista, porque hay algo en la prosa de Halfon que al leer te hace ir dando vueltas sobre el ring, en continuo movimiento, viéndote bailar, hasta que ya al final y en la última línea de cada relato te suelta el derechazo o zurdazo, da igual, que te manda besar la lona con una sonrisa beatífica, inconsciente.

Eduardo Halfon en Devaneos

Monasterio
Signor Hoffman
Biblioteca bizarra
Saturno
Oh Ghetto mi amor

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Marcos Mostaza dos (Daniel Nesquens)

Segundo libro de los cinco que conforman la saga de Marcos Mostaza que leo. Aquí creo que brilla menos el humor característico de Daniel Nesquens, pero hay momentos muy buenos, como cuando el padre de Marcos quiere cambiar de ciudad porque no soporta los rigores del cierzo que corren el riesgo de acabar trastornándolo. Si veo más ternura en la relación entre los miembros familiares, prevalece ese lenguaje infantil que es la fantasía, la cual a veces también manejan los adultos, como el abuelo ejerciendo de cazafantasmas.
Nesquens de rondón ejerce una función didáctica y va dejando caer términos como coulrofobia -el miedo a los payasos- o planta un pareado de Antonio Machado, o nos lleva a Cluj-Napoka (o es ¿Cluj-Napoca?), ciudad de Rumanía, a la que acude a trabajar una tía de Marcos (para que veamos cómo se vive en otras partes y levantemos la mirada del ombligo), para quien Daniel es su “cosica“, o aparece por ejemplo en una acalorada discusión filial el femicidio de Ciudad Juárez.
El argumento por decir algo, consiste en buscar el regalo para Lorena, una compañera de clase de Daniel, de 10 años. Si hablamos de un hámster seguro que muchos niños (público al que va dirigido esta saga aunque los adultos disfrutemos también como enanos) se sentirán interesados dado que las mascotas en el reino infantil tiene mucho tirón. Seguiré avanzando en la pentalogía.

Grupo Anaya. 2008. Ilustración de Claudia Ranucci.

Daniel Nesquens en Devaneos

Lo que arraiga en el hueso

Lo que arraiga en el hueso (Robertson Davies)

Lo que arraiga en el hueso es la segunda parte de La trilogía de Cornish. Si en la primera parte, Ángeles rebeldes, Francis era el mecenas que moría y desempeñaba un papel secundario, prácticamente inexistente, aquí es el protagonista absoluto. La novela es una biografía, la que el padre Darcourt(al que conocimos en la primera entrega) se propone escribir, -aunque los narradores sean un par de daimones- una novela de formación, donde los lectores seguiremos los pasos de Francis desde su más tierna (de tierna tiene poco) infancia, abandonado en el terreno filial a su suerte, sustraído por ende a la férula tanto paterna como materna, arropado por personas que lo quieren y enseñan como Zadok (que tiene un punto muy Dickensiano), forjando éste su personalidad como aprendiz (un aprendizaje que actúa como una formación vital e ineludible para llegar a ser algo) y pintor en ciernes y luego consumado, aunque no reconocido, desplegando sus dotes en una funeraria con cadáveres como modelos, para más tarde aprender la gramática del dinero, que le permitirá gestionar con éxito la fortuna familiar, así como una herencia inopinada que recibirá en sus últimos años. Robertson, fiel a su estilo, logra interesarnos con su prosa vivaz, opulenta e ingeniosa, desde la primera hasta la última de sus casi quinientas páginas, gracias al humor (que aquí asoma menos que en la primera parte), la intriga, los devaneos amorosos infructuosos (su relación con Ismay y la de ésta con Charlie, deslocalizada a tierras hispanas, podría haber tenido más desarrollo) y potenciales de Francis, las referencias a Shakespeare a las citas y poemas de Ben Johnson, de Browning, sus andanzas como espía (de telón de fondo la Guerra Civil Española, la Segunda Guerra Mundial, los trenes camino de los campos de concentración), los pormenores de las falsificaciones (en la novela se hace pasar un cuadro reciente por uno antiguo y se intenta también adjudicar un cuadro a Hubertus Van Eyck a sabiendas de que no es suyo. Esto me trae en mente una conversación que mantuve recientemente con un seguidor acérrimo de Bolaño, que ponía en tela de juicio que todas esas novelas que van surgiendo después de su muerte fuesen suyas, sino obra de alguien muy capaz de replicar a la perfección el estilo del chileno) o restauraciones y las jugosas reflexiones sobre el mundo del arte, concretándolas en la pintura y poniendo en tela de juicio cómo la masa se deja de seducir por lo exitoso, por lo actual (aunque Francis se quede anclado en los prerrafaelistas y no aprecie el arte moderno), por aquello de lo que hay que estar enterado, sin entrar a valorar la calidad intrínseca del producto, como le hará ver epistolarmente Picasso a Papini.

El pueblo ya no busca ni consuelo ni exaltación en las artes. Y los refinados, los ricos, los ociosos, los destiladores de quintaesencias, buscan lo nuevo, lo extraordinario, lo original, lo extravagante, lo escandaloso.

Deseoso ahora de acabar la trilogía que culminaré leyendo La lira de Orfeo, pero antes me pondré con Iris Murdoch.

Libros del Asteroide, 2008, 490 páginas, traducción de Concha Cardeñoso.

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Ángeles rebeldes (Robertson Davies)

Rabelais, Paracelso, luthiers, manuscritos perdidos, académicos eruditos, gitanos, magia, encantamientos, rollos profesor-alumno, sumo intelectual, alquimia, asesinato, suicidio, mentalidad salvaje, fósil cultural, bromas, adivinanzas, chanzas, deyección como acto creativo, escatología, diálogos crepitantes, humor, ironía, novela impublicable, herencia, millonario, amor, amistad, ángeles rebeldes, casamiento… Con estos elementos y otros muchos más, el coloso canadiense Robertson Davies (1913-1995) aplicando todo su ingenio, su humor y su erudición, alumbra una novela que toca muchos palos, que me ha parecido deslumbrante y fascinante (algo o mucho tiene que ver con esto, la gran traducción de Concha Cardeñoso) y que me ha deparado varios orgasmos mentales, salvo su final, que no lo acabo de ver y ante el que me muestro escéptico. Dijo en su día Nuria Barrios, refiriéndose a Robertson, Háganse un regalo: no demoren el placer de leerle. Yo lo había demorado más de la cuenta y ahora apagaré mi sed de Davies yendo en busca del tiempo perdido, a golpe de trilogía. De momento, prosiguiendo con ésta de Cornish y guardando para el recuerdo personajes memorables como Darcourt, Parlabane y Theotoki.
Libros del Asteroide. 353 páginas. 2008. Traducción de Concha Cardeñoso.