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Una vida sin ayer (Edoardo Nesi 2012)

Un día sin ayer Edoardo Nesi Edoardo Nesi ganador del Premio Strega por su libro La historia de mi gente, ha publicado recientemente Una vida sin ayer.

Tras leerlo me he quedado muy desilusionado, si bien no sabía bien a qué me atenía, salvo alguna reseña favorable que había leído en Babelia. Edoardo en esta novela, o planfleto más bien, nos da su parecer sobre la crisis y se atrave a darnos alguna solución. Nada nuevo bajo el sol (es de cajón que las empresas dan puestos de trabajo y que sin empresas grandes o pequeñas no hay trabajo para nadie).

El discurso de Edoardo me resulta un tanto cansino y reiterativo. Los malos de la película son la globalización, los Chinos, las multinacionales, los políticos inoperantes y la víctima, claro está, es el pueblo, esos forzados trabajadores que se dejan la piel trabajando (el que tiene trabajo) para labrarse un futuro, que se torna en un iceberg puesto en medio de un desierto. Un pueblo sin mácula. Un pueblo, que huelga decir, vota y sitúa ahí, en las Instituciones, en el Parlamento, a quienes ellos desean.

Los libros donde el escritor adopta un tono didáctico a la par que ñoño me dan cierto resquemor, por no decir algo peor. Si quiero enterarme de cómo surge este burbuja financiera global leo a Loreta Napoleoni (La Mordaza), para enterarme de los postulados del Decrecimiento ahí está Latouche, sobre la Globalización está Chomsky o Stiglitz y así un largo etcétera.

El caso es que Edoardo sobre todas estas cuestiones nos da su opinión en su libro, narrado en primera persona y el libro es como si subido en una tarima el escritor se dispusiera a darnos un discurso en el cual hablar de todo y de nada, sin demasiada consistencia, tratando de captar la atención de los oyentes para que estos no se duerman y para eso el tono apocalíptico y épico siempre funcionan.
Todo es humo.
Su indignación de salón también.

Al final de su libro Edoardo se viene arriba del todo y dedica nada menos que 16 páginas a narrarnos una experiencia única: un partido entre el Milan y el Real Madrid, acompañado en el estadio de su hijo y de un amigo de este. Eso, el fútbol como catársis, como narcótico más bien, como sedante, no catódico pero parejo.

Para llegar al final del libro antes he tenido que sobrevivir a párrafos como este.

«Mi generación tendrá que hacer más que otras. Después de todo, nuestra es gran parte de la culpa. La expiaremos poniéndonos al servicio de nuestros hijos e hijas. Les llenaremos el depósito del coche, les limpiaremos el parabrisas y les abrocharemos el cinturón de seguridad y luego les haremos una caricia, les daremos la cartera y les diremos que pueden ir a donde quieran. Que no tengan ningún miedo y que partan hacia el futuro. Sin nosotros, como sería justo. O incluso sin nosotros, si quieren llevarnos. Pero tendrán que ser ellos quienes decidan libremente». (pag 136)

Me decía un amigo italiano hace unos años que en Italia la mitad de los italianos trabajaban para Berlusconi y la otra mitad querían trabajar para él: no digo más. Bueno sí. Seguramente a Berlusconi lo auparon al poder los Chinos globales que trabajaban para las multinacionales. A saber.

Naturaleza infiel (Cristina Grande)

Cristina Grande Naturaleza infiel portada libro

Dicho y hecho. Sigo con otra escritora, Cristina Grande. Naturaleza infiel es su primera novela !Y qué novela!.
A mí me gustan las novelas que me hacen reír, las que no me hacen reír, también, pero me rio menos que con las otras. Con Naturaleza Infiel me he reído de lo lindo y no porque en el ánimo de la autora esté propiciar la risa del lector en cada párrafo, no lo creo.

El caso es que Cristina en este libro, que a mí me parece un sentido homenaje a la familia, empezando por su madre, su difunto padre y su hermana (en caso de que se trate de algo autobiográfico, que lo desconozco y lo dudo), a medida que nos va contando su vida, sus anécdotas, su existencia y la de las suyos, va removiendo algo en nuestro interior, porque la risa o la sonrisa propiciatoria por su lectura brota del patetismo humano, de ser capaz de asumir nuestras limitaciones y contradicciones, de entender que la vida es ir peleando a la contra contra la muerte cada día, en cada traspiés, en cada cada recaída, hasta que ese hilo de seda que nos separa del más allá se rompa.

Quien nos cuenta la historia, mediante fragmentos o relatos de 2-3 páginas, a modo de diapositivas escritas, es Renata, quien tiene una hermana melliza llamada María. Viven con sus padres, quienes tras unos meses separados vuelven cuando en España se aprueba la Ley del divorcio en el 81, hasta que poco después el padre fallece. Cristina se aplica en el sexo y María en las drogas. Una se mete hombres entre sus piernas, la otra jeringuillas y sustancias varias. Lo cantaba Sabina: al infierno se va por atajos, jeringas, recetas….

Para mí, la auténtica protagonista de la historia es la madre, mujer hecha a sí misma, luchadora, trabajadora, emprendedora, cabal, ese tipo de mujer que hace que este país, paraíso de la corrupción, no se desmorone y todavía sea un lugar habitable y respirable.

Me hacen gracia muchas de las cosas que nos cuenta Renata: sus primeros amores, el sexo vampírico, la llegada de la televisión en color al hogar, el descubrimiento del término «habladurías«, su empeño en no trabajar, la no plasmación de los sentimientos en el seno familiar, los devaneos amorosos de Jorge con sus no beldades, y un sinfín de cosas más que forman parte también de uno y de casi todos y siempre con la muerte del padre muy presente, de telón de fondo, forjando el carácter de los supervivientes, en ese limbo en el que se quedan los que permanecen. Superando la pérdida cada cual a su manera.

«Sólo me faltaban las gafas para parecer una aburridísima rata de biblioteca, pero con tetas parecidas a las que veía en las portadas de Playboy, y que yo escondía tras una carpeta verde forrada con fotos de Paul Newman, Robert Redford y Udo Kier. (pag. 114)»

Naturaleza infiel. Cristina Grande: 142 páginas que dan mucho de sí.
Si quieren perder tres horas leyendo un libro.
O ganarlas
Ya saben.

Blog de Cristina Grande

Matate amor (Ariana Harwicz)

Matate amor porta libro Ariana Harwicz

Ariana Harwicz
Lengua de Trapo
2012
152 páginas

Leyendo este libro (el primero) de la joven argentina Ariana Harwicz uno siente lo mismo que cuando te arrean un tortazo a la altura del labio y la rabia se mezcla con la sangre y su regusto salado te hace sentir vivo y te permite salir de este limbo de días repetidos y banalidad encofrada.

La prosa de Ariana Harwicz es potente, demasiado. Su lectura espolea y remueve y programa el corazón del lector en modo centrifugado. En menos de 150 páginas Ariana aborda muchos temas y más allá del climax asfixiante soberbiamente pergeñado, las páginas resultan enfebrecidas, enloquecidas, y esos delirios le hacen a uno abrir bien los ojos para releer varias veces lo que está leyendo, para que el chute sea doble.

Lejos de cualquier ñonería o sentimentalismo de garrafón, la protagonista de esta historia es como una muerta viviente, un fantasma del más allá, alguien con la razón quebrada, la vágina inflamada de deseo, una madre que no quiso ni quiere serlo, una esposa que no quiso ni quiere serlo, un cuerpo que busca fundirse con la naturaleza, conectarla con su lado más salvaje, con esa parte animal que anida en su interior, una mujer a quien un internamiento no soluciona nada, porque ella está enferma de realidad, empachada de presente, porque sabe demasiado bien lo que quiere o lo que no quiere y tanta verdad le satura y emborracha y asfixia y sueña entonces con otro mundos.

Digo yo que necesitaríamos un par de vidas más para disfrutar la presente en condiciones.

La historia se reduce (practicamente, porque hay otros personajes por ahí pululando, pero periféricos) a tres personajes: el matrimonio y un bebé. Una casa de campo en un aldea rural rodeada de toda suerte de animales. Un espacio pequeño en el que cabe la infidelidad, el delirio, la búsqueda, la perdición, quizá la redención y el perdón y muchas cosas más en ese micromundo, en este libro que parece una olla expres donde lo que se cocina huele a podrido, aunque luego sepa de muerte, como los callos.

Matate amor (Lengua de Trapo) es una de las mejores novelas que he leído de lo publicado en 2012. Así que en esos ranking de los mejores libros del año, que me da pereza hacer, figuraría bien arriba.

«Me hurgó con sus manos callosas. Cuando grito cogeme lo que menos hay es apetito. Y mientras entraba su pedazo de carne saliente en mi hueco, si esto es hacer el amor, estamos locos, deseé una habitación blanca por la que entre el aire del mar, la sal picante en mi lengua cortajeada». (pág 62)

La lluvia antes de caer (Jonathan Coe 2009)

La lluvia antes de caer Jonathan CoeJuan Goytisolo escribió: tu nacimiento fue un error: repáralo. Leyendo esta novela del Inglés Jonathan Coe, uno casi se ve obligado a dar la razón a Goytisolo, o a su máxima.
La lluvia antes de caer es un ejercicio de memoria. Algo que recientemente también ocurría en las últimas novelas aquí comentadas, Victus y Antigua Luz.
La protagonista de la novela es Rosamond, quien al morir deja unas cintas grabadas para que le sean entregadas a Imogen. Como ésta no aparece, finalmente es su sobrina Gill quien junto a sus hijas se encomiende a tal labor. Si en la última novela de Baricco, Mr Gywn, un escritor decidía escribir retratos, aquí Rosamond decide narrar su historia, su vida, y cómo no, la de la madre y la abuela de Imogen: Beatrix y Thea, sirviéndose de 21 fotografías.
El recurso empleado por Jonathan Coe para contarnos esta historia es solvente y la cosa funciona. De esta manera y dado que Imogen es invidente, las fotografías que Rosamond le cuente de viva voz (grabada en cintas) le permitirán saber cual es su historia, su origen y sino justificar nada de su pasado, al menos tener información de primera mano.
La historia se repite una y otra vez, los errores se suceden, se acumulan, y así las relaciones de Beatrix con su madre, son similares a las reproducidas entre Thea y su madre, relaciones tormentosas, basadas en el desamor, en el agravio, en la falta de cariño, ternura y amor.
Rosamond actúa como testigo de excepción de todo lo que se cuece en el seno familiar de Beatrix, con quien en su más tierna infancia alcanza la categoría de hermana de sangre, cuando como consecuencia de la Segunda Guerra Mundial, los niños son enviados a la zonas rurales y Rosamond va a parar a la granja de sus tías. Rosamond tratará de salvar las vidas ajenas, para darle así quizá un sentido a la suya propia y al final de su camino será capaz de reconocer su estulticia, sus vanos propósitos, su egoismo salvador, etc. Queda claro que ciertas cosas son inevitables. Solo podemos apostar sobre el cuándo o el cómo.
Coe describe con buena mano sus personajes realizando una notable labor de introspección, personajes a quienes de una manera intencionada Coe va calcando los rasgos que los caracterizan, así Thea repetirá los errores de su madre y Beatrix los de Ivy.
Al fresco familiar compuesto por un buen número de personajes contribuye el elemento de la búsqueda, lo que insufla la historia de cierto misterio y suspense hasta las páginas postreras, lo que anima a su lectura, galopando hasta cruzar la meta.

¿No es un auténtico milagro que consiguiera captar todo eso: captar el espíritu de alguien, exteriorizarlo, hacerlo permanente e inmutable, sin emplear nada más que una mezcla de pigmentos y aceite vegetal?. Me parece asombroso lo que pueden hacer los artistas. (pag 219)

Cambiemos pigmentos y aceite por celulosa y tinta, y llamemos al artista Jonathan Coe.