Archivo de la categoría: 1999

Manuel Rivas

Ella, maldita alma (Manuel Rivas)

No sé si el alma pesa 21 gramos, si es líquida o sólida, fría o caliente, alada o vermiforme, si es movimiento o inacción, no sé si el hecho de que se me empañen los ojos y se me trabe un tapón en la garganta leyendo estos relatos de Manuel Rivas (A Coruña, 1957), que me (con)funda de tristeza y de alegría, si todo esto guarda alguna relación con el alma o no. El caso es que hoy, día de los difuntos, pasé a mediodía por el Rastro de la plaza del Mercado de Logroño y me fui para mi casa con Ella, maldita alma, (con traducción de Dolores Vilavedra) y leyendo a la tarde estos relatos de Rivas me uno sin reticencias a la celebración de la vida que nos ofrece el autor gallego, a esa necesidad de reconciliación como la que llevan a cabo Chemín y Gandón en el vestíbulo del más allá, el reencuentro de un sobrino cura y su tío Jaime, que necesita confesarle algo que le permita expiar su culpa con un pasado acto bueno, el alcohólico que recuerda a su madre en un cine (visionando Capitanes intrépidos) al borde (que es derramamiento) del llanto, el joven marinero camino del Gran Sol, los cánticos de Sirena y desamores que amorran a otros marineros a la botella, aquellos emigrantes, en Caracas por ejemplo (Luego íbamos a una plaza que hay allí en Caracas, con una estatua de Simón Bolívar montado en un caballo enormísimo. Un país con una escultura así de grande, con un caballo tan bien hecho, debería marchar bien, pero en fin…), el niño que se desquita del hambre acumulada ventilándose camino de casa una barra de pan que lejos de acarrearle una reprimenda oral o física, recibirá la comprensión y el amor de su madre (si no es ella, ¿quién?) o aquel fantasioso marinero, O´Mero, que nunca lo fue.
Un puñado de persona(je)s, en suma, que conforman un puzzle tan emotivo como humano.

Manuel Rivas en Devaneos
El héroe
Las voces bajas
Todo es silencio
El periodismo es un cuento

www.devaneos.com

Fragmenta (Javier Pastor)

Recuerdo que en 1991 vi un vídeo de un tipo melenudo que me dejó impactado. Creo que yotuve la sensación entonces de estar escuchando algo tan novedoso como impactante. Aquello olía a teen spirit. Llevo meses leyendo novelas cuya melodía es la misma y la letra cambia poco. Tenía en la recamara la lectura de esta novela de Javier Pastor de quien había leído con mucha satisfacción Mate jaque y Fosa común. Fragmenta aparecía citada en La soledad de las vocales. Su lectura ha supuesto lo mismo que en su día creo que me supuso la escucha del temazo de Nirvana, a saber, un entusiasmo difícil de sofocar. Este libro publicado en 1999 !!!el primero del autor!!!, suena distinto. Da gusto refocilarse y chapotear en sus párrafos. Esto no es una fiesta, es una orgía del lenguaje, donde sus párrafos penetran todos nuestros orificios. Pastor exprime el diccionario y saca de él todo el ju(e)go de palabras que podamos imaginar y de paso crea otras nuevas. Leo sismografirma, leo Horroris causa, leo Canalillo de Soez, leo Aleluyástico, y no reproduzco más términos porque no me sale de las falanges. Ahí radica para mí, en esa torsión del lenguaje, el gran placer y asombro que me ha deparado su lectura.
Pastor va sobrado de caletre. Leyéndolo tengo la sensación de que Pastor es capaz de cualquier cosa, incluso que las Musas son una invención suya.
Rito de paso, Restauración -erre que erre- son pa(i)sa(na)jes literarios gloriosos.

Y qué decir del humor que gasta Pastor. El texto es una continua chufla, un atentado continuo al envaramiento, a las normas de ortografía que casi se agradece porque ofrece una mayor libertad al leer sin los cedas el paso y los stop que suponen las comas y los puntos seguidos y los pu(n)tos finales

me sentí sandiós hasta que rompí la hoja conservé el mango como recuerdo de lo bien que se pasa con un machete de destazar pototos

Sobre la felicidad a ultranza (Ugo Cornia 1999)

Sobre la felicidad a ultranza portada libro Ugo CorniaSi en el libro que comentaba el otro día de Edoardo Nesi, Una vida sin ayer, se nos mostraba un escenario apocalíptico, sin futuro ni esperanza, esta novela de Ugo Cornia titulada Sobre la felicidad a ultranza es todo lo contrario porque rezuma optimismo y felicidad, otro caso distinta es que tanto buen rollo cale en el ánimo del lector: en mi caso no.

Un libro así es de esos que a priori te entra por los ojos, poniéndote las pupilas a punto de nieve, porque todo es bello, hermoso, optimista, esperanzador, armónico y suave. La historia está contada por un tal Ugo, se entiende que es el propio autor, que en esta novela, la primera que escribió allá por 1999 y que en España se publicó en 2011 en Editorial Periférica, hace un ejercicio de memoria, y saca a pasear a todos sus muertos. Todo el libro es una colección de anécdotas, de momentos recordados en compañía de su padre, de su madre, de su tía, de esos seres queridos que marcaron su existencia y todo gira en torno a eso, y a poco más, porque todo se centra en los muertos, en los moribundos, que van camino del hoyo y en los recuerdos que dejan a los que se quedan.

Ugo además de dar cuenta de como el horno crematorio nos convierte en polvo a todos, sin importar raza ni condición, también nos da cuenta de sus otros polvos, los terrenales y saca a pasear a unas cuantas mujeres con las que folló, unas a las que amó, otras a las que quiso, alguna de la que se enamoró, y otra a la que no le dijo lo que le tenía que haber dicho en el momento preciso: como la vida misma.

La forma de narrar de Ugo Cornia es muy simple. No hay rebuscamiento alguno ni tampoco ningún esfuerzo en que lo escrito tenga algún recorrido (una apreciación mía subjetiva, porque seguro que Cornia aspira a convertirse en un clásico y ya hay quien tilda esta novela de Obra maestra, que aplicado a la literatura son como esos diez partidos del Siglo que se juegan cada temporada), basta con ir despachando anécdotas, ensartando recuerdos sobre el papel, a lo que también contribuye la traducción que en algunos casos chirría como cuando uno lee varias veces eso de «la mar de ….«. Digo yo que ahí el autor, o el traductor deberían echar mano de otros sinónimos porque sino la lectura acaba pecando de reiterativa, tanto que el argumento banal y la felicidad a ultranza de este prenda, me resultan indiferentes.
Vamos, que la cosa empezó más o menos bien (con Lalli y Brown y con la madre en vida y las singularidades de su padre), pero acabó regular tirando a mal (con sus devaneos amorosos y el ensimismamiento propio del aburrimiento)

Como Ugo es filósofo en algunos momentos nos endiña unas disertaciones filósoficas que no vienen muy al caso, con la pretensión quizá de que lo escrito coja algo de vuelo, ciertas hechuras u honduras, pero ni con esas.

Eso sí, el título me gusta mucho y lo ratifico, hay que ser feliz a ultranza o al menos intentarlo, porque a día de hoy la lectura de un periódico cualquiera o un telediario de la primera, de esos de hora y media, le dejan a uno al borde del llanto, o de la ira, o de la furia, o de la depresión, o de la inmolación, o de.

Viaje a Palestina libro (Luis Reyes Blanc)

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Acabo de leer este entretenido libro de Luis Reyes, que obtuvó el Premio Grandes Viajeros en 1999. El título era sugerente, Viaje a Palestina. De la mano del autor visitamos Jerusalem, Belen, el Valle de Hebrón, Jericó, Tulkarem, Masada y otras muchas ciudades y lugares representativos.

No es un libro en el que el autor apabulle con datos, fechas, lugares, nombres. De ahí que su lectura resulte amena. El autor eso sí, va comentando ciertas cosas: la masacre de un millón de armenios por parte de los turcos en 1915, Isaac Rabin y su papel en la Guerra de los seis Días, el Tunel de los Asmoneos con 58 muertos palestinos, la destrucción del El Magheriba en 1967, el barrio de los moros, con el desalojo de 620 personas, los Kibbutz financiados por el Gobierno Israelí, los asesinatos del doctor Goldstein, apostol y martir del odio, al que acuden en romería sus devotos a visitar su tumba en la colonia de Kiryat Arbá, el comienzo de la Intifada en diciembre del 87 y las medidas de Israel de prohibir bañarse, pescar, y recoger la basura de las calles de los territorios ocupados de Gaza (ciudad de un millón de habitantes, en una extensión de 45 km de largo que dan al mar y seis de ancho) que finalizaron en junio de 1994.

Un libro éste que se aleja de los livianos reportajes de los periódicos y que va más allá, dando datos históricos y actuales que nos permiten conocer algo más sobre unos territorios, como el polvorín que es Jerusalem en el que conviven cristianos, musulmanes, armenios, griegos ortodoxos, coptos griegos, etíopes; ciudad en la cual tienen sus lugares sagrados…