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Luz (Elisabet Riera)

Los efectos de una nínfula, Luz, sobre una innominada mujer de cuarenta años que trata de darse otra oportunidad –regresando desde Londres a su abandonada casa natal sita en una localidad catalana- pueden ser devastadores a la par que maravillosos. La literatura sirve aquí como aliviadero, la narradora –a través de sus escritos bajo la forma de cartas dedicadas a la joven- puede expresar lo que sucedió entre ellas, ahora que media la distancia, que el esplendor es ocaso.

Escribir es volver a aquellos días de encuentros, ansia, excitación, pasión, júbilo, conocimiento y reconocimiento mutuo, algarabía, exploración topográfica del cuerpo ajeno -que reverdece y madura a una y otra- el arribamiento y arrobamiento en la otra piel amada que calma, colma, culmina y alivia.

Como la literatura lo puede todo y la imaginación aún más, en seguida se propicia no solo el encuentro entre ellas, sino también el que ambas vayan pasando cada vez más tiempo juntas, creando un mundo propio y ajeno –que todos los amantes necesitan y propician- en el que nada interfiere, pues no parece que los padres de la niña vean nada raro en que su hija pase tanto tiempo (incluso haga una noche) con una vecina que le triplica la edad y a la que le cuelgan apelativos como la posesa y otros que son fruto del cotilleo insano y del hozar ajeno, aún más en un pueblo pequeño.

El regreso de ella al pueblo es volver a su infancia, a explicarse la relación tormentosa con sus padres: su madre les abandonó cuando ella era muy niña, y la estampida materna supuso que la familia clausurara cualquier comentario posterior sobre su progenitora, como si lo que no se nombrara no existiera, y así, ni su padre ni los abuelos volverán a mentarla nunca más. Volver a casa es para la retornada aventar y orear el pasado, avivar los fantasmas o espíritus familiares, pasar la mano por las heridas abiertas que van tomando la forma -ahora ya sí- de cicatrices.

Con sutileza, delicadeza y elegancia Elisabet Riera (Barcelona, 1973) irá explicitando el encuentro, el deseo, la pulsión sexual a flor de piel, demorándose (más que en Lolita al leer esta novela pensaba en Call me by your name, aunque aquella era una relación entre dos hombres, y el más joven tenía dieciséis; además, el padre del chaval era consciente de lo que sucedía, mientras que aquí la relación es furtiva, a espaldas ambas del mundo, siempre a escondidas, en su secreto compartido solo por ambas; jalonados sus encuentros con oportunas poesías, novelas y canciones, que cantan y loan su idilio…), buscando el momento oportuno, el del derramamiento, a partir del cual ya nada volverá a ser igual entre ellas.

El sexo se ve tamizado aquí más por lo que sugiere que por lo que muestra -hasta tu tramo final-, dando así alas a la erección o humedecimiento de la imaginación, cediendo el espacio a los prolegómenos -una suerte de roncería apremiante-, gestando una tormenta que irá alimentándose y se sueña perfecta. Y lo acaba siendo, aunque después de la tormenta -una tormenta tan perfecta como imposible- siempre venga la calma, los días del abandono, el vacío, la nada, lo irreparable y ¿el alivio en la escritura?, en la que albergar, sobre el papel y bajo la forma de una larga carta, los hechos vividos, consumados, apurados, como en un espacio fuera del tiempo o viceversa.

Editorial Sexto Piso. 2017. 224 páginas. Traducción de Palmira Freixas.

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Los que duermen (Juan Gómez Barcena)

Ardicia tenía de consumar ciertas lecturas de libros de relatos como el de Ednodio Quintero (Cuentos salvajes) o Evelio Rosero (Cuentos completos), ambas ya en curso. Otras, finalmente consumadas y disfrutadas como Fábrica de prodigios de Pablo Andrés Escapa o Los que duermen de Juan Gómez Bárcena, ésta que nos ocupa.

Los que duermen supone la primera incursión, y la última de momento, de Juan Gómez Bárcena en el relato. Publicado en 2012 por la editorial Salto de Página y felizmente recuperado este año por la editorial Sexto Piso, dónde Bárcena publicara también su estupenda novela Kanada.

Los que duermen lo conforman 15 relatos (Cuaderno de bitácora, Fábula del tiempo, La leyenda del rey Aktasar, Cuaderno de bitácora II, El regreso, El mercader de betunes, La virgen de los cabellos cortados, Zigurat, El padre fundador de Alemania, Hitler regala una ciudad a los judíos, Los que duermen, Las buenas intenciones, Como si, 2374, La espera), breves, pues el libro no supera las 145 páginas.

En las notas de agradecimiento Bárcena agradece a quién le enseñó a interrogar el pasado. Mucho de eso hay en estos proteicos relatos que me recuerdan a otros de Olgoso o de Escapa, por lo variado de los mismos, muchos de los cuales bucean en el pasado, como en Los que duermen con las momias que hoy pueblan los museos, donde estos fueran una especie de limbo o infierno en el que las momias de marras purgaran un castigo se viera así perpetuado ad infinitum o yendo hasta el campo de concentración de Theresienstadt, en el que en 1944 los nazis ofician allí la pantomima ante un comité de la Cruz Roja haciendo pasar aquel campo de exterminio por otra cosa, una ciudad en la que los judíos vivían estupendamente, representando incluso una obra de teatro en la que los forzados actores, niños, tendrán así la única manera de desquitarse de su infausto y estéril porvernir; los cuadernos de bitácora I y II, en los que como hiciera Ferlosio en Fragmento de una carta de Yndias, Bárcena se mide, se prueba, se ensaya, para recrear el destino trágico de la nave San Telmo allá por 1565, a la deriva y sin tripulación ninguna; recreación a su vez la que pergeña el autor cuando recurriendo a Aquiles, troca el anhelo de éste de dejar de ser inmortal, abandonando el gineceo, para morir con gloria eterna como mortal, por una vida instilada en la medianía común del resto de los mortales, permutando su existencia por la de un mercader de betunes, pero disfrutando a fin de cuentas del hecho de estar vivo superados los setenta: la supervivencia como un don. Supervivencia llevada a cabo por duplicado (de momento) cuando hay opción a la resucitación, crionización mediante, en el 2374, relato anodino en el que al igual que le sucede al Aquiles del otro relato, la alternativa de ser felices o desdichados es consecuencia de nuestra existencia que en todo caso va al haber.

Los relatos más sorprendentes y sugestivos se me antojan La espera, donde a un mundo de hombres creados por un Dios se sucede un mundo de máquinas creadas por hombres, ya extinguidos, máquinas que esperan anhelantes que el Gran hombre descienda de nuevo sobre ellos; el otro relato es Como si, donde se lleva a cabo un rebobinado histórico comenzando en 2012 para ir hasta el Big Bang tocar la pared y volver cagando leches de nuevo al 2012, despojados de pasado, amnésicos, todo presente, todo futuro (si se diese), reseteando todo en cada generación. Las buenas intenciones, muestra un cara a cara entre una hija y su madre con unas hechura delirantes y trágicas que me lleva hasta La azotea de Trías, cuando la mentira y la ficción son la única realidad soportable por ambas, o ni con esas; Los elementos históricos se despliegan en otros relatos como La leyenda del Rey Aktasar, Fábula del tiempo o El regreso que cifran bien el pulso narrativo de Bárcena (que cuando escribió estos relatos tenía 28 años), aunque algunos como Zigurat o El padre fundador de Alemania me resulten muy flojos. Lo que me ha chocado es leer tres veces, en distintos relatos, «hombres que arañaban los frutos de la tierra con esfuerzo«.

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Apegos feroces (Vivian Gornick)

Apegos feroces. Novela publicada originariamente en 1987 y ahora por Sexto Piso en 2017, con traducción de Daniel Ramos Sánchez. El título le va pintiparado al espíritu de la narración. Esos apegos feroces son los que Vivian Gornick (Nueva York, 1935) ha experimentado toda su vida hacia su madre. Una relación posesiva, obsesiva, feroz; lo que sucede cuando al cordón umbilical le suceden hilos de sangre (me viene en mientes The ties that bind de Springsteen) o nudos correderos, que impiden a una hija abandonar el nido, definirse, ser una misma. Vivian camina por las calles de Nueva York, ciudad convertida aquí en un personaje más, junto a su madre, y en esos deambuleos, charlan, dialogan, rememoran, se tiran los trastos a la cabeza, a medida que pasan de una plaza a otra, de una calle o manzana a otra, de un barrio a otro. La ciudad les trae recuerdos de cuando ambas eran jóvenes y vivían en El Bronx. Hay un hecho crucial, la muerte del padre de Vivian cuando esta es una niña y su madre frisa los cuarenta. Muerte capital en sus existencias, pues como Vivian explica, en aquel luctuoso momento, en escena no está la ausencia de su padre, el vacío que éste deja, sino el duelo de su madre, monopolizando el aire y el espacio que respiran Vivian y su hermano. Vivian recuerda su infancia y adolescencia, los chismorreos, la moral como juez rector del comportamiento femenino (capitalizado en la figura de Nettie), la comunidad de inmigrantes: italianos, irlandeses, judíos que poblaban su barrio, los inmuebles, la luz tamizada que se filtra por las ventanas, la ropa colgada en zigzag por los patios interiores, las juntas de inquilinos ayudando a los desahuciados. La narración explicita el empeño de Vivian por ocupar su espacio, por sustraerse a la férula materna. Vivian vive amores y en todos ellos, por un motivo u otro fracasa en su empeño. Su madre le arrostra que no vivió su vida, que simplemente la dejó pasar. Vivian, a pesar de haber recorrido medio mundo y haber hecho lo que ha querido, tiene una sensación parecida, como si la existencia no acabará de enraizar, de agarrar, de coger peso y profundidad, como si todo lo que uno vive quedará a faz de tierra, presto para ser aniquilado de un manotazo. Hay libros que te crees y otros que no. Estos recuerdos de Vivian: su sentir, su frustración, su imposibilidad, sus devaneos amorosos, sus desencuentros, enconos y reconciliaciones filiales me los creo hasta la médula, porque no hay artificio, sí compromiso con la verdad (la suya), solo una narración que es linterna alumbrando el punto ciego de nuestra existencia, siempre bisagra entre ir y quedarse, entre alzar el vuelo o seguir entre las faldas de la madre, entre la infancia y la adultez, entre la adultez y la senectud, entre la compresión o el rechazo, esa ¿tierra baldía? entre el amor y el odio.

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Los ingrávidos (Valeria Luiselli)

Hasta la fecha había leído dos libros de Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983): Papeles falsos y La historia de mis dientes.

Los ingrávidos es con diferencia el que más me ha gustado de los tres.

Una lectura apresurada de esta novela puede llevarnos a considerarla como una divertida fantasmada, con personajes que se difuminan, pierden cuerpo y gravidez hasta su desaparición. Bajo esa apariencia superficial, si dedicamos algo más de tiempo a releer ciertos fragmentos, podemos apreciar entonces el humor gamberro y desinhibido que impregna la narración, la prosa filosa e intersticial, las jugosas reflexiones sobre el acto de escribir y sobre la literatura; «escribir novelas es tratar de congelar el tiempo sin detener el movimiento de las cosas«, como escribir sirve para afirmar su existencia -en el caso de la narradora, quien reconstruye su pasado transformándolo: una ficción que infecciona la realidad, cuando su pareja lea lo que su mujer escribe y la ficcion actúe entonces como acicate para tomar decisiones y también en el caso de Owen- como si posar las palabras sobre un papel equivale a fijar nuestro cuerpo sobre una balanza que acredite nuestra corporeidad, el juego de espejos que permite la dilatación espacial y temporal, donde el tiempo se repliega, tal que los dos narradores de la novela, a pesar de haber vivido en décadas distintas puedan confluir -siempre con el metro como espacio de encuentro, transición, descubrimiento y ocultamiento-, en ese espacio que construye Luiselli, un espacio real, irreal y verosímil, fantástico y subyugante, porque lo que la autora perpetra, logra lo que muy pocas novelas materializan, que es nada menos que dejar perplejo -perplejidad (pareja a la experimentada por mí al leer a Yuri Herrera) que aboca a la fascinación- al lector, no porque Luiselli invente un lenguaje nuevo, que no es el caso -donde aquejada del buen espíritu Vila-Matiano no faltan un buen número de referencias literarias: Federico García Lorca, Emily Dickinson, Ernest Hemingway, Walt Whitman, Francisco de Quevedo, Ezra Pound, William Carlos Williams, Louis Zukofsky, Herman Melville, Roberto Bolaño…, sino porque la lectura de estos fragmentos narrados en primera persona, vividos, fantaseados, ficcionados, friccionados, tamizados por el talento de Luiselli, deparan una lectura gozosa.

Aparecen en la narración niños y mascotas y hay ahí algo esencial que puede pasar desapercibido en los breves diálogos que los niños mantienen con la narradora, su madre, o con el padre menguante. Ahí vemos cómo en la labor de educar por parte de los adultos, sus continuas correcciones, no hacen otra cosa que lastrar o castrar la imaginación de sus hijos.

Editorial Sexto Piso. 2011. 144 páginas.

El Conde y otros relatos

El Conde y otros relatos (Claudio Magris, 2014)

Claudio Magris
Editorial Sexto Piso
Traducción: María Teresa Meneses
80 páginas
2014

La editorial Sexto Piso publicó a finales del año pasado este libro del triestino Claudio Magris que recogía cuatro relatos inéditos (incluso en Italia), con traducción de María Teresa Meneses.

El primero de ellos es El Conde, es el que da nombre al libro, el más extenso, pero no el más enjundioso, a mi parecer.
Estamos en el río Duero, donde un Conde recoge los cadáveres que aparecen flotando en el mismo, acompañado de nuestro narrador que oficia de marinero, buzo, despensero, tripulación y arponero, que se aferra al amor como un náufrago a un leño. El Conde, es tan afable de puertas para afuera (prestigiado por su ingrata labor, la cual le granjea el reconocimiento de todo el mundo) como misógino y hace todo lo posible para desincentivar las pasiones amorosas de su ayudante, quien, merced a su ineptitud ve alejarse de su vera a mujeres (María, Giba, Nina) con las que podría alcanzar algo parecido al amor.
El marinero narrará a un periodista su vida gris, acuática, mortecina, sus devaneos amorosos y como al final y dado que el amor carnal parece estarle vetado, se aferrará a un mascarón de proa de una embarcación ultimada, donde verá materializado, ya dueño y señor de su soledad y a su manera, el ideal femenino, complacido ante la perspectiva de acabar.

En La portería, un antaño hombre de negocios liberado de la carga de los mismos y en el momento de su jubilación, opta por recolocarse, de extranjis a su familia, como portero de uno de sus inmuebles. Las obligaciones laborales pretéritas, las jornadas interminables, dan paso a otros menesteres más livianos y satisfactorios, dándole a nuestro protagonista este nuevo oficio la libertad, curiosidad y el aliento necesario para sentirse dichoso, rodeado de sus hijos y nietos, al tiempo que recuerda su gozosa juventud en su Moravia natal, bajo el Imperio, antes de que Trieste pasara a formar parte de Trieste, esa ciudad volcada al mar en la que vive.

En Las voces el protagonista es un hombre que busca y encuentra amor/compañía/alimento en las voces de mujer grabadas en los contestadores automáticos. Es él un profesional, un forense vocal, capaz de ir más allá de lo que la voz enuncia, llegando al corazón mismo de esas voces femeninas. O eso cree él. El caso es que la tecnología, la era de la información, el progreso en definitiva, va reemplazando esas voces originales, por otras mecánicas, artificiales, robóticas, para desespero de nuestro protagonista, que sabe que libra una batalla perdida, a pesar de lo cual no quiere dar su brazo a torcer, sabedor de que su vida pende de un hilo. Telefónico.

El que cierra el libro es el relato más breve Ya haber sido. Ese ya haber sido es lo que nos sucede cuando dejamos de ser algo que no queremos dejar de ser, pero sin irnos del todo. Es decir, cuando perdemos la fama, la gloria, el poder, el reconocimiento, el vigor sexual, la juventud, cuando todo ya es pasado, y dejamos de ser eso que nos hizo ser lo que somos o fuimos, pero seguimos aquí, sin habernos desmaterializado todavía.
Magris reflexiona sobre el término «nostalgia«, o el «regreso al dolor«, acerca del concepto de Mitteleuropa (una caja fuerte, vacía , pero con una cerradura que desalienta a los ladrones deseosos de meter dentro quién sabe quién), la necesidad de que en las postrimerías de nuestra existencia, las cosas se parezcan, de que todo resulte igual en todas partes y que estas rutinas y costumbres ejerzan como bálsamo existencial contra la añoranza, contra la nostalgia, cimentando un débil y pueril mojón frente a la muerte.

Un placer leer a Magris. Una lectura muy gozosa.

Resumen de lecturas 2014: Olimpo literario

De esta, no me LIBRO

De esta, no me LIBRO

Ha sido este año que se acaba otro año más fértil en lecturas (89), unas lecturas más vibrantes y provechosas que otras. La mayoría de los libros que he leído se han publicado este año, pero también he leído libros que anhelaba leer hacía ya un tiempo como El desierto de los tártaros, Romanticismo, Incendios, Pequeño Teatro, Stoner, El ruletista, etcétera.

Miles de libros se publican cada año y entre ese maremágnum de títulos publicados y publicitados a bombo y platillo por las grandes editoriales como Random House o Planeta, existen otras editoriales pequeñas que hacen cosas estupendas como Ardicia, Carpe Noctem, Impedimenta, Periférica, KRK ediciones, Minúscula, Errata Naturae, Páginas de Espuma, La Uña Rota, Candaya, Sexto Piso, Los libros del Lince, Cabaret Voltaire, Acantilado, Caballo de Troya, Lengua de Trapo, Trifolium, entre otras muchas.

He intentado leer libros de todas las editoriales que he podido, y el año venidero tengo la misma intención: ir a la búsqueda de títulos interesantes de estas editoriales no tan populares y hablar(os) de los mismos en este rincón virtual.

La relación de lecturas del 2014 clasificadas por el nombre y apellidos del/la autor/a es la siguiente:

1-Abelardo Castillo, El que tiene sed, Carpe noctem (2013)
2-Alberto Olmos, Alabanza, Mondadori (2014)
3- Alberto Olmos, Pose, La uÑa RoTa (2012)
4-Alexandr Herzen, Doctor Krupov, Ardicia (2014)
5-Alfonso Mateo Sagasta, El reino de los hombres sin amor, Grijalbo (2014)
6-Alvaro do Carvalhal, Los caníbales, Ardicia (2014)
7-Alvaro Enrigue, La muerte de un instalador, Mondadori (2008)
8-Ana María Matute, Pequeño teatro, El Mundo (1954)
9-Anatole Broyard, Ebrio de enfermedad, La uÑa RoTa (2013)
10-Ann Cameron, El lugar más bonito del mundo, Alfaguara (2002)
11-Anne Serre, Ponte mesita, Anagrama (2014)
12-Antonio López Vega, 1914: el año que cambió la historia, Taurus (2014)
13-Antonio Muñoz Molina, Todo lo que era solido, Seix Barral (2013)
14-Antonio Orejudo, Fabulosas narraciones por historias, Círculo de lectores (1996)
15-Antonio Patricio, Vigilia inquieta, Ardicia (2014)
16-Béla Hamvas, La filosofía del vino, Acantilado (2014)
17-Dacia Maraini, Bagheria, Minúscula (2013)
18-Dino Buzzati, El desierto de los tártaros, Gadir (2005)
19-Edward Bulwyer-Lytton, La casa y el cerebro, Impedimenta (2013)
20-Eloy Tizón, Velocidad de los jardines, Anagrama (1992)
21-Elvira Mancuso, La maestra Annuzza, Periférica (2014)
22-Emmanuel Carrere, Limonov, Anagrama (2013)
23-Enrique Gallud Jardiel, Historia estúpida de la literatura, Espuela de Plata (2014)
24-Enrique Gallud Jardiel, Jardiel -La Risa inteligente, Doce Robles (2014)
25-Enrique Serna, La ternura caníbal, Páginas de Espuma (2013)
26-Enrique Vila matas, Perder teorías, Seix Barral (2010)
27-Esther García Llovet, Mamut, Malpaso (2014)
28-Fernando Clemot, Estancos del Chiado, Paralelo sur (2008)
29-Franz Kain, El camino al largo desierto, Periférica (2013)
30-Gonzalo hidalgo bayal, Conversación, Tusquets (2011)
31-Guadalupe Nettel, El huésped, Anagrama (2006)
32-Guadalupe Nettel, El matrimonio de los peces rojos, Páginas de espuma (2013)
33-Guy de Maupassant, Los domingos de un burgués en París, Periférica (2014)
34-Isaac rosa, La habitación oscura, Seix Barral (2013)
35-J.S. De montfort, Fin de fiestas, Suburbano (2014)
36-Jacques Chauvire, Elisa, Errata Naturae (2014)
37-Javier Cercas El impostor Mondadori (2014)
38-Javier Gomá Lanzón, Aquiles en el gineceo, Taurus (2014)
39-Javier Gomá Lanzón, Ejemplaridad publica, Taurus (2014)
40-Javier Gomá Lanzón, Ingenuidad aprendida, Galaxia Gutenberg (2011)
41-Javier Gomá Lanzón, Razón: portería, Galaxia Gutenberg (2014)
42-Jean Echenoz, 14, Anagrama (2013)
43-Jean Echenoz, Ravel, Anagrama (2010)
44-Jenn Díaz , Es un decir, Lumen (2014)
45-Jerome Ferrari, El sermón sobre la caída de roma, Mondadori (2013)
46-Joaquín Berges, La línea invisible del horizonte, Tusquets (2014)
47-John Williams, Butcher Crossing, Lumen (2013)
48-John Williams, Stoner, Baile del Sol (2010)
49-José Antonio Garriga vela, El cuarto de las estrellas, Siruela (2014)
50-José González, La visita, Caballo de Troya (2013)
51-José María Pérez Álvarez Examen final Editorial Trifolium (2014)
52-Juan Aparicio Belmonte, Un amigo en la ciudad, Siruela (2013)
53-Juan Eduardo Zuñiga, Brillan monedas oxidadas, Galaxia Gutenberg (2010)
54-Julio Llamazares, El cielo de Madrid, Alfaguara (2005)
55-Leonardo Padura, Pasado perfecto, Tusquets (2010)
56-Lorenzo silva, La sustancia interior, Destino (1996)
57-Lucía Puenzo, Wakolda, Duomo (2013)
58-Luis García Jambrina, En tierra de lobos, Ediciones B (2013)
59-Luis Landero, El balcón de la memoria, Tusquets (2014)
60-Manuel Longares, Romanticismo, Cátedra (2001)
61-Margaret Mazzantini, Mar de mañana, Alfaguara (2013)
62-Mark Adams, Dirección Machu Pichu, Xplora (2013)
63-Miguel Alcázar, Bulevar 20, Varasek (2014)
64-Miguel Serrano Larranz, Autopsia, Candaya (2013)
65-Mircea Cartarescu, El ruletista, Impedimenta (2010)
66-Nigel Warburton, Una pequeña historia de la filosofía, Galaxia Gutenberg (2013)
67-Nuccio Ordine, La utilidad de lo inútil, Acantilado (2013)
68-Pablo D´ors, Andanzas del impresor Zollinger, Anagrama (2003)
69-Pablo D´ors, El amigo del desierto, Anagrama (2010)
70-Patrick Modiano, Un circo pasa, Cabaret Voltaire (2013)
71-Piedad Bonnet, Lo que no tiene nombre, Alfaguara (2013)
72-Raúl Guerra Garrido, Dulce objeto de amor, Reino de Cordelia (2014)
73-Ricardo Menéndez Salmón, Niños en el tiempo, Seix Barral (2014)
74-Robert Walser, Jakob von Gunten, De bolsillo (2014)
75-Roberto Arlt, La pista de los dientes de oro, Carpe noctem (2014)
76-Rodrigo Lacerda, Otra vida, Libros de pizarra (2014)
77-Scipio Slataper, Mi Carso, Ardicia (2013)
78-Sergio del molino, La hora violeta, Mondadori (2013)
79-Teju Cole, Ciudad abierta, Acantilado (2012)
80-Thomas Wolfe, Especulación, Periférica (2013)
81-Valeria Luiselli, Papeles falsos, Sexto Piso (2010)
82-Wajdi Mouawad, Ánima, Destino (2014)
83-Wajdi Mouawad, Incendios, KrK ediciones (2011)
84-William Gaddis, Gótico carpintero, Sexto Piso (2012)
85-Willy Uribe, El último viaje del Omphalos, Los libros del lince (2013)
86- J.A. González Sainz El viento en las hojas Anagrama (2014)
87- Menchu Gutiérrez, La niebla, tres veces, Siruela (2011)
88- Agustín Fernández Mallo, Limbo, Alfaguara (2014)
89- Valeria Luiselli, La historia de mis dientes, Sexto Piso (2014)

Los libros que más he disfrutado leyendo durante el 2014 y que pasan a ocupar mi particular Olimpo literario son estos:

Aquiles en el Gineceo (Javier Gomá Lanzón)
Conversación (Gonzalo Hidalgo Bayal)
Ejemplaridad Pública (Javier Gomá Lanzón)
Examen final (José María Pérez Álvarez)
Fabulosas narraciones por historias (Antonio Orejudo)
Gótico carpintero (William Gaddis)
Historia estúpida de la literatura (Enrique Gallud Jardiel)
Jardiel, la risa inteligente (Enrique Gallud Jardiel)
Incendios (Wajdi Mouawad)
La ternura caníbal (Enrique Serna)
Los domingos de un burgués en París (Guy de Maupassant)
Limonov (Emanuele Carrere)
Mi carso (Scipio Slataper)
Niños en el tiempo (Ricardo Menéndez Salmón)
Pasado perfecto (Leonardo Padura)
Pequeño Teatro (Ana María Matute)
Razón: portería (Javier Gomá Lanzón)
Romanticismo (Manuel Longares)
Stoner (John Williams)

Decir también que si me estuvieran apuntando con un Kinder Bueno a la cabeza y tuviera que decidirme por tres libros, serían Las fabulosas narraciones por historias, Stoner y Romanticismo. Y si sólo fuera uno, me llevaría el libro de Orejudo.

Es curioso que ninguno de esos tres libros que comento se haya publicado el presente año, así quien esté ávido de novedades o libros presentistas aquí no encontrará gran cosa, salvo los libros de Gallud Jardiel y Ricardo Menéndez Salmón que sí se han publicado en 2014.

Me resulta curioso también que mis tres mejores libros me los compré hacía ya un tiempo. El de Orejudo en una feria del libro en Logroño hace más de tres años, el de Stoner en la Central en Madrid en diciembre del año pasado y el de Longares lo compré hace cosa de dos años. Los tres libros estaban ahí expectantes esperando su momento de gloria y lo mejor de todo es que tuvo que ser a través de una recomendación que me hizo otra amiga lectora, quien tras leerse Las Fabulosas narraciones por historias y Stoner, me ánimo a leer ambos dos. Y acertó de pleno. De no haberla hecho caso ahoría estaría hablando de Examen Final, Incendios, Conversación o Aquiles en el Gineceo, que van detrás en la lista.

A los amantes de las intrigas y las conspiraciones decirles que El pequeño Nicolás me ha informado (de espaldas al CNI, of course) de que Los Reyes Magos me van a traer de Oriente Las Mil y una Noches y El estuche con la Historia de mi vida I y II y Los últimos años de Casanova, ambos libros de Atalanta. Un montante de más de 7.000 páginas por delante. Un mundo por descubrir. Tanto placer quizás me mate.

Como Gabo, espero vivir para contarlo, para seguir leyendo. El año próximo nos dedicaremos a conocer la obra de Pablo Andrés Escapa, Danilo Kis, Casanova, Rafael Argullol, Balzac, Stendhal, Jordi Steva, Bruce Chatwin, entre otros.

Abandono sólo uno. La parte inventada de Rodrigo Fresán.

Feliz navidad y prósperas lecturas.
Nos vemos en las librerías.

La historia de mis dientes

La historia de mis dientes (Valeria Luiselli, 2014)

Leí Papeles falsos de Valeria Luiselli en abril de este año y me dejó un buen sabor de boca (me veo en la obligación de emplear esta «jerga dentífrica» para llegar a todos los públicos). Ahora, su libro La historia de mis dientes se convierte -más que por derecho propio, por puro azar- en mi última lectura anual.

Leyendo la novela uno tiene la sensación de que las seis partes que la integran están apelmazadas, sin que haya realmente una estructura, una premeditación. En este artículo se explica al detalle la génesis del libro y cómo esta novela se fue haciendo sobre la marcha. Pienso que a partir de las alegorías (pág. 100) el libro se resiente bastante y pierde mucho fuelle.

Luiselli como haría en Papeles falsos echa mano de todo lo leído así como de sus escritores de referencia y los planta en el libro, sin mucho orden ni concierto. A quien el mundillo literario no le vaya mucho, la mayoría de los chistes le harán puta gracia, creo.

Las páginas las pueblan, cuales estrellas fugaces (son meras presencias episódicas), escritores y escritoras mexicanos y mexicanas, vivos y vivas, muertas y muertos y también otros escritores no mexicanos así como filósofos, pintores, etcétera.

La nómina es larga: Daniel Saldaña París, Álvaro Enrigue, Margo Glantz, Vivian Abenshushan, Yuri Herrera, Alejandro Zambra, Pablo Duarte, Paula Abramo, Heriberto Yépez, Mario Bellatin,, Julio Trujillo, Juan Villoro, Luigi Amara, Guillermo Fadanelli, Guadalupe Nettel, José Vasconcelos, Mario Levrero, Jorge Ibargüengoitia, Guillermo Prieto, Enrique Vila-Matas, Alan Pauls, Verónica Gerber, Juan José Arreola, Unamuno, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Borges, Montaigne, Chesterton, Kafka, Primo Levi, Flaubert, Gogol, Dostoievski, Pushkin, Platón, Quintiliano y un largo etcétera.

Luiselli se muestra bien humorada, dando la voz a la calle y como ella dice, es el suyo un libro oral, en el que su protagonista, un tal Carretera, más que pensar, habla todo el tiempo, convertido en un subastador, picarón y pico de oro. A los que no somos mexicanos habrá un porrón de palabras cuyo significado se nos escape, por lo que siempre nos vendrá bien echar mano del mejor libro de no ficción en español de 2014.

La autora en lugar de escribir una autobiografía o biografía al uso, recurre a la variante dental, de ahí el título del libro. Carretera hace girar todo su relato biográfico sobre sus devaneos dentales, lo que da pie para anécdotas divertidas, situaciones surrealistas, momentos descacharrantes, sirviéndose de esos escritores y demás personalidades a los que otorga nuevos roles, otros oficios, jugando con ello y arrancando(me) en algunos momentos (como si de una muela se tratara) auténticas carcajadas, porque el libro es un cachondeo (casi) continuo, un chiste mayúsculo de 157 páginas, fotografías incluidas.

Valeria Luiselli

Valeria Luiselli

Cuando Carretera se vea en las últimas, echará mano de Roberto Bálser (sí, el de los microgramas), que se encargará de escribir su biografía.

Decía algún filósofo/publicista que «la potencia sin control no sirve para nada«. Y ahora digo yo «la exuberancia verbal e imaginativa sin un proyecto sólido es como ver a un gallo (disfrazado de tortuga) correr sin cabeza«.

Superando lo anterior, me quedan ganas de seguir metiendo mano a Luiselli (a su obra literaria, entiéndase), y acometeré la lectura de Los ingrávidos cuando me desurda de Jota Erre, que a no ser que la prima de riesgo se vaya a los 666 puntos y tenga que venir el Capitán Truman a rescatarnos, será mi primera lectura del 2015.

¿Y la tuya?. (esta pregunta, obviamente, va dedicada a los que leen y también a los que no leen, pero les gustaría).

Y a modo de colofón decir que además de Valeria Luiselli (1983), otros dos escritores mexicanos que recomiendo leer son Federico Guzman Rubio (1977) y Yuri Herrera (1970).