Absolución (Luis Landero 2012)

Luis Landero portada libroLuis Landero ha escrito un libro extraordinario: Absolución. No sé como quieren vender este libro los de la editorial, pero no es el típico de auto-ayuda. Yo leo la palabra Felicidad en una solapa o en la faja publicitaria de un libro y me da mal fario. Está claro que Landero tiene las cosas muy claras como para caer tan bajo y despachar un producto de consumo masivo buscando el refugio de términos tan pomposos y hueros al mismo tiempo.
Es imposible y estéril reseñar aquí el alud de asuntos que están presentes directa o indirectamente en esta obra. Además como sucede con cualquier libro que se precie, una cosa es lo que está escrito sobre el papel, que a cada uno le podrá gustar más o menos (a mí la prosa de Landero me extasia) y otra los efectos que esa lectura causan en el lector.
Hay libros que te hacen sentir más inteligente, más fuerte, más limpio, más consciente, más contingente, más frágil, más.. Absolución es esa clase de libros.

El protagonista de la historia es Lino, un treintañero el cual toda su vida ha estado huyendo de todo. Todo le cansa y aburre. Es como el río de Heráclito que siempre es el mismo río, pero siempre diferente. El tedio forma parte de él. Así cuando parece que su corazón encontrará la paz, o el letargo, en el refugio de un inminente matrimonio, Lino fiel a sí mismo y por una causa concreta, debe poner pies en polvorosa, sin rumbo fijo. En ese vagabundeo conocerá personajes deliciosos como Olmedo o Gálvez, dando lugar a situaciones inolvidables, que le permitirán de paso al autor ahondar en temas de rabiosa actualidad como el desuso de ciertas infraestructuras ciclópeas, convertidas en ruinas en apenas pocas décadas, o ese monstruo de cemento que desbasta el territorio creando ciudades de la nada en lugares idílicos, cuyos residentes se verán obligados a interpretar su papel de ufanos residentes: una suerte de felicidad impostada, inoculada y replicada, sin iniciativa.

Además, Landero de cosas tan insignificantes como unos tomates, un huevo duro o el botón de un chaqueta es capaz de articular un discurso, de precipitar el curso de los acontecimientos. Y figuras como la madre y el padre del protagonista, o el Señor Levin, le permiten al autor hacer gala de la ironía, de un humor impecable, sin dejar tampoco fuera de campo, el poder del amor, de la pasión, de esas miradas de fuego, aunque sea imposible, a veces y por eso tan necesario, el amor.

Transcribo un párrafo de los muchos que me han deleitado de esta obra imprescindible de Landero.

«Yo pienso que la vida es algo así como un viaje en metro o en tren donde tú eres el único pasajero y donde van anunciando por los altavoces. << Próxima estación, Escuela Elemental; próxima estación, Primer Amor; próxima estación, Desengaño Amoroso...Y luego vendrán las estaciones Grupo Pascual, Matrimonio, Paternidad, Adulterio, Suicidio, Divorcio, Crimen, Exilio... y así hasta llegar, que a veces llega cuando menos lo esperas, a la estación Hospital, y luego la última de todas, el fin del trayecto, cuyo nombre todos conocemos".

Como el personaje de la deliciosa novela Paradoja del interventor, y quizá porque el mundo es contingente y azaroso, Lino también se ve arrojado al mundo exterior, con una mano delante u otra detrás, para redescubrirlo, en esa encrucijada en el que se mueve el ser humano desde el comienzo de los tiempos, entre destino y libertad, entre la realidad y el deseo, entre las necesidades de huir y el anhelo de permanecer, entre la inmortalidad y el tedio de vivir.

Reseña de Absolución (Imprescindible)

Entrevista a Luis Landero en El País (26-01-2013).

Sobre la felicidad a ultranza (Ugo Cornia 1999)

Sobre la felicidad a ultranza portada libro Ugo CorniaSi en el libro que comentaba el otro día de Edoardo Nesi, Una vida sin ayer, se nos mostraba un escenario apocalíptico, sin futuro ni esperanza, esta novela de Ugo Cornia titulada Sobre la felicidad a ultranza es todo lo contrario porque rezuma optimismo y felicidad, otro caso distinta es que tanto buen rollo cale en el ánimo del lector: en mi caso no.

Un libro así es de esos que a priori te entra por los ojos, poniéndote las pupilas a punto de nieve, porque todo es bello, hermoso, optimista, esperanzador, armónico y suave. La historia está contada por un tal Ugo, se entiende que es el propio autor, que en esta novela, la primera que escribió allá por 1999 y que en España se publicó en 2011 en Editorial Periférica, hace un ejercicio de memoria, y saca a pasear a todos sus muertos. Todo el libro es una colección de anécdotas, de momentos recordados en compañía de su padre, de su madre, de su tía, de esos seres queridos que marcaron su existencia y todo gira en torno a eso, y a poco más, porque todo se centra en los muertos, en los moribundos, que van camino del hoyo y en los recuerdos que dejan a los que se quedan.

Ugo además de dar cuenta de como el horno crematorio nos convierte en polvo a todos, sin importar raza ni condición, también nos da cuenta de sus otros polvos, los terrenales y saca a pasear a unas cuantas mujeres con las que folló, unas a las que amó, otras a las que quiso, alguna de la que se enamoró, y otra a la que no le dijo lo que le tenía que haber dicho en el momento preciso: como la vida misma.

La forma de narrar de Ugo Cornia es muy simple. No hay rebuscamiento alguno ni tampoco ningún esfuerzo en que lo escrito tenga algún recorrido (una apreciación mía subjetiva, porque seguro que Cornia aspira a convertirse en un clásico y ya hay quien tilda esta novela de Obra maestra, que aplicado a la literatura son como esos diez partidos del Siglo que se juegan cada temporada), basta con ir despachando anécdotas, ensartando recuerdos sobre el papel, a lo que también contribuye la traducción que en algunos casos chirría como cuando uno lee varias veces eso de «la mar de ….«. Digo yo que ahí el autor, o el traductor deberían echar mano de otros sinónimos porque sino la lectura acaba pecando de reiterativa, tanto que el argumento banal y la felicidad a ultranza de este prenda, me resultan indiferentes.
Vamos, que la cosa empezó más o menos bien (con Lalli y Brown y con la madre en vida y las singularidades de su padre), pero acabó regular tirando a mal (con sus devaneos amorosos y el ensimismamiento propio del aburrimiento)

Como Ugo es filósofo en algunos momentos nos endiña unas disertaciones filósoficas que no vienen muy al caso, con la pretensión quizá de que lo escrito coja algo de vuelo, ciertas hechuras u honduras, pero ni con esas.

Eso sí, el título me gusta mucho y lo ratifico, hay que ser feliz a ultranza o al menos intentarlo, porque a día de hoy la lectura de un periódico cualquiera o un telediario de la primera, de esos de hora y media, le dejan a uno al borde del llanto, o de la ira, o de la furia, o de la depresión, o de la inmolación, o de.

La ciudad feliz (Elvira Navarro 2009)

Elvira Navarro La ciudad feliz portada libro

En esta novelita corta publicada por Mondadori Elvira Navarro (1978) escribe dos historias o relatos que convergen por los pelos. Sara es el nexo, si bien se leen de modo independiente.

En la primera, nos cuenta la historia de un niño chino que es arrancado como una flor del tiesto, en China, para instalarse en España junto a su familia: su hermano, su madre, su padre, su abuelo y su abuelastra.
Como no podía ser de otro modo, en un alarde de originalidad, su familia monta en España algo parecido a un restaurante, que comienza siendo un asador de pollos, para luego irse poco a poco aventurándose con nuevos platos a medida que ven que la cosa funciona.

El niño, que atiende al nombre de Chi-Huei, debe ponerse las pilas pronto, aprender las costumbres ibéricas, el castellano y otras tantas cosas más hasta mimetizarse con el entorno circundante. La autora opta por la introspección y consigue transmitir bastante bien lo que puede sentir un niño cuando se traslada a otro país, a otra civilización, lo duro que es empezar de cero, el sentirte extraño, el tener que luchar más que el resto contra las circunstancias por ser extranjero, el muro de la incomprensión ante el que a menudo nos estrellamos, casi a diario. En los devaneos mentales de Chi-Huei y sus enzarzamientos dialéticos con su madre se consume parte de la historia, que se apaga como una cerilla y pasamos a otra historia.

Una niña en la preadolescencia cuando va a comprarse un bolso de Hello Kitty, decide entregar su dinero a un vagabundo. Ese hecho marcará un antes y un después en su vida. Porque ese vagabundo es un precipicio al que asomarse, ese otro mundo por el que se muere de ganas de conocer. Sería entonces un Vagamundo.
Y así, ambos, el vagabundo y la niña llegarán a tomar a contacto y parece que vaya a ver sexo porque él es un hombre que la espía, acecha y ronda y ella casi una mujer curiosa que quiere experimentar y crecer y porque quizá crea que el sexo aceleraría su aprendizaje y de esa manera madurase antes de tiempo. Tras una parrafada del padre de la criatura ante los personajes de esta historia que parece sacada de una teleserie, aquello, la novela, el relato, la micronovela, se acaba.

Es patente la voluntad de Elvira Navarro de ofrecernos a nosotros lectores, que nos metemos en vena, tinta un día sí y al otro también, algo apañado, vistoso, bien presentado, con unas historias que si lees la sinopsis tienen muy buena pinta. A saber:

«Los personajes que deambulan por este libro buscan restaurar una identidad rota; la necesitan para poder caminar por un mundo que ha dejado de hacerles felices».

Me he perdido algo. Chi-Huei, Sara, Julia y el resto, son jóvenes de unos catorce tacos. El vagabundo tiene veintitantos.

¿Restaurar la identidad rota? ¿Un mundo que ha dejado de hacerles felices?. ¿Quién ha escrito esta sinópsis?.

La escritora construye su historia con una prosa limpia, cuidada, en apariencia sencilla pero rebuscada al mismo tiempo, que tiende hacia la introspección, al detalle, para describir la mirada de un niño o de los adolescentes ante un mundo que extrañan y desconocen o el empeño de un vagamundo en no ser catalogado, etiquetado, libérrimo a más no poder.

La novela de Elvira Navarro es de las que se leen tan rápido como se olvidan, dado que no he encontrado en ella nada reseñable.

Después de haber leído estos días Naturaleza Infiel o Matate Amor las expectativas del menda son cada vez más altas y ya todo me sabe a poco.

Una vida sin ayer (Edoardo Nesi 2012)

Un día sin ayer Edoardo Nesi Edoardo Nesi ganador del Premio Strega por su libro La historia de mi gente, ha publicado recientemente Una vida sin ayer.

Tras leerlo me he quedado muy desilusionado, si bien no sabía bien a qué me atenía, salvo alguna reseña favorable que había leído en Babelia. Edoardo en esta novela, o planfleto más bien, nos da su parecer sobre la crisis y se atrave a darnos alguna solución. Nada nuevo bajo el sol (es de cajón que las empresas dan puestos de trabajo y que sin empresas grandes o pequeñas no hay trabajo para nadie).

El discurso de Edoardo me resulta un tanto cansino y reiterativo. Los malos de la película son la globalización, los Chinos, las multinacionales, los políticos inoperantes y la víctima, claro está, es el pueblo, esos forzados trabajadores que se dejan la piel trabajando (el que tiene trabajo) para labrarse un futuro, que se torna en un iceberg puesto en medio de un desierto. Un pueblo sin mácula. Un pueblo, que huelga decir, vota y sitúa ahí, en las Instituciones, en el Parlamento, a quienes ellos desean.

Los libros donde el escritor adopta un tono didáctico a la par que ñoño me dan cierto resquemor, por no decir algo peor. Si quiero enterarme de cómo surge este burbuja financiera global leo a Loreta Napoleoni (La Mordaza), para enterarme de los postulados del Decrecimiento ahí está Latouche, sobre la Globalización está Chomsky o Stiglitz y así un largo etcétera.

El caso es que Edoardo sobre todas estas cuestiones nos da su opinión en su libro, narrado en primera persona y el libro es como si subido en una tarima el escritor se dispusiera a darnos un discurso en el cual hablar de todo y de nada, sin demasiada consistencia, tratando de captar la atención de los oyentes para que estos no se duerman y para eso el tono apocalíptico y épico siempre funcionan.
Todo es humo.
Su indignación de salón también.

Al final de su libro Edoardo se viene arriba del todo y dedica nada menos que 16 páginas a narrarnos una experiencia única: un partido entre el Milan y el Real Madrid, acompañado en el estadio de su hijo y de un amigo de este. Eso, el fútbol como catársis, como narcótico más bien, como sedante, no catódico pero parejo.

Para llegar al final del libro antes he tenido que sobrevivir a párrafos como este.

«Mi generación tendrá que hacer más que otras. Después de todo, nuestra es gran parte de la culpa. La expiaremos poniéndonos al servicio de nuestros hijos e hijas. Les llenaremos el depósito del coche, les limpiaremos el parabrisas y les abrocharemos el cinturón de seguridad y luego les haremos una caricia, les daremos la cartera y les diremos que pueden ir a donde quieran. Que no tengan ningún miedo y que partan hacia el futuro. Sin nosotros, como sería justo. O incluso sin nosotros, si quieren llevarnos. Pero tendrán que ser ellos quienes decidan libremente». (pag 136)

Me decía un amigo italiano hace unos años que en Italia la mitad de los italianos trabajaban para Berlusconi y la otra mitad querían trabajar para él: no digo más. Bueno sí. Seguramente a Berlusconi lo auparon al poder los Chinos globales que trabajaban para las multinacionales. A saber.