Archivo de la categoría: Esther García Llovet

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Gordo de feria (Esther García Llovet)

Gordo de feria
Esther García Llovet
Anagrama
160 páginas
Año de publicación: 2021

Gordo de feria es la quinta novela que leo de Esther García Llovet, también con la que más me he reído, tanto que si algún día escribiera una novela creo que el chascarrillo de las burbujas de la tónica aparecería fijo.
Una novela breve, como es norma de la casa. Unas cuantas secuencias como en un cómic, y un humor absurdo, tan absurdo que me parecía estar leyendo a Eduardo Mendoza, pero aquí la historia se desarrolla en Madrid, en sus calles, en sus barrios, en sus chinos y lo interesante es la mirada de Esther, sacando punta a todas las situaciones. El personaje humorista, que se topa con su doble, a partir de ahí el delirio, hilaridad sosteniendo el relato, las ocurrencias de la autora, muy capaces de arrancar una sonrisa tras otra. Me quedo con eso, con ese humor tan eficaz, tan saludable, trascendiendo el tópico hasta el tópico, exagerando en sus comentarios sobre los hipsters, los jóvenes, los gitanos, los chinos, haciendo caricaturas con la escritura, pero sobre un poso de verdad, de agudeza, de una mirada y una inteligencia afilada.
Bien por Esther.

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El despertar (Kate Chopin)

El despertar es una novela de Kate Chopin (1850-1904) escrita en 1899 y publicada por Mármara con traducción de Esther García Llovet y epílogo de Jorge Urrutia. Considerada por la crítica norteamericana la primera novela feminista, el despertar es el que experimenta la protagonista de la novela Edna Pontellier, joven acomodada de 27 años, que vive en el término de Nueva Orleans junto a su marido y sus dos hijos. Tengo demasiado servicio. Me cansa tener que ocuparme de ellos, dice la pobre Edna a quien tanto trajín la agota. Pero los problemas no vienen por ahí. Edna no está satisfecha con la vida que lleva. No quiere ser una posesión más de su marido. Una vida que a pesar de todas las comodidades le viene impuesta. No siente nada al lado de su esposo, y su papel de madre le supone una esclavitud a la que renunciaría gustosamente. Su espíritu adormecido por la monotonía se verá avivado junto a Robert, joven al que conocerá cuando se trasladen en el periodo vacacional a Grand Isle. Edna experimenta entonces que otra vida es posible, que es capaz de experimentar otras sensaciones, una voluptuosidad que le hace sentir más plena, más viva, más carnal.
Robert visto el percal decide poner tierra de por medio y marchar a Méjico y Edna ya despierta del todo estrechará su amistad con Arobin, mientras los hijos están lejos, al cuidado de una ama de llaves y el marido está en Nueva York ejerciendo su trabajo de corredor de bolsa.
El despertar, que la autora va describiendo sutilmente, morosamente, viene a ser un fogonazo, una realidad que le da un bofetón y ante la cual se le abren a Edna distintas posibilidades:

a) Dejar a su marido e irse con Robert.
b) Intentar algo al lado de Arobin.
c) Seguir junto a su marido y volver al redil para ser otra vez la perfecta esposa y madre.
d) Actuar a lo Madame Bovary y quitarse del medio.

Solución:

Y ojalá que las olas no te toquen el cuerpo cuando caigas, para que no las puedas.

Cómo dejar de escribir

Cómo dejar de escribir (Esther García Llovet)

De Esther García Llovet (Málaga, 1963) había leído Las crudas y Mamut, y en Cómo dejar de escribir, Esther sigue fiel a su estilo: frases cortas, humor acerado, una realidad drenada y por tanto seca, contando historias como ésta, que sucede en Madrid, pero que podría ocurrir en cualquier parte. Personajes creados con muy pocas pinceladas, un argumento mínimo (con un escritor afamado muerto, un tal Ronaldo, y la posibilidad de que un presunto manuscrito suyo desaparecido pueda ver la luz), muy sucinto, y una prosa que parece más propia de un guión cinematográfico -esta novela se ve a la par que se lee- que de una novela, pues Llovet saca adelante 126 páginas donde otro escritor con algo de relleno se iría hasta las trescientas. O más.

Sí tengo siempre la sensación de que Esther no ha parido su obra definitiva, pues esta novela, como las anteriores, aunque se lea en un visto y no visto, sea amena y entretenida, le falta intensidad, ese ramalazo que te sacude y espabila, porque el riesgo que se corre es que todo resulte demasiado abstracto, demasiado vago, demasiado a medio cocer, alimento por tanto del olvido inmediato.

No obstante, las novelas de Esther, quizás porque no escribe como ninguna otra escritora española que haya leído, me siguen interesando.

www.devaneos.com

Mamut (Esther García LLovet 2014)

Esther García LLovet
2014
Ediciones Malpaso
173 páginas

Después de haber leído Las Crudas (2009) y ahora Mamut (2014) puedo decir que Esther García Llovet tiene un estilo propio. Eso ya es decir mucho ante una literatura como la actual, clónica, que reduce el factor sorpresa a un enunciado sin contenido y la inteligencia del lector a un activo financiero convertido en un bono basura.

Llovet despoja su historia, Mamut, de cualquier floripondio, y su prosa resulta cortante, tajante, austera y contundente. La leo como si estuviera viendo Mad Max, La carretera u otra de tintes apocalípticos. Con muy poco, Llovet cimenta escenas muy visuales (algo tendrá que ver que Esther estudiara Dirección de Cine) y físicas que beben de lo fílmico, y el desafío es cómo hacer que esas imágenes que en el cine emocionan y se explican por sí mismas, lleguen a impactar al, en este caso lector, empleando palabras en lugar de imágenes.

Este tipo de literatura tan descarnada y a la vez críptica, donde los diálogos son apenas cuatro frases que se entrecruzan los personajes, donde tenemos muy pocas pistas para saber de qué va todo aquello que leemos, reducidos a ser seres pasivos que seguimos aquí las andanzas de Junot, a la búsqueda de su compañero de fatigas (alguien con el que dar un buen golpe) Toro, quien tras dos años entre rejas anda por ahí fuera, resulta tan interesante como puede serlo la contemplación de un edificio en llamas o del asfalto derritiéndose antes nuestros ojos.

Esther García Llovet
Esther García LLovet

Los personajes de Mamut parecen más robots que personas, habitando una realidad que es un papel arrugado e inflamable, y las señales que todos ven, quizás sean las que precederán al fin del mundo, un preludio de lo que se avecina o a lo mejor lo que hay después del final, a saber. Cada cual que ponga el mojón temporal donde le plazca.

Yuri Herrera en La transmigración de los cuerpos, jugaba también con lo sórdido, lo extraño, con un mundo que chorreaba entre los pliegues de la realidad, pero sus personajes sí que tenían carne y su historia si me resultó hipnótica y atractiva, sin embargo Mamut la leo por inercia, impelido por llegar a la última página como ese bisonte que busca la salida del desfiladero, sin convicción, sin que el deambular de Junot en particular, ni la novela en general, hayan logrado entusiasmarme lo más mínimo.