Archivo de la categoría: Luis Landero

Devaneos de lector (Luis Landero)

Yo, en principio, quería hablaros de las cosas pequeñas de la literatura. Por eso me compré un cuadernito donde escribir algo sobre la fascinación literaria que ejercen sobre mí los detalles. Yo amo los detalles, como escritor, como lector, como profesor. Pero no el detalle aislado y un tanto gratuito (el brillo de una frase, por ejemplo, o la mera ingeniosidad), sino el detalle capaz de crear un personaje, o una atmósfera, o de atrapar algún matiz insólito del alma o de la realidad exterior, el detalle narrativamente potente, significativo, de esos que leemos una vez y ya no olvidamos nunca.

Si nos fijamos, también la memoria, en la vida real, funciona así, con detalles cargados de sugerencia, de significados. Recordamos un olor, un sabor, un rostro, la pesadumbre de una lejana tarde de lluvia, el sonido de una campana, y a veces es solo una sensación casi inefable, una sensación que es la experiencia destilada en el alma y hecha ya sentimiento. A veces vivimos sucesos importantes, y al final lo que queda son detalles que no parecían destinados a perpetuarse, detalles un tanto caprichosos, y gracias a los cuales podemos reconstruir nuestro pasado. Yo me acuerdo que en 1971 fui a Argel a tocar la guitarra con un grupo flamenco. Nos recibió el presidente Bumediam en el “Palais du Peuple”, y hubo otros hechos memorables que no vienen al caso. Pero el recuerdo más tenaz, más vívido, es el de unos niños que, en una plaza enfrente del palacio, disparaban con tirachinas a los pájaros que empezaban a acomodarse en los árboles para dormir. No hace falta citar a Proust ni a Antonio Machado para saber que la memoria es poética, y lo es por la depuración y selección imprevisibles que hace de nuestras vivencias.

Me pregunto qué huellas quedarán en nosotros de este día en que escribo estas líneas, o en que tú, lector, las están leyendo, dentro de diez o quince años, si es que vivimos para recordarlo. Lo más probable es que permanezca vinculada a algún detalle menor, del que en este momento acaso no somos ni siquiera conscientes. Lo que sí sé es que en ese detalle estará para entonces el embrión de un poema, si sabemos escribirlo.
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El huerto de Emerson (Luis Landero)

El huerto de Emerson (Luis Landero); Biblioteca Pública Sánchez Díaz

El huerto de Emerson (Luis Landero); Biblioteca Pública Sánchez Díaz

Recorriendo la mesa de novedades de la Biblioteca pública de Reinosa, en aquel maremágnum, mis ojos fueron a posarse en la última novela de Luis Landero, El huerto de Emerson. Libro que he libado con sumo agrado.

A los ojos hipnotizados por el chisporroteo de la lumbre
le sucedieron el influjo de la pantalla de televisión y más tarde el mar líquido de móviles y tablets. Landero fija su atención en un mundo que quizás ya no existe y para ello ejercita su memoria, para dar cuenta de sus primeras lecturas, aquellos personajes de ficción que alcanzarán un estatus similar, e incluso preponderante sobre las figuras de carne y hueso.
Literatura que cumple una función clave cuando uno prefiere soñar la vida a vivirla. Autores como Faulkner (El Villorrio, Santuario), Onetti (La vida breve), Ferlosio (El Jarama), Joyce (Ulises) Conrad (El copartícipe secreto), Kafka (El castillo), Proust (En busca del tiempo perdido). Párrafos aprendidos de memoria, capaces de construir una educación sentimental, viaje amoroso experimentado previamente en libros como Rojo y negro.

Reflexiona Landero acerca del oficio del escritor, oficio que no entiende como tal, pues para él es un atesorar múltiples conocimientos, fragmentarios, pero sin darle una forma concreta. Escritor visto a sí mismo como un impostor. Escritura que le sirve a su vez para exorcizar ciertas imposturas de antaño como los dos años que pasó trabajando cómo profesor ayudante en el departamento de filología Francesa de la Complutense.
Recuerdos también de su época como guitarrista y poeta, una naturaleza, la suya, bien garbosa, que se sustrae a la funcionarial de las criaturas kafkianas. Su estancia en París, el miedo a que lo lanzaron al Sena, él, que no sabía nadar.

Páginas donde evocar recuerdos familiares y abordar el papel de los hombres y las mujeres en aquel ambiente rural, ligándolo con el concepto de la velocidad y la lentitud.

Relatos como el de El viejo marino, convertido este en una puerta abierta al mundo para los habitantes del pueblo, que cifran en esta figura errabunda todas sus esperanzas, la alegría del reencuentro, las aventuras que luego referirá, los regalos que traerá consigo, forzándolo entre todos a marcharse, sin atender ala voluntad de este galeote, para gozar así luego de la emoción de la espera.

Recuerdos de su época como docente:

Serán ellos, Cervantes o Chéjov, los que os enseñen literatura, y si ellos no lo consiguen no lo conseguirá nadie.

Así que ya sabéis: trabajad en lo concreto, en vuestro huertecito, buscad en vuestra memoria y en vuestros territorios cotidianos, sed fieles a vuestras ciegas marcas, y atended siempre a los requerimientos de vuestro corazón. Recordad lo que decía Cervantes: saber sentir es saber decir.

Landero siente, sabe y emociona.

Editorial Tusquets
2021
235 páginas

Próximas lecturas

Se han publicado recientemente o van a publicarse ocho novelas que me interesan, de autores cuyos últimas novelas me agradaron mucho.

Andrés Ibáñez

La duquesa ciervo de Andrés Ibáñez (Galaxia Gutenberg)

Iván Repila

Prólogo para una guerra de Iván Repila (Seix Barral)

ERH32396

Aunque caminen por el valle de la muerte de Álvaro Colomer (Literatura Random House)

Gonzalo Torné

Años felices de Gonzalo Torné (Anagrama)

Luis Landero

La vida negociable de Luis Landero (Tusquets)

Los cinco y yo
Los cinco y yo de Antonio Orejudo (Tusquets)

Sylvia
Sylvia de Celso Castro (Destino)

El-retablo-de-no-luis-rodriguez

El retablo de no de Luis Rodríguez (Tropo)

Poco a poco voy cumpliendo mi objetivo, de momento ya he leído El retablo de no, sylvia y Años felices. El resto espero irlos leyendo en breve.