La mano invisible (Isaac Rosa 2011)

La mano invisible Isaac Rosa portada libroDespués de la nefasta experiencia Gala volvemos al territorio nacional, y lo hacemos (!qué coño lo hago, que de momento no tengo doble personalidad) de la mano de Isaac Rosa (el cual creía que era de Girona y resulta que es Sevillano), no sé si todavía promesa o ya realidad firme de las letras Hispánicas. A Rosa le han caído ya unos cuantos premios literarios desde 1999: Premio Rómulo Gallegos, Premio Ojo Critico, Premio Andalucía de la Crítica, Premio Fundacion J.M. Lara.

¿Porqué Rosa?. Había leido un par de reseñas de algunos lectores de este libro: uno malherido y el otro ileso y ambos hablaban maravillas del libro de marras. Además lo reseñaban en plan bien, esas reseñas que te dan ganas de leerte el libro, que no te dan otra opción. Así que dicho y hecho: no solo me he leído el libro sino que encima me lo he comprado: 8,95 €. En edición de bolsillo. Y me lo he leído al compas de unas cañas, y me han costado más las birras que el libro. Y luego dicen que los libros son caros. Más caro es el alcohol, por eso en España hay más borrachos que lectores y eso a nadie le preocupa. Lo bueno es que nadie te multa por ir leído o muy leído, incluso por pillarte un ciegazo y coger un coma líbrico.

!Ya basta de desvíar la atención!. Aquí el protagonista absoluto es Isaac Rosa, que precisa de 381 páginas para darnos su particular visión del mundo del trabajo. Una visión claro está que no puede ser completa, porque esto es como tratar de abarcar el Mar Muerto con las manos. Al final la arena se te escapa entre los dedos y te quedas con cara de tonto.

Las prímeras 20 páginas me dejaron perplejo, porque leer como un albañil levanta un muro, me la trae al pairo. Así que pensé que como las 358 páginas restantes fueran del mismo estilo, lo iba a devolver a la librería, pues todavía guardaba el ticket. El caso es que seguí leyendo, porque esto de leer a veces se convierte en una penitencia que hay que cumplir, una purgación de los pecados a través de la lectura, como los Picaos de San Vicente con el cilicio, y me fui metiendo en la historia. Al principio un tanto descolocado, hasta que la historia se centró y supimos que los que allí trabajaban lo hacían en una nave, en la cual, desde una grada los espectadores veían sus quehaceres y alguien los contrataba y controlaba.

Isaac Rosa opta por la descripción exhaustiva de las diferentes profesiones que pueblan estas páginas: albañil, carnicero, administrativo, costurera, limpiadora, informático, puta, etc..
Y nos va contando cómo ve cada uno de ellos sus trabajos, sus quehaceres, mezclándolo con otras anécdotas, con los sueños que se escapan, con el inasible y amargo presente, con la relación con el resto de los trabajadores, que hace aflorar a las primeras de cambio lo mejor de cada cual.

Y todo esto se convierte en un laboratorio, en un circo humano, donde un puñado de gente realiza tareas a cambio de una cantidad económica, durante unas horas, mientras otros les observan. Cambia el escenario, el marco, el contexto, pero la cuestión de fondo es la misma: dinero a cambio de horas ofertadas. Poco importa si ese trabajo del día se va por el sumidero o si sirve para algo. Antes se cazaba para comer, luego se recolectaba para comer, ahora se trabaja para comer, etc..

Isaac Rosa echa el resto y trata con estos mimbres de ofrecer al lector algo épico, que sintamos a esas personas mundanas en las que nunca reparamos como héroes modernos: que la fregona se convierta en una garrocha quijotesca, el machete en una espada redentora, el teclado en un arma de destrucción másiva que salve el mundo de los malos, el teléfono en un objeto que nos permite hablar con Dios para que nos eche una mano, la prostituta alguien capaz de hacer de cada polvo algo mágico, el polvo. Esto lo pienso yo, elucubraciones de tanto devanarme los sesos.

Pero toda esta épica, yo ni la pillo, ni la metabolizo. Cuando leí La caverna de Saramago, me gustó su prosa pero me cargó bastante las disertaciones sobre el oficio del alfarero. Isaac Rosa coge el testigo y multiplica hasta la enésima potencia a Saramago, hasta que el lector, yo, acaba harto, tanto como para necesitar una parada biológica, un par de horas sabáticas cuando menos para recuperarme, escribir esto y poder seguir leyendo, tal ha sido el atiborramiento que tengo encima.

La prosa de Rosa es ágil. Es una realidad que su libro engancha y que se lee casi del tirón, o en un par de arreones, de no ser porque uno trabaja, que sino lo hubiera hecho todo seguido, como ver un película, que es como se disfrutan los libros de verdad.

En cuanto a los temas que plantea Isaac Rosa, muy interesantes todos ellos, se podría hablar largo y tendido. Precisamente el valor de este libro para mí es ese, que de pie para hablar y reflexionar sobre nuestro trabajo, sobre nuestra profesión, sobre su función, utilidad, etc, como hace la administrativa cuando se niega a entrar en la rueda, a desafiar al sistema, siendo fiel a sí mismo, deseando trabajar menos horas y anhelando buscar la felicidad en el no-trabajo. Creo que ahí Rosa es donde dice las cosas que piensa, y ahí me ha enganchado. En otras no tanto.

Y para acabar. Uno de los primeros libros que leí fue Momo, hace ya un porrón (con cerveza y gaseosa por favor) de años, y todavía me acuerdo, o quiza no y me lo estoy inventando, que aparecía por allí uno barriendo una calle, y para aquel su mundo era la acera y su bien más preciado su escobón, y su objetivo dejar la calle perfectamente barrida, para luego verla y sentirse orgulloso de una actividad que a todos nos parece menor, una alienación laboral más.

Una película que vi hace un tiempo y que casa bien con el libro es Struggle, donde vemos lo mal que lo tiene mucha gente que sobrevive trabajando donde se puede, cobrando una mierda y haciendo unos trabajos asquerosos. Es como el libro, pero más a lo bestia y con imágenes: el ojo del culo de esta sociedad capitalista que defeca desempleados cada segundo.

A Rosa, volveré, porque El vano ayer, lo tengo entre mis lecturas futuribles.

7 pensamientos en “La mano invisible (Isaac Rosa 2011)

  1. Darío

    La apuesta de Rosa me parece muy arriesgada; en el libro no pasa nada y a la vez pasa tanto. Y hay personajes muy simpáticos, como el carnicero, que se pasa de listo, o el guardia, que no acaba de entender si forma o no parte del show. Sin embargo, creo que la novela ha quedado desfasada muy rápido. Supongo que, como comentas, Rosa quería dotar de épica a los trabajadores. Bueno, en los tiempos que corren tener curro es algo casi épico, no hacen falta 300 páginas de describirnos a una operaria de call center. Aun así, es un autor que estimo, del que me gustaría leer algún libro menos obvio políticamente.

  2. El alquimista del tedio

    Hola Darío. Cierto, la apuesta de Isaac es arriesgada y ambiciosa al mismo tiempo. Es estimable por parte de un escritor darle vueltas al asunto, tratar de abordar algo tan complejo e inasible como la concepción de trabajo y todos sus aspectos, y revestirlo de novela, y darle a aquello ritmo, sin que sea un ensayo ni algo intragable. A mí, sus 378 páginas se me hicieron muchas. Cierto aligeramiento le hubiera dado al libro más empaque, más contundencia, la paradoja de que a más brevedad mayor impacto, porque al final tanta desgracia ajena, leída, cansa. Sí, a Rosa le voy a dar más oportunidades. Lo vale.

  3. Darío

    Coincido contigo, alquimista. La novela de Rosa se hace demasiado larga y a veces tediosa, como el trabajo. Hablando de novelas sociales o actuales o que enfrentan el tema de la crisis (apuesto que será el tema de las próximas novelas de Rosa y de Gopegui), yo he disfrutado mucho, al igual que tú, con Democracia, de Pablo Gutiérrez, aunque me quedo con su novela anterior, Nada es crucial. Y un libro que lo hace de forma muy original y divertida es Será mañana, de Federico Guzmán. Te lo recomiendo mucho.
    Saludos

  4. El alquimista del tedio

    Darío, el otro día tuve en la mano “La escala de los mapas” de Gopegui. A un tris estuve de comprarla, pero finalmente la cogeré en la biblioteca. Respecto a Será mañana, esa novela la tengo en el punto de mira, y hablaré aquí de ella, en cuanto la tenga en mis manos. Democracia de Pablo Gutiérrez me gustó mucho, tanto como Rosas restos de alas. Nada crucial también está ahí esperando su turno, pero hay tanto que leer y tan poco tiempo que no da uno a basto.
    Es comprensible y recomendable que los escritores se impregnen de la realidad social, de esta crisis, para situar sus historias. Ejercito enémigo de Alberto Olmos es una novela que también aporta su grano de arena al desciframiento de todos estos movimientos sociales actuales.

  5. Darío

    Pues yo prefiero a la Belén Gopegui menos política, la de La conquista del aire. Cuando se mete en política me parece muy obvia, muy buenos y malos.

    En cambio, la novela que he disfrutado mucho, por decirlo de alguna manera, es Ejército enemigo. Creo que, al contrario que Gopegui, Olmos resulta mucho más incómodo porque no denuncia solo a los malos de siempre, como políticos y banqueros. Olmos se mete con las ONGs, la izquierda trepa, la progresía barata. El tiempo le ha dado la razón: ahí tenemos a la Fundación Ideas del PSOE y a Zoé Alameda.

    Un gusto leer tu blog, alquimista.

    Darío

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