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El idiota

Llego a la página 619 de las memorias de Anastasía Tsvietáieva, y aparece en ellas Dostoievski, al que Anastasía no había leído hasta entonces por todo lo que le ensalzaban. Al final Borís le anima a leer El idiota juntos y en voz alta y pasa esto:

Memorias de Anastasía Tsvietáieva
Memorias de Anastasía Tsvietáieva
(Hermida editores. 2018. Traducción de Olga Korobenko y Marta Sánchez-Nieves)

¿Esto es leer? ¿El gozo de comprender? se pregunta Anastasía o !Diluir tu alma en el otro!

Esto nos pasa cuando leemos a Dostoievski. A Thomas Bernhard le pasó otro tanto cuando cayó en sus manos Los demonios.

www.devaneos.com

Paz, soledad, quietud

Allí no existían automatismos agotadores como conversar durante la comida, charlas banales, trenes que tomar, o los cientos de ansiosas trivialidades que emponzoñan la vida diaria. Incluso los principales motivos que causan culpa y ansiedad se esfumaron hasta perderse en lejanos limbos […] esta nueva dispensa me dejaba diecinueve horas diarias de absoluta y divina libertad. El trabajo se volvió más fácil por momentos y, cuando no está trabajando, estaba explorando la abadía y los parajes de los alrededores, o leyendo.

Un tiempo para callar (Patrick Leigh Fermor) con traducción de Dolores Payás

Estas reflexiones de Patrick Leigh Fermor fruto de su estancia en distintos monasterios me recuerdan a las palabras de Thoreau: “Quise vivir profundamente y desechar todo aquello que no fuera vida”. Thoreau hablaba de sustraerse a las obligaciones autoimpuestas en las que se deslee nuestra existencia y PLF de las trivialidades que emponzoñan la vida diaria. De momento sirva este párrafo para tomarle el pulso a este vívido libro que me está entusiasmando ya desde su estupendo prólogo, de la también traductora del texto, Dolores Payás.

Félix María Samaniego

Lo pomposo

Hay autores que en voces misteriosas,
estilo fanfarrón y campanudo
nos anuncian ideas portentosas;
pero suele a menudo
ser el gran parto de su pensamiento,
después de tanto ruido, sólo viento
.

Ante tanto ruido, tanta cháchara y tanta pomposidad, resultan muy oportunas estas sabias palabras, a modo de moraleja, de Félix María Samaniego.