El niño que robó el caballo de Atila (Iván Repila 2013)

El niño que robó el caballo de Atila Iván Repila Libros del Silencio

Iván Repila
Libros del Silencio
2013
136 páginas

La lectura de El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila (Bilbao 1978) arrolla todo a su paso, como lo hace una tromba de agua al lamer un cauce seco: la piel curtida del lector. Y lo hace con una sencillez solo aparente, porque lo que comienza como un trasunto de Buried, con dos hermanos en lugar de un adulto, cautivos en un pozo de tierra en medio de un bosque, en lugar de un ataúd bajo tierra, va cogiendo consistencia, a medida que se van enhebrando las páginas, porque esos niños, El Grande y El Pequeño son la piel ajada del mundo, la apariencia infantil del universo, en continuo cambio interior, mudando la piel cada hora y a la velocidad de la luz, como si la soledad, el desamparo y la muerte que les ronda, acelerase la madurez, como si soñando la muerte, ésta atendiera a su reclamo.

Se suceden los días y llegan los delirios, el calor, el frío, la sequía, el hambre, la soledad dando bocados a la razón, pensamientos negros, como negra es la noche y el reverso de la esperanza. Y uno avanza en su lectura, reteniendo pero fluyendo, con un quiero y no puedo, porque la prosa de Iván indigesta el ánimo, vela las pupilas de humedad, añurga el espíritu ante esa humanidad descarnada o descuartizada, ensordece nuestros sentidos ante el chirrido de los goznes de esas jaulas que está por ver si se abrirán.
Un libro, el de Iván Repila capaz de destilar el alma humana gota a gota, para que nosotros, lectores ávidos de sensaciones persistentes, nos saciemos de esta literatura hecha fruto, jugosa y alimenticia.
No sé el vuelo que cogerá esta obra, pero los parabienes que obtenga, serán merecidos.

Paseos con mi madre (Javier Pérez Andujar 2011)

Javier Pérez Andujar Paseos con mi madre En su día comenté lo deslumbrante que me pareció el debut de Javier Pérez Andujar (1965) con su novela Los príncipes valientes. Luego de haber publicado Todo lo que se llevó el diablo, en 2011 publicaría Paseos con mi madre, donde el autor retoma la historia autobiográfica donde acababa Los príncipes valientes. Quien haya leído esa obra, sabrá de la presencia del Rio Besòs, de cómo es la vida en esas zonas del extrarradio o periferia de las grandes ciudades, en este caso Barcelona.

Javier ya no es niño, ha franqueado la adolescencia, camino de la edad adulta, pero sigue buscando algo en la literatura: un refugio, un bálsamo, un arma, razones, motivos y necesita los libros como el que necesita una transfusión de sangre para seguir chutando, respirando viviendo. Y seguirá dejándose las púpilas frente a ese mundo de las letras, dejando los cómics para irse a la poesía, al siglo de Oro, para estudiar en la Universidad una filología Hispánica, para entrar luego a trabajar en Ajoblanco y poder publicar allí sus cosas, como haría luego en El País.

Esa autobiografía, que se remonta a los años de la adolescencia, años de Instituto se prolonga hasta el momento presente, y como leemos en la novela, Javier decide contarlo todo junto y a la vez, sin importar el tiempo, mezclando pasado y presente y la cosa funciona porque ese contraste permite al autor hacer juicios, jugar a las siete diferencias, y ver como han envejecido con el tiempo conceptos y organismos como Democracia, Sindicatos, Partidos políticos..

Javier deja muy claro lo difícil que es pertenecer a la Ciudad de Condal, conformada esta como una sociedad de clases, imposible para un inmigrante de padres andaluces a quien le azuzan los policías con sus preguntas acerca de qué hace este en Barcelona cuando pulula por allá, como si la ciudad perteneciese a las Fuerzas del Orden y no a quien se la patea.
A su vez Javier demuestra su anhelo por fluir por no solidficarse y pertenecer a algo en concreto, sino por dejarse abrazar antes por los libros que por las banderas, partidos o ideologías, por pertenecer a una voz más que a un idioma y del brazo de su madre vuelve cuando puede a su barrio, a las vías, a las chimeneas abandonadas, a los barrios poblados de inmigrantes extranjeros, hacinados, de esa multiculturalidad propia de la pobreza y yo leeré este libro no en un autobús o en el metro sino en un bar, tomando una caña, comiendo tortilla de patatas con pimiento verde y perrechicos y lo haré rodeado de gente, con el televisor al fondo del bar sintonizado en La Primera pero sin voz, con los parroquianos en la barra hablando de fútbol y de la crisis, con la música sonando lo suficientemente baja como para no colisionar con lo leído, mientras me empapo de literatura y me doy un baño de vida, y me emociono con la prosa de Javier Pérez Andujar, que tiene la gran virtud de remover cositas ahí dentro, bajo la piel, porque a mí también me pasa como a Javier, que yo no leo para entender lo que dicen los autores, sino para entender a través de ellos.

Jesús Carrasco

Intemperie (Jesús Carrasco 2013)

Jesús Carrasco
Seix Barral
224 páginas
2013

Jesús Carrasco (Badajoz 1972) debuta en el mundillo literario con su novela Intemperie. La novela no ha podido funcionar mejor. Se publicará en 13 países y en el nuestro ya hay quien la califica en suplementos culturales o desde algún rincón de la blogosfera literaria como una de las mejores novelas del 2013. Incluso hay ya quien deslumbrado por los efectos secundarios derivados de la lectura de la novela, hacen este comentario durante el mes de enero, cuando restan todavía de publicarse cientos o miles de libros.

Mientras que otros escritores nacidos en los 60 y 70 (Gopegui, Olmos, Rosa, Elvira Navarro, Espigado, etc) dan cuenta de nuestra sociedad en sus novelas, Carrasco decide irse unas cuantas décadas atrás en el tiempo, dejar de lado la actual crisis e irse a aquellas economías de subsistencia en entornos rurales, donde la vida de los hombres era azarosa, al capricho del frío, de los rigores caniculares, existencias marcadas por los tiempos que dictan la siega, la siembra.

La historia se sitúa en un lugar indeterminado, donde el sol atiza sin clemencia, donde el suelo reseco apenas surtirá alimento alguno a las cabras del Cabrero, quien junto al Niño y el Alguacil conforman la nómina de personajes principales, que se nos presentan por sus nombres, más bien arquetipos, así El Niño, El Cabrero, el Alguacil.

El niño huye, no sabemos de qué (en un principio) y logra poner tierra de por medio, gracias al Cabrero, en cuya compañía y siguiendo la estela de la Estrella Polar, y encaminarse al Norte, mientras en su búsqueda se afana el Alguacil y su ayudante.

Estamos ante una historia de supervivencia en dos aspectos. Primero, el hacer frente a las inclemencias meteorológicas: calor y sequía, sumado al escaso alimento y al mismo tiempo el tener que huir de la autoridad, el Alguacil, que quiere cobrarse su pieza, reclamando al Niño como si fuera un dominio suyo más. Mientras los primeros, exhaustos, apenas sin alimento van a pie o en burro, el segundo lo hará en motocicleta.

Carrasco logra enganchar ya desde el primer párrafo y la tensión no se pierde ni un ápice a lo largo y ancho de sus 221 páginas, merced a una atmósfera magistralmente conseguida, donde nos es imposible no sentir el calor, las fatigas, las penurias, la soledad y toda esa intemperie (exterior e interior) que impregna y anega la novela, merced a unos personajes bien construidos, y unos diálogos, sucintos pero contundentes y muy esclarecedores.

Es plausible dotar de tanto calado a unos personajes con tan escasas palabras, lo cual cifra la habilidad de Carrasco en el arte de narrar.

He disfrutado mucho con la potente y subyugante prosa de Carrasco, con su rico lenguaje, logrando una musicalidad que hace casi necesario que ciertas páginas se lean en voz alta, declamándolas, exprimiéndolas, valga el contexto, como las tetas de las cabras, porque su jugo, alimenta y dejará ahíto al lector exigente.

Sí que me ha recordado la pareja formada por El Niño y El Cabrero, a la pareja que formaban el padre y el hijo en la novela de Cormac McCarthy, La carretera, reemplazando aquel paraje apocalíptico por estos eriales (¿manchegos?). Ahí el sufrimiento también era una segunda piel. Los personajes vivían porque no querían morir y anhelaban que Dios o quien fuera, aflojara también las tuercas de su tormento, para que al menos hubiera algún resquicio por donde se colará de rondón la esperanza, por magra que fuera.

El país imaginado (Eduardo Berti)

El País imaginado portada libro Eduardo Berti

Eduardo Berti
Impedimenta
240 páginas
2012

Nunca es tarde si la dicha es buena dice el refrán. He tardado en conocer al al autor argentino Eduardo Berti, pero una vez leído su libro El país imaginado dan ganas de seguir leyéndolo. Un país imaginado, editado por Impedimenta me recuerda a las novelas de Baricco, cuando éste se pone en plan sedoso, pero quitando de en medio la escenas de postal, el almibaramiento, el precipicio sentimental hacia el que arroja a sus personajes y la frase tan perfecta que da repelús.

Berti nos ofrece una preciosa historia ambientada en la China de comienzos del siglo XX, cuya protagonista hace un recuento de lo que ha sido su vida, centrando su atención en lo que fue importante para ella, ese cabo del que tirar, capaz de deshacer toda una existencia: los años de su mocedad en los que conoció a Xiaomei, una joven a la que idolatró y amó a partes iguales. Lo que hace desgarrador la historia, es asistir a ese amor no correspondido por parte de Xiaomei, para quien su fervorosa admiradora y amiga, es sólo eso, una compañera con quien compartir horas de parque, hojas de libros de botánica, pero para quien su corazón y sus sentimientos serán todo un misterio.

Con una prosa fluida, la historia que nos narra Berti, bien armada y equilibrada, me ha subyugado de principio a fin, al tiempo que el autor nos brinda un fresco de la época con cuatro pinceladas, suficientes para situar esta bella historia de amor no correspondido, porque cuando uno está enamorado, todo cuanto hay alrededor sobra, por eso una vez que entramos en este anhelo amoroso, apenas podemos estar atentos a algo más que no sean Xiaomei y su amiga, aunque haya otras historias dentro de esta historia sumamente atractivas, como las de las bodas entre difuntos, las desventuras del padre ciego de Xiaomei o la abuela fantasmal, entre otras.