El Conde y otros relatos

El Conde y otros relatos (Claudio Magris, 2014)

Claudio Magris
Editorial Sexto Piso
Traducción: María Teresa Meneses
80 páginas
2014

La editorial Sexto Piso publicó a finales del año pasado este libro del triestino Claudio Magris que recogía cuatro relatos inéditos (incluso en Italia), con traducción de María Teresa Meneses.

El primero de ellos es El Conde, es el que da nombre al libro, el más extenso, pero no el más enjundioso, a mi parecer.
Estamos en el río Duero, donde un Conde recoge los cadáveres que aparecen flotando en el mismo, acompañado de nuestro narrador que oficia de marinero, buzo, despensero, tripulación y arponero, que se aferra al amor como un náufrago a un leño. El Conde, es tan afable de puertas para afuera (prestigiado por su ingrata labor, la cual le granjea el reconocimiento de todo el mundo) como misógino y hace todo lo posible para desincentivar las pasiones amorosas de su ayudante, quien, merced a su ineptitud ve alejarse de su vera a mujeres (María, Giba, Nina) con las que podría alcanzar algo parecido al amor.
El marinero narrará a un periodista su vida gris, acuática, mortecina, sus devaneos amorosos y como al final y dado que el amor carnal parece estarle vetado, se aferrará a un mascarón de proa de una embarcación ultimada, donde verá materializado, ya dueño y señor de su soledad y a su manera, el ideal femenino, complacido ante la perspectiva de acabar.

En La portería, un antaño hombre de negocios liberado de la carga de los mismos y en el momento de su jubilación, opta por recolocarse, de extranjis a su familia, como portero de uno de sus inmuebles. Las obligaciones laborales pretéritas, las jornadas interminables, dan paso a otros menesteres más livianos y satisfactorios, dándole a nuestro protagonista este nuevo oficio la libertad, curiosidad y el aliento necesario para sentirse dichoso, rodeado de sus hijos y nietos, al tiempo que recuerda su gozosa juventud en su Moravia natal, bajo el Imperio, antes de que Trieste pasara a formar parte de Trieste, esa ciudad volcada al mar en la que vive.

En Las voces el protagonista es un hombre que busca y encuentra amor/compañía/alimento en las voces de mujer grabadas en los contestadores automáticos. Es él un profesional, un forense vocal, capaz de ir más allá de lo que la voz enuncia, llegando al corazón mismo de esas voces femeninas. O eso cree él. El caso es que la tecnología, la era de la información, el progreso en definitiva, va reemplazando esas voces originales, por otras mecánicas, artificiales, robóticas, para desespero de nuestro protagonista, que sabe que libra una batalla perdida, a pesar de lo cual no quiere dar su brazo a torcer, sabedor de que su vida pende de un hilo. Telefónico.

El que cierra el libro es el relato más breve Ya haber sido. Ese ya haber sido es lo que nos sucede cuando dejamos de ser algo que no queremos dejar de ser, pero sin irnos del todo. Es decir, cuando perdemos la fama, la gloria, el poder, el reconocimiento, el vigor sexual, la juventud, cuando todo ya es pasado, y dejamos de ser eso que nos hizo ser lo que somos o fuimos, pero seguimos aquí, sin habernos desmaterializado todavía.
Magris reflexiona sobre el término «nostalgia«, o el «regreso al dolor«, acerca del concepto de Mitteleuropa (una caja fuerte, vacía , pero con una cerradura que desalienta a los ladrones deseosos de meter dentro quién sabe quién), la necesidad de que en las postrimerías de nuestra existencia, las cosas se parezcan, de que todo resulte igual en todas partes y que estas rutinas y costumbres ejerzan como bálsamo existencial contra la añoranza, contra la nostalgia, cimentando un débil y pueril mojón frente a la muerte.

Un placer leer a Magris. Una lectura muy gozosa.

F

F (Daniel Kehlmann 2015)

Daniel Kehlmann
Mondadori
2015
254 páginas

Cuando llevaba leídas unas 60 páginas de esta novela, reparé en que Daniel Kehlmann era el mismo que había escrito Yo y Kaminski, novela que leí a finales de 2013, la cual no me gustó nada.

F, es la último novela de Kehlmann publicada el mes pasado.

Saben de aquel adulto que va a ver a un hipnotizador, acompañado de sus tres hijos (dos gemelos de la misma madre y el otro de otra madre), y que tras caer en manos del hipnotizador decide entonces luchar por sus sueños, dejando a su familia, desapareciendo y reapareciendo años después como escritor de éxito, mientras que sus tres hijos deben cada uno, convertidos ya en adultos, cargar con su propia cruz. Uno como un cura obeso que no cree en Dios o va camino de descreer, otro como un pintor homosexual que se gana la vida falsificando cuadros, bajo el nombre de un pintor ya fallecido, y el último, un trilero de las finanzas, que al tiempo que se acuesta con su criada Lituana y le pone los cuernos a su mujer, hace cuantos apaños contables son precisos para que sus mejores clientes no se lleven sus fondos de inversión a otra parte, esperando que en cualquier momento le echen el guante y lo pongan a la sombra.

Leo. F es una tragicomedia deslumbrante, compleja y misteriosa.
Digo. Falso. Digo Fiasco. Digo !uFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFFF!

F ni es trágica ni es comedia. Kelhmann hace humor Muniqués, que no tiene ni p… gracia, a no ser que mientras que te lees esta F, te ventiles a su vez un par de jarras de litro de Munich, en cuyo caso seguro que todo resulta mucho más digerible e incluso acabe uno víctima de la risa tonta.

En cuanto a que es una tragedia, no se lo cree nadie, pues no hay ni drama, ni tragedia (aunque el autor se vea obligado, para darle algo de interés a su historia, a matar a uno de los tres hermanos) a no ser que poner uno tras otro todos los tópicos que a uno le vengan en mente y plasmarlos en un papel de la forma más chusca, falta de imaginación y previsible, resulte dramático. Lo es.

Y como nunca está de más el factor catárquico otro de los hermanos verá en la Gran Crisis Financiera Mundial, la oportunidad de enmienda. Sí, majos, si no es Dios, a veces, El Mercado, concede segundas oportunidades.

Amigos, el DRAMA para Kehlmann (una de las grandes esperanzas o realidades blancas de las letras germánicas) es algo parecido a esto:

En la breve lista de las cosas de mi vida que no son espantosas, el osito de peluche está posicionado entre las primeras.

Qué suerte que ahora se pueden encargar todos los medicamentos por internet ¿Cómo habría hecho alguien como yo hace quince años? (pag. 160)

¿Puede un lector salir indemne de frases como estas?. Espero que sí.

Se me ocurren mil libros mejores que este con los que pasar la tarde.

Tras dos experiencias fallidas con Kelhmann, espero no volver a reincidir.

El pan a secas

El pan a secas (Mohamed Chukri, 1973)

Mohamed Chukri
1973
Cabaret Voltaire
Traducción: Rajae Boumediane El Metni
264 páginas

Mohamed Chukri (Ben Chiker, 1935) podía haber sido asesinado por su padre, haberla palmado de hambre en cualquier callejón de Tanger o Tetuán, mordido por una rata, ultimado por una enfermedad de trasmisión venérea en sus múltiples escarceos sexuales con prostitutas, podía haberse desangrado en cualquier reyerta mantenida con otros jóvenes, apalizado en la trena. Pero no. Chukri llegó a tener 20 años, y en ese momento aprendió a leer y a escribir, se convirtió en escritor, o ya lo era, pero no lo sabía hasta entonces y a sus 38 años publicó esta breve novela autobiográfica que fue censurada en su país, Marruecos, hasta el 2000.

Durante los primeros 20 años en la vida de Chukri que abarca este relato, el autor no nos burla nada, brindándonos un relato duro, descarnado, brutal, hablándonos de su misérrima existencia, en una familia donde amaba tanto a su madre, como odiaba a su padre, un hombre brutal, despótico, maltratador, borracho, holgazán, amoral, para quien tras desertar del ejército español y ser encarcelado y puesto en libertad, su único fin era torturar sistemáticamente a su mujer y a sus hijos (matando a uno de ellos). Ante esta situación Chukri que era aún muy joven para matar a ese padre al que tanto odiaba, pondrá tierra por medio y tirará para adelante, en casa de unos tíos donde descubre su sexo y el de las mujeres (que a Chukri se le antojan como una boca sin dientes, o llagas que sangran) que hay vida más allá de la miseria, mendigando luego, trabajando como porteador, prostituyéndose, durmiendo en callejones en compañía de gatos, en playas, en vagones, sobre las lápidas de las tumbas de un cementerio, en un mundo que se reinicia con cada alborada, ya que cada día es un cara a cara con la muerte.

Cuando Chukri llega a la adolescencia su deseo se inflama, se desata, y ese deseo anula todas las penurias que le asedian. Así su única religión es ya el cuerpo de una mujer, o de un joven, si se da el caso, y entre polvo y polvo, de pubis en pubis, de lupanar en lupanar, van pasando los años, hasta que un amigo le ofrece la oportunidad de ir a estudiar a Larache.

Chukri, autodidacta, vino de la calle, se crió en ella y nunca la abandonó, como tampoco a su país. El pan a secas es un testimonio excepcional para conocer el Marruecos de los años 40 y 50, bajo el protectorado Español.

Anteriormente este libro se había publicado bajo el titulo de El pan desnudo. La editorial Cabaret Voltaire, ha realizado una nueva traducción obra, de Rajae Boumediane El Metni (Marruecos, 1965) la cual según la editorial“corrige errores de la anterior y ofrece el libro en toda su crudeza, libre de matizaciones, sirviéndonos de la versión que Chukri revisó en el 2000, con ocasión de la publicación definitiva de la novela en Marruecos”

Sueños de trenes

Sueños de trenes (Denis Johnson 2015)

Denis Johnson
2015
Mondadori
137 páginas

Mi primera aproximación al mundo de Denis Johnson ha consistido en leerme esta novela suya recién publicada titulada Sueños de trenes, en inglés Train Dreams. A novella.

Sueños de trenes son apenas 137 páginas que uno despacha en poco más de dos horas. Una lectura que me ha entretenido.

El protagonista absoluto de la historia es Robert Grainier, casado y con una hija pequeña, que se gana la vida construyendo puentes de madera que serán atravesados por trenes, mientras concluye la I Guerra Mundial. Si avanzo algo más del argumento, el libro lo destripo y no me place, así que paro aquí.

He leído que Denis era heredero de Bukowski. Cierto, ambos comparten una «e» en el nombre. Nada más.

La prosa de Denis Johnson es limpia, pulida, natural. Nos detalla con esmero los paisajes boscosos, el vientre de las nubes, el ulular de las aves, su lujuria desatada (la de Grainier), los acontecimientos funestos que se ceban con nuestro protagonista, su quehacer diario, las bondades de una vida sencilla.

No falta el toque de humor absurdo como la conversación que Robert mantendrá con un señor al que un perro le ha disparado. Ni tampoco quedan de lado las cuestiones morales, aquellas que tienen que ver con la conducta, con la dignidad, como el hecho de dejarse el jornal por el tunel de las piernas de alguna bacante o de mamarse a diario, porque Robert en ese sentido es un ermitaño sobrio, casto y de una pureza radiante (y espero que contagiosa). O los remordimientos que le acosan una otra vez, como cuando Robert y cuatro descerebrados como él estuvieron a punto de tirar un Chino puente abajo por una tontería.

Ademas, el protagonista tiene una vida dilatada, que le permitirá ir desmigando el pan nuestro de cada día durante ocho décadas. Tiempo más que de sobra para acabar descoyuntado de tanto talar árboles, en el manejo de la hacha. Y contarnos un montón de anécdotas divertidas unas y tétricas otras como la que tiene que ver con William Coswell Haley.

En fin, que creo que seguiré leyendo algo más de Denis. No sé si será Hijo de Jesús o Árbol de humo. Ya os contaré.