Archivo de la etiqueta: Libros del Silencio

Astillas (Celso Castro 2011)

Celso Castro portada libro Astillas
Celso Castro
Ed.Libros del Silencio
2011
278 páginas

Leí El afinador de habitaciones (EADH) de Celso Castro y quería más. Así que me hice con Astillas y me lo llevé bajo el brazo a un librería y empecé a leerlo mientras tomaba un café y estaba sentado próximo a la sección de poesía y oí a un joven declamar unas poesías, que decía que eran de Garcilaso y otro joven le replicaba y yo estaba más atento de los poemas que del libro de Celso y eché la silla para atrás y vi que el joven que recitaba a Garcilaso, no tenía ningún libro consigo si no que lo hacía de memoria, y supe que aún hay esperanza Sigue leyendo

Constatación brutal del presente (Javier Avilés 2011)

Constatación brutal del presente
Javier Avilés
2011
Libros del silencio
174 páginas

Constato brutalmente que Jon Bilbao no es vasco, nació en Ribadesella y Javier Avilés no es asturiano, nació en Barcelona.
Constato brutalmente, y para bien, que Avilés no es feo, el pueblo.

El narrador ya no puede narrar, está imposibilitado, además el lector es inexistente, la escritura también. Vamos bien.

Estos juegos le gustan mucho a Enrique Vila-Matas, por eso en sus libros, sus personajes, él, sueñan con desaparecer y esconderse dentro de una o, o bien hacen una apología del fracaso, de la derrota, de la renuncia, como si el escritor debiera ser algo parecido a un estilita. Por eso, una novela que nos hable del fin de la escritura, de la imposibilidad de narrar, de la imposibilidad del lector, a Vila-Matas le molaría, tanto como para recomendar a Avilés y su blog El lamento de Portnoy donde Avilés expone entre otras cosas sus teorías literarias.

Respecto a la novela: polvo cenizas cables tuberías vómitos sangre semen mierda carnecruda rabia hambre sed ansia dolor miedo angustia sueños poesía silencio cerdo Koala La Cúpula Sección 9 Kubrick Cervantes Goethe Ulises hoyhoyhoy acabar FINAL

Les interesa la narración y las emociones que ésta les provoca. Es el nacimiento de la literatura.

No es esto imbécil, no es esto.. ¿y qué es?.

Me declaro incompetente.
Desaparece el libro.
Desaparece el lector.

Esta petit reseña nunca existió.

Mi madre es un pez (VV.AA. 2011)

Mi madre es un pez portada libro
Varios Autores
Libros del Silencio
367 páginas
33 autores
2011

Mi madre es un pez es una antología de relatos de diferentes autores: 33 en total, de distintas edades. Más de la mitad son nacidos en la década los 70 (Olmos, Moreno, Calvo, Terranova, Ventura, Padial Sofer..), otros cinco en los 80 (Candeira, Cifuentes..), los hay más mayores como Eduardo Mendoza o Alfonso Fernández Burgos. Casi todos son españoles, pero hay también autores Mexicanos, Argentinos y Chilenos. Parida(de)s aparte, 9 escritoras y 24 escritores.

Los relatos tiene un hilo común: las relaciones familiares. Estructurado en tres apartados. Mortal y rosa, La metamorfosis y La geometría del amor. Y un relato final modo de epílogo a cargo de Eduardo Mendoza.

A pesar de tener un nexo común el resultado del libro no es uniforme. Por otro lado esto es un ahelo imposible cuando juntos bajo un mismo techo (bajo las solapas de un libro), 33 humanos dedicado al bello oficio de escribir tienen un concepto de la familia y sus ramificaciones diverso.

Hay relatos que me han gustado muchísimo como el de Andrea Jeftanovic. (La necesidad de ser hijo). Me recuerda mucho al libro Será mañana, de Federico Guzmán Rubio. La Chilena tiene una prosa potente y vibrante, y la luz que arroja sobre las existencias de los hijos de aquellos padres y madres que luego pasarían a la historia como revolucionarios primero y acomodados luego en instituciones globales, es muy interesante. Con Jon Bilbao me he reído muchísimo pues su relato Prueba de amor, destila una ironía de lo más saludable. La bendición de Gabriel Sofer, me ha sorprendido. Me ha llevado a otra época con esa falsa biografía de José Faroles, infectada de un humor descacharrante, y me ha dejado con ganas de leer más cosas suyas.
Aixa de la Cruz con True Milk y a sus 23 años, pergeña una original y deliciosa historia de vampirismo lactante.
Alberto Olmos con Todos mis hijos, mantiene el humor como seña de identidad, plasmados en unos diálogos de gran intensidad, donde la figura del padre, se proyecciona como si estuviera en un sala de espejos.

En cuanto a los relatos que introducen elementos fantásticos, el relato de Javier Moreno, Cum Dederit, es uno de mis favoritos, un relato “fantástico” y magnético. Otro es el de Sergio Lifante y Tokio Pigmalión con una premisa y un desarrollo muy original.
Decir que Eduardo Mendoza escribe con solvencia y siempre es un gozo leerle es a día de hoy un pleonasmo.

Lo interesante del libro es aunar esas 33 voces sobre un tema común, donde cada cual irá aportando algo en el lector, identificándose éste, con los relatos que lea en mayor o menor medida, reconociéndose en la piel del hijo, otros en la del padre, madre, hermana o prima. Lo interesante de los relatos es que la visión global de la familia, dista mucho de la complacencia, así los relatos están trufados de padres distantes, carestías emocionales, amores mendicantes, separaciones forzadas, amores vampíricos y perrunos, rupturas, incomprensión, infidelidades parejiles, soledad y rencores, bajo esa estructura frágil llamada familia, donde hay espacio más que de sobra para la lucha armada emocional.

Si queréis cogerle el pulso al mundo del relato en español. Mi madre es un pez es una herramienta muy válida.

Me quedo con una frase del relato de Jeftanovic “Pienso en la enorme necesidad de ser hijo antes de ser padre”.

Los autores de Mi madre es un pez son: Aixa de la Cruz, Alberto Olmos, Alfonso Fernández Burgos, Andrea Jeftanovic, Antonio Ortuño, Berta Marsé, Camilo de Ory, Carlo Padial, Celso Castro, David Ventura, Eduardo Mendoza, Esther García Llovet, Fernando Cañero, Fernando Clemot, Gabriel Sofer, Javier Calvo, Jon Bilbao, Jordi Soler, Juan Terranova, Katya Adaui, Manuel Astur, Manuel Jabois, Mariana Enriquez, Matías Candeira, Mercedes Cebrián, Oscar Gual, Paula Cifuentes, Paula Lapido, Rodrigo Fresán, Sergio Lifante, Javier Avilés, Sergio Bellver, Ricardo Menéndez Salmón.

El niño que robó el caballo de Atila (Iván Repila 2013)

El niño que robó el caballo de Atila Iván Repila Libros del Silencio

Iván Repila
Libros del Silencio
2013
136 páginas

La lectura de El niño que robó el caballo de Atila, de Iván Repila (Bilbao 1978) arrolla todo a su paso, como lo hace una tromba de agua al lamer un cauce seco: la piel curtida del lector. Y lo hace con una sencillez solo aparente, porque lo que comienza como un trasunto de Buried, con dos hermanos en lugar de un adulto, cautivos en un pozo de tierra en medio de un bosque, en lugar de un ataúd bajo tierra, va cogiendo consistencia, a medida que se van enhebrando las páginas, porque esos niños, El Grande y El Pequeño son la piel ajada del mundo, la apariencia infantil del universo, en continuo cambio interior, mudando la piel cada hora y a la velocidad de la luz, como si la soledad, el desamparo y la muerte que les ronda, acelerase la madurez, como si soñando la muerte, ésta atendiera a su reclamo.

Se suceden los días y llegan los delirios, el calor, el frío, la sequía, el hambre, la soledad dando bocados a la razón, pensamientos negros, como negra es la noche y el reverso de la esperanza. Y uno avanza en su lectura, reteniendo pero fluyendo, con un quiero y no puedo, porque la prosa de Iván indigesta el ánimo, vela las pupilas de humedad, añurga el espíritu ante esa humanidad descarnada o descuartizada, ensordece nuestros sentidos ante el chirrido de los goznes de esas jaulas que está por ver si se abrirán.
Un libro, el de Iván Repila capaz de destilar el alma humana gota a gota, para que nosotros, lectores ávidos de sensaciones persistentes, nos saciemos de esta literatura hecha fruto, jugosa y alimenticia.
No sé el vuelo que cogerá esta obra, pero los parabienes que obtenga, serán merecidos.

Compañía K (William March 2012)

Compañía K William March portada libroEs de agradecer que la editorial Libros del silencio haya publicado Compañía K, que William March escribió en 1933. Sí, ha llovido desde entonces, pero más vale tarde que nunca. El género bélico no me apasiona y los libros antibelicistas tampoco, pero Compañía K sorprende, se disfruta y alimenta.

El autor, William March, estuvo en el ejército americano durante la Primera Guerra Mundial batallando en Francia contra los alemanes y de su paso por el ejército casi 20 años después de haber finalizado la guerra escribió 113 relatos cortos. Cada uno de ello se corresponde a cada uno de los soldados que integraban la compañía. Es díficil no caer en lo redundante, en un bucle que solo lograría aburrir al lector. No, March a través de cada relato va dando poco a poco una vuelta de tuerca más, exprimiendo su razonamiento, que no es otro que exponer las distintas vivencias de los soldados. La guerra es patética porque mueren soldados, que son personas con padres, madres, hijos..Lo que nos ofrece March es un todo poliédrico, donde resuena múltiples voces que hablan sobre aquello que define al hombre, a saber; la justicia, el honor, la bondad, la compasión, la violencia, la ira, la envidia, etc.

El libro comienza con las anécdotas en el frente de batalla, y luego con el regreso al hogar. Si la vida en el frente ya era frustante, el regreso para muchos fue un infierno. Nadie viene ileso de un guerra, ya sea en el plano físico o emocional y ahí un puñado de relatos donde los antes soldados, ahora ya como civiles, luchan una guerra sin cuartel contra su pasado, con acciones detestables, que realizaron cumpliendo órdenes, pero que en nada restan ni minoran su crueldad. Surge entonces el arrepentimiento, la búsqueda de la compasión, de la ternura, del cariño de los otros, y muchas veces encuentran lo contrario. Algunas voces que oímos son las de los muertos, en el preciso instante en que los destroza un obús o los atraviesa una bayoneta.

A pesar de que el libro a mí me haya parecido contundente, el autor que está de vuelta de todo, sabe que a veces uno consigue exactamente el objetivo contrario de lo que pretende en un principio. Así, cuando un soldado decide montar una organización desde la cual difundir los males de la guerra, la cantidad de actos atroces que se cometen, la falta de humanidad que preside muchas acciones o casi todas las acciones militares en ese negocio de la guerra, lo que consigue es atraer a unos cuantos al mismo tiempo que otros muchos deciden meterse en la policía o en el ejército para defender esas injusticias. Vamos, que esto es como el huevo y la gallina.

Me ha gustado y mucho Compañía K.