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El libro y la hermandad (Iris Murdoch)

La primera sensación que tuve cuando comencé esta novela de Iris fue de apabullamiento. En un mismo lugar (Oxford) se reúnen más de una docena y media de viejos amigos, donde todos parlotean y el apabullamiento deviene aturdimiento. Luego Iris de manera muy sutil irá tirando de cada hilo, desflecando la madeja, concediendo su espacio a los distintos personajes, refiriéndonos sus historias y las relaciones que durante estas últimas décadas se han ido creando, fortaleciendo o menguando entre ellos. Me gusta poco la narración cuando Iris fija su atención en lo externo, en detalles triviales: todo lo que tiene que ver con el vestuario, la decoración o los atributos físicos personales y me interesa mucho más -y ahí radica en mi opinión el gran valor de la novela- cuando el relato pasa de lo estético a lo ético y abundando en la introspección Iris pasa a todos ellos por el cedazo de la experiencia y la batidora de la moral, los sube al escenario que viene a ser una suerte de ring, donde todos ellos reciben su merecido, y las victorias, en la pugna contra el destino, si las hubiera, son pírricas, o a los puntos. Una experiencia concebida como un sumatorio de actos humanos de distinta índole que van, entre otras muchas, desde la aventura fuera del matrimonio al aborto repentino, pasando por tentativas de suicidio, duelos a pistola, muertes accidentales, el dolor del duelo ante la pérdida de una mascota o la muerte de un ser querido, las confesiones de un amor arrebolado y no correspondido, el gran vacío o fin de ciclo que experimenta el escritor ante el libro ya acabado -un libro convertido en un fascinante macguffin, pues de la hermandad del título aún sabremos algo, pero del libro de marras muy poca cosa- el perdón cauterizador, la felicidad como un objeto de consumo más, la religión emancipadora, los lazos filiales convertidos en cadenas, la transición del idealismo al conservadurismo, el pasar de querer salvar el mundo a querer preservar su pequeño mundo, a cualquier precio.

Los humanos son aquí seres dolientes, indolentes, inseguros, insatisfechos, aburguesados, que al echar la vista atrás y contrastar sus sueños y esperanzas de su juventud con su realidad adult(erad)a y presente comprueban que la argamasa de su día a día, las relaciones, ya sean de amistad o de pareja tienen los huesos de cristal, que la distancia entre la teoría y la práctica, entre el pensamiento y la acción se nutre de impotencia, de resentimiento, que los héroes están en las calles y los cobardes como ellos en sus casas entregados a una verborrea estéril y a un hedonismo a medida.

Podemos pensar en este manojo de vidas folletinescas con el que Iris describe al detalle y con gran agudeza la condición humana como meteoritos del espacio exterior fuera de nuestra órbita. O puede ser que mirar hacia el cielo sea sentir un escalofrío y un ramalazo de melancolía recorriendo nuestro cuerpo, cuando al pensarnos, lo leído nos incumba, desmantele y quién sabe si incluso colisione.

Impedimenta. 654 páginas. Año 2016. Traducción de Jon Bilbao. Postfacio de Rodrigo Fresán.

Estrómboli

Estrómboli (Jon Bilbao)

Jon Bilbao
Impedimenta
2016
270 páginas

Ocho relatos conforman el último libro de Jon Bilbao, editado por Impedimenta, que lleva por título Estrómboli. Más que Estrómboli, que no niego que es un título muy sugerente, le habría ido mejor otro más ajustado al contenido de los relatos, tipo Daños colaterales, Acto, consecuencia, o similares.

Digo esto porque en estos relatos hay seres humanos llevados a situaciones, no límite (o sí), pero sí que se salen de lo habitual, de la aplastante monotonía y del tedio de las rutinas. Y esas decisiones que adoptan tienen consecuencias, a veces irreparables. Con esos mimbres trabaja y a ratos me fascina Jon Bilbao.

En el primer relato, Crónica distanciada de mi último verano, un acto a priori intrascendente, como encontrar a un fulano olisqueando las bragas de tu novia en las lavadoras comunes de un inmueble, deriva hacia algo brutal, dado que el olisqueador es un belicoso motorista de malas compañías y la víctima es un pardillo que trata de demostrarse a sí mismo que no es un cobarde, eligiendo a tal fin, la empresa equivocada. Un relato que trasciende la violencia de género para quedarse a violencia a secas donde la esgrima verbal se reemplaza por los moquetones a dos manos, por ambas partes. Y un final de traca. Uno de los mejores relatos del libro.

En El peso de tu hijo en oro, de nuevo, las fatales consecuencias de nuestros actos, e incluso de nuestros no actos, porque a menudo pagamos incluso por lo que no hemos hecho, donde la sombra de la (presunta) culpa, nos atormenta y desquicia. Y donde la muerte de un hijo, rompe algo que deja al padre convertido en algo parecido a un remiendo, y a dos amigos al borde del precipicio, por mucho que el tiempo lo cure todo, o queramos creerlo. Es este mi relato preferido.

En Siempre hay algo peor, un tipo normal se mete en zambras turbias, que deparan un buen relato de suspense, mucho humor negro, un gran personaje, Samuel Nixon y un final parejil, tan precipitado, abierto y misterioso, que no acabo de verlo.

Una boda en invierno, es un relato hilarante, donde me troncho con los diálogos y personajes que acuden a la boda. Humor, sexo y suspense que maridan muy bien. Otro de los mejores relatos de libro.

Desgraciadamente a partir de aquí ya hemos coronado, el libro ha dado lo mejor de sí y los relatos que se suceden distan bastante de los anteriores.

Como en un idioma desconocido, me resulta el relato más flojo, con una historia que desvela los entresijos de una empresa nuclear, el robo de material, lo que significa encontrarte fuera de lugar y en este caso la pugna entre el poder político y empresarial.

Avicularia avicularia podría haber sido un gran relato de terror. En parte lo es. Pocas cosas nos dan tanto asco como las arañas. El protagonista acude a un programa de televisión y como andan mal de pasta en casa, decide zamparse una araña en directo “Atrapó la araña y se la llevó a la boca. Sintió las aterciopeladas patas sobre los labios, la barbilla y la nariz. Era grande. Se metió una parte en la boca. Las patas se plegaron como las varillas de un paraguas“. El día después, un fulano normal ha pasado a ser el tipo que se zampó una araña en directo. Esa decisión mejora su economía pero lo destroza, como si esa araña formase ya parte de él y no hubiera purgante capaz de erradicarla, máxime cuando se trata de algo ya mental. Lo que sucede después es lo que el relato apenas explota, más allá de los temores y miedos del sujeto. El final hilarante, no es tal.

El castigo más deseado y Estrómboli que cierran el libro nos presentan de nuevo a parejas que se hieren, se quieren, se aman, se dejan, se tiran los tejos, se tiran los trastos a la cabeza, se ponen los cuernos, y el corazón se enloquece ante tantas posibilidades, que haga uno lo que haga, al final alguien siempre saldrá dañado. En el castigo más deseado, de nuevo hay un niño muerto tiempo atrás, un padre herido y su deseo de venganza, que viene a ser la otra cara de la moneda de El peso de tu hijo en oro, pues el deseo de venganza aquí es mayor que el deseo de perdonar y de asumir que para poder sobrevivir a veces la única manera es perdonar u obtener el perdón ajeno.

Jon maneja con soltura el humor negro, el suspense, los diálogos hilarantes, las situaciones absurdas, las metáforas poderosas y es capaz de tensar la realidad para hacer que nos formulemos muchas preguntas, ante las situaciones límite que nos plantea. Dijo el filósofo que éramos nosotros y nuestras circunstancias. Sobre esas circunstancias, sobre nuestras acciones, acertadas o no, es sobre lo que Jon reflexiona, pergeñando un libro importante, valioso.

Horizonte literario

Horizonte literario

En mi horizonte más próximo se perfilan nuevas lecturas. Unas llegarán a puerto. Otras no. Veremos. Lo que me llena de gozo es ir detrás de un libro y encontrarlo en la Biblioteca. Esto no siempre sucede. La última novela de Aparicio Belmonte por ejemplo aún no lo han comprado. El resto de los que pretendía sí. Si continuan los recortes en los Presupuestos de la Cultura y las Bibliotecas dejan de adquirir libros o lo hacen en menor medida, los lectores vamos a tener entonces muy crudo leer todo lo que nos gustaría leer, lo cual sería lamentable se mire por donde se mire.

1. Norte. Edmundo Paz Soldán. De su libro Billie Ruth me leí la mitad de sus relatos. Se tratará de una lectura intermitente, de cuya novela hablaré cuando la finiquite. Norte aparecía por ahí perfilado como uno de los mejores libros de 2011.

2. Mi madre es un pez. VV.AA. Relatos de autores más o menos conocidos. Fernando Clemot, Jon Bilbao, Esther García LLovet, Javier Moreno, Rodrigo Fresán, Ricardo Menéndez Salmón, Javier Calvo, Alberto Olmos y otros que no conocía, pero que me han agradado mucho: Gabriel Sofer, Andrea Jeftanovic, Aixa de la Cruz, Manuel Jabois.

3. López López. Juan Aparicio Belmonte. Una vez leído Mala suerte, no podía menos que leer algo más de Aparicio. Al mal tiempo buena cara, y mucho humor.

4. Constatación brutal del presente. Javier Avilés. Un libro del que he leído maravillas en la blogosfera. A ver si es para tanto.

5. Bajo el influjo del cometa. Jon Bilbao. Su novela Padres, hijos y primates, no me gusto en demasía. Reincido de todas maneras. Uno de los mejores libros de relatos publicado estos últimos años, he leído por ahí. ¿Será para tanto la cosa?.

6. Señales que precederán al final del mundo. Yuri Herrera. Este libro es una cucada. Ideal para llevartelo en el bolsillo de la chaqueta, y sacártelo (el libro) en esos momentos que se acumulan gestando horas muertas.

Padres, hijos, primates (Jon Bilbao 2011)

Padres, hijos, primates, Jon BilbaoLa cita que da comienzo a libro de Jon Bilbao (Ribadesella, 1972), del escritor Graham Greene, de su obra El tercer hombre, dice así:

Un hombre no cambia porque descubras más cosas sobre él.
Sigue siendo el mismo.

Cuando el libro está llegando a su fin leemos lo siguiente.

Esa furia que sientes no es suficiente. No te ha cambiado. Sigues siendo el mismo de antes. (pag. 149)

Si a un personaje le pase lo que le pase siguiera siendo el mismo, si no nos encontrasemos ante un viaje horizontal, vertical, o transversal, lo que leamos puede llegar a importanos un comino, tanto como las acciones que el protagonista, Joanes en este caso, llevara a cabo, en España, México o en Puerto Rico.

Joanes se encuentra en México, en la Rivera Maya, junto a su mujer y su hija, porque su suegro va a celebrar su boda en Cancún, cuando el huracán Gerald les obligará a dejar el hotel en el que se alojan, desplazándolos a otro en el interior, sin posibilidad de volver a España durante unos días. Joanes mientras tanto espera una llamada, un contrato por suscribir, que podría cambiar la suerte de su negocio.

Lo que comienza siendo un cara a cara entre Joanes y su suegro: la manida relación donde uno (el suegro) ya está de vuelta de todo, un hombre hecho a sí mismo, capaz de arreglar la vida (con sus cuadros) de los suyos, con un chasquido, y el otro es un joven de una generación anterior que se encuentra en edad de demostrarlo todo, a quien las cosas no le van bien con su negocio, y quien ha tenido que claudicar varias veces frente al suegro para obtener financiación, enseguida queda fuera de campo y no se aborda posteriormente.

Luego el asunto del libro se centra, o mejor, se ceba, con la relación que Joanes tuvo con un profesor de matemáticas, en la Escuela de Ingenieros, con quien mantuvo una relación especial. Un profesor prepotente, humillador, vanidoso, odiado por su alumnado en bloque, pero a quien Joanes a pesar de todo ello tributa admiración, aunque más tarde llegue a la conclusión de que fue él, el profesor, quien le destrozó la vida (con esas recomendaciones, o no recomendaciones que le permiten a uno encontrar o no el trabajo de su vida). Luego viene el jueguecito de te conozco, no te conozco, tu cara me suena, ahora sí me acuerdo de ti, etc y unas parrafadas que dejan el suspense en suspenso y la novela tocada de muerte, cuando el autor nos instruye sobre la Inteligencia artificial o la comosgonía de Hörbiger (será que a los Ingenieros, como Jon Bilbao, cuando les da por desbarrar echan mano de lo que conocen)

Como en una novela el autor puede o mejor dicho debe hacer lo que le salga de las falanges, Jon consigue que en México, en una carretera secundaria, Joanes se encuentre con su profesor y la mujer de este, en silla de ruedas, quienes a resultas de un motín acaecido en el autobús en el que viajaban han sido expulsados de las vísceras del autocar y abandonados a su suerte y acontezca entonces el resto de la historia, o la historia en sí, en la que cual película de suspense nos encontramos ante sucesivos golpes de efecto, donde aunque el personaje no cambia (al menos en apariencia, porque es evidente que nuestras acciones sí nos transforman), sí que sucederán muchas cosas, dado que si no hay labor de introspección personal (el autor se guarda mucho de desvelar la naturaleza de sus personajes y con eso juega, cimentando el suspense y alimentando la trama), al menos habrá que enganchar a lector de alguna manera, y nada mejor que echar mano de un buen repertorio de explosiones, crímenes, pinceladas gores, falanges amputadas, monos enfurecidos que saldan deudas pendientes, seres humanos sin escrúpulos que evolucionan desde la sapiencia hacia la violencia, un Huracán que puede arrasarlo todo (por fuera y por dentro), etcétera, para meterlo todo en la batidora y darle al play.
Sí, estamos leyendo una película.
Yo, prefiero verlas (Haute Tension por ejemplo), de ahí que este libro no me haya convencido, a pesar de que Bilbao consigue crear expectación y un ambiente hostil y asfixiante con escasos mimbres.

La prosa de Jon en esta novela (no he leído sus libros de relatos) vuela muy bajito. Se deben hacer virguerías con las palabras (hablamos de un escritor, no de un taxidermista): no es este el caso. La lectura me ha resultado lineal y funcional, nada ambiciosa (no le pido a Jon que escriba como Ospina, pero los mexicanos de Los Tigres hablan como si fueran de Valladolid) ni provocadora. El escenario donde transcurre la historia viene a ser lo de menos. A la postre no es relevante su ubicación en México, el Huracán e incluso el mono de marras, tanto como el negro o el suegro, si bien todo ello facilita la bajada a los infiernos del alma humana de Joanes y del Profesor.

Lo importante podríamos pensar que es el concepto. ¿Qué estaríamos dispuestos a hacer para proteger a los nuestros (humanos o primates), o bien para salvar el pellejo?. Sobre esta pregunta, Jon escribe su libro y sus personajes, sus acciones nos ofrecen la respuesta. Si bien no se trata en una primera instancia de una cuestión de supervivencia a vida o muerte, sino más bien de una concatenación de infortunios que mezclados con el resentimiento, los falsos temores, la desconfianza en el otro y la maldad congénita, convierten la naturaleza humana en una bomba de relojería, capaz de todas las macarradas inimaginables.

A pesar de lo escrito aquí, pónganlo todo en solfa y denle una oportunidad a este libro de Jon Bilbao, dado que si buscan otras reseñas en internet, todas ellas, y digo todas, son positivas: no digo más.

Editorial Salto de Página