Archivo de la categoría: Gonzalo Torné

El corazón de la fiesta (Gonzalo Torné)

El corazón de la fiesta (Gonzalo Torné)

La última novela de Gonzalo Torné, El corazón de la fiesta (Anagrama), se ambienta en Barcelona, aunque la torrada independentista no monopolizará aquí el relato; no huele en estos pagos urbanos a humanidad sudorífera ni hay movimientos asamblearios ni okupas ni aquellas compuertas mentales elusivas registradas en la corrosiva y fantástica Lectura fácil de Cristina Morales. No, aquí hay otros puntos de vista, otros enfoques, no exenta tampoco la narración de mordacidad e ironía, desentrañando una clase social de (ringor)rango casi celestial, que flota sobre el vulgo o se apoya en el mismo para encumbrarse y envanecerse, comisiones mediante, convertido para ellos el país catalán en una galería comercial donde frecuentar la zona de las delicasseten, derrochando a manos llenas un dinero ajeno envilecido por un mal entendido servicio público, que se va con la misma fluidez con la que entra.

A la cabeza del clan familiar un presidente autonómico conocido como El Rey, Pere Masclans, su mujer, Montse, su amante: la nórdica Astrid y tres vástagos: La Paradeta, Yúnior y el Bastardo (no se precisa dar más detalles); este último centrará parte del relato con las arremetidas deci-béli(c)o-domésticas con su amada, Violeta, a la sazón Violet, una choni; su relación bien puede ser una adaptación del cuento del príncipe y la doncella, en donde para el primero, los títulos nobiliarios de antaño, bajo el cuñ(a)o del capitalismo son hoy títulos mobiliarios, cuya sed vital no se sofocará nunca y bajo ningún porcentaje, y la cual precisa de pisazos de centones de metros cuadrados en lo mejor de Barcelona y viajes que resten gravedad a sus existencias, las desraícen y obnubilen, mientras que el porvenir de baratillo se ve pautado y lastrado para el común de los mortales por trabajos precarios y mal pagados, el cepo de la hipoteca, los alquileres inaccesibles.

Violeta viene de una clase media y El Bastardo opera aquí como un ascensor social que le abrirá las puertas a un mundo de fantasía. Un campo minado, porque para el Rey cuantos pululan a su alrededor, hijos también, no dejan de ser ricodependientes, que no deben morder la mano que les da de comer y les regala sus cómodas existencias. Los vástagos proyectan la ambición paterna en el mar sin orillas en la que se cifra cualquier codicia que se precie de tal; uno dedicado al ámbito inmobiliario y el otro a distintos negocios que le permiten ampliar su parque automovilístico de forma geométrica. Violeta, ávida de experiencias empleará el sexo como forma de coñocimiento, derribando la nula resistencia que le ofrecen tanto El Bastardo como el hijo que tendrán en común prontamente apartado de su lado por obra y gracia de los auxiliadores internados.

A Torné le van las largas parrafadas, los discursos extenuantes, personajes que hablan (muy habilidoso Torné siempre en el manejo de los certeros diálogos (sin el sonsonete de dije, dijo, dije, dijo…)), escriben, cuentan y se cuentan, explican y desentrañan (o lo intentan) su realidad y patéticas vidas a través del cordel de la escritura, la palabra y el pensamiento y en esta densidad la proteica novela cunde y deja la sensación tras su lectura de tener muchas más de sus 242 páginas, a través de las cuales veremos el apogeo y caída de El Rey (en el plano mítico vendría a ser un Ícaro: un alto vuelo y un batacazo mortal), aquel, que ante una sociedad que vivía de espaldas al consuelo que ofrecían unos dioses arrumbados, concentró en su figura el ansia civil de un pueblo perdido, al que Pere recordaría su razón de ser (en palabras de Turris), tutelándolo durante tres décadas en una labor de caudillaje político.

Joan-Marc y Clara, personajes en Hilos de Sangre y Divorcio en el aire, aparecen de nuevo y son quienes se ven sometidos al estruendo de El Bastardo y Violeta cuando la pareja se convierta en sus vecinos y compartan pared. Luego, cuando la pareja desaparezca, Clara le encomendará a Joan-Marc que investigue y éste a modo de periodista construirá un relato tras entrevistar a los satélites de El Rey, abundando la narración ya sea en lo sentimental, con las declaraciones de El Bastardo, La Paradeta, Juan (el padre de Violeta) o en lo político, con un Turris que muda lo execrable en Pere, en heroico. Inevitable ante una memoria que siempre propende a la exculpación y al blanqueamiento.

En cada nueva novela de Torné lo que se pierde en extensión se gana en concreción, hilando el autor cada vez más fino su pensamiento, desengrasando el texto y dejando la fibra punzante del lenguaje y de una inteligencia iluminada por la experiencia, A mitad del camino de la vida

Anagrama. 2020. 255 páginas

Gonzalo Torné en Devaneos

Lo inhóspito
Divorcio en el aire
Años felices

¿Escritura creativa?

Lo de escritura creativa me suena a pleonasmo, porque pienso que la escritura o es creativa o no es.
Impartir talleres de escritura creativa es una manera que tienen muchos escritores de ganarse la vida, o al menos de mejorársela un poco. No es habitual encontrar un artículo tan bien sustanciado, de un escritor (Gonzalo Torné), titulado precisamente Contra los cursos de escritura creativa, donde comparto lo ahí esgrimido.
La escritura es técnica, pero sobre todo es imaginación y talento, y eso afortunadamente no se puede enseñar ni aprender en un taller.

Gonzalo Torné

Años felices (Gonzalo Torné)

Si Divorcio en el aire, la anterior novela de Gonzalo Torné (Barcelona, 1976) era un asedio al lector, en estos Años felices (que nunca lo son, o nunca lo son del todo) el tono de la novela es más bonancible, al menos en su primer tercio. Si allá desplegaba una prosa incendiaria y ácida, su mirada se posa ahora en un grupo de jóvenes adultos neoyorquinos en los años 50 del pasado siglo, en el verano de su juventud que se abren a un mundo por explorar, jóvenes despreocupados, víctimas ellas de sus no muy lejanos cambios hormonales y sus primeras reglas, cuya presencia física y sus atributos más visibles son codiciados por las miradas varoniles, amasados sus pechos por el ansia cabestril, todos ellos como orugas que transformadas en mariposas quieren volar de los nidos familiares, que como en el caso de Kevin (los más y los menos de éste con su padre Ben es lo que más me ha gustado de la novela. Ahí Torné se desmadra, para bien y se permite ciertas bromas privadas: Percy, Lomana, Gerchunoff…), o de Claire, el ámbito familiar tiene más de cerco que de nido. Un grupo que se rige por normas no escritas basadas en la amistad, la confianza, el amor, el cariño que se profesan entre ellos y la clave (o una de las claves de la novela) está en cómo transferir al lector la ligereza, la alegría, su apertura al mundo y absorción por el mismo y no devenir espectador pasivo de esas jóvenes vidas (siempre) ajenas y que aquello cale, que los hilos (término consustancial a la narrativa Torneniana) que tejen la narración sean venas que alimenten nuestro interés y en gran medida así sucede, pues la figura del llamado príncipe, Alfred, un extranjero proveniente de España, de Barcelona, que es acogido de buena gana y prontamente por el grupo gringo, dota a la narración de suspense y misterio, que en parte se desvela en el segundo capítulo (epistolar) donde mediante unas cartas sabremos cómo fue la llegada de Alfred a Nueva York, su irse haciendo poco a poco con esa anguila correosa que es cualquier idioma desconocido -al tiempo que lucha por no perder su lengua catalana, su identidad-, su entrada en el mercado laboral por la puerta pequeña, su empeño en no desprenderse de su sueño de ser escritor, su relación con su madre y sus dos hermanos, donde a pesar de lo que se explicita, prima lo no dicho, lo oculto y velado, a pesar de lo cual ya vamos barruntando algo en ese empeño de Alfred por contarlo todo, sin decirnos nada (o no tanto como quisiéramos saber y que podría ser la semilla de una novela).

Los años felices de la primera parte, la despreocupación, la irresponsabilidad, ese rumiar indolentemente el pan (candeal) suyo de cada día, se verá reemplazada por los contratos matrimoniales, por la asunción de nuevos roles derivados de la maternidad o la paternidad, manumitidos ya de la férula familiar; circunstancias insoslayables que reformularán las relaciones cimentadas entre ellos en su años de mocedad. Vemos cómo el grupo se disuelve, irremediablemente, a medida que se van creando círculos familiares excluyentes y a menudo inexpugnables, como si la ley de gravedad y la entropía afectará a personas y cosas por igual y cómo aquello (la amistad, el cariño, la confianza, la lealtad…) que años atrás se erigía sin apenas esfuerzo, de forma natural, franca y espontáneamente, en aquel paraíso ingenuo y promisorio, ahora cuesta Dios y ayuda apuntalar, cuando todo se desmorona y la naturaleza humana se muestra en todo su esplendor, merced a la desconfianza, la deslealtad, la traición, el aprovechamiento, la envidia, la hipocresía, los celos…

He leído últimamente librazos como Antagonía y El gran momento de Mary Tribune y tengo el factor crítico disparado y tratándose de Torné, autor de la sobresaliente Divorcio en el aire, que el tiempo nos dirá, si ahí el autor tocó cima o no, estos Años felices, aunque la haya leído casi del tirón y disfrutado bastante, me ha resultado insuficiente, quizás porque esperaba, no una historia similar a Divorcio (con la que tiene muy poco que ver y que cifra bien la capacidad de Torné por hollar nuevos derroteros literarios como bien se plasma en esta narración arborescente y elástica, que deja claro lo complicado que es esto de narrar, ese «pasar a limpio» las vidas ajenas, las ficticias también, dado que todo puede ser enfocado, como se ve, desde distintos puntos de vista, y lo que me queda es una sensación más de tristeza que de amargura, porque si esta novela surge ahora quizás sea porque el autor ya en los cuarenta, echa la vista atrás y hacia adelante y ya en el ecuador, es hora de hacer balance, más que de ajustar cuentas, con los personajes y con lo que estos representan) pero sí la misma prosa incendiaria de Divorcio, ese asedio al lector del que hablaba al comienzo, esa prosa que se escribe con sangre, cuando leer ya no es (nunca debe serlo) un mero pasatiempo, sino recibir una transfusión de pura vida.

Anagrama. 2017. 364 páginas.

Próximas lecturas

Se han publicado recientemente o van a publicarse ocho novelas que me interesan, de autores cuyos últimas novelas me agradaron mucho.

Andrés Ibáñez

La duquesa ciervo de Andrés Ibáñez (Galaxia Gutenberg)

Iván Repila

Prólogo para una guerra de Iván Repila (Seix Barral)

ERH32396

Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer (Literatura Random House)

Gonzalo Torné

Años felices de Gonzalo Torné (Anagrama)

Luis Landero

La vida negociable de Luis Landero (Tusquets)

Los cinco y yo
Los cinco y yo de Antonio Orejudo (Tusquets)

Sylvia
Sylvia de Celso Castro (Destino)

El-retablo-de-no-luis-rodriguez

El retablo de no de Luis Rodríguez (Tropo)

Poco a poco voy cumpliendo mi objetivo, de momento ya he leído El retablo de no, sylvia y Años felices. El resto espero irlos leyendo en breve.

Lo inhóspito de Gonzalo Torné de la Guardia 2007

Lo inhóspito (Gonzalo Torné de la Guardia 2007)


Gonzalo Torné
Círculo de Lectores
2007
257 páginas

¿Cuándo llegamos?. El que tenga hijos pequeños y los lleve en los asientos de detrás, en coche durante una travesía, oirá esta pregunta con frecuencia.
A mí, leyendo este libro, el primero que publicó Gonzalo Torné, (entonces todavía De la Guardia) me ha sucedido algo similar. No entendía como un libro de 257 páginas me resultaba tan díficil y farragoso de leer. Algunas páginas incluso me vi en la obligación de leerlas en voz alta, con la vana intención de que de esta manera mi cerebro lograra asimilar en mejor medida lo leído.
La prosa de de Torné en este libro es algo parecido a llevar puesto una prenda gore-tex mientras lees. Así lo que lees, resbala sobre la piel, sin dejar la menor huella.

Con la última novela de Gonzalo Torné, la magnífica Divorcio en el aire, estuve colocado (sus páginas fueron una droga dura durante un puñado de días), con esta, sin embargo, me siento descolocado.

Comienza el libro narrando la muerte un filósofo sueco, Gunnar Helsengor. Despúes vienen unos relatos donde cabe de todo y finalmente una entrevista que Gunnar concedió a su traductor, quizá la persona que mejor conocía su obra.

En el último tramo de libro, Gunnar se defiende de quienes le atacan diciendo que no tiene nada qué decir, que sus libros eran hueros, inanes, vacíos. Ahí Torné parece que se convierte en la voz de Gunnar, porque a su libro se le podrían acharar los mismos males que a la obra de Gunnar, y en concreto a su libro, El tiempo y el movimiento, pero parece no importarle mucho a Gunnar-Torné que no haya una historia que contar, o que rematar, que no sean evidentes las costuras de la trama, que no sea defendible una relato amputado, que su prosa trascienda más allá de los convecionalismos, de lo tradicional, para inscribirse en algo diferente. Como ese arte pictórico en el cual no vemos más que manchurrones sobre un lienzo blanco, cierta literatura pobría buscar la misma analogía, encontrar la belleza, la verdad, en lo seccionado, en lo inconcreto, en ese término medio entre el proemio y el epílogo, en esa tierra de nadie, en la que se libra la existencia. Y esta clase de ejercicios le encantarían a Vila-Matas y a Javier Avilés, ya que Gunnar se pregunta para qué escribir, qué sentido tiene, y cómo escribir, si esto no resulta una tarea estéril cuando se demuestra la imposibilidad de narrar y reflexiones similares..

Además, si a Gunnar le reconocen sus detractores más ingenio que talento, creo que aquí Torne acredita ambas cosas, pero con baja intensidad, un leve escorzo, y es sin embargo con Divorcio en el aire, donde todas esas ideas y reflexiones, cristalizan, donde Gonzalo logra adensar sus pensamientos y engrasarlos con una prosa briosa, vigorosa, portentosa, en una obra donde el talento y el ingenio del autor catalán se hermanan y confunden, alcanzando ese estado gracia, que quizá no se repita más.

Ahora, mi duda es si meterme de lleno con Hilos de Sangre (un título inevitable dado que la palabra «hilos» siempre está muy presente en la obra de Torné), que reposa, ya vencido sobre mi mesilla, o bien ventilar las estancias de mi cerebro con lecturas de otro pelo.

Gonzalo Torné en Devaneos | Divorcio en el aire

Divorcio en el aire (Gonzalo Torné 2013)

Gonzalo Torné Divorcio en el aire Mondadori 2013
Gonzalo Torné
2013
305 páginas
Editorial Mondadori

Divorcio en el aire es la tercera novela y primera (de momento) que leo del catalán Gonzalo Torné (1976). No puedo por tanto abundar acerca de si esta novela es un paso adelante, dos hacia atrás, si afianzará su carrera o si da fe, como les pasa a ciertos grupos musicales, de que este escritor es flor de un día.

Lo que sí puedo decir, es que esta novela de Gonzalo Torné tiene algo (o un mucho) que la diferencia del resto. Este hecho en sí, tratarse de un raro ejemplar, no implica nada, ningún valor añadido (ahora que lo friki ha salido del armario y cotiza a la alta). Lo importante es lo que la novela esconde en su interior. A eso vamos.

El libro de Gonzalo no es fácil de leer. No es la suya una de esas novelas que puedas despachar viendo la televisión, oyendo rock FM, duchándote, practicando un 69, una autofelación u hocicando en la tablet y el resultado sería el mismo (o mejor, al desarrollar nuestras capacidades, destrezas y habilidades, multi-tarea), no, la novela de Gonzalo, exige concentración (y mucha), y esto implica esfuerzo y dedicación por parte del lector, de ahí que aquellos que las paséis canutas ojeando en los bares las hojas deportivas o consultado los efectos secundarios de un paracematol en un prospecto, por vuestra integridad mental, mejor dedicar el tiempo a otros menesteres intelectualmente menos exigentes.

Ahora bien, para aquellos que estéis dispuestos a sudar, a poneros el mono de trabajo y a meterle mano a esta novela de 305 páginas, en la cual no hay apeaderos, ni páginas en blanco, ni respiraderos entre capítulo y capítulo (porque no hay capítulos), dispuestos decía, a digerir esta masa informe, esta sucesión ininterrumpida de párrafos reflexivos forjados a golpe de inteligencia, humor, imaginación, mala uva y sabiduría (aquí la ristra de adjetivos sería casi interminable, pero ya que tengo el cerebro como un balón de playa tras la lectura, y a esta «reseña» llego ya con la reserva, esa labor os la cedo a vosotros: suponiendo que haya alguién ahí fuera, que aunque sea por error pueda leer esto algún día), que te obligan a realizar zigurats mentales, a dilatar las neuronas desafiando las reglas elementales de la física, a preguntarte si esto lo ha escrito un ser humano o una inteligencia alienígena que tras miles de años de aguda y provechosa observación, ha parido-vomitado-excretado, la novela que nos retrata como somos (los humanos).

Gonzalo ejerce de forense, quien vivisecciona a sus protagonistas sobre su mesa de exploración, y a medida que va descubriéndonos los humores, los tejidos, los órganos vitales, los conductos y orificios del placer, de la reproducción, de la excreción, toda esa morralla física que nos cataloga como humanos, estudia también sin descanso eso tan vaporoso e inasible, difícilmente pensable, que llamamos alma humana, metiendo las dos manos en el corazón, Sigue leyendo