Archivo de la etiqueta: 2009

IMG_20201110_190934

Mirar al agua (Javier Sáez de Ibarra)

Mirar al agua
Un hombre pone un cuadro
Las Meninas
Una ventana en Via Speranzella
Amores
La poesía del objeto
El disfrute de la palabra
Hiperrealismo / Surrealismo
La superstición de Narciso o aprender del que enseña ..
Escribir mientras Palestina
Detención
Jerónimo G
Caprichos
Ready-made
Autorretrato
La belleza

Los dieciséis relatos de Javier Sáez de Ibarra arriba citados, bajo el título de Mirar al agua obtuvieron el I Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero en el año 2009.

Todos los relatos en mayor o menor medida ofrecen una reflexión sobre el arte. A su vez muchos de los relatos llevan a modo de pórtico citas de artistas que reflexionan sobre su trabajo. Ilustrativo resulta el primero de ellos Mirar al agua. A menudo vemos cuadros de arte abstracto y tenemos la sensación de que aquello podría hacerlo cualquier persona, artista o no, al ver sobre el lienzo ocupado por dos colores en franjas horizontales o un conjunto de rectas (Mondrian hoy en el telediario). Algo parecido sucede con las performances. En este relato, el que mira llega a sus propias conclusiones. Se formula preguntas y se las contesta. Esa formulación, esa pregunta, entraña el misterio del arte, todo su potencial y atractivo.

Un hombre pone un cuadro nos sitúa ante la pérdida de un hijo. Los progenitores tienen distinta manera de arrostrar el duelo, la pérdida filial, y la pregunta que se hacen es qué sentido tiene una gran fotografía como mural en casa con la cara de su hijo recordándoles con su presencia, su ausencia a todas horas. ¿Castigo o consolación?.

Las Meninas explota la vis más cómica para emplazarnos en los prolegómenos previos, con todo su zipizape, a la realización de una fotografía familiar, en contraste con el cuadro de Las Meninas.

Una ventana en Via Speranzella se me antoja casi una nouvelle sobre ese ejercicio de resistencias íntimas y domésticas (y también a su manera artístico) que ejercen tantos todos los días (en Nápoles o aquí) y hasta el final de sus fuerzas.

Amores juega con el contraste de los anuncios clasificados extraídos de los periódicos y la relación de una joven pareja al margen ésta de la carga sexual explícita de los diarios; lo suyo es mucho más cándido, sincero, amoroso, natural ¿Recuerdan el gozo de poder asir la mano de la persona amada? Pues eso.

La poesía del objeto es pura descripción, como ese soporte auxiliar sonoro que acompaña en las televisiones la emisión de ciertos programas. La pugna entre la vida y la muerte, las plaquetas y la sangre a la fuga.

El disfrute de la palabra es esa clase de relatos carnosos, escenas de la vida cotidiana que Javier pergeña a la perfección. Historias que avanzan al unísono: un eremita, Kakfa, Nietzsche, un hombre que no sabe cómo confesarle a su mujer que ha frecuentado un lupanar, una mujer mayor hospitalizada que va perdiendo la cabeza, una madre ingrávida que le habla a su futuro hijo, una mujer que quiere cortar una relación y no ve cómo…

Hiperrealismo / Surrealismo. Buen ejemplo de humor distópico, que abre la puerta a lo que vendría después ya en todo su esplendor en la novela Vida económica de Tomi Sánchez.

La superstición de Narciso o aprender del que enseña. Relato acompañado de 39 notas al pie y reflexiones sobre el ejercicio crítico en la literatura. Les dejo entretenidos, espero, con un texto de Gracq.

Gracq

Escribir mientras Palestina me parece uno de los mejores relatos. Banksy dijo: Si nos lavamos las manos respecto al conflicto entre los poderosos y los no poderosos, nos ponemos del lado del poderoso. No nos mantenemos neutrales.
Banksy.
El poderoso es Israel. El no poderoso Palestina.
Hoy la diplomacia y los acuerdos comerciales, dotan a ciertos países de toda la impunidad que deseen o puedan comprar.

Detención o la insoportable levedad y necesidad de querer ser otro. Aunque como nos advirtiera aquel.
-Me he propuesto ser yo mismo
-Ten cuidado, espera a conocerte, por si acaso.

Jerónimo G. Una cárcel con reclusos y talleres de escritura. La literatura como algo terapéutico para Jerónimo, un chaval con demasiados años de cárcel por delante y muy poca vida por detrás y también, desgraciadamente, por delante.

Caprichos. Textos breves, crudos, salvajes, soplamocos que bien podrían acompañar a las viñetas de El Roto.

Ready-made. Que viene a ser que situando un objeto en otro contexto el artista lo convierte una obra de arte. A falta de urinario móvil dejé este libro en el ascensor, apoyado en el alero del cristal, y cuando lo recuperé media hora más tarde me preguntaba si algún vecino habría advertido mi performance doméstica, mi arrebato artístico…

Autorretrato. Leo Veo largos años en mi vida, antes y poco después del cambio de siglo. Un tiempo en blanco hecho de menudencias, discreción, anonimato, silencio […] Pedazos de sueños, despistes y alegrías, lucha, amigos que ni terminan de llegar ni de marcharse junto a textos literarios por el medio. Mi entrega de cada día, y el ejercicio de amar. Como la vida misma, cuando uno se ensimisma en vivirla.

La belleza. O la lucha por la dignidad. La manera de hacer frente a las calumnias, las injurias, la incomprensión ajena, incluso la de tu primo vástago. Pero cuando uno va más allá de los hechos, y entra en el terreno de las interpretaciones, los porqués, y los para qué, cuando al juicio le sustituye la comprensión y a la censura el entendimiento, eso marcará un punto (y seguido) de inflexión, la marca de agua ya indeleble de la dignidad.

El autor maneja en los relatos toda clase de registros, como hacía en El lector de Spinoza, su primer libro de relatos que leí recientemente, y lo bueno es que no acuso en esta lectura reiteraciones, porque la imaginación de Javier dispara en todas las direcciones y sus relatos merced al humor, el sarcasmo, la crítica social, los cuestionamientos filosóficos, con un lenguaje coloquial o más elevado, y siempre con un sentido que se nos ofrece más o menos velado, pero siempre, por supuesto, abierto a la interpretación, no sé si convierte este texto en una obra de arte, pero sí en un buen libro.

www.devaneos.com

Los hermosos años del castigo (Fleur Jaeggy)

Leo que Fleur Jaeggy es una mujer muy tímida. No le impide escribir una autobiografía y rememorar sus años de mocedad, aquellos años que pasó en un internado. Los mejores años de su vida que pasó allá presa. El título ya nos informa en cierta manera de que el castigo fue hermoso. Leo que Jaeggy está muy interesada en el misticismo. Esa vida que llevó de niña, esos años de infancia y de adolescencia vividos en aquel ambiente tan limitado, en aquellos paisajes tan espectaculares, siempre rodeada de lagos y montañas, a pesar de su dureza, de su aislamiento, de perderse un montón de cosas, de privarla de tener un padre y una madre, o hermanos, no la carga de odio ni de rencor. Lo vivió, no tuvo otra opción y a toro pasado su mirada en indulgente. Lo único que aviva su mirada y su corazón es lo que siente por una chica algo mayor que ella, con la que llega a intimar, hasta que ésta, una vez que se muere su padre, abandona el internado. Una vez fuera, la vuelve a ver, pero ya no hay futuro, solo pasado, y si se habla es de lo que se vivió entonces, cuando eran más jóvenes. Jaeggy no se anda por las ramas y creo que transmite muy bien lo que fueron aquellos años de soledad y abandono que pasó en el internado, la curiosidad hacia el sexo y hacia el mundo que la rodeaba, hacia una realidad aquejada de acromía, empleando para ello un lenguaje preciso, a ratos bello y punzante, jugando con las contradicciones como esos hermosos años de castigo o la infancia vetusta, como si cada cosa y su contraria fueran de la mano en muchos momentos.
Su lectura me traído ecos de la novela Jacob von Gunten de Robert Walser, al que nombra al comienzo de la novela (A los catorce años yo era alumna de un internado de Appenzell. El lugar por el que Robert Walser había dado muchos paseos cuando estaba en el manicomio, en Herisau, no lejos de nuestro instituto. Murió en la nieve. Hay fotografías que muestran sus huellas y la posición del cuerpo en la nieve. Nosotras no conocíamos al escritor) y también de Bernhard, cuando éste relata, no sus años de internado, sino de ingreso hospitalario en ambientes similares a los de Jaeggy, en su novela El aliento.

Tusquets. 2009. 120 páginas. Traducción de Juana Bignozzi

Editorial Almuzara

Cartas desde la Alhambra (Washington Irving)

Cartas desde la Alhambra, literales, las que escribe Washington Irving (1783-1859), las primeras en su estancia breve en 1828 y más tarde, durante los tres meses, de mayo a julio de 1829, el cual tiene la fortuna de ser alojado, por gracia del gobernador de la Alhambra, en unos apartamentos de la misma -en los que el gobernador no llegará a tomar posesión, pues prefiere vivir éste en la ciudad-, junto a una ama de llaves y su sobrina, la joven Dolores, y nadie más a su alrededor.

Irving se recrea en esta soledad, en el silencio, solazado por el arrullo de las fuentes, el canto de los pájaros, la fragancia de las flores, los rincones umbríos, las fuentes que le sirven como piscina cuando aprieta un calor intolerable.

Una estancia la suya muy placentera. Irving enamorado desde joven de la ciudad de Granada -cuyas crónicas ha leído en su mocedad-, de las batallas entre moros y cristianos, siempre ha tenido un sueño: visitar Granada. Cuando lo hace, cuando visita la última ciudad árabe, siente el influjo, el magnetismo de la Alhambra. Tener la oportunidad de pasar allá, casi en soledad, paseando por todas las dependencias, salones, fuentes, a cualquier hora del día y de la noche bajo la luz de la luna, lo asemeja a un rey -sacado de Las mil y una noches- en sus dominios. Una oportunidad única que Irving vivirá con fruición, ordeñando cada momento vivido.

Llegué a Granada hace tres semanas para pasar algún tiempo aquí durante la mejor estación del año. Vine en compañía de un joven príncipe ruso, secretario de su embajada, y el gobernador de la Alhambra, al enterarse de mi pobre alojamiento en la ciudad nos dio permiso para usar como residencia un lugar del antiguo palacio de árabe que la había sido asignado como morada, pero del cual no había llegado a tomar posesión. Y aquí estoy alojado en uno de los lugares más bellos y románticos y deliciosos del mundo […] desayuno en el Salón de Embajadores, o entre las flores y las fuentes del Patio de los Leones, y cuando no estoy ocupado con mi pluma, descanso leyendo un libro en estos salones orientales, o paseo por los patios y los jardines de día o de noche sin que nadie me moleste. Todo esto me parece un sueño o como si estuviera encantado en algún palacio de hadas.

Estos acontecimientos tan favorables para él, tan gratos, tan satisfactorios, son los que expresará en las distintas cartas que escribe a su hermana, hermanos, amigos, editores. Cartas en las que se refieren sentimientos y anécdotas que se repiten, sin apenas cambios. Hay alguna anécdota curiosa, como la instauración de un libro de firmas, de tal manera que a partir de entonces, los visitantes de la Alhambra, como Chateaubriand, en lugar de firmar en las paredes, como se hacía hasta entonces, pasarán a hacerlo sobre el papel.

Irving reivindica sus derechos de autor de las obras que va publicando como Crónica de la conquista de Granada, la biografía de Colón, y los Cuentos de la Alhambra que está preparando.
Se nos cuenta que Walter Scott (1771-1832) fue el primero en poder cobrar sus derechos de autor. Derechos que Irving anhela a fin de poder preservar su independencia y poder vivir de la literatura.

Al final, después de tres meses, sin comerlo ni beberlo, a Irving le ofrecen un puesto de secretario del gobierno de los Estados Unidos en Londres.
Irving titubea. Granada lo embruja, pero sus amigos le animan a aceptar. Irving acepta, deja Granada, en una tartana. Deja su equipaje en manos de cosarios y abandona, Granada, Andalucía, España, a la que regresaré doce años más tarde como embajador de los Estados Unidos en la villa de Madrid.

El tono de las cartas es amable, optimista, vitalista, indulgente, cortés, galante.
Irving tiene buenas palabras para quienes tan bien le acogen, como el Duque de Gor, su cicerone, Mateo Jiménez, su compañero de fatigas, Dolgorouki, sus dos fieles y leales amigos Gessler y Stoffregen. Se muestra indulgente, ilusionado, y en su periplo para llegar de Sevilla a Granada, por esos caminos de Dios, plagados de bandoleros y ventas inmundas, Irving muestra una curiosidad, una alegría, un entusiasmo, un mirar cuanto lo rodea con ojos favorables, teñidos de un romanticismo innato a Irving, que hace que donde la realidad cojee, su idealismo obre de muleta.

Editorial Almuzara. Traducción de Antonio Garnica Silva. 2009. 170 páginas.

Eterna Cadencia

Historias encontradas (Eduardo Berti)

En este libro Eduardo Berti (Buenos Aires, 1964) seleccciona algo más de cien textos de escritores en su mayoría ya clásicos como Dostoievski, Camus, Kipling, Svevo, Balzac, Conan Doyle, Dickens, Thomas Mann, Cicerón, Chéjov, y un largo etcétera. No se me antoja una labor fácil seleccionar unos textos y no otros, espigar de novelas, cuentos o ensayos aquellos párrafos, algunos breves y otros más largos -algunos de varias páginas- que resulten autónomos, de tal manera que al leerlos uno no tenga la sensación de que lo leído resulta trunco, sin sustancia, como un pan sin sal.
En algunos sí he tenido esta sensación, no porque no fueran autónomos, sino porque creo que no tenían la chispa necesaria. A su vez he leído por primera vez a escritores que desconocía: Ribeyro, Tanizaki, Di Benedetto, Bergsson… y a otros que conocía pero que nunca había leído y que ahora me apetece leer: Maurois, Gide, Pushkin, Svevo, Theodor Fontane…

El incoveniente que puede tener un libro así puede ser depositar mucha confianza en la selección, de tal manera que si alguno de los textos de algún autor no nos guste esto nos de pie para no leer más cosas del mismo, lo cual creo que sería un error grave.

Eterna Cadencia. 2009. 198 páginas. Selección y prólogo de Eduardo Berti.