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Día del Libro

Rafael Argullol Visión desde el fondo del mar

Hoy me he dado un homenaje. He comprado Visión desde el fondo del mar de Rafael Argullol, que pretendía hace tiempo y aprovechando el descuento del 10% durante esta semana como consecuencia del Día del libro, en lugar de 29 euros me ha costado 26,90 €.

La diferencia en el precio de los libros siempre me ha parecido una cosa muy curiosa. A menudo los libros que se editan en bolsillo cuestan la mitad de lo que cuestan en sus ediciones originales, en su lanzamiento. No siempre ocurre, ya que también hay libros de bolsillo que cuestan algo más de la mitad que en su lanzamiento y llegan a costar hasta 18 euros, como Contraluz de Thomas Pynchon (1.344 páginas) y otros que los venden a cinco euros o incluso a 3,95 euros. No hay tampoco relación entre el número de páginas y el precio. El libro de Argullol son 29 euros y 1.212 páginas. Habida cuenta de que el precio de muchos libros se sitúa a menudo por encima de los 15 euros, a pesar de que muchos de ellos no llegan ni siquiera a las 200 páginas, no se me antoja nada caro, además Acantilado es una de mis editoriales preferidas. La tipografía de los libros que editan es una maravilla.

Si uno es picajoso y más allá del contenido se queda también con el continente se puede entretener comprobando cómo las editoriales a veces nos venden un libro que no daría ni para cincuenta páginas y consiguen dilatarlo hasta las 150 o más, haciéndolo así más vendible. Este artículo nos da unos ejemplos válidos.

El alcohol y la nostalgia de Mathias Enard son 96 páginas. El tamaño del libro es el de una mano. Una cucada. Una cucada que en condiciones normales no daría para más de 50 páginas y en lugar de una nouvelle sería una micronovela. Lo que tampoco sería un mal irreparable a la vista del éxito de Indignaos y sus 64 páginas, que evidencia el poderío del contenido sobre el continente.

Y hablando de libros, me viene en mente el protagonista del libro de Olmos, A bordo del naufragio, que siempre llevaba a cuestas una mochila llena de libros. Me pasa/pesan lo mismo. El día que me convierta al ebook no sé que pasará, pero mi intención es dilatar ese momento, como la llegada de la próstata, lo máximo posible.

Ahora que estoy finalizando este post caigo en la cuenta de que el libro de Argullol que pretendía era Enciclopedia del crepúsculo y no Visión desde el fondo del mar. Ambos son dos buenos tochos y los publica Acantilado. ¿Y ahora después de este monumental lapsus, qué?

Ahora me quedan dos opciones, quedarme quieto o echar a correr. (!Conchita, no nos dejes nunca!)

Devolver un libro me parece un traición, casi tanto como dejarlo a medias. Así que me lo quedaré, y si algún día logro acabar el libro de Rafael Argullol, ya haré un resumen, o escribiré un libro-reseña, porque ¿debería haber alguna relación proporcional entre la extensión de la reseña y la extensión del relato, microrelato o novelón, ejemplar o no?. ¿Los libros de relatos se reseñan comentando cada uno de los relatos, o se hace una composición del conjunto?.

Día del libro, recomendaciones y lecturas 2013

Hoy, 23 de abril se celebra El Día del libro. Un buen invento para que la gente se deje los cuartos comprando libros. Otra cosa es que luego se lean, pero al menos es un paso y le da algo de vidilla al mundillo editorial, que nunca viene mal.

Pero al final, el movimiento se demuestra andando, esto es, leyendo. Me lo he tomado al pie de la letra. Hasta el día de hoy estas son mis lecturas en lo que llevamos de año.

Si quieres alguna recomendación que te oriente a la hora de regalar un libro, en este listado hay un buen puñado, cuya lectura es casi indispensable: El libro de las maravillas, Matate amor, Será mañana, Antigua Luz, Absolución, Intemperie, El niño que robó el caballo de Atila, Naturaleza Infiel, Victus, 2020...

Los libros van numerados atendiendo al orden en el cual los he ido leyendo a lo largo del presente año y no en base a mis preferencias.

1. Antigua Luz (John Banville 2012)
2. El centro del frío (Salvador Galán Moreu 2011)
3. Victus (Alberto Sánchez Piñol 2012)
4. La lluvia antes de caer (Jonathan Coe 2009)
5. Las crudas (Esther García Llovet 2009)
6. Matate amor (Ariana Harwicz 2012)
7. Naturaleza infiel (Cristina Grande 2008)
8. Una vida sin ayer (Edoardo Nesi 2012)
9. La ciudad feliz (Elvira Navarro 2009)
10. Sobre la felicidad a ultranza (Ugo Cornia 1999)
11. Absolución (Luis Landero 2012)
12. Un centímetro de mar (Ignacio Ferrando 2011)
13. El origen del mundo (Pierre Michon 1996)
14. La mano invisible (Isaac Rosa 2011)
15. Una extraña historia al este del río (Nagai Kafu)
16. El hombre del salto (Don DeLillo 2007)
17. La conquista del aire (Belén Gopegui 1998)
18. El alcohol y la nostalgia (Mathias Énard 2012)
19. El secreto del orfebre (Elia Barceló 2003)
20. El viaje de Urien (André Gide 1893)
21. La patria de todos los vascos (Iban Zaldua 2008)
22. La escala de los mapas (Belén Gopegui 1993)
23. Será mañana (Federico Guzmán Rubio 2012)
24. Click (Javier Moreno 2008)
25. Los andantes (Federico Guzmán Rubio 2010)
26. La mujer de Strasser (Héctor Tizón 2012)
27. Buda en el ático (Julie Otsuka 2011)
28. Diario de una caída (Michel Laub 2013)
29. Los fantasmas (César Aira 1990)
30. La ciudad y los cerdos (Miguel Espigado 2013)
31. El país imaginado (Eduardo Berti 2012)
32. Intemperie (Jesús Carrasco 2013)
33. Paseos con mi madre (Javier Pérez Andujar 2011)
34. 2020 (Javier Moreno 2013 Lengua de Trapo)
35. El niño que robó el caballo de Atila (Iván Repila 2013)
36. Peaje (Julio de la Rosa 2013)
37. Acantilados de Howth (David Pérez Vega 2010)
38. La máquina de languidecer (Ángel Olgoso 2009)
39. En la orilla (Rafael Chirbes 2013)
40. La transmigración de los cuerpos (Yuri Herrera 2013)
41. Tejidos y novedades (Cristina Grande 2011)
42. El libro de las maravillas (Fernando Clemot 2011)
43. Islas flotantes (Joyce Mansour 2012)
44. Los soldados (Pablo Aranda 2013)
45. Mala suerte (Juan Aparicio-Belmonte 2003)
46. Perú (Gordon Lish 2009)
47. Ben Lerner (Saliendo de la estación de Atocha 2013)

Ben Lerner (Saliendo de la estación de Atocha 2013)

Ben Lerner Saliendo de la estación de Atocha portada libro
Ben Lerner
Editorial Mondadori
2013
193 páginas

Mirando la solapa del libro, parece que esta novela ha gustado bastante a los americanos. Ahí aparece nada menos que Jonathan Franzen, diciendo que la novela de Ben Lerner es hilarante e inteligente. El caso es que yo no soy americano, tampoco soy Franzen y la novela me ha gustado lo justo, por los pelos.

La portada del libro es bonita, alegre, gozosa, esa portada que al verla te lleva sin remisión a un día de junio en Madrid, cuando atiza el calor y uno fantasea con paliar la sed en cualquier cervecería de la Plaza Santa Ana, rodeado de amigos, entre risas, con mujeres que anhelan un revolcón, mientras te fumas la vida entre porros, ajeno a todo, como si el estado natural, recomendable, del ser humano fuera el de turista con posibles. Algo así, es lo que pasa a Adam, nuestro protagonista, un veinteañero poeta americano, que durante un añito estará por Madrid, disfrutando de una beca, antes de regresarse a los Estados Unidos.

Adam exprimirá las ubres de la vida a base de bien. Entre sus porros, sus pastillas, sus poemas, sus polvos en el Ritz, los viajes, sus homenajes gastronómicos en Zalacaín, irá viendo pasar los meses del calendario, asistiendo incluso a momentos históricos, como el atentado del 11-M en Atocha, conociendo y relacionándose con otros jóvenes de clase bien, apurando el presente y la vista puesta en un regreso con fecha de caducidad.

Está visto que a los Americanos las andanzas de otro americano dicharachero, juguetón, con buena pluma, como Adam, por España (como México, pero más seguro), país al que más de la mitad de los americanos no serían hoy en día capaces de sitúar en el mapa, les resultará un souvenir literario de lo más jocoso. Además de Madrid, el protagonista llevará a sus lectores a hacer turismo hasta Toledo, irá a Granada, donde no verá la Alhambra, irá a Barcelona, donde La Sagrada Familia le parecerá algo horroroso y paseará por el Barrio Gótico y Las Ramblas (se perderá Adam en la ciudad condal sin verse capacitado para regresar por su cuenta al Hotel, igual que le sucede a uno de los protagonistas de la infumable A Roma con amor, en la ciudad eterna), y todos estas idas y venidas harán la historia más llevadera, sin aligerarla de su superficialidad.

Adam se nos vende como un fraude o finge serlo, como finge ser poeta (o un mal poeta), como finge despreciar la cultura Española, nada interesado, a pesar de ser poeta, en conocer a otros poetas Españoles (vivos o muertos) más allá de los icónicos Lorca y Miguel Hernández, como finge ser capaz de despachar su estancia de un año en España con dos frases, al tiempo que reconozca que su estancia en la ciudad madrileña es o será maravillosa.

En esa tensión es en la que se mueve y bascula toda la novela, en esa actitud vital reducida a una pose, a un fingimiento, a aparentar lo que no se es, ese quiero y no puedo, ese momento en el que las costuras de la realidad se resienten y es momento de tomar decisiones, acerca del trabajo, de las relaciones de pareja, de esos Grandes Asuntos, que marcan y dan forma a las vidas adultas.

Que no se tome el protagonista demasiado en serio, asuma ese rol patético y se nos muestre como un fraude, le da ligereza a la novela y la hace más digerible y menos solemne.

Ser testigo de la vida regalada que lleva a Adam, por estos lares (esta piel de toro), en estos momentos (ante una Crisis que parece interminable, aunque la novela esté ambientada en 2004), lejos de balsamizar al personal sufriente creo que lo soliviantará más que otra cosa. Y que vaya por delante, o por detrás en este caso, que yo a los turistas americanos los odio lo normal.

Perú (Gordon Lish 2009)

Gordon Lish 2009 portada libro
Gordon Lish
Editorial Periférica
2009
222 páginas

Perú se publicó originalmente en Estados Unidos 1986. En 2009, la Editorial Periférica lo publica en España con traducción de Isabel Centeno.
El libro viene avalado por personalidades como Harold Bloom o DeLillo. A mí me ha gustado bastante poco.

A los seis años un niño americano, pobre, mientras juega en un cajón de arena con un amigo de buena familia y otro niño al que conoce por vez primera, acabará matando a este último. No sabremos ni al principio ni al final si había premeditación en el acto. Sabremos que el que iba a morir, estaba más sorprendido que asustado con su casi inminente estado de difunto y que se fue al otro barrio gracias a una mini azada con la que su agresor le destrozó la cabeza, dejando su cara como un melocotón al que se le ve el hueso.
Ese niño de seis años lejos de sentirse culpable de lo que ha hecho, pensará que le ha hecho un gran favor a la madre del muerto, en la creencia de que ésta no sabía cómo desprenderse de su hijo y de paso, de su labio leporino (el del hijo).

No hay moral pues. Un niño puede matar a otro, de la misma manera que podría violarlo, o tirar piedras a un río. Actos sin consecuencias.

La muerte sucede en los años 40 del siglo XX. Décadas más tardes, ese niño, ya crecidito, es padre de familia y tiene un hijo. Actúa como un padre sobreprotector (ve unas escenas en la televisión donde aparecen unos amotinados en los tejados de una cárcel, montando la de Dios es Cristo y llamará a la cadena para pedir responsabilidades, dado que su hijo, sin querer ha visto esas dantescas imágenes y pueden trastornarlo).
Haciendo un ímprobo ejercicio de memoria, nuestro narrador echará la vista atrás, regresará al pasado, al momento en el que tenía esos seis años, para traer del pasado sus recuerdos: la ñiñera, la señorita Donnelly, los hermanos Lieblich, el perro, el sirviente negro y musculado , las verduras, el cajón de arena, el Buick, los baños con su padre, el labio leporino del muerto, la escuela Pública nº5, los huevos pasados por agua de sus vecinos ricos, su casa de madera blanca con cesped, la fosa aséptica, la piscina de mierda, etc…

El narrador de esta historia interpela a un posible auditorio. Os lo voy a contar todo, no dejaré nada en el tintero, os vais a reír con esto, etc. Así nos va contando la historia, la cual es plasmada como un ramalazo que alguien siente para tratar de recomponer esos años, así, sobre la marcha, da pie al titubeo, a la circunvalación y por eso las palabras se repiten una y otra vez, desbastando el marmol de los recuerdos a golpe de palabra, una y otra vez, golpeando con los mismos términos, hasta lograr algo parecido a lo que queremos expresar y reflejar mínimamente, qué es lo que sucedió ese día fatídico en el que un niño mata a otro. Y como el empeño del narrador es narrar todo tal cual ocurrió lo hace como si el narrador en lugar de tener 50 años, tuviera seis, y hay a quien todo esto le resulta poético y algo nunca visto o leído, a mí sin embargo me resulta pueril.

La forma que tiene de narrar Lish habrá a quien le sugestione, como si le estuvieran poniendo un péndulo frente a las púpilas, logrando efectos hipnóticos, pero a mi me ha llevado hasta las playas del tedio y de la modorrez en un sinfín de ocasiones, saturado de tanta sarta de memeces y reiteraciones.

Echad un vistazo a lo que se dice en la blogosfera de este libro, porque me parece, y eso me gusta, que voy peleando a la contra. Algunos tienen muy claro que este libro nunca se les borrará de la mente (quizá porque el libro es genial y no me he dado cuenta o porque son de los que leen un libro al año/lustro/década/vida y así, es evidente que es difícil de olvidar, el libro)