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Stefan Zweig

En ningún momento me sentí próximo a nadie. Por supuesto, a algunos podría haberlos conocido mejor, pero mi timidez me impedía importunarlos, una timidez que más tarde reconocería como la secreta y feliz norma de mi existencia: que yo no debía ir en busca de nada y que todo se me daría en el momento oportuno. Lo que a mí me moldeó nunca partió de mi deseo, de mi laboriosa voluntad, sino siempre de la gracia y el destino: y así también esta maravillosa persona, que de pronto entró en mi vida en el momento oportuno y que entonces se convirtió en la constelación espiritual de mi juventud.

Las tres vidas de Stefan Zweig. Oliver Matuschek. papel de liar. 2009. Traducción de Christina Sánchez

Sobre la crítica literaria

Sigo con la lectura de Fantasmas del escritor, que reúne las opiniones contundentes de Adolfo García Ortega. Traigo aquí uno de sus textos más interesantes titulado Sobre la crítica literaria, en el que Adolfo recoge las palabras de Diderot: El papel de un autor es un papel bastante vano; es el de un hombre que se cree capaz de dar lecciones al público. ¿Y el papel del crítico? El del crítico es mucho más vano aún; es el de un hombre que se que se cree capaz de dar lecciones al que se cree capaz de dárselas al público. También dice Diderot, quizá lo primero que ha de ser un crítico es buena persona, “hombre de bien”. Luego Adolfo añade, “La crítica, los críticos, se creen en la potestad sacerdotal de consagrar una obra literaria, de hacer que exista y se haga visible, mediante la valoración y el juicio. Su función, sin embargo, no es requerida por nadie, dan una opinión sin que se les haya pedido y juzgan sin que haya necesidad de ello (sin que medie delito, en cierto modo). Solo los necios valoran su influencia“.

Lo que hay que pedirle a un escritor

Lo que hay que pedirle a un bloguero literario lo tenemos claro, a saber, que no suba al blog vídeos de muchachas monas con orejas de coneja, en cuanto a lo que hay que pedirle a un escritor, me ciño a lo que escribe Adolfo García Ortega, recurriendo a Proust, en este estupendo libro de opiniones contundentes.

Fantasmas del escritor
Fantasmas del escritor. Adolfo García Ortega. Galaxia Gutenberg. 2017.

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Iluminaciones (Walter Benjamin)

Leer a Walter Benjamin me resulta muy estimulante. Su prosa es exigente, pero gratificante. Algunos de estos ensayos (escritos entre 1916 y 1940) como los dedicados a la historia de la fotografía pueden parecer ya anticuados, o superados, pero por mucho que la técnica ponga a nuestra disposición cada día artefactos más elaborados, en lo tocante a lo audiovisual, el cambio radical se produjo cuando se pasó de la pintura a la fotografía, cuando el cuadro que era visto por cuatro personas y en entornos privados, se vio reemplazado por la fotografía, que pudo llegar a todas partes y donde la pregunta era cómo el artista encajaba en esa era de la reproducción técnica. Los ensayos dedicados a la religión, la historia o la política me interesan menos.

Dado que este espacio se alimenta de literatura, los ensayos benjaminianos que más me han gustado son los dedicados a Kafka -Benjamin profundiza en sus ensayos en obras como El proceso, a tener muy presentes cuando acometa su lectura-, Baudelaire, donde se transparenta la ciudad de París y el concepto de multitud y de flâneur, con anécdotas muy curiosas como esos flâneur que en plan desafiantes, salían a pasear sus tortugas, dejándose llevar por estas, sustrayéndose así al ritmo acelerado, las prisas, las tareas repetitivas y alienantes que ocupaban cada vez más a millones de personas, especializados en tareas insignificantes, abundando ahí Benjamin en lo que Marx y Hegel escribieron al respecto; el teatro épico de Brecht, el último lírico, Paul Válery; la distinción entre informar y narrar, recurriendo a Léskov
Walter Benjamin
Traducción de Roberto Blatt
y reflexionando acerca de lo que un lector busca en una novela (“Lo que atrae al lector de novela es la esperanza de calentar su vida helado junto al fuego de una muerte leída”) o Proust (de quien Benjamin reseñaría En busca del tiempo perdido, reseñas con las cuales como comentaba Vicente Valero en Experiencia y pobreza, Walter Benjamin en Ibiza, se ganaba la vida, publicándolas en la prensa alemana, ejerciendo la crítica literaria) su memoria involuntaria, donde recurriendo a las vigentes entonces teorías de Freud se analizaba la relación que existía entre memoria y recuerdo, entre vivencia y experiencia (“No importa qué opiniones uno tenga, sino en qué tipo de hombre lo convierten a uno las opiniones que tiene” dice Benjamin parafraseando a Litchtenberg), todo esto sustanciando la narración o la poesía, en el caso de Proust, de Baudelaire y de tantos otros artistas.

Estos sustanciosos ensayos se cierran con centenares de notas, un siempre necesario Índice onomástico y cuatro interesantes prólogos de Jesús Aguirre.

Comenté anteriormente que sería interesante la publicación de un libro que bien podrían titularse El libro de los prólogos, pues en los prólogos, en ocasiones, encontramos materiales muy interesantes (ahí, por ejemplo, Borges ejerció también su magisterio), prólogos que se circunscriben a los lectores de las novelas para las cuales sirve de pórtico, cuando algunos de estos prólogos, superan con creces las hechuras de la novela que prologan para abordar otras cuestiones literarias y de otra índole muy jugosas.

Lo edita Taurus, del grupo PRH, en su nuevo sello Clásicos Radicales.

Taurus. 2018. Edición y prólogo de Jordi Ibañez. Traducción de Jesús Aguirre y Roberto Blatt.

Paul Valéry

Paul Valéry

En las Iluminaciones de Walter Benjamin, la figura de Paul Valéry ocupa un papel muy importante, con párrafos suyos como el presente.

El habitante de los grandes centros urbanos retrocede de nuevo al estado salvaje y se aísla de los demás. El sentirse en relación con los demás, antaño siempre alerta a causa de las necesidades, se vuelve hoy, paulatinamente romo en el curso sin roces del mecanismo social. Todo perfeccionamiento de dicho mecanismo pone […] fuera de juego ciertos modos de comportamiento, ciertos sentimientos y emociones. El confort aísla, nos dice y resume Benjamin.

Me pregunto si algún día veremos traducidos al castellano los diarios completos de Paul Valéry, que en francés son 29 tomos. Hace más de 10 años Galaxia Gutenberg editó un libro con algunos extractos de esos diarios, un libro muy recomendable y hoy descatalogado e inencontrable. Nos convendría mucho una reedición.